PER-006-Vida en el desierto

Nilton Torres Varillas   Revista Domingo – Diario La República   July 2007

Vida en el desierto


Cubrir de vegetación más de 1300 hectáreas del desierto de Sechura es el objetivo que la ONG Chico Mendes – Green Perú quieren plasmar en los próximos años. El principal aliado para su tarea es el algarrobo, que sobrevive allí, macizo y estoico. Impedir que siga siendo talado es una de las tareas cotidianas. Otra, es sembrar, además de algarrobo, árboles nativos y obtener agua del subsuelo para garantizar el riego. Algo que empezó como un sueño, iluso y romántico, tiene hoy raíces bajo tierra y crece saludable gracias al esfuerzo de un puñado de hombres.

El enorme Dodge año 77 avanza lento pero seguro. Estamos en invierno, pero en Piura, esta estación suele ser un eufemismo estival, ya que el calor parece aplastar el techo del auto. Después de casi una hora de camino y cuando las chacras desaparecen para dar paso al desierto de Sechura, la sensación de calor aumenta al mismo tiempo que la presencia de algarrobos que crecen salvajes como única señal de vida verde en el arenal. La depredación de este preciado árbol –al que le han dedicado canciones y valses– para hacer leña y carbón vegetal, hace que su número disminuya día a día. Sin embargo, conforme nos vamos acercando al kilómetro 910 de la Panamericana Norte, se percibe algo distinto.
La primera señal son los hitos de color blanco que determinan los límites de una propiedad en la que los algarrobos se empiezan a ver saludables, sin bolsas plásticas ni otros deshechos del hombre a su alrededor y sin los temidos restos de tala.
Hay una cabaña a cincuenta metros de la pista y frente a ésta, vemos medio centenar de arbolitos de algarrobo que alcanzan apenas diez centímetros de altura, y que se bambolean con el viento mientras sus raíces se aferran a la tierra que los nutre dentro de un tubo de plástico PVC.
Ciro Velásquez, agrónomo y ex funcionario del sector Agricultura durante 25 años, sostiene en sus manos uno de estos arbolitos y explica que el problema no está en que se talen los algarrobos, ya que están ahí para ser usados por el hombre, sino que esto se haga sin un manejo forestal para que se repongan y no desaparezcan.
Y para eso es que ellos están allí.
"Ellos" son la ONG Chico Mendes - Green Perú, institución nombrada así en honor del desaparecido activista brasileño, y "allí" son las 1,376 hectáreas, ubicadas en lo que fue el predio Santa Ana, y que hace un año el Estado les otorgó en concesión por cuarenta años para desarrollar un ambicioso proyecto de forestación y reforestación que tiene como plan sembrar, sólo en este año, 400 mil árboles nativos, además del algarrobo, que incluyen zapote, leucaena, faique, entre otros.

Sembrando vida y desarrollo
A un costado de la cabaña hay una veintena de colmenares que fueron instalados allí para facilitar la polinización de los nuevos árboles. No había colonias de abejas en la zona para que este proceso se realice de manera natural. Detrás, se aprecia un campo en el que se han sembrado semillas de algarrobo, tamarindo, zapote y molle.
A lo lejos se escucha el sonido de una motosierra y conforme nos acercamos vemos trabajadores podando algarrobos. "Hay que podarlos así, no con machete ni hacha, para que la corteza del árbol no se desgarre", explica Velásquez, el ingeniero agrónomo encargado de la concesión.
Este es el primer trabajo oficial que Chico Mendes realiza aquí: la poda de limpieza y de formación de más de 130 mil algarrobos que crecieron por la regeneración natural del desierto, luego de las torrenciales lluvias que provocó El Niño en 1983 y 1998. Como dice Velásquez: "Después de todo lo malo, El Niño también dejó cosas buenas".
Leoncio Balaguer es uno de los "Chicos", como se llaman en broma entre los trabajadores de la concesión. "Hay que podar los árboles que son ‘hartisisisísimos’ aquí con cuidado para que la plantita no se haga daño", dice Leoncio con su dejo norteño. Él es un agricultor que ha encontrado una nueva forma de ganarse la vida. Sin prestar atención a las hormigas que caminan sobre su polo, Leoncio dice sentirse orgulloso de trabajar en un proyecto como este. Sabe que además de mejorar el medio ambiente, se promueve otras actividades como la crianza de ovinos, la apicultura, las plantas de producción de miel o de madera de zapote para la artesanía tradicional. En suma, lo que se busca es desarrollo sostenible. "Queremos proteger el medio ambiente, capacitar al campesino para que sepa reforestar y tenga claro que lo que se tala, se repone. Esta es una de las primeras concesiones que se otorgan para tal fin en el país y queremos ser un modelo", dice el ingeniero Velásquez.

Tierra nueva
A varios kilómetros de la concesión encontramos a otro grupo de "Chicos" Mendes recogiendo tierra en la margen de un canal de regadío. Velásquez coge un trozo de tierra solidificado y la prueba con la lengua. "Hay que ver si tiene sal porque si tiene, no nos sirve", advierte.
Francisco Estrada, técnico forestal y directivo de Chico Mendes - Green Perú, cuenta que entre sus planes estaba el comprar una chacra para sacar de allí la tierra agrícola para la concesión, pero se dieron cuenta de que los deshechos de los canales y ríos era lo que necesitaban.
"Esta tierra es rica en nutrientes, saludable. Lo que hacemos es juntarla con la tierra del desierto y el guano de animales para formar la mezcla con la que se siembra las semillas y plantones", dice Estrada.
De esta forma han vencido un gran problema, aunque todavía queda otro: el agua, que recogen actualmente de un pozo que se ubica a un kilómetro de la concesión, pero pronto empezará la perforación de cinco pozos en sus propios terrenos. La vigilancia, para ahuyentar a los taladores, es una labor que cumple Alejandro sobre un arenero tubular apodado cariñosamente Mach 5, como el auto de Meteoro.
"Vienen en camiones para cortar árboles y llevarse la leña. Les llamamos la atención, pero nos ignoran, así que debemos llamar a la Policía Ecológica para que se vayan", dice Alejandro.
"Se hacen foros y conferencias sobre la importancia de la reforestación, pero mejor invirtamos ese dinero en proyectos como el nuestro", propone Estrada. Chico Mendes-Green Perú acaba de obtener su reconocimiento como ONG ante la Agencia Peruana de Cooperación Internacional. Ahora, los "Chicos" Mendes están listos para recibir ayuda interna y externa, y poder continuar con su labor, ya que los fondos de los que disponen han empezado a escasear.
"Si regresas en unos meses verás los algarrobos lindos y a nosotros trabajando", dice el ingeniero Velásquez, y esboza una sonrisa que contagia a los "Chicos" Mendes, y que se me ocurre es de color verde, como dice el vals de Rafael Otero López, "Verdes mis algarrobos, verdes". El color de la esperanza.