Ipala, un paraíso entre el cielo y la tierra

Jacqueline Emperatriz Torres Urizar   Siglo Veintiuno   January 2000


Su ubicación en el centro de América, Guatemala está dotada de una especial riqueza natural. Su composición montañosa y la cadena volcánica que la atraviesa le proporcionan los elementos necesarios para hacer de ella un lugar de descanso y aventura ecológica.

La Sierra de la Minas y la Sierra Madre, las planicies de Petén, el litoral del Atlántico y la llanura costera del Pacífico, demuestran la biodiversidad del territorio guatemalteco.

De esa cuenta, algunos departamentos del oriente del país fueron privilegiados con la formación de volcanes en su jurisdicción. Tal es el caso del municipio de Ipala, Chiquimula, en el cual se encuentra el volcán de Ipala, extinto y formado hace millones de años.

Ipala se estableció como municipio el 9 de mayo de 1893 y cuenta con aproximadamente 21 mil habitantes, distribuidos en 30 aldeas y 40 caseríos.

Su fiesta titular, dedicada a su patrono San Ildefonso, es celebrada del 20 al 26 de enero, siendo la principal fecha el 23. Durante los 7 días del festejo desarrollan eventos culturales, de belleza, deportivos, ganaderos y agrícolas.

Es considerado un centro de acopio, pues está ubicado estratégicamente para ser un corredor entre distintos poblados del área oriental, conectándolos con ciudades importantes como

Esquipulas, la cabecera departamental de Chiquimula, y el departamento de Jutiapa.

En algún momento de la historia sirvió de paso para las romerías, con rumbo a Esquipulas, provenientes del occidente del país y de naciones vecinas de las que se derivan innumerables anécdotas. Una de ellas es la del cerro La Cruz de la Penitencia.

Cuenta Roel Pérez Argueta, alcalde de Ipala, que cuando toda esa gente venía en la romería se detenía en un río, a inmediaciones de la aldea Cacahuatepeque, para cargar en hombros una piedra del tamaño de su pecado, subían una cuesta de 2 kilómetros y la colocaban al final de la travesía. En la actualidad existe un cerro de piedras que mide entre 25 y 30 metros de altura.

Al municipio también se le llamó El granero de oriente, debido a que era el único pueblo donde había una estación del ferrocarril, así que las poblaciones vecinas trasladaban sus cosechas hasta Ipala.

El distrito cuenta con algunas áreas naturales, ideales para el turismo de la región. Entre ellos, el balneario Poza de la Pila, ubicado a más de 3 kilómetros del municipio. Tiene la particularidad de que cuando el clima es frío sus aguas son tibias, y cuando es caliente el líquido permanece fresco.

A sólo 13 kilómetros se encuentran los baños termales de Los Horcones. Sus vertientes son capaces de cocer un huevo en un minuto. Es imposible que su origen sea volcánico, pues a pocos kilómetros está el Volcán de Ipala, dice el jefe civil.

Siguiendo la carretera que conduce a Cacahuatepeque se encuentran los baños termales de El Jicaral.

Volcán de Ipala

Esta cima es uno de los lugares turísticos más visitados del municipio, gracias a que en su cráter posee una laguna natural. Está ubicado entre los municipios de Ipala, Chiquimula y Agua Blanca, Jutiapa. Se eleva 1,650 metros sobre el nivel del mar.

Su edad geológica es reciente, el material pétreo que contiene es la pumicita, roca que se originó durante el Período Terciario Superior hace 25 millones de años. También está compuesto de basaltos o roca volcánica, andesíticos y granitos.

Este pico es achatado en su cima y ensanchado en la parte baja, por eso a simple vista parece un cerro cualquiera. La extensión que ocupa es de 2,012.5 hectáreas. La vegetación que lo cubre pertenece a la zona de Bosque Húmedo Subtropical Templado, que se caracteriza por la presencia de bosques secos con poca lluvia, así como flora y fauna endémicas (originarias de la región).

La vegetación típica consiste en árboles de roble, ceiba, encino, pino, cedro, nance, lengua de vaca, guayaba, cinco negros y suguinay. La orquídea Lycaste skinery ipalensis y la ceiba, se encuentran en la cima como en sus faldas.

El cerro es vivienda de mapaches, armadillos, micoleones y venados, de gran cantidad de aves entre las que destaca las chorchas, chiquoyes, copetones, zopilotes, chichilucios, el chinchivirines, mosqueros, gavilanes, urracas, guardabarrancos y otros.

Según Victor Hugo Villatoro, técnico del área de unidades de conservación del Consejo Nacional de Areas Protegidas (Conap), el volcán presumía de un bosque que lo cubría en su totalidad, pero debido al sobrepastoreo, la siembra de milpa, maicillo y chile, principales cultivos de la población, el área ha sido deforestada y por lo tanto erosionada.

Los árboles han desaparecido casi en su totalidad, lo cual se puede apreciar durante su ascenso, pues antes de llegas a la laguna las características que predominan son las de un bosque espinoso.
Al rescate

En 1952, durante la administración del presidente Jacobo Arbenz, se emitió un acuerdo que declaraba como zona forestal vedada los bosques de las faldas del volcán de Ipala; pese a este arreglo fue sometido a la explotación irracional.

La desaparición de esta belleza natural ha sido paulatina, así lo demuestra la pérdida de caudales de agua en todo el sitio y los más de 25 mil habitantes que viven a su alrededor.

Frente a tal situación, las municipalidades de Ipala y Agua Blanca conformaron un equipo multisectorial de apoyo técnico para la recuperación y preservación del área. Así lograron que se hiciera un estudio técnico para concretar si era conveniente o no catalogar al volcán y a la laguna como área protegida, relata Villatoro.

Tener una característica muy particular, como la de una laguna en su cráter, les ayudó a los lugareños a que el 4 de febrero de 1988, el Congreso de la República lo declarara Area Protegida, bajo la categoría de Usos Múltiples. A partir de ese día forma parte del Sistema Guatemalteco de Areas Protegidas (SIGAP), bajo la responsabilidad del Consejo Nacional de Areas Protegidas, (Conap).

Los objetivos de la preservación del área son los siguientes:
- Proteger la cuenca de la laguna del volcán.
- Conservar los recursos naturales, su fauna y flora, para fines educativos y recreativos.
- Promover la restauración de la cobertura boscosa mediante proyectos productivos.
- Brindar opciones para el desarrollo de bajo impacto.
- Ofrecer oportunidad para desarrollar actividades con fines educativos y recreativos.

Para concretar los objetivos, el Conap confió la administración y manejo, mediante suscripción de un convenio a la Asociación para el Desarrollo Integral y Sostenible de Oriente (Adiso), que desde finales de 1999 se hizo cargo.

Para ejecutar el plan operativo se contrató a 10 guardarrecursos y un administrador. A ellos les corresponde realizar el control, la vigilancia, divulgar las leyes y motivar a los lugareños. Por el momento ya se conformó un comité de turismo y un grupo de jóvenes que trabajan en el área. Hoy día, el volcán cuenta con dos letrinas y basureros para cada tipo de desechos.

Por otra parte, se persigue implementar un programa de agroforestería, que consiste e la siembra de cultivos como el café y las frutas bajo la sombra de árboles, y que permite beneficiar tanto la economía de la población, como la extensión de la cubierta boscosa. Aunque es un proceso largo su futuro no está en peligro, pues su único modo de producción se conserva en buen estado.

En el Conap están convencidos de que las áreas naturales de importancia en nuestro país no se pueden proteger, si no se crean opciones para lograr con ellas un desarrollo sustentable.

Una laguna Agonizante

Está ubicada en el cráter del volcán, tiene 600 metros de diámetro y 15 de profundidad. Posee como única fuente de abastecimiento el agua de lluvia captada en la microcuenca y en la superficie. La precipitación anua es de 1,100 y 1,300 milímetros.

Desde 1950, por la falta de agua potable en el municipio de Agua Blanca, se empezaron a irrigar del líquido proveniente de la Laguna del volcán. En 1981 la aldea El Amatillo también tomó su ejemplo, igual que las comunidades del Chaparroncito, La Parada y Monte Rico.

Esta fuente de agua constituye un ecosistema natural que en los últimos años ha sufrido un notable deterioro debido a la deforestación, cambio en el uso del suelo y utilización del agua para uso domiciliar, dice el técnico del Conap.

A ello se debe que pierda un metro de profundidad por año, lo que significan 347 mil litros por día. Por el momento, la municipalidad de Ipala inició el proceso para dotar de agua de pozo a estas comunidades, quedando pendientes dos de ellas.