BOL 63 - Pairumani impulsa la genética

María Angélica Melgarejo   La Razón - Suplemento Tendencias - La Paz   July 2008

Pairumani impulsa la genética

 

El Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas, en Cochabamba, ha desarrollado 20 variedades de maíz. Su trabajo beneficia a pequeños productores y a los industriales.

 

Desde los años 70, el Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani (Cochabamba) trabaja en el mejoramiento genético de cereales y leguminosas. El trabajo desarrollado en la producción de una veintena de variedades de maíz y de más de 200.000 kilos de semilla certificada benefician actualmente a 40.000 pequeños agricultores de Cochabamba, Potosí y Chuquisaca. Además, de sectores industriales de Santa Cruz y Beni.

“Yo estaba trabajando en Italia en el campo de la genética y la Fundación Patiño me consultó qué se podía hacer para mejorar la calidad de vida de los agricultores. Nació la idea de trabajar con el mejoramiento de cereales y leguminosas”, recuerda Gonzalo Ávila Lara, director del centro.

Junto a un equipo de profesionales bolivianos, el científico trabaja con recursos fitogenéticos agroalimentarios conservados para garantizar así la alimentación y mejorar el trabajo agrícola, en especial en el área rural. Las investigaciones genéticas más importantes se centran en el maíz, beneficiando a la zona andina con el mejoramiento de la polinización libre para que los agricultores puedan producir y vender la semilla. El segundo destino de los trabajos es el sector industrial oriental del país, donde se utilizan híbridos de maíz. Según Ávila, hace 15 años el nivel de productividad en Bolivia era de 1.200 kilos por hectárea. “Ahora alcanza un aproximado de 2.600 kilos por el producto mejorado. El impacto del crecimiento de la productividad para los agricultores, cultivando la misma superficie, tiene un valor de unos 90 millones de dólares al año. Nuestro mayor impacto está, sin embargo, en la cantidad de agricultores beneficiados en la zona andina. En los valles templados el impacto es de ocho a 10 millones de dólares al año. Eso significa que los agricultores utilizan la variedad nueva produciendo tres o cuatro veces más”.

La creación genética de un maíz mejorado tiene el objetivo de generar variedades más productivas, con tolerancia a la sequía y a la pudrición de la mazorca y al palmarado. Permite seleccionar variedades de alta calidad de proteína y desarrollar híbridos para zonas tropicales. En el centro de Pairumani se busca la alta calidad nutritiva de la proteína. “No sólo se mejora el rendimiento de la variedad, sino el nivel nutricional para llegar a las poblaciones infantiles que son a las que nosotros le dedicamos una mayor atención dentro la Fundación”.

El uso de tecnología y formación académica de los técnicos es importante. “Los técnicos que trabajan en el centro asisten periódicamente a congresos internacionales. Estamos trabajando ya con marcadores moleculares, con ADN. Hay varias técnicas modernas que permiten acortar los pasos en la formación de una variedad. Antes se tardaba entre 10 y 12 años para liberar (poner a disposición del agricultor) una variedad. Con la nueva tecnología se bajó a ocho años, que ese es el promedio que tenemos en la formación de variedades”, asegura el científico nacional.

La primera variedad desarrollada fue el “Pairarían sintético 1” que ya no se produce. Su estudio y cambio genético comenzó en Italia y al adaptarlo al país no gustó el tipo de grano y el sabor del producto. Esto impulsó la investigación de maíces de consumo y uso tradicional que pudiera ser comercializado y consumido en sus diferentes formas (choclo, tostado, grano, harina para api, harina para lagua, tojorí). El centro ha mejorado hasta el momento hay 20 variedades de maíz. Entre ellas, destacan por sus características el choclero 3, ancho Pairumani, aychasara 101, Pairumani compuesto 10, 18 y 20.

Paralelamente a este trabajo, otros cereales merecieron atención de los investigadores: el frijol y las vainitas, además de leguminosas como el haba y la arveja.

El mejoramiento genético incrementa la resistencia de las semillas a las enfermedades, evitando así tratamientos fitosanitarios. Ávila señala que “no se necesita estar importando fármacos para poder hacer fumigaciones y tratamientos químicos. Otro campo de acción es el cambio del producto para corregir imperfecciones, como del maíz que tiene proteínas que se clasifican en cuatro grupos: las albuminas, globulinas, las gluteminas y ceinas. Se puede usar mutaciones que bloqueen las ceinas para favorecer a otras que tienen mayor calidad”, explica Ávila. El miembro de la Academia de Ciencias asegura que los resultados de una prueba realizada con ratas albinas estableció que aquellas que se alimentaron con maíz normal tuvieron un ritmo de crecimiento inferior en relación a las que comieron el maíz mejorado. La calidad es casi similar al de la leche en polvo en un 10%, sobre todo la variedad aychasara. El Centro de Investigaciones Fitoecogenéticas de Pairumani cuenta, además, con el Banco de Germoplasma, un espacio donde se conservan variedades de semillas de maíz, frijol, tarwi, maní, amaranto, ajíes, curcubitas y pasifloras andinas comestibles.

DOS VARIEDADES

Aychasara 101 • Significa carne de maíz. Se le puso ese nombre para que los campesinos reconozcan su calidad proteínica. Puede ser cultivado en invierno, en el trópico y valle.

Culli opaco 2 • Con un alto nivel de proteínas, se espera utilizar esta variedad en la elaboración de los desayunos escolares, en especial para hacer api. Contiene altos niveles de aminoácidos (alicina y triptófano).