PER-032 -Con aroma de cacao

José Vadillo Vila   Revista Variedades – Diario El Peruano   March 2008

Con aroma de cacao

...... ANTES, EN LA COMUNIDAD DE SHILCAYO, DISTRITO DE CHAZUTA,
SAN MARTÍN, SE SEMBRABA COCA. UNA FAMILIA CUENTA SU EXPERIENCIA DE CÓMO PASARON A CULTIVAR CACAO, SU DIFÍCIL INICIO. HOY, YA EMPIEZA A VER LOS BENEFICIOS

“Con la coca éramos más marginales".

Leni Sinepo Chasnamote (46) avanza por el sendero mientras corta con su machete las ramas que estorban el buen crecimiento de las plantas de cacao. Sus manos toscas las acarician a la volada, mientras se adentra en su chacra, a tres horas del Parque Nacional de la Cordillera Azul.

No hay gotas de sudor sobre su frente bronceada por los años de trabajo con la tierra
ni le incomodan mucho los mosquitos. Pero tiene el rostro tranquilo. ¿Cómo era
el ambiente cuando se sembraba coca y los narcos venían? "Algo agitado... Había represión y otro tipo de gente". Como su marido, Lucinda Sanganua Shupingahua también viste botas de jebe, un polo viejo de faena y una gorra. Tampoco parece sudar. Pero habla sin miedo del pasado. "No lo negamos, fuimos 'mafiosos'. Con la coca teníamos todo: sacos de arroz, de azúcar, jabones y nuestra cajita de 'chelas', ganábamos más, pero teníamos que vivir con el temor".

Entonces, Lucinda temía que se llevaran a Leni cuando salía a vender su coca a los
"narcos". Había mucho "soplo" y los propios vecinos asaltaban. Por este mismo río Huallaga que hemos cruzado en pequepeque por 20 minutos para visitarlos, la corriente se llevaba cuerpos hinchados de hombres baleados. El paisaje paradisíaco de Chazuta, que se autodenomina "El Pueblo de la Amistad", estaba envenenándose como el asurero de una ciudad debido a la cocaína.

No lo negamos, fuimos 'mafiosos'. Con la coca teníamos todo: sacos de arroz, de azúcar, de jabones y nuestra cajita de 'chelas', ganábamos más pero teníamos que vivir con el temor."

Hace un quinquenio, el Programa de Desarrollo Alternativo (PDA) llegó al Bajo Huallaga para erradicar los cultivos de coca. "Nos quedamos sin nada", dice Lucinda mientras sus dos perros, flacos como quijotes, nos miran y olisquean con el hocico amigable. Ellos tampoco parecen cansarse con la caminata.

Sí, Lucinda no lo maquilla: la única opción para salir adelante era trabajar con el cacao, a la fuerza, hombro a hombro, como siempre, hombre y mujer. "Ahora, no tenemos coca ni para remedio, como decimos. Ni una hoja", dice, "pero me siento más tranquila". Leni la mira callado y corta unas

La industrialización La experiencia del cacao en otros ex productores cocaleros también es positiva y ahora están dispuestos a dar el siguiente paso: la industrialización del roducto. Con ese fin, a comienzos de año Devida y la Central de Organizaciones Cacaoteras de Desarrollo Alternativo Cacao Amazónico firmaron un convenio de cooperación.

Los productores de cacao quieren que Devida y la cooperación internacional se conviertan en socios estratégicos del consorcio –que agrupa a las cooperativas Acopagro, Oro Verde, Agroindustrias Mayo y Cooperativa Tocache– para impulsar la inversión y favorecer, de esta manera, la industrialización del cultivo.

En el acuerdo, Devida compromete su apoyo y el de la cooperación internacional en el impulso de esta importante iniciativa empresarial que convertirá a San Martín en la región líder de este cultivo.

Las citadas cooperativas tienen instaladas 18,700 hectáreas de cacao; de ellas, 13,580 reciben asistencia técnica permanente de Devida, mediante el Programa de Desarrollo
Alternativo, con el propósito de obtener productos de óptima calidad.


CULTIVOS ALTERNATIVOS

Los inicios con el cacao son duros. En los primeros años se demora en dar sus frutos. Al final de 2007, la hectárea de Leni le produjo 150 kilogramos de cacao.
En noviembre, cumplirán cuatro años sembrando cacao. Recién al quinto o sexto año empieza a producir 1,000a 1,200 kilogramos por hectárea.

MIRANDO EL FUTURO
Hace cuatro años, los Sinepo, sus hermanos y primos se sumaron a otras familias de Chazuta, distrito de la Región San Martín, que firmaron el convenio con la Comisión
Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida), con el fin de recibir semillas y apoyo técnico para sembrar, cada una, una hectárea con 1,200 plantitas de cacao.

Los inicios con el cacao son duros. En los primeros años se demora en dar sus frutos.
Al final de 2007, la hectárea de Leni, que va para su cuarto año, le produjo 150 kilogramos de cacao. Recién al quinto o sexto año producirá 1,000 a 1,200 kilogramos por hectárea. Ahora, ya empieza a producir y los Sinepo se consideran a sí mismos cacaoteros. Para este año, esperan cosechar entre 300 y 500 kilogramos por hectárea.

NUEVOS TIEMPOS.
La familia Sinepo Sanganua busca ahora aumentar sus cultivos de cacao con la tecnología aprendida. Dice Lucinda que siguen en marcha con la chacra de cinco hectáreas más por su único hijo varón, Leni Agustín, un niño que nos mira sonriendo. Sus otras tres hijas,cuando crezcan, se irán con sus maridos. Él, en cambio, se casará y tendrá que cultivar la tierra para sustentar a su familia.

Si bien el programa da a cada familia apoyo para sembrar y cosechar una hectárea de cacao, ya depende de cada uno la proyección. Leni Sinepo y sus hermanos Avner, Agustín, Longobardo y Marilé, propietarios de terrenos adyacentes, tienen un pequeño vivero, cuidado por un tinglado de hojas de plátano, están produciendo sus futuros plantones de cacao. Los hermanos han calculado que para que el cultivo sea sostenible es necesario tener un mínimo de tres hectáreas de cacao.

"Ellos ya cuentan con el material genético y la tecnología, como las bolsitas para almácigo para resembrar", explican el ingeniero Hever Macedo y el técnico Ribelino
Yalta, parte del equipo técnico del proyecto en Chazuta. Dice que se aplican para el trabajo aquí los clones de cacao, altamente productivos, tolerantes a las plagas, precoces para la producción y a los 18 meses, para el segundo año, ya son bastante longevos.

Cuando el proyecto entró en Chazuta, solo había cacao en 15 hectáreas del programa, recuerdan los técnicos. Ahora, más del 90 por ciento de las familias que firmaron el convenio continúa produciendo cultivos alternativos y cinco de las catorce comunidades de la zona se dedican a cultivar el cacao orgánico, que entra en su tercer año de producción en la zona.

Lucinda refiere que se paga muy poco por el cacao: 5.8 nuevos soles por kilogramo de cacao seco. "De casualidad, a veces pagan seis soles". El ingeniero Macedo explica que ya dieron el siguiente paso del proyecto, que es obtener la certificación de su cacao orgánico. Y el nombre del fruto del cual nace el chocolate también es su acróstico: Cacao significa Central de Agricultores Cacaoteros Orgánicos de la Cordillera Azul-Chazuta, San Martín. Ya son 121 socios y la meta es exportar directamente a gran escala.

Entonces, conseguirán mejores precios, se olvidarán de los intermediarios y los Sinepo Sanganua podrán poner una cumbia y, por qué no, tomarse unas "chelitas