THIRD PLACE

PER-087-Negro Porvenir

Alvaro Rocha Revilla   Revista Somos – Diario El Comercio   March 2008

Negro Porvenir


DESASTRES. El loretano pueblo achuar lucha por su medio ambiente mientras Pluspetrol continúa con las operaciones de extracción.

Aunque de los lotes de hidrocarburos 1AB y 8, ubicados en el departamento de Loreto, se extrae el 60 por ciento del petróleo peruano, las comunidades nativas dentro de estas concesiones están en la lista de extrema pobreza. Pluspetrol, la actual operadora, ha asumido el compromiso de lidiar con los pasivos ambientales bajo la fiscalización de la Federación de Comunidades Nativas del río Corrientes (Feconaco). SOMOS estuvo en la zona y además de un clamoroso caso de contaminación, descubrió que, para variar, la actuación del Estado ha sido nefasta en esta región.

 “Jesucristo Vive” dice un letrero en la calle principal de Villa Trompeteros. Seguramente, aunque este poblado a dos días en deslizador de la ciudad de Iquitos, parece dejado de la mano de Dios. Aquí sí se aplica “De esta agua no beberé”, sino pregúntenle a Dan Collyns, corresponsal de la BBC en el Perú, quien tomó un jugo de cocona que lo mandó al baño sin escalas cuando almorzamos maduro frito con ractacara, un pececillo que traen del Tigre porque en el Corrientes ya no se ve: el único pescado disponible está en lata. Y es que el agua que sale de los caños de Villa Trompeteros proviene, sin escalas también, del mismo río Corrientes, contaminado durante casi cuarenta años por la Occidental Petroleum Co. (Oxy), PetroPerú, y en menor medida, por la Pluspetrol.

SALUD QUEBRANTADA
Ajenos a todo, los niños de Villa Trompeteros se bañan imprudentemente en el río Corrientes. Fuimos al Centro de Salud y el doctor Jeff Perea nos dijo que se daban muchos casos de enfermedades relacionadas con el estado del agua, como diarreas agudas y afecciones a la piel (hongos y dermatitis), pero que no se podía probar la existencia de cánceres debido a la contaminación. El doctor Perea se quejó, eso sí, del retraso del gobierno regional de Loreto para elaborar el perfil técnico, eslabón indispensable para que Villa Trompeteros pueda contar con un hospital rural, con especialidades de cirugía, ginecología y pediatría, y la implementación de un laboratorio que permita saber si los pobladores tienen plomo y cadmio en niveles más altos que los normales, como lo señaló un estudio de Digesa (Dirección General de Salud Ambiental) el 2005. El alcalde de Villa Trompeteros, José Panaifo, que sufre desde hace cinco meses una extraña enfermedad que lo debilita, señala “que el agua debe ser tratada porque está contaminada”. Se están abriendo pozos para obtener agua del subsuelo, pero no es suficiente para los 3 mil pobladores de Villa Trompeteros.

SELVA DE PLÁSTICO
“El petróleo no se va a acabar nunca”, dice un desalentado Leandro Rengifo -vecino de Villa Trompeteros y segundo representante (o vice apu) de los nativos en este poblado mayoritariamente mestizo- que reclama porque la mayoría de los trabajadores en la planta de Pluspetrol provienen de Iquitos. “Yo también quiero trabajar, aunque solo paguen 600 soles, pues necesito para mi familia” nos dice en su humilde vivienda. Leandro extraña los tiempos de su infancia cuando la selva mantenía su pureza: ahora los animales se ahuyentan o sufren las consecuencias. “La vez pasada capturé una motelo y tenía la tripa llena de plomo”, nos dice. Pero la contaminación no se limita al agua, también afecta la tierra. Visitando la chacra de su mamá, Leandro pisó una cosa que se movía, y al principio pensó que era una boa, pero luego descubrió que eran cientos de bolsas con residuos de petróleo, que con el tiempo se abrieron y depositaron su oscuro contenido en el suelo. Su mamá le contó que la chacra solo alcanzaba a producir un año, y luego los cultivos menguaban significativamente.

Con la idea de conocer de cerca los alcances de la contaminación nos dirigimos con Leandro a la quebrada Trompetrillo y a los puntos donde están depositadas estas bolsas. A punta de remo cruzamos el Corrientes y nos internamos en la quebrada Trompeterillo, “lleno de crudo” según Feconaco, y efectivamente un sitio insalubre donde no vale la pena ni bañarse ni fumar. Abandonamos la canoa y caminamos hasta la chacra de la madre de Leandro, y en los alrededores, bajo los árboles y entre la hojarasca, hallamos las bolsas. El mismo lamentable espectáculo se pudo observar en otro lugar, aunque en este caso las bolsas se encontraban a pocos metros de las instalaciones Pluspetrol, como si hubieran sido barridas bajo la alfombra.

 

 

 

 


Los indios achuar, cuyo territorio se extiende por los ríos Corrientes y Pastaza, tanto en el Perú como en Ecuador, tienen palabras para el sol (“itza”), la mujer (“nua”), y el cielo (“nayaimbi”), pero ninguna para petróleo o contaminación, que tienen que decirlas en castellano. Y son las únicas que le entendemos a Alfonso Sandi, vice apu de la comunidad nativa de San Cristóbal, pues solo se expresa en lengua achuar. Israel Rengifo, hermano de Leandro, nos traduce lo que Sandi dice atropelladamente mientras un helicóptero zumba sobre nuestras cabezas: “a los niños se les pela la piel, les salen ronchas, los animales se han corrido, y los pocos peces que hay están contaminados, y ellos lo saben pero igual se los comen pues tienen hambre, y además dice que seguro están esperando a que nos muramos”. 

EL ACTA DE DORISSA
En octubre del 2006, hartos de años de indiferencia, los grupos nativos achuares, urarinas y kiwchas invadieron en forma pacífica diferentes campamentos petroleros en los lotes 1AB y 8. Pese a las amenazas de la entonces ministra del Interior, Pilar Mazzeti, que “el orden debe recobrarse a cualquier costo”, primó el ánimo conciliador, especialmente por la sangría económica que causaba esta paralización. El mismo ministro de Energía y Minas, Juan Valdivia, viajó a la zona y estampó su firma en un compromiso ante los líderes nativos. Llamada el Acta de Dorissa, pues la reunión de alto nivel se llevó a cabo en el campamento petrolero del mismo nombre, este acuerdo también fue suscrito por Pluspetrol, el ministerio de Salud, Indepa e Inrena.

“La toma fue la única manera de presionar, ya habíamos tratado de negociar por todos los medios. Este acto fue un ejemplo para todo el Perú, pues no hubo violencia, participaron familias enteras, y fue la primera vez que se unieron los pueblos achuar, urarina y kiwcha”, dice Petronila Chumpi, secretaria de organización de Feconaco, quien admite la disposición de Pluspetrol para cumplir los acuerdos bajo la fiscalización de los nativos, pero también señala el desconcierto del gobierno central y regional: “todo está en emergencia y no saben por donde empezar”.

 

 

Aunque las cosas han mejorado ostensiblemente desde la firma del Acta de Dorissa, la contaminación es tan vasta y antigua que no es posible revertirla en un par de años.

PASIVOS EN ORDEN
Esto lo sabe perfectamente Roberto Ramallo, gerente general de Pluspetrol Norte, quien nos recibió en su oficina en Lima, y nos contó que poner en orden los pasivos ambientales le va costar a la empresa argentina alrededor de 300 millones de dólares entre la reinyección (se devuelven las dañinas aguas de producción al interior de los pozos) y la remediación (recuperar agua y tierras a niveles saludables). Esto es un compromiso, contemplado en el Acta de Dorissa, donde Pluspetrol ha cumplido con reinyectar las aguas de producción en el lote 1AB, quedando pendiente (hay plazo hasta el 31 de julio) la reinyección en el  lote 8. Ramallo señala que no debería haber dudas, pues “si no cumplimos cierran los pozos”. También aclara que la contratación de mano de obra local está en sus máximos históricos, más de 400 nativos trabajando para la empresa, “lo que sucede es que mucha gente se instala en Villa Trompeteros para exigir trabajo, cuando este poblado y Andoas no están considerados como comunidades nativas”.

Respecto a las bolsas con residuos contaminantes halladas en las inmediaciones de Trompeteros, Ramallo aceptó que han recibido quejas justificadas al respecto, y que “hemos tenido un problema muy serio con el contratista seleccionado para hacer la remediación, porque no iba ni para atrás ni para adelante, por lo que se le ha reducido el contrato a la mitad mientras se tomaba simultáneamente a otra compañía para que haga el trabajo. Sabemos que es nuestra responsabilidad, a pesar de que fue PetroPerú quien seleccionó a esta compañía que no anduvo bien”.

De otro lado, Ramallo objetó la forma como se distribuye el canon en Loreto. “A las comunidades les toca la parte fea del negocio, pero no ven los beneficios”, dice con razón, y añade que “los conflictos serían menores si se distribuyera bien el canon, como en Camisea que se reparte según el índice de pobreza, mientras que en Loreto el criterio para manejar ese presupuesto se basa en la densidad poblacional, siendo Iquitos y Nauta los más beneficiados en detrimento de Villa Trompeteros, Andoas y las comunidades nativas”.

 

 

 

También tuvo palabras sobre el estudio de Digesa del 2005 que arrojó elevados niveles de plomo y cadmio en la sangre de los nativos. “El cadmio no se mide en la sangre -dice el gerente general de Pluspetrol Norte- sino en la orina. La Digesa se dio cuenta de su error e hizo otra medición año y medio después, donde se indica que nadie o casi nadie tiene cadmio, y los niveles de plomo bajaron del 70 al 30 por ciento respecto a la primera medición. Solo que este estudio no lo han hecho público como si hicieron con el primero”. Controversial, sin ninguna duda.

GOBIERNO REGALÓN
Lily la Torre, abogada que encabeza la Ong Racimos de Ungurahui, señala que “el de Corrientes es un caso emblemático de la contaminación petrolera en el país, y después de años de olvidos se puede decir que ahora la tendencia es buena porque los indígenas ya no se dejan, pero el gobierno sigue de espaldas, ausente, a pesar de tener la oportunidad servida en la mesa, con una empresa dispuesta a cumplir su parte”. Y nos da el ejemplo del Pronaa (Programa Nacional de Apoyo Alimentario), entidad involucrada en el Acta de Dorissa, que “tiene una burocracia terrible y no cumple su parte en las raciones que debería entregar. La FAO (organismo de Naciones Unidas para alimentación y agricultura) y Pluspetrol están tratando de agilizar este tema”. Lily también se refiere al ministerio de Salud, “al que hay que estar empujando”.

Otro punto de preocupación es que “el estado sigue dando lotes a diestra y siniestra, cuando se sabe, tal vez no Alan García, pero sí el ministro Valdivia de Energía y Minas, que la gente de Corrientes está muy enojada y ha dicho que ya no quiere más lotes”, dice Lily la Torre. Lo peor de todo es que más atención reciben los indígenas en el extranjero que en su país. Tomás Maynas, el líder de los achuar, tuvo que ir hasta una junta de accionistas de la compañía petrolera Burlington, en Texas, para que respeten su territorio. La Burlington cedió a las demandas de los nativos, y enterado de esto Perú Petro licitó ese espacio y lo derivó a la Hunt Oil. “Si es que no los escucha, la gente puede tomar medidas de otra índole”, advierte Lily. Por ahora, Feconaco piensa demandar al gobierno ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por la entrega de lotes sin previa consulta.

Por ahora, según Lily la Torre, “la gente se sigue muriendo con los mismos síntomas: vomitando sangre, con fiebres y tercianas, dolores extremos, flacos y pálidos”. Lo cierto es que este 24 de marzo, Feconaco va a estar presente en Los Angeles, donde está la sede matriz de la Oxy, pues se va a decidir si el juicio hecho a nombre de los niños achuar continua en Estados Unidos o es transferido, como lo desea la compañía norteamericana, al Perú.

EL SUEÑO DEL APU TOMÁS
Cuando se dio la toma de los campamentos petroleros a finales del 2006, un hombre destacó sobre todos. Fue Tomás Maynas. En un momento los ánimos de los policías se enervaron, y un comandante mandó llamar al Apu Tomás, y le dijo que tenía órdenes de disparar, y Tomás Maynas le respondió muy tranquilo que “nosotros vamos a morir defendiendo a nuestras tierras, la salud de nuestros hijos, ¿ustedes porqué van a morir?”. El comandante se desinfló.

Tomás Maynas, nacido en 1948, casado y con seis hijos, fundó la comunidad nativa de Jerusalén, y es ahora el guía espiritual de la etnia de los achuar. No tiene celular ni habla castellano. Pero tiene visiones, generalmente apoyadas por el ayahuasca, que le señalan el camino a seguir, como la del otorongo que le habló y lo indujo a conducir y organizar a su pueblo; o la del sueño del ave amenazadora que él atravesó con una flecha, y que le dio fuerzas para tomar los campamentos petroleros.

Tomás y el pueblo achuar siempre están dispuestos al diálogo y la convivencia. Solo piden un poco de respeto para que sus hijos puedan cumplir sus sueños algún día.