PER-053-Del Huallaga al Ucayali: un tour experimental por Cordillera Azul

Álvaro del Campo   Revista Viajeros Conservación y Culturas   September 2007

Del Huallaga al Ucayali: un tour experimental por Cordillera Azul


En un hecho sin precedentes, un grupo de naturalistas de la prestigiosa organización medioambientalista norteamericana Sierra Club, participó en el estudio de posibles rutas turísticas en el Parque Nacional Cordillera Azul. Por aire, a pie, en balsas y peque-peques, el entusiasta equipo de aventureros cruzó el paraíso azul uniendo las cuencas del Huallaga y el Ucayali.

Desde una pequeña plataforma ubicada entre los departamentos de San Martín y Loreto, en la parte más alta de ese lado de la cordillera, a 1 200 m.s.n.m., esperaba el amanecer junto a Raúl, Santos, Samuel y Félix, los guardaparques del puesto de control 16 Chambirillo, la puerta de entrada al Parque Nacional Cordillera Azul (PNCAZ). Aún estaba oscuro y se podía escuchar los cantos del búho de anteojos (Pulsatrix perspicillata) y el misterioso huauto (Aburria aburri), una pava nocturna común en el área. Santos señaló hacia el este y nos mostró las luces de la ciudad de Contamana, ubicada a orillas del Ucayali, al otro lado de la cordillera, a más de cien kilómetros de nuestro mirador. De pronto, las nubes del horizonte de caprichosas formas y el sol a punto de asomar, nos regalaron un mágico amanecer por encima del llano amazónico. “Por ahí va el Uchpayacu”, decía Santos. “Esas son las formaciones Vivian”, añadió Samuel. “Detrás de esas montañas está el Mundo Perdido”. “Ese es el cerro Cinco Puntos”…

Decisiva participación comunal
Meses mas tarde, la alianza formada por el Centro de Conservación, Investigación y Manejo de Áreas Naturales (CIMA) y la Jefatura del Parque, puso en marcha un programa piloto para determinar la factibilidad de una potencial operación turística responsable dentro del PNCAZ y su zona de amortiguamiento, teniendo en cuenta que aunque el turismo pueda significar un apoyo a las poblaciones locales, éste no debe reemplazar por completo sus actividades cotidianas. Por eso, CIMA realizó un minucioso trabajo con las comunidades para explicarles el propósito de la expedición. Este viaje hubiera sido imposible sin su valiosa participación.  

Desde el aire
Un helicóptero de la Policía Nacional del Perú—institución que ha apoyado al Parque de manera incondicional desde antes de su creación—despegó desde el aeropuerto de Tarapoto trasladando al grupo hacia la laguna del Mundo Perdido. Desde arriba pueden verse con mayor claridad las miles de hectáreas de bosques talados y transformados en chacras. La migración en San Martín ha sido tan desordenada que a este paso podría exterminar los bosques de la zona de amortiguamiento amenazando gravemente al PNCAZ.

El humo del bosque quemado va quedando atrás. Entramos al Parque que nos regala, como siempre, sus incomparables paisajes. Las montañas, sumadas a los cañones, quebradas y cascadas, donde el ser humano jamás ha puesto huella, nos dejan perplejos. Luego de unos 25 minutos de sobrevuelo, aterrizamos en el Punto Estratégico de Aterrizaje de Emergencia (PEAE) donde nos esperaba el guardaparque Andrés Cenepo y un equipo de comuneros de Mushuk Llacta. Caminamos tres kilómetros hacia la recóndita laguna, y de inmediato inflamos los botes para recorrer sus oscuras aguas  rebosantes de flora y fauna. A la mañana siguiente, emprendimos la caminata de regreso al PEAE para trasladarnos a la comunidad de Alto Jorge Chávez. Los comuneros—luego de sacudirse el polvo levantado por el helicóptero—nos recibieron con los brazos abiertos y en seguida empezamos el ascenso hacia el parque y el puesto de control 16. El intenso sol de media tarde iba consumiendo lentamente nuestra energía que volvía a nosotros cuando reingresábamos al bosque, experimentando en carne propia lo saludable que es la vegetación para los ecosistemas. El amanecer nos sorprendió en el remodelado mirador de Chambirillo desde donde apreciamos la rica avifauna del parque y magníficos paisajes. Luego visitamos una hermosa cascada a la cual bautizamos como Los Vencejos, aves que abundan en el lugar y aunque se asemejan a las golondrinas, no están emparentadas con ellas.   

Ríos secos
La densa neblina nos impidió observar otro amanecer desde el mirador y empezamos el descenso hasta el varadero del río Uchpayacu. Un antiguo cocal, completamente empurmado y abandonado desde los 80s, nos trajo ingratos recuerdos de cuando el narcotráfico se escondía en estos bosques. Coloridas tangaras revoloteaban despreocupadas por las copas de los árboles. Ruidosos guacamayos cabezones volaban por encima de nosotros opacando el crujir de las botas de los caminantes en la hojarasca. Luego de siete intensas horas llegamos al Uchpayacu.

En nuestro recorrido hacia el río Cushabatay, fuimos presas del cambio climático. La falta de cobertura boscosa fuera del parque—que inhibe la precipitación pluvial y los ríos y quebradas tienen cada vez menos agua—hizo que el caudal del Uchpayacu estuviera tan bajo que parte de la travesía la hicimos empujando las balsas. Luego de más de nueve horas arribamos al Cushabatay, donde nos esperaban los peque-peques que nos llevaron al puesto de control 106 Boca Pauya. Algunos miembros del grupo—amantes de las aves—ascendieron el Cerro Cinco Puntos para observar al barbudo de pecho escarlata (Capito wallacei), ave endémica del PNCAZ.

Conservando taricayas en el Cushabatay
En el puesto 106 se había iniciado un proyecto de conservación de tortugas taricaya (Podocnemis unifilis) que, debido al elevado consumo de sus  huevos, se encuentran en estado vulnerable. Julio, Jorge y Javín, guardaparques de la zona, junto a las comunidades, intentan revertir este problema con la implementación de playas artificiales. Nuestros visitantes participaron del proyecto colocando los huevos del nido  87, bautizado como “Sierra Club.” Ya de bajada hacia Contamana, paramos en la comunidad de Fernando Belaúnde, donde los niños y sus profesores, con la supervisión de los guardaparques y científicos de CIMA, han construido también una playa artificial para nidos de taricaya. Aquí también pudimos comprobar que el equipo del Parque ha desempeñado una estupenda labor de educación ambiental interactiva con las poblaciones de la zona de amortiguamiento.

Continuamos hacia el varadero de Libertad, un atajo que cruzamos a pie para salir por el Ucayali directo hacia Contamana en deslizador. Numerosos camungos y tuyuyos nos mantuvieron entretenidos hasta que llegamos a nuestro destino donde nos recibieron la extravagante estatua de la sirena y las brillantes luces del puerto, ésas que vimos desde el mirador de Chambirillo, a 115 kilómetros de distancia, desde el otro extremo de la Cordillera Azul.

El estudio continuará...
Esta experiencia piloto, junto a la información recopilada con antelación, permitirá elaborar el plan de uso turístico del PNCAZ. Mientras tanto, el ingreso al parque debe continuar de manera restringida. Por ahora la participación de los miembros de Sierra Club ya dio sus primeros frutos, pues gracias a ellos se adquirirá parte del equipo para los custodios del bosque y se han construido refugios que apoyarán las actividades de control y vigilancia. Aunque todavía es prematuro emitir un vaticinio concreto, el experimento significó un excelente ejemplo de cómo una eventual operación de turismo responsable en el Parque y sus alrededores podría generar beneficios no sólo al área protegida sino también a las poblaciones vecinas.