Por las tierras de los Incas
Nelson Fernández La Vicuña - La Paz July 2004
La magia de la caminata curva - Pelechuco
Un abuelo, nos cuenta de manera increíble su andar por los caminos del Inca, ubicados entre las Provincias Bautista Saavedra y Franz Tamayo del Departamento de La Paz. Esta ruta es recorrida a diario por comunarios, mineros y pastores. Es también el sendero que conduce a los turistas en la aventura Curva- Pelechuco.
Desde la tierra de los Kallawayas
Mi nombre es Julio tengo sesenta y siete años, y entre buenos y malos ratos sigo aquí en estas tierras que me han visto nacer. Soy de Curva, mi padre era un hombre como muchos en mi pueblo experto en medicina natural, con la bendición de los Achachilas (dioses cerros) y la Pachamama (madre tierra).
Estoy ahora partiendo con mi atado y mi bastón camino a Pelechuco, dicen mis abuelos que por estos caminos sus padres y abuelos reinaban con la tierra y los cerros... ahora tengo que andar solo.
Debo llegar a ver a mi nieto, que está en Pelechuco un pueblo que comentan los gringos que es bello, parece un pueblo encantado... como de cuento, dicen. Mi nieto se ha ido a trabajar en las minas que están en la Provincia Franz Tamayo y ahora está enfermo, debo llegar con mis preparados de yerbas y unos pesitos para poder ayudarlo, es difícil vivir en estas tierras ahora, con todos los problemas y las cosas que pasan aquí.
Los mineros son muy sacrificados y ese esfuerzo muchas veces les cuesta la vida por que no solo se enferman ellos sino que muchas veces enferman a los ríos y a los suelos con esas cosas que usan para buscar el oro.
De joven podía caminar desde Curva hasta Pelechuco en un solo día, desde las tres de la mañana hasta las once de la noche ya podía estar llegando, ahora tengo que quedarme a descansar siquiera una noche en medio camino, menos mal que soy fuerte como una roca, mis piernas y brazos nunca fueron flojos y pude trabajar la tierra con la sabiduría de mis abuelos, no puedo decir que soy pobre cuando miro estas tierras sus nevados, sus minerales, las vicuñas en la altura y los cóndores en el cielo.
Junto a la hoja de coca
Saliendo de mi pueblo me siento fuerte, pero cuando caminas en estas tierras que han recorrido los Incas, por las alturas con los vientos el frío y las lluvias, te hacen falta muchas fuerzas y aquí como en todos los pueblos de mis hermanos la coca nos acompaña y bendice con sus energías, puedo decir que llegaré pronto a las alturas donde podré sentirme cerca a los cóndores.
En cada jornada de trabajo y junto a mis hermanos y hermanas la hoja sagrada nos une nos da fuerzas para aguantar mucho más que lo que pueden aguantar los pobladores de las ciudades. Ahora me estoy llevando una chuspa llena de hojas con mi buen trozo de lejía y mi soldadito(envase pequeño de alcohol).
Cuando llegue a las apachetas, me tengo que challar para que llegue bien y pueda ayudar a mi nieto, aquí en mi tierra nos respetamos a nuestros cerros a nuestros animales y los sentimos parte de nosotros
Por los tesoros gigantes
Caminar por estas tierras es para mi algo normal por que he nacido en ellas, pero los visitantes hablan de muchas cosas que me hacen pensar que tenemos hartas riquezas, un gringo me decía que los bofedales parecen inmensas alfombras verdes, en las que se guardan las cristalinas aguas de los nevados, también me dijo que nuestros cerros como el Akhamani o el Katantika son impresionantemente bellos y que de ellos se desprenden las aguas que hacen producir las tierras en otros lugares como en el parque Madidi que está en las partes bajas.
De pueblos encantados
Siempre que estoy llegando al sector de Pelechuco me siento a descansar cerca de las casas de piedra, en un lugar que se llama agua blanca antigua y antes de llegar al mismo Pelechuco me gusta ver las casas de piedra, son muy bonitas, y parece que estuviera regresando a la época de los abuelos en la que se construían sus casas tan fuertes como ellos, de pura roca y nada los podía hacer caer.
Caminando por aquí se pueden ver sus paredes anchas y pesadas, que hasta ahora que han pasado muchos años siguen firmes. Seguro que los espíritus de los que vivían aquí deben estar dando vueltas y deben encantar a los turistas que se quedan mucho tiempo cerca sacando fotos y pensando sin hablar.
Pequeñas ciudades de piedra
En toda nuestra región tenemos hartas ruinas que son de nuestros antepasados, ellos tenían mucho respeto por sus muertos y para enterrarlos construían lugares grandes y sagrados, en los que se pueden ver templos y filas de tumbas en forma de calles, cuando entramos a estas ruinas podemos ver una ciudad en pequeño, por eso debe ser que actualmente cerca de los poblados grandes como Pelechuco, Curva y Charazani en los cementerios, las tumbas son como casitas pequeñas, con paredes y techos de calamina, como las casas en las que vivimos ahora y los cementerios también parecen como pueblitos en miniatura.
Tengo tantas cosas que quisiera contar de mi tierra, pero sé que ni hablándoles días enteros podría terminar de contarles de todos los lugares lindos y de las riquezas que tenemos aquí.

