PER-63: La fascinante Jungla del Tambopata
Guido Canchari Suplemento Ecológica, El Peruano, Lima, Lima diciembre 2005
CRÓNICA DE UN VIAJE DE EXPLORACIÓN AL CORAZÓN DE MADRE
La fiebre del caucho precipitó el arribo de numerosos aventureros a las inexploradas selvas de Madre de Dios a fines del siglo XIX e inicios del XX. El más notable y controvertido de ellos fue Fermín Fitzcarrald, quien exploró los mismos parajes y ríos que hoy recorren otros miles de viajeros de diversas naciones, atraídos no por el fenecido boom cauchero, sino por la seductora belleza y encanto de la exuberante jungla del Tambopata.
La impresionante vegetación de la selva del Tambopata asoma en las orillas del río Madre de Díos, que bordea la ciudad de Puerto Maldonado, serpenteando en medio de un bosque tropical misterioso, de árboles enormes, de aves de diferentes colores, de fieras ocultas y miles de mariposas e insectos, y mitos subyugantes.
La travesía hacia la selva del Tambopata empieza en la ciudad de Puerto Maldonado, capital de la región Madre de Dios, al sur este del país. En las riberas del río, a unos 30 a 60 minutos en lancha desde esta calurosa ciudad, se ubican varios albergues o lodges, rodeados de espesa vegetación, base para las expediciones hacia el centro de la selva.
Una de las más hermosas experiencias es el recorrido nocturno por las aguas del río Madre de Dios, en medio de la incierta silueta de miles de árboles, el murmullo de las aves, insectos y mamíferos que salen por la noche; mientras un potente reflector instalado en el bote barre los árboles y las orillas para descubrirlos a nuestros ojos.
En las fangosas y oscuras orillas del río puede verse a las nutrias gigantes o lobos de río, capibaras (Hydrochoerus hydrochaeris), así como a los amenazantes caimanes, cuyos ojos arden como hogueras cuando el reflector los ilumina; mientras el bote se pierde silencioso en la oscuridad del río.
La selva despierta
El amanecer es el momento perfecto para internarse en medio de la espesa vegetación tropical, donde se puede observar a los monos alborotando la selva, a diversas aves que anidan en el follaje, a "árboles que caminan" llamados renaco (Ficus sp), que extienden sus raíces externas como largas extremidades que se alejan lentamente con el paso del tiempo.
También puede observarse a ejércitos de millones de hormigas y termitas recorriendo los troncos de los gigantescos árboles, como el de la castaña o la lupuna, o debajo de miles de hojas que alfombran esta descomunal jungla, poblada por miles de multicolores mariposas que aletean frenéticas su corto tiempo de vida.
Uno de los senderos de esta inextricable selva lleva a la Collpa de los loros, pericos y guacamayos, un acantilado donde cada mañana estas coloridas y bulliciosas aves asisten al cotidiano ritual de comer arcilla para conjurar los efectos nocivos de algunos frutos venenosos que tienen por alimento.
Quizá el más fascinante e interesante lugar de la Reserva Nacional del Tambopata sea el enigmático lago Sandoval. A este oasis de quieta belleza, habitado por intimidantes caimanes, fieras pirañas y el descomunal paiche, así como por nutrias gigantes y otras especies, se puede llegar después de cuatro kilómetros de una larguísima y extenuante caminata desde el río.
Navegar las quietas aguas de este lago en una canoa con remos es una experiencia inolvidable, particularmente al atardecer, cuando el cielo estalla en múltiples tonos rojos y celestes que se reflejan en el agua; y se puede observar a aves de lumajes maravillosas como el shansho (Hoatzin) descansar y cantar en los árboles que hunden sus raíces e incluso sus ramas en las orillas de este fascinante lago edénico.

