PER-064-Tambopata para iniciados. Una navegación por el paraíso

Leo González   Revista Viajeros Conservación y Culturas   January 2008

Tambopata para iniciados. Una navegación por el paraíso


Esta vez empezamos nuestro recorrido desde Puno por el río Tambopata,  atravesando el territorio de una de las áreas protegidas más importantes: el Parque Nacional Bahuaja Sonene. Acompáñenos en esta navegación llena de aventura y adrenalina por los rápidos que bañan uno de los bosques más ricos del planeta.


Pensar en el río Tambopata es como salirse de la realidad por un instante. Es trasladarse a un lugar donde la naturaleza ha creado una abundante biodiversidad, en la que cada especie sobrevive, crea y mantiene una frágil red de interrelaciones que buscan un flujo dinámico y en continuo proceso de evolución. Ahí, donde la mano del hombre jamás debe ingresar para construir ni destruir. Donde aún existe una esperanza para que la vida continúe.

Recibí la llamada de Jans Huayca cuando ya perdía las esperanzas. Él es el encargado, junto a la Sociedad Zoológica de Francfort, de realizar el Plan de Uso Turístico en la zona menos conocida y más extensa del Parque Nacional Bahuaja Sonene, a donde lleva viajeros desde hace unos quince años. Esta es mi oportunidad para reforzar mis conocimientos de biología y mis habilidades como guía de rafting. Nos encontramos en Juliaca. Somos doce personas entre investigadores, guías, kayakistas de seguridad y fotógrafos. Nos trepamos en un bus-camión con todo el equipaje necesario para abastecernos durante los 350 kilómetros de travesía, unos diez días hasta llegar a Puerto Maldonado. Atravesamos el frío altiplano puneño para llegar a la provincia de Sandia, bajar hacia San Juan del Oro y luego directo a Putinapunco. Dieciocho horas de viaje por un camino de tierra y barro en muy mal estado. Cuando registramos nuestra entrada al Parque en el puesto de Putinampunco nos damos con la sorpresa de que solo 40 personas al año entran por esta zona a comparación de las 14 mil que visitan la zona norte del Parque, en Madre de Dios.

Asombrados por los sonidos de la selva, empezamos a empacar y preparar los equipos: carpas para la lluvia, cocina a gas, comida, un bote carguero, cataraft de seguridad y los botes de rafting donde van cuatro pasajeros y un guía. Luego de la charla de seguridad nos despedimos de tierra firme para entrar en el río Tambopata. Avanzamos con energía, en un lugar limpio, sin ruidos ni residuos. El primer día atravesamos por la Zona de Amortiguamiento del Parque, donde aún se observan poblaciones. El último poblado es el de Pampa Grande, donde decimos adiós a la “civilización”.

El río Lanza entra por la derecha, es la frontera con el Parque Nacional Madidi en Bolivia. Avanzamos hasta llegar al río Colorado que pinta de rojo al Tambopata y anuncia la entrada oficial al Parque Nacional Bahuaja Sonene. Es el tercer día. Estamos en la entrada del cañón. Los nervios aumentan pues hoy atravesaremos los rápidos grandes de nombres intimidantes  como el “monstruo1”, “el monstruo2”, “cola de dragón”, “el gran sapo” y “el monstruo mayor”. Son rápidos de clase IV  por lo que  debemos estar alertas a los comandos de los guías. Todo va bien. Llegamos  mojados y emocionados a la confluencia con el  río Rosario e ingresamos a la Zona de Protección Estricta, donde pasaremos los próximos cinco días.

Las montañas de los Andes van alejándose mientras ingresamos a la selva baja. La suerte está con nosotros y  vemos miles de aves como el cóndor de la selva (Sarcoramphus papa) y el paujil (Crax); monos, lobos de río (Pteronura brasiliensis), capibaras (Hydrochoerus hydrochaeris) y sachavacas (Tapirus terrestres). Jans me cuenta que después de varios años viviendo en la selva, esta es la primera vez que logra ver tantas sachavacas en  un solo día y que ver al cóndor de selva y lobo de río le parece increíble.

Remamos por horas y cada día nos asombra un diferente y único atardecer, una lluvia esporádica, infinidad de aves y animales, sin olvidar a los mosquitos. Estamos disfrutando del paraíso en el que nos encontramos. Un día antes de terminar nuestra aventura pasamos por el río Távara -que nace de la confluencia del río Guacamayo y el Candamo- que marca nuestra entrada a Madre de Dios. Luego cruzamos el límite del Bahuaja Sonene y entramos a la Zona Reservada Tambopata-Candamo. Acampamos frente a la colpa de guacamayos más grande de Sudamérica –la colpa Colorado- y despertamos con su canto. Llegó la hora de despedirnos. Subimos en un bote a motor que nos llevará a Puerto Maldonado, donde llegamos agradecidos de haber estado en un lugar único en la tierra.