PER-079-Tras los rastros de la belleza

David Hidalgo Vega   Diario El Comercio   April 2008

Tras los rastros de la belleza

CRUZADAS. El fotógrafo Alejandro Tello es un reconocido especialista en temas ambientales. Lleva años luchando por obtener protección para áreas de gran biodiversidad en el país. Ahora culmina un censo de aves en Paraíso, una rica zona de Huacho. Una lucha silenciosa, pero fértil
Los ojos entrenados en años de vigilia le permiten distinguir vida en el silencio. Empieza esta tarde de viernes y Alejandro Tello, un hombre que mira como si escuchara con las retinas, realiza un nuevo recorrido por la albufera Paraíso, un refugio natural a pocos metros de la playa, en Huacho. El bote artesanal prestado le permite desplazarse con sigilo sobre las aguas quietas de la laguna. Entonces, desde mitad de camino, Tello divisa un posible nido de zambullidor entre los totorales. "Está allí, al costado de la libélula", indica para otros ojos extraños con una certeza que bien podría ser broma: a la distancia, es como distinguir un guijarro sobre una orilla de piedras. Minutos después el bote completa la lenta travesía, solo para comprobar que era cierto. Entre los juncos aparece un nido en formación, que es como un relicario para él, la prueba de que la vida continúa a pesar de la fragilidad.
Paraíso es un territorio de apariencia virginal. Desde la colina de arena que domina el panorama cualquier visitante neófito vería apenas el paisaje de un solitario espejo de agua separado de la orilla por una franja de arena y matorrales. En realidad se trata de un extraordinario albergue para aves de diverso origen. Tello, quien lleva varios años estudiando el lugar, asegura que se trata del humedal más grande no alterado en la costa central. Hace dos años y medio él impulsó una cruzada preventiva que recibió el apoyo de instituciones privadas y del gobierno regional. Ahora realiza un censo de las aves que apunta a conseguirle el estatus de área protegida.
UNA LARGA MARCHA
Se trata de otro paso en su meticuloso camino de salvar la belleza natural. No va a tientas. Tiempo atrás, Tello formó el proyecto Refugios del Desierto, una estrategia civil para coordinar esfuerzos privados y públicos dirigidos a preservar zonas de valiosa biodiversidad. "El objetivo era llamar la atención sobre la importancia de estas áreas y despertar el interés de las autoridades", comenta. La propuesta ha tenido efecto en la bahía de San Fernando, en Nasca, un albergue natural de guanacos, pingüinos y cóndores, del que Tello es un reconocido investigador. En octubre del año pasado el Congreso dispuso que el Inrena iniciara las gestiones para que fuera declarada zona reservada. Antes de un año debe ser incorporada en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. La idea es que un proceso parecido logre preservar a más de 125 especies de aves registradas en Paraíso.
"Necesitamos prevenir antes que lamentar", dice Tello, cuya propia biografía supone otra migración: antes de dedicarse a la naturaleza llevó estudios de sociología, literatura y arte. El proceso incluso ha sido circular: creció de niño en un terreno aledaño a los humedales de Villa. "Mi jardín era los pantanos", recuerda. Allí conoció a prestigiosos fotógrafos y naturalistas que llegaban a estudiar la zona cuando recién empezaba a difundirse su riqueza natural. Así, en telescopios y binoculares prestados, adquirió la conciencia visual sobre la vida en ese lugar. Con el tiempo, ya consagrado a la ecología, haría exposiciones fotográficas e incluso formaría la ONG Yanarico --como el ave andina--, que trabajó en favor de los pantanos. Por haber conocido los estragos de la modernidad en su hábitat se comprometió en la defensa de los humedales costeros.
RADIOGRAFÍA DEL REFUGIO
Tello visita Paraíso dos o tres días por semana. En cada oportunidad realiza largas caminatas por la playa o por las colinas de arena que ofrecen miradores naturales hacia la laguna y otros sectores del humedal. Desde allí efectúa un minucioso conteo por cuadrantes, que le permite establecer el número de aves y la presencia de sus diversas especies en los siete kilómetros de largo de la albufera. El censo, iniciado en diciembre último, ha arrojado interesante información. Por ejemplo, el número de zambullidores grandes, "probablemente la población más grande que existe en el Perú, con más de 550 individuos", dice el investigador. Esta especie incluso abre nuevas interrogantes, porque su dinámica ha cambiado: es pescadora, pero se alimenta de algas y permanece mucho tiempo flotando en el mar, donde incluso realiza sus cortejos.
También ha registrado la presencia de aves nuevas para la zona, como el playerito de lomo blanco, especie migratoria del norte, o el zambullidor blanquillo, pariente cercano del zambullidor de Junín, que "al parecer ha migrado de las lagunas altoandinas". Podrían ser señales del cambio climático, admite el investigador. Otra sería la aparente disminución del gaviotín peruano: desde que inició el censo solo ha visto dos grupos. Antes su presencia era frecuente.
"Este estudio confirmará la importancia biológica de Paraíso. Y ayudará a zonificar mejor el área: donde están las parihuanas, debe darse un uso especial para no perturbarlas y en otras zonas debe prohibirse el paso de camionetas y bañistas, porque el gavotín anida en la arena", insiste Tello. Algunas huellas profanas de vehículos y mascotas podrían desanimarlo, pero sobre los días finales de su estudio una certeza lo guía: "Paraíso es un laboratorio perfecto para crear patrones de investigación y manejo de recursos". La vista es contundente. Los datos más. Cada paso suyo sirve de testimonio.