THIRD PLACE

COL-054-Envases de agroquímicos, enemigo venenoso y silencioso

Ayda María Martínez   Catorce 6, Bogotá, Cundinamarca  

Envases de agroquímicos, enemigo venenoso y silencioso 

En zonas rurales, sobre todo, se ha comprobado que la gente los utiliza para almacenar agua, leche y otros alimentos.  En Colombia sólo retornan el ters por ciento de esos envases peligrosos

La ley lo dice. Todo recipiente que esté en contacto con sustancias peligrosas, se vuelve peligroso.  Y en Colombia, cada año se utilizan unos 13 millones de ese tipo de envases de vidrio, plástico o metal que en su mayoría han contenido agroquímicos.

Eso, según expertos, significa que hay uno de esos recipientes por casi media hectárea agrícola del país. El peligro es inminente si esas botellas, canecas, cajas o potes entran en contacto con el hombre.

Aunque no hay estudios que determinen a ciencia cierta el número de personas afectadas, se sabe que esos residuos dañan los suelos y pueden ocasionar pérdidas de embarazos, malformaciones genéticas, mutaciones, cáncer o leucemia, entre otros.

El panorama es alarmante por un lado y alentador por el otro. Alarmante si se tiene en cuenta que no pocos campesinos o incluso vecinos de cascos urbanos ven en este tipo de recipientes valiosos utensilios para la vida diaria. Incluso se ha conocido de casos en los que se usan para almacenar agua, alimentos o combustibles.

Además, las cifras asustan. De los 117 millones que se estima se han producido en nueve años, se calcula que sólo 10 millones han retornado y han sido dispuestos adecuadamente.

El fenómeno no es sólo nacional. La  Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) calcula en 80 millones de toneladas el número de este tipo de envases que se producen cada año en el mundo.

No obstante, alienta el proceso que comenzó en nuestro país para conseguir el retorno de esos envases y para disponerlos de manera adecuada o, en el mejor de los casos, obtener ‘maderas’ plásticas, para construir cerca, un ladrillo, una tabla o una tarima.

Ese proceso de ‘metamorfosis’ de los peligrosos envases se inició hace más de una década y surgió en Brasil, México y Guatemala, en el seno de la organización gremial de las empresas de fabricantes y comercializadoras de productos para la protección de cultivos (Croplife).

Se trata del programa Campo Limpio para la recolección, eliminación y valorización de envases vacíos que contuvieron plaguicidas.

Otra vez desalientan las cifras. Si bien es cierto que Colombia es uno de los pocos países suramericanos que le pusieron la cara al problema, el número de envases que retornan es casi irrisorio.  Mientras en Brasil, por ejemplo, se recoge el 80 por ciento de los envases usados, en Colombia la cifra apenas sobrepasa el tres por ciento.  La meta es llegar al 20 por ciento en dos años.

De hecho, Campo Limpio fue implementado de manera voluntaria en 1998, y a pesar de la inexperiencia ese programa logró poner de de acuerdo a agricultores y a los miembros de la cadena de comercialización sobre el tema, en sintonía con entidades como los ministerios de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial y de Agricultura, las Corporaciones Autónomas Regionales, el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA) o la Asociación Nacional de Industriales (ANDI).

Hoy, y aunque el camino ha sido largo y han ido apareciendo inconvenientes como el de la empresa Eco Azul, que se ha especializado en reciclar estos envases para la fabricación de madera plástica y que tuvo que esperar cinco años para obtener la licencia ambiental, las cosas parecen ir bien.

Luego de la primera normatividad al respecto, que se conoció en el 2004, el Ministerio de Ambiente expidió una resolución en marzo pasado que obliga a las empresas de plaguicidas a presentar planes de retorno de envases.

“Encontramos agricultores que reusaban los envases para el almacenamiento de alimentos como leche, agua, pescado o refrescos; la incineración a campo abierto o el entierro de los envases; todas estas prácticas inadecuadas y riesgosas para el ambiente y la salud humana”, aseguró María Elena Latorre, directora de la Cámara Procultivos de la Andi.

En nueve años de trabajo, este programa ha promovido inversiones por más de dos mil millones de pesos en infraestructura de retorno y capacitación de más de 5.000 agricultores en procedimientos de manejo de envases, instalación de más de 250 puntos de recolección y 14 centros de acopio en todo el país, que han permitido darle un destino final adecuado a más de 10 millones de envases vacíos.

El desarrollo de una logística en reversa para el retorno de los envases desde el agricultor hasta los receptores adecuados, exigió investigaciones, desarrollos y las inversiones necesarias para que dos aliados estratégicos llegaran a tener las licencias ambientales requeridas para coprocesar unos materiales y reciclar otros.

De peligroso a útil en una incinerada

La metamorfosis del plástico se basa en un proceso denominado de “reciclado grueso” que tritura los envases, los mezcla y luego moldea piezas como tablas, postes de alambrado, fondos para camiones refrigerantes, tarimas industriales para almacenamiento, caños de drenaje o para riego, así como perfiles para el sector de la construcción.

La experiencia de Colombia en la materia está relacionada con el proceso que se hace actualmente de bolsas, papeles y cartones contaminados. El programa Campo Limpio en conjunto con la industria cementera, desarrollaron el coprocesamiento de estos materiales a temperaturas superiores a los 2.000 grados centígrados, para posteriormente encapsular las cenizas en el clinker del cemento, eliminando la posibilidad de emisiones dañinas a la atmósfera, opción que abrió la puerta a otras industrias.

Pero además de esta alternativa está la del retorno del envase que exige un proceso de triple lavado y traslado a un centro de acopio que se encarga de la disposición final mediante enterrado e incineración.

En Colombia, este proceso cubre cerca de 400.000 hectáreas en 10 departamentos que se dedican a la producción de banano y flores, así como caña de azúcar, frutas de exportación, café y arroz, además de pequeños cultivos de hortalizas, papa y cebolla.

El camino recorrido

Además de todo el impacto positivo que tiene retirar del ambiente envases vacíos que pueden contaminar los suelos y aguas o generar riesgos potenciales a la salud humana, los compromisos generados en el marco de Campo Limpio han permitido el mantenimiento de nacimientos de agua, ríos y fuentes de acueductos veredales.

El programa actualmente genera más de 45 empleos permanentes, pero en el mediano y largo plazo puede llegar a subir a 150 fuentes de trabajo en el sector rural y de reciclaje, en la medida en que se vaya cubriendo el territorio apto para la agricultura sin esta cobertura que supera los 29 millones de hectáreas.

Gracias a los nuevos productos generados por los procesos de reciclaje impulsados por Campo Limpio como envases de lubricantes para automotores y madera plástica, se están salvando miles de árboles puesto que la madera plástica está demostrando menores costos y mayor duración de cercas, postes, plataformas, senderos ecológicos, puentes peatonales, estibas, entre otros.

De igual forma, el sistema controlado de retorno y reciclaje de los envases vacíos representa la reducción del riesgo de reutilización del material para producción de juguetes, elementos de cocina, empaques y productos de uso domésticos, cuando es manipulado por recicladoras informales sin conciencia socio-ambiental.

“Campo Limpio es hoy un ejemplo para todas las industrias del país porque ha liderado una cadena de innovaciones en ciencia y tecnología alrededor de los residuos peligrosos, ha mostrado capacidad de involucrar y generar la conciencia ambiental en todos los actores que tienen que ver con plaguicidas; logró motivar al Gobierno y a las autoridades para desarrollar los instrumentos adecuados; porque de lo que pudo ser tomado a primera vista como un problema, surgió una oportunidad para mejorar las condiciones laborales de una población vulnerable. Además ha demostrado que, a través de este camino de idoneidad y responsabilidad, se deja un mejor lugar a las generaciones futuras”, aseguró Latorre.