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El real valor del Yasuní - ECU-29

Maria Gabriela Tamariz Cobos   Revista Vistazo  

Sumario: Cinco especies de ranas fueron descubiertas en el Parque Nacional Yasuní, un santuario de biodiversidad con futuro incierto por la explotación petrolera y el proyecto ITT.

Cuando se abrió la caja salieron todos los defectos de la humanidad; asustada, Pandora la cerró y guardó la esperanza. En medio de los intereses económicos y políticos solo queda la esperanza de que el Parque Yasuní conserve intacta su riqueza natural que sorprende a la ciencia. Un equipo de biólogos de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE) encontró cinco nuevas especies de ranas en esta reserva de la biodiversidad en la cuenca amazónica.

En la Escuela de Biología de la PUCE, en Quito, el biólogo Luis Coloma explica los alcances del proyecto de conservación Balsa de Sapos. Cuando recibe al equipo de Vistazo, Coloma muestra un afiche en el que aparecen varias especies. "Está extinta, está extinta, está extinta", señala con una frecuencia aterradora. Actualmente, en Ecuador hay 472 especies de anfibios formalmente descritas, registro que se incrementa con cada nuevo descubrimiento.

Tras dos años de estudio el grupo de científicos determinó que en el Yasuní viven dos especies nuevas de ranas termiteras, dos de arborícolas y una de nodrizas. Estos descubrimientos forman parte de un proyecto, financiado por la Secretaría Nacional de Ciencia y Tecnología (Senacyt) y ejecutado por el Museo de Zoología de la PUCE, que impulsa el estudio genético de especies animales. Estos análisis son importantes pues, como explica Santiago Ron, biólogo y curador de Herpetología del museo, permiten distinguir con más precisión las especies, lo que incrementaría en tres veces los registros de biodiversidad.

Selva adentro

Cada rana macho escoge el mejor sitio para cantar. Muchos prefieren los helechos; otros, la hojarasca; y algunos, zonas cercanas a riachuelos. Estas serenatas son como cédulas de identidad auditivas que permiten a las hembras escoger su pareja y ayudan a los científicos a clasificar las especies según sus características. Estos rasgos se determinan en primer lugar por la morfología de la especie; es decir, su color, sus medidas y la forma de los renacuajos. Todos estos datos, junto con la temperatura, la humedad, la hora y la altitud, son anotados por los biólogos en las libretas de campo.

Durante un par de años, tres biólogos realizaron varias visitas de entre cinco días y un mes al Yasuní. Su objetivo era estudiar los anfibios a lo largo de la carretera que parte de Pompeya hacia el Bloque 16, una zona que se investiga desde 1994. El centro de operaciones fue la estación científica de la PUCE, pues, como indica Ron, es una zona privilegiada: está bien conservada y el acceso no es complicado.

Guiados muchas veces por el croar y otras, por el conocimiento sobre el comportamiento de estas ranas, el grupo de biólogos recolectó especímenes, grabó cantos y tomó fotografías de estos anfibios y sus hábitats. Esto en un ambiente cuya temperatura promedio oscila entre 24 y 27 grados centígrados y mantiene una humedad de 80-94 por ciento y una precipitación anual de 3.200 milímetros.

Bajo el microscopio

Cada grabación contiene el croar de varias especies. Una serie de ondas de colores indica la frecuencia e intensidad de cada canto. Ayudados de computadoras, microscopios y otros equipos, los biólogos trasladan su trabajo al laboratorio, donde analizan las muestras y datos recolectados en el campo.

Antes, una especie era descrita solo por su morfología y su croar. Hoy la ciencia permite que el análisis genético corrobore el descubrimiento de una nueva especie.

Para ello, del músculo y el hígado de las ranas se extrae el ADN, que es analizado mediante procesos que incluyen una amplificación (replicación o fotocopia) y secuenciación (desciframiento del código genético). Este último paso se lleva a cabo en Corea, adonde son enviadas las muestras que se procesan en el laboratorio de Biología Molecular de la PUCE. Los resultados regresan vía Internet.

Las cinco nuevas ranas del Yasuní ya están descritas. Actualmente, se están escribiendo los manuscritos que serán revisados por expertos antes de su publicación. Cuando sean aprobados, los textos serán publicados en revistas científicas y las especies, registradas en portales como Amphibian Species of the World y AmphibiaWebEcuador.

Santuario de biodiversidad

Ciento cincuenta especies de anfibios; 121, de reptiles; 169, de mamíferos; 596, de aves; 382, de peces; 2.700, de plantas vasculares. El Parque Nacional Yasuní, ubicado en las provincias de Pastaza y Napo, es considerado una de las zonas de mayor biodiversidad del planeta pues sus 9.820 km2 son el hogar de un tercio de las especies de la cuenca amazónica.

Se calcula que una hectárea contiene 100.000 especies de insectos, 655 de árboles y 900 de plantas vasculares. Las causas de esta biodiversidad aún no son claras pero una publicación del mes pasado, escrita por Margot S. Bass y otros, sugiere que una podría ser su peculiar ubicación en la intersección de los Andes, la Amazonia y la línea Ecuatorial, lo que garantiza variedad de hábitats, niveles altos de lluvia y un clima estable.

Hogar de algunas especies únicas de begonias y de animales amenazados como el mono araña y la nutria gigante, este parque creado en 1979 es considerado un santuario pues su aislamiento permitió la conservación de áreas intactas. Sin embargo, la apertura de al menos cuatro carreteras para la explotación petrolera en el sector norte ha roto este retiro y expuesto la zona a problemas como la colonización, la deforestación y la caza. A esto podría sumarse, en el futuro, la explotación de lo que se considera la segunda reserva más grande de petróleo del Ecuador: los campos Ishpingo, Tambococha, y Tiputini (ITT), ubicados en el extremo oriental y que además son el hogar de al menos dos tribus de aislamiento voluntario.

Cuando Pandora, en la mitología griega, abrió la caja salieron todos los defectos de la humanidad pero en el fondo quedó la esperanza. Lo mismo sucede cuando se habla de la conservación del Parque Nacional Yasuní: queda la esperanza de que este recurso natural pueda ser explotable a través del turismo sustentable y la investigación científica. "A diferencia del petróleo, la biodiversidad es un recurso eterno, si se lo cuida, no se acaba", como explica el biólogo Ron.

RECUADRO: Buen padre

Mide aproximadamente 2,5 centímetros de largo y lleva de 10 a 15 renacuajos en la espalda. Los recoge de las hojas, donde la madre los puso como huevos, y los lleva al agua, donde podrán desarrollarse. Este comportamiento de las ranas nodrizas clasifica a los machos como buenos padres.

Existen 27 especies de ranas nodrizas en Ecuador. Pertenecen al género Hyloxalus. Mónica Páez, de 27 años, estudia estos animales diurnos. Sobre ellos hizo su tesis de licenciatura en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales y hoy continúa analizando sus cantos. La nueva especie será bautizada como Hyloxalus yasuní.

RECUADRO: Siluetas en árboles

Ojos saltones. Cuerpos estilizados. Ventosas en las patas. Las ranas arborícolas del género Hypsiboas son la especialidad de Marcel Caminer, un tesista de 25 años que encontró dos especies en el Parque Nacional Yasuní. Armado de linterna y grabadora, estudió durante las noches estos animales de aproximadamente 2,5 centímetros de largo que habitan en los pastizales y helechos de la zona. Existen 11 especies de ranas arborícolas en el país.

RECUADRO: Devoradoras de termitas

Café con puntos rojos. Se confunden con la hojarasca en la que viven. Ambas se alimentan de termitas y a simple vista parecen idénticas, pero genéticamente son distintas. Las ranas termiteras miden alrededor de 3 centímetros y son nocturnas. Santiago Ron, con la colaboración de Christopher Funk de la Universidad de Colorado, encontró dos especies del género Engystomops. Con estas sumarían tres las especies descritas de ranas termiteras en Ecuador.