PER-008-Asia el sur
Ramón Iván Reyna Ramos Revista Rumbos de Sol & Piedra May 2007
Asia el sur
El balneario de Asia no deja de sorprender. Pero ahora no sólo se trata de nuevas y millonarias inversiones en el célebre bulevar, sino de las pruebas de una antiquísima cultura que ocupó la zona dejando restos de su sofisticada ingeniería agrícola y otras antigüedades poco conocidas por los veraneantes. El presente reportaje rescata la historia –milenaria y desconocida– de Asia.
Desde niño solía encontrarme con el tío Nicanor Chumpitaz en sudorosas limpia-acequias. Hoy supe que carga 93 años a cuestas y 20 hijos en su historial de vida. Con él volvimos otra vez a la chacra. Volvimos es un decir, porque el tío “Nico” siempre vivió en el campo abriendo surcos y enterrando semillas bendecidas con generosas cosechas de maíz, zapallos, alverjas y camotes. Entonces, la realidad le invade: “hijito, acabo de pagar 100 soles por cuatro horas de agua, aquí sufrimos la escasez, y las plantas son las que más sufren”, nos habla en tono nostálgico.
La sequía es una vieja conocida de Asia. Se puede leer en una crónica de 1576 cuando un sacerdote comenta a sus superiores en Lima que “en el vallecito de Asia hace siete años no baja agua por el río, y la gente con sus ganados se están muriendo de sed”. Eran los tiempos del cacique Francisco de Ocsa, y cuando Asia formaba parte del territorio de Coayllo.
Para entender los designios de la naturaleza seguimos río arriba y encontramos el origen de la sed. El valle no tiene cordillera. De ahí que las municipalidades de Asia y Coayllo (Cañete); Omas, Pilas, Tamará y Quinocay (Yauyos) se han embarcado en un clamoroso Proyecto de Irrigación Ñauñacu-Tres Cruces, a fin de canalizar las aguas de la laguna Huascacocha. Aunque falta mucho para llegar a la laguna, tres riachuelos permiten mojar las sedientas tierras que se estiran valle abajo.
Caballitos de totora
Escarbando el pasado, nos enteramos que en 1963 el arqueólogo francés Frédéric Engel, a su paso por este valle, reportó que hace unos 4 mil años habría anidado la primera comunidad en el valle bajo de Asia. Hoy –pescadores, agricultores y tejedores incipientes– yacen enterrados bajo capas de huaycos. Según Engel, los primeros pobladores vivieron en una época dramática, pero también danzaron con flautas de huesos, zumbadores y tamborcitos de piel de camélido, y hasta supieron elaborar sus cordeles de pesca con fibras de algodón. Su habilidad los llevó a vencer muchos obstáculos, entre ellos el frío, que lo controlaban fumando hierbas aromáticas.
Sin quebrar la tradición heredada, en las playas de Pasamayito, Sarapampa, Matacaballo y La Ballena, los pescadores artesanales del siglo XXI lanzan sus cordeles a pulso y las redes las arrastran con el pie. Una tarde volvimos al mar con el entrañable tío “Lorito” (cuando se pregunta por Lorenzo Campos nadie da razón). A sus 77 años no duda en enseñarnos los secretos de la pesca y a tender el chinchorro, “antes el mar era como mi casa, caminaba por dentro, le hacía cachita a los lobos, y en caballitos de totora pescaba enormes rayas, guitarras, lenguados, chitas y corvinas”. Como en el fútbol de esos tiempos sólo queda el recuerdo.
Previa autorización de la Marina de Guerra zarpamos hasta la isla guanera de Asia, que con más de 100 mil aves y una rica biodiversidad recorrimos junto a Simón García (guardaisla) las comunidades de pingüinos de Humboldt, pelícanos, guanayes, zarcillos, gaviotas, piqueros, lobos de mar y en ocasiones se avistan grupos de delfines. Pero lo que muy pocos saben es que a esta isla llegó Julio C. Tello en 1925 y encontró un templo inca con ofrendas de mujeres decapitadas y abundante alfarería. Hoy, las gruesas capas de guano han vuelto a sepultarlo.
Las “líneas” de Asia
Acudimos al llamado de Huaca Malena (700-1,100 d.C.), el centro de las investigaciones arqueológicas que ha reportado unos 4 mil tejidos wari, convirtiéndolo en el sitio con mayor cantidad de ejemplares en el país. El arqueólogo Rommel Ángeles ha identificado 32 técnicas textiles en finos tapices que demuestran la jerarquía de personajes enterrados. Muchos de los tejidos habían sido abandonados por los huaqueros, y con la campaña “Adopte un Textil”, 80 unidades lucen restaurados en las vitrinas del Museo Huaca Malena, en el pueblo de Capilla de Asia. Si bien el proyecto no tiene apoyo estatal, son los alumnos de la institución educativa 20123 de Capilla de Asia, y de los colegios limeños Franco Peruano y San Silvestre (muchos de ellos vecinos del balneario), quienes recolectan fondos para ayudar a conservar los textiles.
A estas riquezas culturales se añade un nuevo hallazgo a flor de tierra. A pocos minutos de Capilla de Asia seguimos camino por una trocha hasta las pampas de Santa Rosa, que nos recibe con un silencio oceánico y las luces de una estación experimental biológica ancestral: las terrazas agrícolas de Casa Blanca. Se trata de 500 hectáreas de lomas donde es posible observar una síntesis de vegetación y un asentamiento de terrazas que habría servido para los cultivos ancestrales, con técnicas de retención de humedad en épocas de lluvias, y que son motivos de investigación. Aurelio Rodríguez, arqueólogo y aficionado a la aerofotografía, echó a volar uno de sus aviones a control remoto para demostrarnos la configuración de los trazos.
Desde las lomas de Casa Blanca se puede recorrer la vieja pista colonial y barrer con la mirada los clubes de playas, la isla y el mismo valle. Pero también hay abundante material calcinado y restos óseos que evidencian la existencia de una antigua comunidad, y que hoy los explotadores de materiales de construcción han incursionado en el lugar para sacarle provecho a las piedras abriendo los cerros y cerrando el camino como si fueran de su propiedad, cuando en realidad se trata de un sitio arqueológico.
Para llegar al lugar fue preciso caminar con Lucas Francia, un conocedor de las lomas de Asia. Antes hicimos un alto en Puquio Salado, un ojo de agua dulce en pleno desierto que hasta mediados del siglo pasado abastecía a los habitantes de Santa Rosa, El Platanal, La Isla y Capilla de Asia. Y esto lo sé por mi madre. De niña arreaba su burrito en busca de la única fuente de supervivencia. Después se perforaron el subsuelo y elevaron chorros de agua mediante motores de bombeo. Entonces, Puquio Salado pasó al olvido.
Sueños de arena
Hace poco menos de 30 años, las playas que se ubican al frente de la Isla de Asia eran las preferidas por la abundancia de machas, hasta que el fenómeno de El Niño de 1983 arrasó con la dispensa de muchas familias. Recuerdo que de niño transitaba el extenso arenal soportando el sol abrasador. Ahora me encuentro con fincas de millonaria arquitectura, muy parecidas a las casitas de arena que de niño construía sobre la misma arena, sin saber que mi juego se haría realidad.
Pero las viviendas pegadas al mar de Asia ya no son las únicas que hospedan a sus residentes en las temporadas de verano, también se han levantado mansiones en Coayllo para la época de invierno.
En ese trance de unir el circuito de Asia con Coayllo, en los últimos años ha despertado adrenalina entre los aventureros, al recorrer sobre ruedas la accidentada geografía y engreírse con el sereno paisaje del valle. Ya no asombra ver los fines de semana a puñados de ciclistas de montañas rebotando por los ríos Chico y Gallo. O un cordón de soberbias 4x4 imponiéndose ante las montañas de arena arrimadas por el viento y salpicadas de polvo por caminos inclinados hasta ver el cielo, que aterrizan en los soleados páramos de Sarapampa.
Pero hay otros que se adueñan de las olas del mar. Según los tablistas que frecuentan las playas de Asia, a la altura del kilómetro 100 de la Panamericana Sur se encuentran las mejores olas del sur medio. Por algo en el 2005 fue sede del Campeonato Mundial de Tabla con participación de nuestra gran Sofía Mulanovich.
Pasión por Asia
Si antes la venta de machas paliaba las economías de los asianos, ahora son los clubes de playas que se encargan de ofertar trabajos. Si antes la Municipalidad de Asia era una de las más pobres de Cañete, ahora es una de las más ricas del Perú, gracias a los tributos que pagan los dueños de condominios.
Y si de comer se trata, la exquisitez la encontramos en la cocina de Anastasia Chumpitaz, donde es imposible resistirse a saborear una caliente “sopa bruta” con carapulcra preparada en olla de barro y a leña, y mientras degustamos el manjar de Asia, nos habla que antes “era costumbre la yuca a la olla, el charquicán de raya, el camotillo y la chicha de maní”, pero ya no queda mucho de esos tiempos cuando comer era un placer.
Así es Asia, con historias y tradiciones que están en la línea del olvido, con dueños de playas apasionados de vivir en este valle de la sed y con poblaciones que batallan históricamente por sus necesidades. Si nos unimos a caminar por las huellas del pasado mirando hacia el futuro, tengo la esperanza de que Asia encontrará su propio destino, porque al final de esta historia, Asia también me pertenece.
En recuadro
Vivir frente al mar
Hacía muchos años que no había desarrollo de playas en el Perú, hasta que en 1980 el Club Las Palmas inicia el gran reto de construir –sobre la arena que dificulta la cimentación y sobre agua salada que salta a la superficie– las más lujosas residencias que hoy sorprenden al mundo, convirtiéndose en un laboratorio para arquitectos y paisajistas.
Definidas las pautas de urbanismo integral, los nuevos condominios elaboraron sus propios reglamentos de la arquitectura estética y de comportamiento, en la que se pueden apreciar cómo lo abstracto guarda armonía con el entorno, cómo se relaciona el hombre con la naturaleza, y la proporción que debe existir entre el desierto y el mar. La sencillez y naturalidad de estas mansiones aún se imponen cuando hay propuestas para escapar del discreto silencio a la intensidad refinada que apuestan las nuevas generaciones, encontrándose decorados con aluminios, vidrios y ladrillos pintados, marcos de madera, techos y terrazas con caña de guayaquil. Las casas de la primera y segunda fila se han comprometido a tener un solo piso para que las de la tercera, desde el segundo nivel puedan disfrutar de vista al mar.
Desde el 2003, el kilómetro 97.5 de la Panamericana Sur, cuenta con un exclusivo centro comercial, el Sur Plaza Boulevard que se inició con dos locales, luego aumentó a cinco y hoy con un área de 45 mil metros cuadrados, cuenta con casi 200 establecimientos, entre supermercados, restaurantes, discotecas, auditorios, librerías, multicine, joyerías, peluquerías, farmacias, cajeros automáticos, emisoras de radio, helipuerto, campo de golf, coliseo deportivo. Todo. Los mismos inquilinos han diseñado con arquitectura moderna los locales en el que hay imágenes de marcas, fuentes de agua, pérgolas, y hasta el más escéptico cae en la tentación de sorprenderse.
Actualmente se viene construyendo un nuevo complejo turístico denominado la Huaca Hotel - Spa & Casino perteneciente a Revolutions Perú. El servicio de cinco estrellas contará con 220 habitaciones y penthouses, un casino de 3 mil metros cuadrados, un mall, una destilería de pisco, un museo de sitio, restaurantes y campo de golf.
De esta manera, los hermanos Armando y Fernando García Huasasquiche, alcalde y presidente de la Comunidad Campesina de Asia, respectivamente, vienen trabajando para que las fiestas y el comercio en el bulevar se desarrollen con normalidad, así como canalizar los 700 puestos de trabajo ofrecidos por Revolutions para el 2008. Si bien es difícil saber qué pasará en 20 años con este emporio comercial, se pronostica que los cambios de arquitectura serán asombrosos.

