PER-043- Humedal de Eten, un milagro en las costas del norte
Anna Cartagena Sotomayor Revista Viajeros Conservación y Culturas July 2007
Humedal de Eten, un milagro en las costas del norte
La ganadora del premio Ecoplayas de este año está en Eten y se llama Niño del Milagro. Un lugar cargado de historia, bruma y totorales. Ecosistema marino, albufera y humedal, albergue de una gran diversidad de aves que algunas autoridades e instituciones se esfuerzan por proteger. Un equipo de Viajeros visitó la zona gracias a la invitación de Roberto Cañamero de Ecoplayas y la ONG Sirpus.
Basta con poner los pies en estas tierras para que los mitos y leyendas sobre sus primeros habitantes, el origen lejano de sus fundadores, las conquistas, el desarrollo de las culturas que albergó hasta la llegada de los incas y luego los españoles, fluyan como la fría brisa del atardecer. Ya en la colonia, comienzan a tejerse nuevas historias, esta vez sobre apariciones de santos y en especial del Niño Jesús, que dan el nombre a esta playa: Niño del Milagro. Estas apariciones no son casuales dicen los entendidos. Las culturas prehispánicas llevaban a cabo sacrificios humanos, siendo los niños los escogidos para calmar la furia de sus dioses. Con la llegada de la religión católica, los infantes son ofrecidos simbólicamente al Señor pero ya no derraman su sangre para pedir clemencia.
Humedales de Eten
A menos de treinta minutos en auto desde la ciudad de Chiclayo, llegamos a Eten. Es sábado y aquí se tiene por costumbre tomar un suculento desayuno, con morcilla de chancho o frito como lo llaman acá, unos cuantos panes y café muy caliente. Si fuera domingo, nuestro desayuno sería chicharrón de chancho y de refresco chicha en poto joven o madura. Terminada la comilona, nos dirigimos a la iglesia donde antaño se reportaron las apariciones del Niño Jesús. En realidad, ésta se encuentra sepultada bajo toneladas de arena, luego de que un maremoto se encargara de borrar del mapa todo el poblado. De ella solo queda la parte superior del campanario. En el mismo lugar se ha levantado una nueva iglesia, pequeña, modesta, visitada por familias enteras que dejan de ofrenda artículos infantiles a cambio de algún milagro.
Caminamos por más de una hora en medio de totorales, arena, pequeñas lagunas regadas en el camino y campos de cultivo, hasta llegar finalmente a la playa y al humedal, motivos principales de nuestra visita. Los distritos de Monsefú, Puerto Eten y Ciudad Eten, comparten el alimento y los recursos que les brinda el humedal conocido como La Bocana o Eten a secas, producto de la afloración de las aguas del río Reque o Eten que, por algunas características especiales del suelo, no desembocan directamente al mar, sino que sus aguas se abren en dos direcciones a manera de gigantescos brazos que dan origen a una gran laguna o albufera que emerge en las orillas de la playa Niño del Milagro.
El humedal reúne a campesinos, ganaderos y aves, entre migratorias y residentes. Varias especies de zambullidores, garzas, flamencos, patos, playeros, gaviotas, chorlos y así, hasta llegar a las 120 especies que se reúnen en este oasis de vida en medio del desierto y las ciudades que crecen aceleradamente y sin control, poniendo en serio riesgo a esta zona y la biodiversidad que se congrega en busca de alimento, albergue permanente o lugar de reposo en su larga travesía a otras tierras. Las más de 150 hectáreas de espejos de agua que posee, proveen de materia prima a los artesanos que trabajan el junco y la totora, transformándolos en embarcaciones de pesca y sombreros de paja; brindan agua dulce para regar las tierras, pescado y camarones a los pobladores de las zonas aledañas.
Lamentablemente, la falta de planificación y la ignorancia, están afectando a esta zona de vida. Los agricultores y ganaderos han empezado a secar los ojos de agua tapándolos con toneladas de tierra para pastar al ganado y sembrar sus productos. El curso natural de las aguas ha sido modificado y ahora riegan sus tierras con aguas servidas, lo que representa una grave amenaza para todos. Los cazadores se han convertido en depredadores de la avifauna, especialmente de patos, que son vendidos en los restaurantes de la ciudad. Las autoridades, que poco han hecho para solucionar sus problemas de límites, causa de su inacción, se convierten en un escollo cuando se trata de llevar a cabo propuestas interesantes de conservación en la zona.
Pero no todo es color de hormiga. Hace unos meses, la organización Ecoplayas, entregó a Niño del Milagro, el premio 2007 a la más bella playa natural, reconocimiento que compartió con otro de nuestros destinos favoritos, la Caleta San José en Arequipa (ver Viajeros nº 13 y 22). Gracias a la iniciativa de las instituciones que trabajan coordinadamente con las autoridades, como la oenegé Sirpus, los humedales han comenzado ha recuperarse poco a poco. Los cazadores furtivos han ido desapareciendo, gracias a las rondas de vigilancia que llevan a cabo estos entusiastas de la conservación y las poblaciones de patos van en aumento. Además, se realizan jornadas de limpieza en las que se recuperan toneladas de plásticos y deshechos que provienen de los distritos cercanos. Se llevan a cabo jornadas de concientización a autoridades y pobladores para que cuiden el humedal, y conjuntamente con el GAP Lambayeque, (Grupo Aves del Perú) realizan censos, monitoreos y trabajos de identificación de la fauna alada. Allí estuvimos y compartimos con ellos esta maravilla natural que debe ser colocada en la lista de lugares prioritarios para la conservación, que sean los pobladores los actores principales de su cuidado, que tomen conciencia que este humedal es el que les brinda lo necesario para vivir. Esperamos que así sea.

