PER-086-Destinos Compartidos
Alvaro Rocha Revilla Revista Somos - Diario El Comercio December 2007
Destinos Compartidos
ECOLOGÍA. Tortugas taricayas y charapas vuelven a poblar la cuenca del Pastaza.
Un proyecto de rescate natural, que tiene como socios a Hewlett Packard (en la parte financiera), World Wildlife Fund (WWF, en la organización), y a las etnias amazónicas de los candoshis y kiwchuas, como la sangre renovadora y creativa que busca salvar algo más que tortugas en este proyecto.
Tal vez fuera por eso, pensé, mientras miraba a las ansiosas tortuguitas camino al agua en una isla perteneciente a la comunidad candoshi de Huambracocha. Ambos han estado al borde de la extinción. Saben de qué se trata. A comienzos del siglo de la globalización, los candoshi morían como moscas. Parecían ir directo a la desaparición. Aunque los primeros casos de hepatits B y delta se registraron en 1996 (“Lo trajeron los petroleros”, dicen los Candoshi), tres años después la enfermedad se quintuplicó. El Apu (o cacique) de Huambracocha, Mando Kamarampi, me dice que han muerto unas 300 personas desde entonces. Estamos hablando de una etnia de 2 mil a 2500 personas. La amenaza está pendiente, aunque ahora Unicef vacuna a los recién nacidos y la mortandad se ha reducido notablemente. Los candoshi aceptan las vacunas, pero no usan condón ni de vainas (otra manera de prevenir la Hepatitis B y la delta) por razones culturales. No es para sentirnos superiores, por cierto, pues en las grandes ciudades, más por descuido que por ignorancia, pasa lo mismo con el sida.
CABEZA ERGUIDA
“Nuestro pueblo vive aquí antes de que existiera Lima”, me dice Mando Kamarampi, con la cabeza alzada, y la certeza de que los candoshi se mantendrán en sus bosques como siempre lo han hecho. Su mirada parecía dirigida a un punto indefinido en el horizonte, bajo las nubes, y sobre el río y los árboles. Mientras tanto, las tortuguitas ingresaban, felices, inquietas, a la cuenca del Pastaza. Y aunque eran una tremenda mancha de casi un millar de ejemplares, cada una de ellas llevaba bien en alto sus pequeñas y lustrosas cabezas, como orgullosas de su travesía. Tal vez sea por eso, pensé, que los candoshi, han puesto tanto empeño en evitar que las taricayas y charapas desaparezcan, como casi sucede con ellos. Saben de que se trata: que la extinción es para siempre. Y si no tienes la cabeza erguida, simplemente no vas a saber si vas por el camino correcto.
Y aunque parezca mentira, solo veinte cuatro horas antes habíamos estado en un lujoso hotel de Iquitos, donde algunos afortunados dispusieron hasta de jacuzzi. Éramos un grupo heterogéneo. Estaba, por ejemplo, Marcos, el responsable del proyecto de Hewitt Packard (Hp), con la mano vendada e inmovilizada, pero que no se quiso perder este viaje `por nada en el mundo. Y allí estaba, trepado a su mototaxi, como todos, en dirección al Puerto de Bellavista donde nos esperaba un hidroavión de la FAP anclado en el Nanay. Llegamos temprano, cuando el aire tiene todavía ese color malva, y nos dijeron que había que aligerar un poco el equipaje. Que había nubes bajas y cargadas, que teníamos que aligerar el sobrepeso, que primero estaba nuestra seguridad, y bla bla bla. Katia sacó sus cremas y demás chucherías y el peso bajó en cuarenta kilos. Pero era puro tongo. No había problema de mal clima, ni sobrepeso. Era cuestión de cambiar un fusible. Estuvimos tres horas varados, riendo un poco, calibrando nuestro hidroavión, sus posibilidades aladas, un viejo twin otter. Por fin llegó el fusible y partimos hacia el mitológico lago Rimachi. Y a Musa Karusha, el alma de la nación candoshi.
DESARROLLO SOSTENIBLE
En 1991 los candoshi de Musa Karusha botaron a los representantes de Pesquería, que eran evidentemente corruptos y declararon dos años de veda. Y les han prohibido la entrada al lago Rimachi a los pescadores mestizos que van en busca de manatíes, delfines y usan tóxicos. Ahora, los candoshi aprovechan sosteniblemente sus recursos. Es su principal fuente de ingresos. Cuando llegamos a la zona, luego de una hora y cuarenta minutos de viaje, se estaba dando el fenómeno del mijano, cuando miles de peces suben por los cursos de los ríos. Es el festín anual de los pescadores que vienen desde lugares tan lejanos como Yurimaguas e Iquitos. Boquichicos y palometas volaban por los aires, y llenaban las redes.
¿A estas personas se refirió el doctor García como perros del hortelano? Por si acaso, señor presidente, ya pasó mucho tiempo desde que en “el Pastaza se reducían a perfección las cabezas humanas”, como cuenta el historiador Tomás Santillana en su libro “Pastaza, El río y el hombre”. No todo es petróleo en esta vida, y no pasarán muchos años para que estos bosques biodiversos, y este maravilloso sistema de caños y lagunas que envuelve al Rimachi, tengan un valor incalculable, pues son únicos en el planeta.
CONTRA LA EXTINCIÓN
Igual que a los peces, ahora los candoshi también cuidan a SUS tortugas: las mujeres recogen los huevos entre julio y setiembre para luego colocarlos en camas de arena, tan artificiales como seguras). La WWF empezó el proyecto el 2004, cuando se liberaron 906 crías. El 2006 se hizo necesario el apoyo económico de HP, pues varias comunidades quisieron sumarse a esta exitosa iniciativa. Por el momento se está trabajando en 12 comunidades (6 candoshi, 4 kiwchuas, 1 achuar, y 1 mestiza), y se han liberado aproximadamente 18 mil pequeños quelonios. Agustín Sánchez, de la WWF, que trabajara con el mítico Pekka Soini, peruano finlandés que salvo a la charapa de la extinción en el Pacaya Samiria en los ochentas, me señala que noto es lirismo “de lo que se produce en la zona, los comuneros recolectan los huevos y venden más de la mitad, el resto lo ponen en camas de arena artificiales”. Si el precio de los huevos de tortuga se vende en 10 y 12 soles el kilo, no hay que ser muy listo para saber porque varios otros poblados están interesados en adecuarse a este sistema.
CAMPO VERDE Y ALIANZA
La cosa fue que luego de acomodar nuestras cosas en Musa Karusha, bajamos en deslizador por el Pastaza: el principal afluente del Marañón por su margen izquierda. Este río recibe siete nombres diferentes desde que nace en las laderas del volcán Cotopaxi, en el Ecuador, hasta que -luego de recorrer 625 kilómetros, de los cuales 400 le pertenecen al Perú- deposita sus aguas en el Marañón. Su cuenca abarca 62 mil kilómetros cuadrados.
Tuvimos una breve parada en Ullpayacu, poblado mestizo, con restaurantes de batalla, suciedad, teléfono, luz, y hartas cervezas. Allí nos abastecimos de sanguches y salimos rápido pues el día se iba, en el camino nos cayó un diluvio y tormenta a la vez, lo que obligó al fotógrafo Michael Tweddle, y al camarógrafo Miguel Piedra (gran tipo, llamado Michael Stone en sus años universitarios), al que no veía desde que nos cruzamos en el Cusco el 2002, a proteger sus equipos. Las gotas caían como agujas. Era como volver a vivir.
En la comunidad Kiwchua de Campo Verde, al borde del río Ungurahui, todo el pueblo nos acompañó hasta la cocha Doncella, donde iban a liberar a 750 taricayas y 250 charapas (o charitos, como suelen llamarlas). Fue casi una hora para llegar a Doncella: manteniendo el equilibrio para poder atravesar zonas pantanosas. Todos sudábamos, menos Katia, que estaba regia en medio del bosque, se notaba que sus cremas habían venido de todas maneras en el hidroavión.
El día había cerrado sus persianas, y Alianza era una luz en las penumbras del Pastaza: Habitado también por kiwchuas, nos habían estado esperando todo el día. Se dieron los discursos de rigor, entre ellos el de Fernando Zapater de HP. Y se desató la locura, varios locales estaban bastante animados con el masato, y sacaron a bailar a los visitantes, dando vueltas –a la manera que se baila la pandilla- alrededor de las bateas donde se encontraban las tortuguitas. Martín Rizo Patrón era de los más animados, incluso se sumaba a las vivas: ¡Que viva Alianza! ¡Que vivan las charapitas!, y hasta un inusual ¡Que viva la Ong HP!
NOS VERÁS VOLVER
Regresamos a Musa Karusha. Agustín me dice, antes de buscar un colchón donde estirar el maltrecho cuerpo, que el Rimachi está dentro del lote 112 de Petrobras, pero que los Candoshi no están dispuestos a dejarlos entrar. Al rayar el alba fuimos a la comunidad de Huambracocha, de la que hablo al inicio de este artículo. Después cruzamos el apoteósico lago Rimachi, para tomar el hidroavión de vuelta Iquitos. Despegamos. Todo se veía diferente desde arriba. El sufrimiento, la esperanza del pueblo candoshi se atragantaban en la garganta. El sol iba y venía, inquieto, Una luz intermitente, casi mágica, acariciaba la arboleda, los ríos y lagunas bajo nuestro. Era una hora única e infinita, como diría el poeta Watanabe, donde la eternidad es posible. Acuatizamos con una mirada más intensa, un brillo en la retina, que no terminó de apagarse ni aún cuando llegamos a Lima, en la absoluta oscuridad de la ciudad de los lobos.
RECUADRO
Tintas Claras
HP promueve conciencia ambiental en campo y ciudad.
Marcos Vaitman, 26 años, responsable del programa Planet Partners, me recibe en el edificio de diseños futuristas de la Hewlett Packard en el Centro Empresarial. “Nosotros promovemos una actitud hacia el medio ambiente que sea integral, trabajamos con las taricayas, pero también alentamos la cultura del reciclaje”, me dice. Y es que HP tiene en Planet Partners, un proyecto para recoger gratuitamente toners inservibles (escribir a recicla@hp.com), y enviarlos a Virginia, donde los reciclan. Así evitan crear basura en el Perú, y mandan un mensaje muy directo: no basta proponer el cuidado del medio ambiente en el campo, si este no se practica en la ciudad. A partir de 1991, HP ha recolectado 100 millones de cartuchos a nivel mundial.

