PER-046-Nuevo impulso para las áreas de conservación privada

Mariella Laos   Revista Viajeros Conservación y Culturas   July 2007

Nuevo impulso para las áreas de conservación privada

Han pasado más de seis años desde que Chaparrí fuera reconocida como la primera área de conservación privada (ACP) del país. La tendencia actual muestra un fortalecimiento de esta nueva herramienta de protección de nuestras riquezas naturales y ya son nueve las ACP con un total de 84,525.673 ha.

Los actores involucrados en la conservación privada son variados. Se empezó  con iniciativas comunales y ahora se suman propietarios de tierras y sus familias. Las experiencias son diversas y en la Intendencia de Áreas Naturales Protegidas (IANP) del Inrena hay, en este momento, siete solicitudes en trámite de reconocimiento. La última en ser reconocida pertenece a la Comunidad de Queropalca con el ACP Jirishanca en Huánuco (12,172.91 ha), que abarca tierras desde los 2800 hasta los 5000 msnm, incluyendo parte de la Zona Reservada Cordillera Huayhuash. Uno de sus principales valores es el paisaje pero posee también fuentes de agua cuya conservación es de vital importancia. En el Cusco está el Abra Málaga, predio privado de 1053 ha. constituida por cuatro quebradas con agua permanente que son afluentes del Urubamaba. Las montañas están perdiendo su cubierta de nieve, por eso se hace imprescindible proteger la cobertura vegetal de estos bosques para asegurar el recurso hídrico. Su protección es importante pues se ubica muy cerca a la zona de amortiguamiento del Santuario Histórico de Machu Picchu. Otra experiencia es la de Amazonas, un departamento que en poco tiempo se está abriendo a las oportunidades que ofrece la conservación. Aquí están las ACP Huiquilla y San Antonio. La primera, Huiquilla, posee los últimos relictos de bosques de montaña de la cuenca del río Tingo, uno de los principales afluentes del río Utcubamba, y es resguardo de los restos arqueológicos de la cultura Chachapoyas. Gracias a la conservación de sus bosques, Huiquilla cuenta con abundante agua, lo que le ha permitido firmar una servidumbre ecológica con la Comunidad de Tingo para facilitarles la captación del recurso hídrico a cambio de apoyo en la vigilancia del área y un pago simbólico, lo que la convierte en la primera comunidad en recibir un pago por servicios ambientales en nuestro país. Por su parte, el Fundo San Antonio, muy cerca al centro de Chachapoyas (336.69 ha.), es hábitat del colibrí maravilloso, especie de alto valor para la conservación y una gran variedad de especies de flora y fauna nativa de la zona, además de su gran belleza escénica.