4x4 fuera de ruta
Beatriz Andrade Dosserich La Razón - La Paz October 2004
Del Altiplano a la Amazonia
Tres vehículos equipados para vencer obstáculos desafían terrenos y se abren paso entre la naturaleza, en una emocionante expedición.
Los motores dejan escuchar su ronquido. Es la señal de que los vehículos 4X4 se alistan para partir a una nueva expedición. Tras el volante y a cargo de las máquinas se acomodan los pilotos del Off Road Club Bolivia (ORC), una agrupación amante de las travesías fuera de ruta y, el equipo del programa televisivo argentino Raid 4x4.
Ellos llegaron a Bolivia para captar con sus cámaras cada paso de la aventura, cada paisaje y cuanta experiencia enriquezca el documental que tienen.
Los viajeros se abrirán paso entre la salvaje naturaleza de la Amazonia boliviana, donde verán ocasos escarlata por diez noches.
Con los pies sobre los aceleradores, las grandes ruedas comienzan su incesante giro. Tres vehículos 4x4 con suspensión reforzada, guinche, halógenos, doble tanque de gasolina, estructuras metálicas diseñadas para reforzar las carrocerías y planchas de acero que protegen la corona, se alistan para vencer cualquier contratiempo.
Y como la ruta provoca a los intrépidos con decenas de ríos, unos profundos y otros pandos, ellos se pertrechan con un snorkel (una toma de aire elevada que se conecta al filtro de aire e impide que el agua entre al motor, aunque el vehículo se sumerja hasta un metro y medio).
Con todo ese equipo, necesario para vencer hasta el más difícil de los caminos, los aventureros parten del centro paceño, la Plaza Murillo. La expedición se encamina a la primera de las cinco etapas del viaje a las sabanas del Beni.
Por la ruta de la muerte
Primera etapa: cuidad de La Paz, Coroico, Caranavi, San Borja, San Ignacio, Trinidad.
El mapa que los copilotos revisan con frecuencia comprende como primer tramo a La Paz - Coroico (Los Yungas), recorrido que la revista National Geographic ha denominado el "camino de la muerte" por lo angosto de la trocha y los profundos, pero hipnotizadores, precipicios del costado.
Un pantalón desmontable y una polera bajo la chamarra acompañan a los viajeros para estar a tono con el cambiante clima. En menos de cinco horas, descienden del frío propio de los 4.700 metros de altura a la tibieza de Caranavi a 504 metros.
Luego, se adentran al calor de San Borja y San Ignacio en el Beni. La etapa concluye cuando descienden hasta los 236 metros en Trinidad, donde algunos días el termómetro marca 40 grados centígrados.
Off Road extremo
Segunda etapa: Trinidad, El Carmen, Baures en el Beni.
Un manto de polvo cubre los motorizados que llegan a la localidad de El Carmen, a 120 kilómetro de Trinidad, capital beniana. Alegres silbidos de los pobladores les dan la bienvenida. Son merecidos, pues el viaje puso a prueba a los conductores. Los 4x4 debían pasar precarios puentes de troncos.
Ese tramo también exigió el trabajo en equipo. "Cada puente estaba deteriorado, parecía no soportar el peso de los carros, así que fue necesario repararlos y reforzarlos para lograr el paso", comenta Luis Fernando Leytón, presidente del ORC.
Ya en su destino, los viajeros montan el campamento. El descanso es interrumpido con la visita de los comunarios, quienes les traen el rumor de que el camino hacia Baures -a 60 kilómetros de El Carmen- está cerrado y es prácticamente intransitable.
Un bosque parcialmente deforestado y varios troncos tendidos a lo largo y ancho del camino, a pocos kilómetros del campamento, confirman la versión.
Sin embargo, ésa no es la mayor preocupación del equipo. "Lo complicado es avanzar sabiendo que más adelante el camino está cortado por la caída de la plataforma que cruza uno de los arroyos". ¡Cierto!, una grieta de tres metros de profundidad y cuatro de ancho con paredes prácticamente verticales les obliga a parar…de momento.
Los motores callan. Lejos del desaliento, los viajeros se alegran, para ellos es otro reto. "Pensar en dar la vuelta es imposible, en especial por el hecho de que el equipo de Raid 4x4 recorrió 3.000 km desde Buenos Aires para la expedición".
Pero no es sólo cuestión de ánimo, sino de soluciones. Es hora de recurrir a la experiencia y a los accesorios que equipan los carros.
Palas, picotas, hachas, fajas de remolque, ahora usadas para remover árboles, y mucha fuerza física logran abrir una angosta senda que hace de ruta alternativa… "Era el principio de 90 kilómetros de camino con tierra erosionada". Ahí, en medio de la aridez que las inundaciones dejan como recuerdo de su paso, los indomables caminos y los 40 grados de temperatura desafían el temple de los aventureros.
Sin tregua, llegan a una pradera, donde cobijados por la noche y sus carpas, se entregan al sueño.
Duermen pese a la presencia de algo puntiagudo bajo la bolsa de dormir.
La luz del sol revela la razón del punzante misterio. "Había una gran cantidad de huesos dispersos. Era un cementerio de ganado".
Sobre las máquinas, la expedición avanza a través de las amplias llanuras, no existe una huella que les señale el camino. Sin embargo, van guiados por el GPS (posicionador satelital) y una computadora portátil que les indica el final de la segunda etapa: Baures.
La belleza de la Amazonia
Tercera etapa: Baures, Bella Vista, Magdalena, San Ramón.
La expedición retoma vías transitables. Pronto hace un alto en Baures, donde reparan llantas pinchadas y compran unas bolas de chocolate, manjar de la región.
Los conductores toman una ruta de 60 km. que les conduce hacia Bella Vista y, tras atravesar un bosque, contemplan el Río Blanco. Sus aguas tibias y serenas están cercadas por enormes rocas de color rojizo, algo extraño en esta zona.
Tanta belleza infunde admiración y también temor. Seducidos por la naturaleza, los pilotos bordean el río. "Íbamos extasiados por la hermosura del lugar que nos traicionó. Debimos vadear el río para llegar a la población pero en un par de maniobras los tres vehículos quedaron enterrados en la arena, en medio de las aguas".
Un tractor de la Alcaldía de Bella Vista viene al rescate. En un dos por tres saca los vehículos mientras los expedicionarios disfrutan de un espectáculo: el atardecer.
Al seguir el viaje hacia San Ramón, a 200 kilómetros de Baures, la expedición se encuentra con incontables parajes teñidos del rojo del camino, verde de la vegetación y azules de cielos y aguas.
El latido salvaje
Cuarta etapa: San Ramón, Santa Ana de Yacuma y San Ignacio.
Apenas se encaminan a la cuarta etapa, los viajeros tienen compañía. Desde los árboles o en las aguas estancadas un sinnúmero de animales les mira avanzar.
"Encontramos monos, tucanes, parabas, capibaras -roedores-, serpientes, tortugas, lagartos y vimos un caimán que superaba los cinco metros de longitud".
El encanto de la naturaleza toca la población de Santa Ana de Yacuma, donde se estremecen con las piruetas de rosados delfines.
Sin aviso, una torrencial lluvia convierte el camino en una pista de patinaje. Los 4x4 se deslizan zigzagueantes. A kilómetros del miedo, el equipo disfruta cada vez que el auto sale de la ruta. No hay peligro, están en la llanura que les lleva a San Ignacio de Moxos.
El regreso al paisaje de cemento
Quinta etapa: San Ignacio, La Paz.
Los 4x4 emprenden el inevitable retorno. Recorren los mismos caminos que aún les regala aventura. "La mayor sorpresa fue hallar un oso perezoso en la carretera. Le sacamos fotos y lo devolvimos al monte para evitar que lo lastimen".
Ya en Caranavi, el grupo se reúne para hacer cuentas. "Fueron 37 de las últimas 41 horas que estuvimos manejando". Es el último descanso antes de regresar a La Paz. Atrás, la intensa polvareda que dejan los grandes vehículos no logra enterrar tanta memoria.

