PER-052-A la caza los de murciélagos de la Reserva de Biósfera del Noroeste
Wendy Rojas Revista Viajeros Conservación y Culturas July 2007
A la caza los de murciélagos de la Reserva de Biósfera del Noroeste
En los linderos de la cordillera de los Amotapes, un ser alado cruza la inmensa y cálida noche. El murciélago, extraña criatura volante, temido, odiado, falsamente cobijado en la memoria colectiva, es sin embargo un insospechado benefactor de aquello que estamos empecinados, cada vez más, en dañar: las extensiones de bosques del neotrópico. Una expedición biológica, encabezada por la Universidad de San Marcos (UNMSM), marchó hacia los bosques tropicales del Pacífico, en Tumbes, a resolver algunas incógnitas sobre estos nada carismáticos pero fascinantes animales.
¡Macho escrotal!- dicta con bastante premura Richard Cadenillas, biólogo del Museo de Historia Natural de la UNMSM, a una de sus compañeras de colecta, mientras libera de las redes de neblina, sin usar el guante de seguridad, a una especie de murciélago, Artibeus fraterculus, que abunda en el lugar. Aquella actitud, evidencia todo el tiempo que lleva en estos bosques intentando descifrar cuales son las especies de murciélagos que ayudan a dispersar semillas en estos ecosistemas. Su libreta de campo son jeroglíficos que solo él y, algunas veces, sus colaboradoras, pueden comprender. Macho escrotal otra vez, y ese dato se consigna en la libreta. Está a punto de finalizar el verano y varios Artibeus fraterculus se encuentran con los testículos abultados. Es época de apareo.
Temibles “chupasangre”, devoradores y sacrílegos: ese es el mito fomentado por relatos populares. Sin duda, no son unas criaturas atractivas, pero para los biólogos modernos los murciélagos son un interesante objeto de investigación científica: su complicada fisiología, sus hábitos alimenticios, los fenómenos de su reproducción, y su fascinante propiedad de orientarse mediante la emisión de sonidos ultrasónicos, han llevado a concluir que desempeñan un importante e inesperado papel en el mantenimiento del nivel ecológico. Para recabar datos sobre estos mamíferos y esbozar qué función cumplen en estos bosques, cinco biólogos colectaron algunos especimenes de la gran cantidad de quirópteros que hay el Parque Nacional Cerros de Amotape.
Los murciélagos sembradores
El antebrazo de una especie de murciélago, Artibeus fraterculus, un comedor de fruta, mide alrededor de 56 mm. En general todo el género Artibeus presenta medidas aproximadas: Artibeus jamaicencis de 60 a 66 mm, Artibeus lituratus un aproximado de 65 a 74 mm. Para los mastozoólogos, especialmente los de estudiosos de los murciélagos, la atención se centra en la medida del antebrazo. Es clave, ya que con eso pueden determinar cuanto peso puede soportar un Artibeus en pleno vuelo. Mientras más largo es este antebrazo, podría ser que más lejos vuelen cargando los frutos de los que se alimentan, para luego diseminar las semillas que ingirieron, la mayor cantidad posible, en los bosques que circundan. El estudio Rol Ecológico de Artibeus como dispersor de semillas en el Bosque Tropical del Pacífico de la zona reservada de Tumbes intenta establecer la relación de las especies de árboles y arbustos que dispersan sus frutos gracias a la acción de estos mamíferos alados.
Al filo de la navaja: quirópteros, comensales nocturnos
En los bosques neotropicales, por lo menos, existen tres especies de hematófagos conocidos. Desmodus rotundus -que causó estragos con la presencia de rabia en Madre de Dios- se alimenta de la sangre de mamíferos; mientras que las especies Diaemus yongui y Diphylla ecaudata prefieren aves y reptiles. El resto de especies se diversifican en nectarívoras, insectívoras, frugívoras y omnívoras. “Rhogeessa io, -señala el biólogo-, es un nuevo registro para el Perú. En el 2005 la UNMSM observó a un ejemplar en la Zona Reservada de Tumbes. No se le ha visto en el Ecuador desde 1903, debido a la desaparición de los bosques húmedos al sur de ese país. Pequeño, pesa solo tres gramos, tiene una membrana en las patas traseras, que a su vez, es herramienta de caza: en pleno vuelo despliega la membrana como si fuera una bolsa y atrapa al mosquito en ella. Esta especie es insectívora, sale a cazar ni bien cae el sol y contribuye a controlar los insectos que atacan los frutos” va comentándome Cadenillas mientras retornamos a la estación biológica, luego de recorrer por unas dos semanas los transectos colocados en los sectores de transición del bosque lluvioso trasandino y el bosque seco ecuatorial.
“Lonchophylla hesperia,-recapitula- es una especie endémica considerada vulnerable por la legislación peruana, solo se le encuentra en bosques secos. Es nectarívora y se presume que está involucrada con la cactofilia, ya que al dispersar el polen de las flores de las cactáceas que visita, contribuye a la distribución de éstas en el norte del país”. Es la última noche de colecta pero también es cumpleaños del biólogo. Un ejemplar del Vampirum spectrum o falso vampiro capturado en el último repaso, le es entregado por el resto del equipo a manera de obsequio. A punto de garuar, damos por concluida, con este último botín, la caza. Sin embargo por encima de nuestras cabezas, entre el frondoso dosel del bosque, una criatura nocturna y alada surca el cielo en busca de alimento, solo tiene la penumbra para conseguirlo, vive al filo de la navaja, ahora más que nunca, por que a pesar de que desempeña la tarea de mantener en equilibrio los bosques dispersando, polinizando o controlando las plagas puede que sea inútil.

