Cambio climático y energía

Claudia Ximena Gamarra Paz   Revista Energía y Desarrollo - Cochabamba   April 2005

Resúmen

Con este artículo se pretende informar al lector sobre el cambio climático que está sufriendo el planeta, así como también las posibles estrategias de cambio que se pueden implementar como alternativa viable dentro de un panorama desalentador para el futuro de las futuras generaciones.

Dentro de este marco, además de brindar un panorama general sobre los convenios que han entrado en vigencia, como soluciones alternativas y urgentes para contrarrestar las transformaciones del clima, también se han considerado los esfuerzos y acciones que se están llevando a cabo en Bolivia dentro del marco del Protocolo de Kyoto.

Antecedentes

El clima es el resultado de un sistema circulatorio a escala planetaria, donde el movimiento de la masa de aire que rodea el globo, bajo la influencia de la radiación solar y el constante intercambio con el océano y el suelo, se encuentra en un equilibrio dinámico muy complejo, regulado por una serie de factores que se están alterando de forma irreversible.

El carácter unitario y global del clima fue percibido ya a principios del siglo pasado. Se intuía que la atmósfera y el océano tenían un papel muy importante en la temperatura media del planeta y que parte de la energía que llegaba al sol era, de alguna forma, retenida por la atmósfera.

En 1981, se atribuyó al vapor de agua y al dióxido de carbono (CO2) esta absorción parcial e incluso algunos científicos llegaron a aventurar que pequeños cambios en la proporción de estos gases podían tener efectos climáticos considerables. Éste es un fenómeno que en los últimos años ocupa la atención mundial y que se denomina comúnmente efecto invernadero. La analogía se debe a que el agua y el dióxido de carbono, así como también otros gases como el metano, óxido nitroso, entre otros, actúan como el vidrio en un invernadero, es decir, la radiación solar atraviesa la atmósfera y llega hasta la superficie donde se transforma en calor, el cual es reemitido nuevamente a través de ella como radiación infrarroja. Una parte de esta radiación es absorbida por los gases de efecto invernadero (GEI).

Según el boletín publicado en Internet por la Organización no Gubernamental Pro - Sistema Operativo Global (PROSOG), la energía retenida hace que la temperatura media de la superficie del globo sea de unos 15ºC en lugar de los -18ºC que corresponden a la radiación que sale del planeta. Existen pruebas de que en épocas pasadas, las variaciones en la cantidad de irradiación solar y la composición de la atmósfera dieron lugar a tener condiciones ambientales muy diferentes a las de hoy. Por esta razón, hace 10 millones de años, cuando existían los dinosaurios, la cantidad de CO2 era de 4 a 8 veces mayor y la temperatura media 10 ó 15ºC superior a la actual; mientras que durante la última glaciación, hace 10000 años, la temperatura media bajó a 9 ó 10ºC, en correspondencia con un contenido en CO2 de 1/3 del que conocemos ahora[1].

Ciertamente el clima cambia, la cuestión es con qué rapidez y con qué margen de adaptación para los seres vivos lo hace. En poco más de un siglo, la actividad humana ha aumentado la cantidad de CO2 atmosférico en un 25% y doblado la concentración de metano. El reforzamiento consiguiente del efecto invernadero, necesariamente dará lugar a un aumento de la temperatura, que se calcula de 1ºC cada 30 años; mientras que desde la última glaciación su ritmo de cambio ha sido de 1ºC cada 500 años[2].

Transformaciones del clima a futuro

Las transformaciones del clima dependen de la cantidad de emisiones de GEI en los próximos años y de qué fracción de éstas permanezcan en la atmósfera. Si todo sigue como hasta ahora, se prevé que las emisiones de CO2 continúen creciendo un 1% anual hasta el año 2050, junto con la de otros GI (metano, óxido nitroso, CFC y ozono troposférico, principalmente) los cuales en conjunto, pueden suponer un reforzamiento del efecto invernadero equivalente al del CO2.

La mitad aproximadamente de este dióxido de carbono se transfiere al océano, al suelo y a la vegetación, donde queda almacenado; pero esta proporción puede ser alterada en dos sentidos: la estimulación del crecimiento de las plantas retiraría más CO2; no obstante, el aumento de la temperatura podría acelerar la descomposición de los desechos biológicos, liberando carbono en suelos secos, así como metano en arrozales y zonas pantanosas. Acerca del proceso de acumulación en los océanos, las incertidumbres son todavía mayores y se estima que la concentración de CO2 atmosférico se duplicará hacia al año 2030.

El único modo que tienen los científicos del clima de hacerse una idea de las consecuencias, es elaborar modelos matemáticos; sin embargo la precisión con la que puede preverse el comportamiento climático no es alta, pues la capacidad de cálculo de los ordenadores limita el área mínima en la que puede calcularse la evolución del clima, así como tampoco es enteramente satisfactoria su exactitud por la falta de conocimiento de las complejas y múltiples transferencias de gases y energía entre la atmósfera, el mar, los bosques, los hielos, etc.

Las consecuencias no serán uniformes geográficamente, puesto que el ciclo hidrológico se verá alterado por la mayor evaporación del agua, que a su vez refuerza el calentamiento, previendo un aumento de las lluvias en las latitudes altas durante el invierno e intensificándose las sequías del 5% de frecuencia actual a un 50% para el 2050. Las zonas con mayor riesgo son el interior de los continentes y precisamente las que más sufren hoy en día: Sahel, norte de África, Sudeste de Asia, India, Centroamérica y el Mediterráneo. Con gran probabilidad, el nivel del mar se elevará debido a la expansión térmica del agua y la fusión de los glaciares de montaña. Se calcula un incremento de 10 a 30 cm para el 2030 y hasta un metro para el 2050. Una subida semejante significaría la contaminación de acuíferos, la recesión de costas y tierras húmedas. Por otro lado, hasta un 15% de la tierra fértil de Egipto y el 14% de la de Bangladesh serían inundadas con la subida máxima prevista. Se teme también un retroceso de los bosques en el interior de los continentes sustituidos por ecosistemas más degenerados.

El calentamiento esperado excede la capacidad de migración de las comunidades naturales, teniendo como resultado una destrucción sin reemplazo y un empobrecimiento de los ecosistemas, pérdida de especies y en definitiva, la disminución de la capacidad de la Tierra para soportar la vida. Quizás, la agricultura industrializada pueda responder a la nueva situación con suficiente rapidez - aunque en EE.UU. la ola de calor del año 1988 significó un descenso del 30% en la cosecha de grano); no obstante la agricultura de los países en desarrollo no tiene medios para una adaptación semejante[3].

Existen muchos fenómenos de gran alcance, cuya evolución frente al cambio climático es incierta, por ejemplo, las consecuencias de un Océano Ártico sin hielo sobre las corrientes marinas y su influencia en la pesquería, o el probable desplazamiento de enfermedades tropicales hacia otras zonas del planeta.

El boletín de PROSOG afirma que el modelo económico dominante identifica una expansión en el consumo de energía creciente. El 75% de la energía que se utiliza procede de combustibles fósiles, petróleo (32%), carbón (26%) y gas natural (17%), los cuales producen unas 6 GT anuales de CO2. La única defensa razonable es la reducción drástica de emisiones de dióxido de carbono cambiando el sistema energético y por tanto el económico, renunciando a la devoradora filosofía de desarrollo sin límites. Se ha calculado que la estabilización de la concentración efectiva de CO2 en la atmósfera requiere la reducción de emisiones de origen energético al 70% del nivel de 1990 para el año 2020 y aún así, dicha estabilización sólo tendría lugar una década después con una cantidad de dióxido de carbono un 8% mayor que en 1990.

La propuesta de la Conferencia de Toronto (1988) está centrada para el año 2005, en las emisiones procedentes del uso de la energía y los procesos industriales, los cuales deberán ser inferiores en un 20% a las de 1990. Este objetivo exige una revisión urgente de las políticas económicas, energéticas y de transporte del mundo desarrollado.

¿Es Kyoto la solución al cambio climático?

Eduardo Román Ibáñez, licenciado en C. C. Físicas (Especialidad Meteorología y Astronomía), de la empresa especializada en ofrecer servicios de información meteorológica Sirimiri Meteo Consult, ha manifestado lo siguiente: "Cuando se habla de cambio climático se refiere a variaciones que se están produciendo en la atmósfera y en el clima de la Tierra, debido a la acción del hombre"[4].

Las causas del cambio climático tienen que ver con la emisión de CO2 y otros gases. Los principales emisores son: la actividad industrial, la actividad agrícola (que produce metano, por ejemplo), el transporte y la deforestación.

El experto también afirmó que: "Cuando es un cambio continuo, la atmósfera de forma natural va generando sus propios mecanismos para adecuarse a esas variaciones; pero cuando se mandan sustancias de forma muy brusca, la atmósfera no tiene capacidad para asumir esas alteraciones y empiezan a modificarse patrones naturales de la Tierra"[5].

En cuanto al efecto invernadero y al calentamiento global, la misión de la atmósfera en la Tierra es hacer de invernadero, es decir, que las diferencias entre día y noche no sean tan grandes. El efecto invernadero es algo natural, lo que sucede es que se están enviando más gases de lo normal.

Paralelamente a la discusión científica, existe otra cuestión a tener en cuenta cuando se habla de cambio climático: los intereses políticos. El físico especializado en Meteorología y Astronomía, pone el ejemplo del Gobierno de EEUU, que según afirma: "No está muy interesado en el tema del cambio climático, porque es el mayor emisor de CO2 del mundo y de manera interesada promueve algunas investigaciones que digan que el cambio climático no es tan importante como se dice". Seguidamente, están las posturas opuestas: "Universidades que reciben subvenciones por el tema del cambio climático, así como de medio ambiente y que les interesan los estudios que demuestren lo contrario".

Posteriormente, entran en juego los países que son los que al final deciden si se actúa o no. Las Naciones Unidas, reconociendo la importancia de este tema, elaboraron en 1997 el Protocolo de Kyoto, en el cual se adoptan objetivos jurídicamente vinculantes y relacionados con la reducción de emisiones de seis gases de efecto invernadero entre el 2008 y el 2012. Los gases son: dióxido de carbono (CO2), metano (CH4), óxido nitroso (N2O), el hidrofluorurocarbono (HFC), hidrocarburo perfluorado (PFC) y el hexafluoruro de azufre (SF6). No obstante, Eduardo Román aseguró que: "Si el cambio climático es tan fuerte como dicen algunos, Kyoto sería muy poca cosa"[6].

Estrategias de cambio

La satisfacción de las necesidades básicas del tercer mundo, formado por el 80% de la humanidad y donde tiene lugar el 90% del aumento de población, conlleva un crecimiento de la demanda energética que podría alcanzar un 4 ó 5% anual en las condiciones actuales. Para dar una salida a ambas prioridades, hay que aplicar simultáneamente dos estrategias: el ahorro de energía mediante la racionalización del uso y el empleo de tecnologías eficientes y la obtención de energía imprescindible por métodos renovables de bajo impacto ambiental. Todo ello dentro de un cambio necesario de modos de vida que reduzcan el consumo del Norte para que el Sur tenga un margen de aumento al suyo hasta niveles más dignos[7].

La crisis del petróleo de los años 1973 y 1979 demostraron que el ahorro puede considerarse en sí mismo una fuente de energía, donde la intensidad energética (energía necesaria para producir una unidad de Producto Interno Bruto - PIB) se redujo en un 25%. El Informe de la Comisión Mundial para el Desarrollo del Medioambiente - Informe Brundland - señala que es posible reducir a la mitad el consumo de energía de los países ricos y crecer simultáneamente un 3% anual. Esto requiere un considerable esfuerzo en la reconversión de las economías occidentales para aprovechar el potencial de ahorro, aunque, irónicamente, algunos analistas sostienen que en un verdadero mercado libre, no deformado por la presión de grupos de interés, sería una opción natural, ya que la obtención y quema de un barril de petróleo, por ejemplo, es más cara que la implementación de medios de eficiencia que evitarían necesitarlo.

Es fundamental que la demanda energética de los países en vías de desarrollo se satisfaga con tecnologías eficientes, donde la utilización de la mejor tecnología disponible podría proporcionar, en ciertos países, un nivel de servicios similar al de Europa en los ´70, con un consumo de energía sólo un 20% superior al que tenían en los ´80. Además, la eficiencia reduce el número de centrales necesarias, por tanto libera capital y disminuye la sensibilidad al coste de suministros.

No faltan vías de solución a los problemas que enfrenta el planeta, sino voluntad política de llevarlas a cabo. Como ejemplo de esto, se puede ver que a lo largo de los últimos diez años menos del 1% de los préstamos del Banco Mundial se han dirigido a proyectos de eficiencia.

Las energías renovables todavía reciben una atención meramente simbólica de muchos gobiernos, a pesar de ello suministran el 20% del consumo mundial, y para el año 2030 estarían en situación de cubrir el 70%, si se impusiera la racionalidad energética. Por el contrario, pese a nacer con un apoyo gubernamental casi ilimitado, la energía nuclear sólo alcanza a suministrar el 5% del consumo mundial.

Se pretende sacar partido del cambio climático para rehabilitar su mal nombre, con el argumento de que no es generadora de CO2; pero se puede afirmar que la apuesta por la energía nuclear empeora el calentamiento global al desviar inversión en eficiencia eléctrica, la cual desplazaría bastante más combustión de carbón por unidad de coste.

Para enfrentar el cambio climático, la producción de energía eléctrica por métodos sin combustión, basados en recursos renovables, tiene ventajas abrumadoras: una central convencional de carbón emite 962 tCO2/GWh de operación; mientras que una eólica tan sólo 7.4 durante el proceso de construcción. La energía solar fotovoltaica y térmica se sitúa por debajo de la cifra de emisiones de los eólicos. Los impactos ambientales asociados con las tecnologías de energías renovables (únicamente el ahorro energético, puesto que la energía no producida carece de efectos ambientales indeseables) se centran en la ocupación del suelo y alteración del paisaje - en algunos casos impacto sobre la avifauna - alto nivel de ruido, elaboración con productos peligrosos o suma de pequeños impactos; pero son en cualquier caso menores que los de las fuentes convencionales: una central de carbón ocupa 2.7 veces más territorio que una eólica para la misma producción de energía[8].

En materia de generación eléctrica, existen alternativas viables con la aplicación de tecnologías con fuentes renovables e incluso, hoy por hoy, competitivas en el mercado para un uso energético masivo.

A nivel global, la utilización de derivados del petróleo es superior al 95%, sin que aparezca en el horizonte próximo alguna tecnología que lo sustituya. El 30% del total de energía consumida en el mundo se emplea como consumo final para transporte (la mitad del petróleo importado en el caso del estado español). Se estima que origina el 25% de las emisiones de carbono a la atmósfera, además del 47% de los óxidos de nitrógeno y cantidades semejantes de hidrocarburos, conocidas como carbono. El transporte de mercancías por carretera en camiones de 40 tm produce 5 veces más CO2 que por ferrocarril. Sin embargo, se prevé un crecimiento del 40 al 70% en los próximos 20 años del transporte por carretera.

Algunas medidas para disminuir el impacto del sector de transporte en las emisiones de gases de efecto invernadero se refieren a: eficiencia tecnológica, gestión óptima del transporte, utilización de combustibles más limpios etc. Las medidas aplicables para disminuir el impacto del transporte son, esencialmente, maximizar la eficiencia de los vehículos mediante normas de cumplimiento obligado para el fabricante y los usuarios (límites de velocidad) y reducir su utilización, fomentando una amplia red de transporte público con incentivos para el tren y una política urbanística que favorezca el uso de la bicicleta y cierre el paso del coche al centro de la ciudad (todo lo contrario a la construcción de aparcamientos subterráneos).

No hay mucho tiempo para la duda, el panorama con que se presenta el nuevo siglo es muy sombrío y nuestra capacidad para modificarlo disminuye con la acumulación de CO2. Cuanto más se retrase la adopción de nuevas tecnologías energéticas eficientes, más difíciles serán las medidas a tomar.

Mecanismo de desarrollo limpio en Bolivia

En 1995 se creó el Programa Nacional de Cambios Climáticos (PNCC), dependiente del Viceministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente para cumplir con las obligaciones contraídas ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático - CMNUCC. Como país altamente vulnerable y muestra de su actitud positiva frente al cambio climático, Bolivia ratifica el Protocolo de Kyoto, mediante la Ley de la República Nº 1988 promulgada el 22 de julio de 1999 [cfr.: Ministerio de Desarrollo Sostenible: 6].

El Protocolo de Kyoto define al Mecanismo de Desarrollo Limpio (MDL), entre otros, para la implementación de proyectos de mitigación ambiental en países en desarrollo (países del Anexo I) que ayuden en las metas de desarrollo sostenible mediante la promoción de inversiones en tecnologías menos intensivas en carbono, transferencia de tecnología, etc. así como ayudar a estos países para el logro de sus compromisos de reducción de emisiones.

En el marco de los requerimientos de la Convención para participar en el MDL, el Gobierno Nacional nombra al Viceministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente como la Autoridad Nacional Designada - AND y mediante Resolución Administrativa se crea la Oficina de Desarrollo Limpio (ODL) como brazo operativo de la AND.

Las principales funciones de la Oficina de Desarrollo Limpio están centradas básicamente en: (i) promocionar la elaboración de actividades de proyectos elegibles al MDL en el país, (ii) evaluar las propuestas y recomendar su aprobación por la Autoridad Nacional Designada (AND), en cuanto a criterios de desarrollo sostenible, (iii) prestar asistencia técnica a los promotores / proponentes de proyectos para su calificación al MDL, (iv) impulsar la formación técnica a los actores relevantes (empresarios privados, comunidades locales e indígenas) en la formulación y evaluación de proyectos MDL, así como (v) apoyar la formación de un marco regulatorio para las actividades del MDL en Bolivia [cfr.: ODL, 2003].

Considerando los estudios realizados por el PNCC (2003), los sectores que más contribuyen a las emisiones de gases de efecto invernadero son: el sector del transporte (44%), industrias energéticas (23%), manufactura y construcción (12%), así como residencial (12%), dando como resultado un total de 7,2 millones de tCO2 para la gestión del año 2000 en el sector energético9 y el alto potencial energético en recursos renovables y de gas natural (recurso menos intensivo en carbono que el diesel oil y la gasolina). En este sentido, el potencial de proyectos que podrían aplicar al MDL es importante.

Los sectores potenciales en Bolivia para el MDL son los siguientes:

a) Proyectos con energías renovables.

b) Proyectos de eficiencia energética.

c) Sustitución de combustibles.

d) Uso intensivo de gas natural.

e) Otros.

Existen potenciales de aprovechamiento en el sector forestal dentro de las actividades de forestación y reforestación. Mediante el MDL u otro tipo de esquemas alternativos, se espera poder habilitar al país para aprovechar créditos generados en actividades de aprovechamiento maderero eficiente, regeneración asistida de bosques, alternativas a la agricultura migratoria y fortalecimiento de áreas protegidas agroforestales [ODL, 2003].

Para mayor información sobre las actividades que se encuentra desarrollando el Ministerio de Desarrollo Sostenible, a través del Viceministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente, contactarse con la siguiente dirección de correo electrónico: odl@mds.gov.bo o visite la Página Web: www.mds.gov.bo

Referencias Bibliográficas

BOLETÍN ONG PRO - SISTEMA OPERATIVO GLOBAL (PROSOG), publicado en la Página Web: http://pagina.de/prosog.

PRO - SISTEMA OPERATIVO GLOBAL (PROSOG). Información extractada de la Página Web: http://pagina.de/prosog.

OFICINA DE DESARROLLO LIMPIO (ODL), tríptico informativo publicado por el Ministerio de Desarrollo Sostenible, a través del Viceministerio de Recursos Naturales y Medio Ambiente. La Paz - Bolivia. 2003.

PROGRAMA NACIONAL DE CAMBIOS CLIMÁTICOS (PNCC), publicado por el Ministerio de Desarrollo Sostenible. La Paz - Bolivia. 2003.

Ministerio de Desarrollo Sostenible. Guía de Procedimientos para la Presentación de Proyectos de Desarrollo Limpio en Bolivia. La Paz - Bolivia. 2003.



[1] Fuente: Página Web: http//pagina.de/prosog. ONG PROSOG (pro- Sistema Operativo Global).

[2] Ibid.

[3] Ibid.

[4] Ibid.

[5] Ibid.

[6] Ibid.

[7] Ibid.

[8] Ibid.