Honorable Mention
Soy el algarrobo... soy bien piurano
Teodocia Zavala Diario El Tiempo - Piura dezembro 2003
Hola paisanos. Ustedes me ven todos los días y aunque paso
inadvertido, les recuerdo que formo parte de sus vidas. Soy el
algarrobo, prosopis pallida, para los científicos y estudiosos. En
algunos lugares me dicen huarango. Tengo unos parientes muy
cercanos por toda la costa del Pacífico que les dicen algarrobo
blanco y otros nombres. Pero aquí en Piura soy simplemente
algarrobo, tan piurano como la chicha de jora.
He visto mucho a lo largo de mi vida. Fui amigo de tallanes y
mochicas y de los incas. Testigo de esplendor del imperio. Me dio
pena su caída. Los españoles llegaron y conquistaron las tierras, y
surgió una nueva civilización, la cual me declaró ciudadano de
Piura.
No quiero alabarme, pero tengo muchas virtudes. Puedo vivir muchos
años sin agua. Mis raíces tienen la propiedad de extenderse y
penetrar en la tierra y llegar hasta donde está el agua que me
nutre y me mantiene vivo aún en épocas de sequía.
Cuando llueve, es la gloria. Puedo reproducirme fácilmente y mis
hijos crecen sin problemas, gracias a mis amigos los burros y las
cabras que esparcen mis semillas nutridas con su excremento.
Les decía que formo parte de sus vidas porque, qué sería de
ustedes, sin mí. El desierto sería tan árido y nadie podría vivir
allí, sino que lo digan los campesinos de Belisario, allá en
Sechura, que viven únicamente del bosque de algarrobos. Sería
bueno que se den una vuelta por allí y vean la estrecha relación
que tengo con los hombres. Ellos me cuidan y yo les doy sombra,
algarroba y leña.
Por ser una leguminosa, puedo fijar el nitrógeno en el suelo y
convierlo en nutriente. La tierra árida se vuelve fértil. Además
mis hojas secas, a las que ustedes llaman puño, son excelente
abono. Como otros árboles puedo absorber el CO2 y fijarlo en el
suelo como carbono. Contribuyo a enfriar el ambiente donde viven y
disminuir el efecto invernadero, con esto mejoro la calidad del
aire que respiran todos los seres vivos.
La naturaleza me ha puesto en Piura para que impida el avance del
desierto, mis raíces son capaces de compactar el suelo y evitar los
deslizamientos de tierras cuando llueve. Así ayudo a proteger la
cuenca y disminuir la sedimentación de sus reservorios y
lagunas.
Soy un árbol muy sociable. Me llevo bien con los pobres y con los
ricos. ¿Quién de ustedes no se ha cobijado bajo mi sombra? Y qué
rico los veo disfrutar de su cebiche y su chicha, bajo mi copa.
Estoy presente en los grandes acontecimientos sociales de Piura y
del Perú, cuando disfrutan de su cóctel de algarrobina. A donde no
me gusta ir es las polladas y parrilladas, porque allí me queman y
me convierten en ceniza. Tampoco soy muy amigo de los panaderos y
ladrilleros.
Los campesinos son mis amigos, pero también los hombres de la
ciudad. A los que no quiero mucho es a los taladores, a quienes
hacen negocio con mi tronco y ramas. Ellos ganan a costa de
depredar el bosque, a tal punto que hace unos años fue necesario
que el gobierno decretara una ley de veda forestal, para recuperar
parte del bosque. Felizmente que llegó El Niño en 1983 y mi especie
pudo regenerarse. En 1998, volví a expandirme.
Mis amigos del Proyecto Algarrobo, de la Universidad de Piura, del
Inrena y de otras organizaciones se han dedicado a cuidarme y
estiman que entre mis hermanos y yo ocupamos 216 mil hectáreas en
Piura.
Doy flores dos veces al año. Mis mejores frutos los doy entre enero
y marzo, justo cuando los churres van a ir al colegio y los papás
necesitan dinero. Si me han cuidado bien yo solo puedo dar hasta
tres quintales de algarroba. El hombre sólo tiene que agacharse y
recogerla, porque el viento se encarga de tumbar los frutos
maduros. ¿Qué frutal por más que lo cuiden hace por esto
ustedes?
He oído que un quintal de algarroba la venden a 5 soles, pero si
son inteligentes y la guardan en esas algarroberas que les han
enseñado a construir los de Cepeser, Proyecto Algarrobo y Udep, la
pueden sacar a partir de setiembre y entonces el precio sube y a
veces llega a 30 soles. Saquen su cuenta, en un bosque semi ralo,
según las cuentas de Walter Mauricio, coordinador del Proyecto
Algarrobo y de Gastón Cruz, de la Udep, hay 45 árboles en una
hectárea de bosque ralo. En una hectárea de bosque semi ralo 90 y
hasta 100. O sea que con suerte pueden cosechar por arriba de los
100 quintales por hectárea.
Si se dan un poquito de trabajo y la algarroba la convierten en
algarrobina, harina y "café" como hacen en Locuto, en Malinguitas y
en otras comunidades campesinas, pueden ganar mucho más. Un quintal
de vainas puede dar 15 kilos de algarrobina, que en el mercado se
vende a 5 soles a granel. Envasada sube a diez soles el kilo. El
otro día vi que la empresa comunal Santa María de Locuto y la
Españolita enviaron un cargamento de harina a Chile y a Estados
Unidos, dicen que por allá utilizan la harina para darle sabor a
la leche a los pasteles y a las tortas. La algarroba tostada, se
usa como bebida, el ingeniero Gastón Cruz, dice que es un
excelente sustituto del café.
Mis enemigos
Como todo el mundo tengo enemigos. Los mayores y más grandes son
los hombres. A muchos de la ciudad no les importo. Unos cuantos
saben lo importante que soy y me cuidan, pero hay algunos que hacen
negocio conmigo.
Encargan a los campesinos que me corten y luego venden la leña en
el mercado, o se la llevan a Lima. Hay también unos carboneros que
con el pretexto de ganar más me queman y me convierten en carbón el
cual venden a las pollerías de casi todo el país.
Entre los insectos, los pegadores de hojas son los que me molestan,
pero su daños no es significativo. Quién si puede matarme es una
planta parásita llamada suelda con suelda. Esa chupa mi savia y me
consume poco a poco.
A veces las lagartijas también se convierten en mis enemigas. Les
gusta comer las hojas tiernas de los pequeños algarrobitos, sobre
todo en las siembras que realizan los humanos. Felizmente, a gente
como Washington Calderón de la Universidad Nacional de Piura, se le
ocurrió colocar botellas de gaseosas para cubrir las plantitas
hasta que alcancen un tamaño considerable.
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Mis amigas las abejas
Los pájaros son mis amigos. En mis ramas los chilalos y las soñas
se aman y hacen sus nidos, los peches espían a los agricultores, y
las garzas esperan que los hombres se vayan de los arrozales para
darse su festín. En Talara, soy el favorito de la cortarrama, pero
también le doy posada los insectos. Los mejores son las abejas.
Ellas vienen a beber el néctar de mis flores para fabricar su miel,
lo cual significa dinero para los campesinos. De una hectárea de
algarrobos pueden sacar 60 kilos de miel. Aunque en esta tarea me
ayudan los zapotes, los aromos, los overos y los faiques. He visto
que la miel la venden hasta en 6 soles el kilo. Es decir, que
aunque poquito, les ayudo a los campesinos con el "papeo"
diario
Si ustedes se ponen "mosca" pueden sacar también platita haciendo
unas cabañas en medio del bosque, se compran unos cuantos caballos
de paso e invitan a la gente a cabalgar. De paso les enseñan cómo
se saca la miel de abeja, como procesan la algarrobina, cómo
ordeñan las cabras... A los amantes de la naturaleza les invito a
ir a Callejones, Locuto, La Rita y otros lugares en donde el bosque
está bien cuidado. Allí pueden armar sus carpas y disfrutar de la
fresca brisa del campo. En el pueblo de Carrizalillo, allá en la
Colonización San Lorenzo, conozco un algarrobo que quince hombres
juntos no pueden abrazarlo. Es lo máximo. Ese algarrobo tiene
algunas centurias.
Estoy seguro que en Piura las cabras y los burros no existirían sin
mí. Tampoco yo sin ellos. Somos un trío perfecto. Yo les doy
alimento, mis vainas, mis hojas, mi sombra y a cambio ellos me
dispersan por el desierto en su excremento.
Algunos hombres se han empeñado en destruirme. Dicen que pueden
aprovechar mi madera para muebles, como lo hacen en Argentina, pero
no se olviden que allá llueve y aquí estoy en el bosque seco,
esperando los milagros de El Niño. Mi madera la pueden aprovechar,
pero la de las ramas. Hay unos señores que han aprobado unos planes
de manejo forestal, dizque para hacer un corte racional. Yo los
miro nomás, y les pregunto ¿van a reponer lo que están cortando?
Además esos planes de manejo dan pie para que muchos empresarios
vengan con sus camiones talen y se vayan a vender la leña a Lima, o
la hagan carbón para preparar el pollo a la brasa. El control que
hacen siempre es ineficiente y la policía no ayuda mucho.
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No me corten
Generalmente no pido nada. Estoy allí en el desierto, o en la vera
de los caminos, también cerca de las carreteras, en las plazas, en
las bermas de las calles, en algunos jardines, pero me veo muy
señorón, cuando cortan mis ramas inferiores. Con las podas me pongo
guapo, y en compensación les doy leña. Y han sacado cuentas de lo
que puedo dar si me mantengo en pie. Para producir algarroba
necesito entre tres y cuatro años, al quinto soy ya un gran
productor, pero cuando tengo 25 lleno los sacos. Si me cortan con
suerte pueden lograr unas cinco cargas de leña que las venden a
doce soles cada una. Esto será una sola vez en la vida. Pero si
estoy en pie, les prometo dar además de sombra, puño, leña de mis
ramas, miel, nitrógeno para la tierra y por su puesto
algarroba.

