PER-35: Adopte Un Delfín

Giomar Antonio Silva Valdivia   Caretas, Lima, Lima   marzo 2006

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Y ayude a financiar una fascinante investigación científica.

Pocas postales playeras tan infrecuentes y celebradas como la aparición, a la distancia, de un delfín. La característica aleta dorsal rasgando la superficie marina basta para alegrarle la tarde a bañistas de toda edad: no es necesario ver más, el delfín estuvo allí, en representación de un universo salvaje que se supone en permanente amenaza. Esa constatación es insuficiente. En el Perú conviven más de 30 especies de delfines y ballenas, el 37% de las especies que hay en el mundo, y lo que se sabe de su comportamiento en aguas nacionales es poco o nada. Por otro lado, la matanza ilegal aún mantiene dimensiones de alarma -3,000 delfines muertos al año-. [Este Medio] y Mundo Azul le ofrecen una oportunidad como pocas: sea un padrino marino.

Existe una civilización marina en las costas del Perú. Son seres mamíferos extraordinariamente inteligentes, cuya sociedad se divide en pequeños grupos o familias con núcleos que siempre giran alrededor de las hembras. Capaces de nadar a grandes velocidades -50 kilómetros por hora-, manejan un sistema de comunicación complejo, tienen actitudes solidarias frente a los humanos y los primeros estudios registran su presencia desde la Costa Verde hasta Paracas. Son los tursiops truncatus o delfines nariz de botella (también llamados bufeos), especie elegida para esta campaña por la cercanía de su hábitat a la costa y una de las quince de la familia Delphinidae que habitan en aguas nacionales. También es la variante mejor posicionada en el colectivo mental humano del popular cetáceo -Flipper es un bufeo-.

El mar peruano fue siempre un hábitat ideal: la proliferación de nutrientes favorece la existencia de cardúmenes de peces, que a su vez son alimento del delfín y otros animales grandes de la cadena alimenticia. La salud de un ecosistema marino puede ser medida de acuerdo a la salud de un delfín (o de una ballena). Como cetáceos longevos que son, poseen una extraordinaria sensibilidad frente a las perturbaciones ambientales y los impactos humanos negativos. Su dieta, a base de peces viejos y enfermos, garantiza el estado saludable del ecosistema porque elimina las enfermedades infecciosas y ayuda al mantenimiento de los cardúmenes, lo que afecta directamente en beneficio de la actividad pesquera. La biodiversidad marina del Perú, sin embargo, está amenazada. Por un lado está la pesca industrializada y sin control, que está mermando los cardúmenes de peces y desequilibrando la cadena alimenticia del litoral; por otro, el sacrificio de delfines para su venta en mercados o para elaborar carnadas -sólo en Perú mueren 3,000 al año-. Ante esto surge 'Adopta un Delfín'.

El concepto es simple (ver recuadro 'Cómo Adoptar un Delfín'). Con los fondos recaudados, Mundo Azul podrá habilitar su sistema de conservación, que permitirá desentrañar los patrones de comportamiento de los grupos e individuos a lo largo del litoral, y su manera de interactuar. Contar con este conocimiento, se podría poner en marcha un circuito organizado de avistamiento de delfines, que incluso podría estar a cargo de los pescadores artesanales. De esta manera, quienes hoy los depredan por necesidad, en el futuro los cuidarían porque los delfines vivos se convertirían en una fuente importante y duradera -pueden vivir hasta 40 años- de ingresos. Por otro lado, el desarrollo de una metodología de avistamiento facilitaría la labor de investigación científica y la habilitación de medidas puntuales de preservación y vigilancia.

EL ESPECIALISTA

Se podría decir que la llegada al Perú del alemán Stefan Austermühle (36 años, máster en bilogía con cuatro especializaciones, 20 años dedicado a temas de conservación), hace ocho años, respondió a cuestiones romántico-profesionales. Conoció a la que hoy es su esposa intercambiando información sobre delfines, y entre activismos y campañas ecológicas nació el amor. Hoy, como director ejecutivo de la ONG Mundo Azul, Stefan propone la modalidad de adopción de delfines como una vía práctica y realista para proteger a estos cetáceos y poder financiar investigaciones que den nuevas luces sobre su comportamiento en el litoral peruano. "En Alemania el gran problema ha sido la contaminación; allá se lucha por rescatar los pocos delfines y ballenas que quedan, mientras que aquí se combate la caza", dice Stefan. Aquí la gente, lamentablemente y por ignorancia -no hay otra palabra- no aprecia ni aprovecha lo que la naturaleza pone a su alrededor, todo este potencial turístico. No es posible que la ciudad de Londres tenga más turistas en un año que el Perú entero".

El potencial turístico del que habla Austermühle es inmenso. El interés por el ecoturismo no deja de crecer en todo el mundo: Hawai, por ejemplo, genera 20 millones de dólares al año sólo en actividades de avistamiento de delfines y ballenas. Y el Perú tiene el 37% de especies que hay en el planeta. Pero una vez más, el recurso no sólo es desaprovechado, sino además depredado.

MUERTE EN LA PLAYA

La matanza de delfines es un pasatiempo mundial. En Japón, cada 1 de octubre los pescadores de las islas Iki, Futo y otras obligan a miles de delfines a varar en sus orillas y luego, aduciendo que son una seria competencia a la hora de pescar, los masacran, incluyendo crías y hembras gestantes. En el Perú, el problema tiene actualmente matices socieconómicos originados directamente por la pobreza: se pesca todo lo que se pueda pescar, todo lo que se pueda volver comestible: pelícanos, tortugas, delfines.

Las investigaciones de Mundo Azul han determinado que el fenómeno se inició en la década del 70 y alcanzó ribetes paroxísticos en los 90, cuando las cifras de delfines muertos y rematados en mercados de barrio alcanzaron el pico de 20,000 por año. En paralelo, desde 1960 se comercializó la carne de cetáceos pequeños bajo el nombre de muchame, aperitivo de origen italiano que se prepara con la carne de la zona dorsal del delfín.

Campañas como 'Cruzada por la Vida', lanzada en 1996, lograron que el Congreso promulgara la ley 26585, que protege 7 especies y sanciona con 3 años de cárcel su extracción, procesamiento y comercialización. Aunque las cifras bajaron ostensiblemente, en la actualidad aún se matan 3,000 delfines al año, la gran mayoría destinados clandestinamente a los mercados populares. Y un porcentaje menor de esta carne se comercializa por pedido; su foco de demanda está en los estratos altos.

Esa es la situación. El padrinazgo marino surge entonces como una opción que puede dar inicio a un sistema de investigación y aplicación turística sostenible. Lectores, la invitación está hecha.

AMPLIADO 1: Los delfines pueden llegan a vivir hasta 40 años.

AMPLIADO 2: La ley peruana protege 7 especies de delfines y sanciona su explotación, procesamiento y comercialización.

AMPLIADO 3: Los delfines poseen un sistema de comunicación que maneja más de 4,000 tipos de silbidos.

AMPLIADO 4: Una minoría de esta carne se comercializa por pedido; su foco de demanda está en los estratos altos.

LEY 1: Mundo Azul indica que hasta el momento han detectado 3 grupos de delfines. Sin embargo, falta profundizar en las investigaciones para determinar el comportamiento de sus miembros.

LEY 2: El hecho de que hagan los trayectos bastante cerca unos de otros indicaría que actualmente los delfines acusan cierto grado de stress.

LEY 3: Izq.: Biólogo Stefan Austermühle, director ejecutivo de Mundo Azul que ya lleva ocho años haciendo trabajo de conservación en Perú. Der.: Implementos para hacer observación. Lo difícil es saber a dónde mirar.

LEY 4: La preocupación por el tema es global, y el problema aún es grave.

LEY 5: En distintas playas del litoral peruano el escenario es el mismo. Animales con potencial turístico que podrían vivir en promedio de 40 años son destrozados y vendidos en mercados a 3 soles el kilo. Esta actividad se daría desde Ilo hasta Bayóvar.

LEY 6: La venta clandestina es principalmente impulsada por una cuestión de necesidad.

CUADRO ALETAS:

La Aleta es la Huella

Método infalible para identificar cetáceos.

Sólo hay que fijarse en la forma de la aleta dorsal, que es única para cada ejemplar, el equivalente a la huella digital en un ser humano. El delfín otorgado en adopción será plenamente identificable de esta manera.

CUADRO 2:

¿Cómo Adoptar un Delfín?

Un módico padrinazgo, un gran aporte al ecosistema marino.

Mundo Azul tiene identificados 22 delfines nariz de botella desde la Costa Verde hasta Paracas. Por una cuota anual, quien adopte un ejemplar recibirá notificaciones periódicas sobre dónde ha sido avistado su delfín, además de información sobre los avances de las investigaciones y seguimiento de los cardúmenes. Para que el proyecto sea sostenible, cada delfín puede tener más de un padrino. Los primeros 20 donantes tendrán la opción de acompañar por un día a los investigadores de Mundo Azul en sus operativos de estudio y observación de delfines. Los pasos para adoptar se encuentran en la nueva página web de la ONG (www.mundoazul.org).

Cuotas Anuales de Adopción

Estudiantes Nacionales S/. 75
Donantes Nacionales S/. 150
Donantes Extranjeros US$ 50

Ponga nombre a su delfín

Mundo Azul también ofrece la posibilidad de bautizar a un delfín (donación mínima: US$ 250 para extranjeros, S/. 800 para nacionales). Durante el resto de su vida, el individuo será conocido por ese nombre en todos los estudios y seguimientos que se hagan. En la página web se puede ver los delfines que ya han sido bautizados.

CUADRO 3:

Para Mirarte Mejor

Descifrando el comportamiento de los delfines.

- Cuando bucean recurrentemente en una misma zona, están alimentándose o tal vez jugando.
- Al hacer contacto físico entre ellos y dejarse ver por encima de la superficie, están socializando.
- Cuando se dejan llevar por la corriente o se mueven muy despacio, están descansando.
- Cuando avanzan decididamente en una dirección, están en tránsito. Un grupo de delfines viaja en varias sub-unidades, que pueden tener de 1 a 4 sujetos.

CUADRO HISTORIA:

Historia Azul

La figura del delfín tiene reminiscencias griegas.
El hombre siempre tuvo la costumbre de reflejar sus propios defectos, virtudes y estereotipos en el comportamiento de algunos animales. Al delfín le atribuyó los dones de la inteligencia y la simpatía, y la virtud de la nobleza, combinación que ha predominado en el inconsciente colectivo de la humanidad durante miles de años: un delfín es una criatura especial. Ya los griegos contaban que cuando Poseidón, el dios del mar -famoso por tener olímpicos ataques de cólera, que causaban tempestades y naufragios-, se enamoró de la ninfa Anfítrite, que no se daba por enterada, mandó un delfín como emisario de sus pretensiones. La inicial negativa de la fémina se fue diluyendo a medida que el cetáceo defendía el amor puro de su amo, hasta transformarse en ilusionada aceptación. Se casó con Poseidón y tuvieron muchos hijos. Como recompensa y agradecimiento, el dios le otorgó al delfín un lugar perenne en el firmamento: la constelación Dolphinus.

También existe la creencia de que los delfines son la reencarnación de los soldados egipcios que murieron mientras perseguían a los judíos que cruzaban el Mar Rojo al mando de Moisés.