Taladores se apoderan de Petén

Jorge Manuel Jiménez Terrón   Siglo Veintiuno   March 2000


El gobernador departamental petenero, Adán Regalado, afirma que los saqueadores están organizados como los carteles de las drogas, por lo que resulta difícil capturarlos.

La labor de las instituciones protectoras de las Reservas Naturales se vuelve cada vez más peligrosa. Así lo confirman los recientes ataques a inspectores de las zonas protegidas y a turistas.

El titular de la Secretaría del Medio Ambiente, Haroldo Quej, fue más lejos aún, al señalar que los madereros están organizados de la misma manera que las bandas de narcotraficantes.

De acuerdo con el funcionario, incluso se tiene información de una persona que vendió todo un arsenal a los delincuentes, lo que
da una idea de lo peligrosas que son esas pandillas. Ahora, explicó, ese individuo reside en Miami, Estados Unidos.

Por su parte, el gobernador departamental de Petén, Adán Regalado, coincidió en que esos grupos delictivos están muy bien organizados. Como ejemplo citó el fracaso del operativo montado el pasado martes con elementos de la Policía Nacional Civil (PNC), el Departamento de Operaciones Antinarcóticas (Doan), el Ministerio Público y el juez del municipio de San Benito, Petén.

De alguna manera se filtró la información, porque cuando llegamos al lugar, los campesinos ya sabían que llegábamos. Nos esperaban en el centro de la comunidad de Dos Pilas, e incluso impidieron que aterrizara el helicóptero en el que viajaba el juez, subrayó.

Las autoridades, señaló, sospechan que la estación de radio local Uyuyuy transmitió en lengua keckchí que el contingente había cruzado el ferry del río La Pasión, quecomunica con Sayaxché.

Se calcula, indicó, que los taladores cuentan con unas 150 motosierras, mientras centenares de campesinos ayudan en la carga
y transporte de lo robado.

La madera, reveló, es llevada a Alta Verapaz, donde por medio de papelería falsa es procesada en aserraderos locales y preparada para su exportación.

Similitud con narcos

Los integrantes de Proselva, programa de conservación de bosques y desarrollo social financiado por el Banco de Desarrollo Alemán, consideraron que las acciones violentas de esas gavillas no son sorprendentes.

Los cárteles madereros son muy agresivos, aseguró Marvin Melgar, delegado del Instituto Nacional de Bosques (Inab) ante Proselva.Conocemos bien los lugares donde trabajan y los caminos por los que sacan la madera, pero no disponemos ni del personal ni de los medios para enfrentarlos. La policía esprácticamente inexistente, recalcó.

Melgar hizo ver que los mecanismos de saqueo en las reservas naturales son parecidos a los utilizados por los narcotraficantes enColombia y Bolivia. Los taladores contratan a los pobladores de las aldeas abandonadas y sin recursos, y los equipan con herramientas y maquinaria. Además de pagar más de lo que ganarían sembrando maíz y frijol, asumen el papel de benefactores de las comunidades:donan escuelas, puestos médicos o pozos de agua potable.

Para nosotros es muy difícil competir, ya que nuestros proyectos de desarrollo social avanzan muy lentamente, debido a los trámites burocráticos, aclaró Klaus Dressel, uno de los coordinadores alemanes de Proselva.

Nadie está a salvo

En una zona de trabajo de los traficantes de madera, cercana al sitio arqueológico de Dos Pilas, un grupo de estudiantes de turismo del Liceo Maya, de Santa Elena, Petén, se encontró casualmente con unos 60 taladores, quienes también habían arrancado monumentos prehispánicos, relató la directora del plantel, María Elena de Méndez.

Los alumnos, relató, tomaron fotografías de los delincuentes y del desastre que causaron, y observaron varios picop nissan azules y camiones. A su retorno, prosiguió, fueron detenidos por los maleantes, quienes les atravesaron un camión en el camino, al llegar a la comunidad de El Jordán. Por fortuna, puntualizó, varios muchachos ocultaron sus rollos fotográficos, con los que se pudo comprobar las agresiones y tener el retrato de algunos implicados.

Nadie se salva

El 29 de febrero pasado, dos guardabosques detuvieron a un camión, cerca de la aldea Las Amelias, en Petén, en plena zona núcleo de la reserva natural de San Román. El vehículo transportaba una carga valiosa: madera de la mejor calidad, caoba y cedro cortada en tablas y lista para la exportación.

El conductor, lejos de hacer caso a los guardianes desarmados, oprimió el acelerador. Al llegar al poblado, se le desinfló una llanta y optó por abandonar el automotor e internarse en el bosque. Los agentes volvieron al día siguiente con dos policías y otros miembros del Programa para la Protección del Bosque Tropical de Petén (Proselva), con el propósito de decomisar la madera.

Al llegar, se vieron cercados por unos 300 campesinos keckchíes, algunos armados, quienes los amarraron, golpearon y amenazaron con quemarlos vivos. Similar suerte corrieron otros funcionarios de Proselva y el director del programa, Francisco Moscoso, quienes fueron alertados vía radio por sus compañeros maltratados y acudieron a negociar con los secuestradores. Sólo los dos policías fueron liberados al poco tiempo.

Según las víctimas, los indígenas los desnudaron a todos. Luego les echaron agua helada y gasolina durante horas. La pesadilla terminó hasta la madrugada siguiente, cuando por fin llevaron la llanta de repuesto exigida por los delincuentes. Fue entonces cuando la multitud desapareció, junto con el vehículo. Los aldeanos se mantuvieron alejados de los hechos, y después aclararon a las autoridades que los agresores no pertenecen a su comunidad.