PER-24: Bosque Amaru – Olor a Orquideas
Víctor Villanueva Amarillo Rumbos, Lima, Lima septiembre 2005
Desde que escuché una magistral charla del biólogo Benjamín Collantes acerca de un remoto lugar en Huancavelica, quedaron grabadas en mi mente las imágenes de tantas hermosas orquídeas que mostró en la exposición y me propuse conocer algún día ese fabuloso bosque de neblina. Ahora, cuatro años después, caminaba detrás de este reconocido investigador, en pos de cumplir ese viejo anhelo.
No fue nada fácil llegar a los dominios del Bosque Amaru. Para empezar recalamos en Huancayo donde, en la puerta del Hotel Olímpico, nos esperaba la camioneta todo terreno. El camino afirmado dejó atrás la "Incontrastable" siguiendo el curso del río Shullcas hasta tomar un desvío antes de llegar a la hacienda Acopalca. Veinte minutos después cruzamos el abra Llucllluchaccasa a 4450 metros de altura; luego asomarían las lagunas Huaricocha (hembra y macho), así como los pueblos de Acobamba y Matibamba.
De pronto el camino se transformó en una serpiente de constantes e interminables curvas que descendieron hasta el caudaloso río Mantaro a la altura del puente Chiquiac (1150 msnm). Nos impresionó en esta zona, ver la inmensa cantidad de descomunales cactáceas de tallos columnares que cubrían las faldas de los cerros.
Ocho horas después de salir de Huancayo arribamos al pueblo de Huachocolpa (2907 msnm), en la provincia de Tayacaja, luego de pasar por 4 regiones naturales: yunga fluvial, quechua, suni y puna.
Sin embargo, no fue la naturaleza el principal obstáculo para acceder al Bosque Amaru sino los recelos de los comuneros de Huachocolpa. La razón: ciertas personas habían estado extrayendo del bosque "cargas" de orquídeas para comercializarlas, entre ellas un sacerdote extranjero, un poblador de Tauribamba y un profesor de Santa María, según nos relataron.
Pero luego de una reunión en la que expusimos nuestra intención de promocionar de manera responsable la zona accedieron a darnos el permiso para conocer este soñado lugar. Al día siguiente nos acompañaron los señores Jesús Pacheco, presidente de la comunidad, y Teodolfo Palomino, dueño de las bestias de carga.
Los 17 kilómetros que separan Huachocolpa del bosque Amaru nos demandó una jornada completa en la que la lluvia nos acompañó de forma intermitente. Parcialmente mojados llegamos a un abra a 3350 msnm desde donde se podía divisar, 2400 metros hacia abajo, al río Mantaro rumbo a su confluencia con el río Apurímac.
La constante presencia de neblina impedía apreciar el paisaje. De pronto nos cruzamos con una señora y su hija; ambas adornaban sus sombreros con flores del "Inkill" (Sobralia altísima), considerada la orquídea más alta del mundo por lo largo de su caña (de hasta 13.40 metros) que caracteriza a esta planta. Más adelante nuestra sed se vio saciada en Purec Yacu, una filtración de agua cristalina, la única en toda la ruta.
El olor a bosque vivo, como una gasa húmeda llena de aromas, precedió nuestra entrada a la arboleda por la zona llamada Capca Sorcco (3450 msnm), un lugar inconfundible: hacia la izquierda (norte) el precipicio al Mantaro, y hacia la derecha (sur) una densa vegetación. Por allí ingresamos al corazón mismo de la floresta: con un sendero inclinado decididamente hacia abajo, pues terminamos armando el campamento a 2500 metros de altura. Era una pequeña pampa desprovista de árboles, pero el Sr. Collantes nos contó que seis años atrás el bosque llegaba mil metros más abajo, casi a nivel del río.
Las metamorfosis del atardecer y luego del amanecer fueron espectaculares. El segundo día lo dedicamos a explorar el bosque. Fue una cátedra "in situ" del científico Collantes, que nos explicó que Amaru ha aportado a la humanidad 17 nuevas especies de orquídeas, más que cualquier otro lugar del mundo a pesar de que el bosque tiene apenas mil hectáreas de extensión. Si lo comparamos con el Santuario Histórico de Macchu Picchu donde en aproximadamente 32 592 hectáreas hay 400 especies de orquídeas, veremos que Amaru (que en quechua significa serpiente, pero también simboliza la sabiduría) con sus 200 especies es un paraíso para los investigadores y amantes de las orquídeas, así como para los observadores de aves. Y, por qué no, una nueva ruta de trekking con alucinantes paisajes.
Todos quedamos agradecidos por las maravillosas orquídeas que vimos ese día, ya sea a la vera del camino o haciendo pequeñas incursiones. Las habían pequeñas como las Stelis sp., coloridas como la orquídea azul purpura (Epidendrum microcattleya) y peculiares como la llamada "tres veces bandera peruana" (Maxillaria pyhalae). Sin darnos cuenta se nos pasó el día en un bosque muy parecido a un cuento de hadas. Cuando tomamos el camino de vuelta el inconfundible aroma a flores, bromelias, musgos y líquenes nos persiguió un buen rato, y todavía no ha desaparecido de nuestras memorias.

