SECOND PLACE

Tortugas marinas, una carrera por la vida

Jacqueline Emperatriz Torres Urizar   Siglo Veintiuno   May 2000


A pesar de que estos reptiles han llegado a ser un museo viviente prehistórico, por las características de aquella época que aún conservan, haber sobrevivido al cataclismo que acabó con la vida hace millones de años no garantiza su existencia, puesto que hoy están condicionadas al uso que el hombre le dé a su hábitat.

Con la ayuda de la luz del sol que se divisa en el horizonte durante el amanecer o el atardecer, o el efecto fluorescente que logran las olas del mar, la vida pone a prueba la habilidad y capacidad de sobrevivencia de las tortugas recién nacidas, que buscan con desesperación el agua marina.

Al reptil más viejos del mundo se le asocia en la cultura popular con la tenacidad y la longevidad, debido a que viven entre 80 y 100 años.
Pareciera que el tiempo no ha pasado por ellas cuando se observan los primeros especímenes que surgieron hace 100 millones de años, durante el Período Triásico. De acuerdo con el zootecnista Antonio Paz, director del parque nacional Hawaii, ubicado en Chiquimulilla Santa Rosa, se debe a que son animales que han soportado muchos cambios climáticos y se han adaptado con facilidad a las condiciones que el mar les ha proporcionado.

Viajan desde Terranova, por toda la costa del Pacífico hacia Costa Rica, lugar en el que se concentra el mayor número de especímenes posiblemente por las condiciones de su hábitat. También llegan a América del Sur y a sitios con clima tropical, dice el biólogo Gustavo Martínez, director del departamento de educación de la Asociación de rescate y conservación de vida silvestre (Arcas).

Se dice que de mil tortugas recién nacidas una logra llegar a la edad adulta, puesto que la carrera por la vida inicia desde el momento en que salen a la playa, en donde las esperan sus depredadores: zopilotes, perros, pájaros y cangrejos; y en el mar son devoradas por peces.

Pero estos animales no resultan ser tan peligrosos como la presencia del hombre. Al respecto, Martínez asegura que contribuyen con su desaparición la construcción de casas a la orilla del mar, el uso de las redes en los barcos camaroneros (aunque ésta se reemplazó por una red exclusora hace dos años) así como la comercialización de sus huevos.

Fertilidad Innata

Cada hembra deposita entre 50 y 200 huevos en un nido que elabora con sus patas traseras y que tiene forma de cántaro o pera, luego lo tapa y regresa al mar. Las hembras reconocen la playa donde nacieron y vuelven a ella para depositar los huevos de sus descendientes. Esta podría ser una de las razones por las que no desaparecieron, puesto que tienen una gran capacidad de fertilización, comenta Paz.

Se cree que por lo menos existen 250 especies extendidas por todo el planeta, y son total o parcialmente acuáticas. Se desarrollan en mayor número en el continente africano y, en particular, en la isla de Madagascar, según datos contenidos en la Enciclopedia Hispánica.

Las costas del pacífico guatemalteco son visitadas por cinco especies, entre las que destacan la Baule y la Parlama.

Al rescate

Las tortugas también ocupan un lugar en el tema de conservación pues cumplen una función dentro de la cadena alimenticia de los animales y hoy día se encuentran en peligro de desaparecer .

Para ayudarle a la naturaleza, se creó en 1995 el tortugario Hawaii, que se ubica en las playas de la aldea del mismo nombre, en jurisdicción de Monterrico. Allí también se dedican a la crianza de lagartos e iguanas, y a la investigación para la conservación del mangle.

Su trabajo inicia con el patrullaje nocturno de la playa, desde el parque hasta la bocabarra o Monterrico, y que les permite, entre los meses de junio y diciembre, localizar a las tortugas cuando desovan.

Las costas del Pacífico guatemalteco son visitadas por cinco especies, entre las que destacan la Baule y la Parlama.

Bajo la administración de Arcas y el apoyo monetario o logístico de entidades como la Embajada de Japón, Club Rotario, Fonacon, Zoo Columbus y la familia Sharp entre otros, se recolectan huevos, se cultivan y llevan a las tortuguitas hasta el mar.

Nacen por la noche; en días nublados, salen del huevo y 48 horas después, suben a la superficie. Para asegurar su sobrevivencia, la yema queda pegada en su cuerpo para que les sirva de alimento mientras logran conseguirlo por sus propios medios. Su época de fertilidad inicia con su madurez, a los 10 ó 15 años.

El biólogo comenta que el año pasado recaudaron cinco mil huevos, de los que obtuvieron un buen porcentaje de eclosión. La recolección la logran por medio del monitoreo de las tortugas mientras desovan o las donaciones de las personas que los comercializan, que por ley deben entregar una docena de huevos por cada nido depredado.

Después de recolectarlos, se procede a su siembra o cultivo, el zootecnista relata el procedimiento: se hace un nido como el de la tortuga y se colocan alrededor de una o dos docenas de huevos dentro de él, ésto asegura una mayor cantidad de nacimientos. Se cubren de arena y se restringe el área con un cincho de cedazo alrededor para que no se dispersen cuando nazcan. Se les coloca una estaca que los identifica. También se asigna un número con la cantidad de huevos, así como la fecha de su siembra y la probable de su nacimiento.

Se evalúan día con día para controlar las temperaturas, puesto que eso determina el sexo. Si se logra un ambiente arriba de los 29 grados nacen hembras, de lo contrario serán machos. Al nacer, si son Parlamas se llevan a un estanque hasta su liberación, las Baules se sueltan de inmediato pues son especímenes muy delicados. Se sueltan por la mañana o la tarde, pues el brillo las atrae hacia el agua, de ahí en adelante cada una debe luchar por su vida, relata.

En su afán por el rescate, han involucrado a toda la comunidad y voluntarios extranjeros y nacionales, para que tomen conciencia de la importancia de estos animales y por lo tanto hagan un buen uso de los recursos del lugar. Se imparten charlas acerca del tema y se trabaja en el proceso de siembra, eclosión y liberación de tortugas. Los resultados no serán inmediatos, sino a largo plazo, pero sabemos que estamos haciendo lo correcto para que estos reptiles no desaparezcan, concluye Martínez.

--- Recuadro ---

Costas del Pacífico guatemalteco
Baule (Dermochelys coriacea): caparazón agudo en la parte posterior y superficie lisa y flexible, como cuero o cartílago. Color gris oscuro o negro, con manchas blancas o pálidas. Mandíbula con hendiduras profundas. Pesa hasta 1500 libras y la caparazón mide hasta 180 centímetros.

Sus huevos son más grandes y desova en menor cantidad. El período de eclosión es de 60 a 70 días. Esta considerada una especie vulnerable. Visita las costas desde octubre hasta diciembre. Se alimentan de moluscos, algas y medusas.

Parlama (Lepidochelys olivacea): caparazón casi circular, cuatro escudos en el puente, con poros. Coloración gris carbón en los juveniles y verde grisáceo en los adultos. Pesa hasta 100 libras y el largo de su caparazón es de 70 centímetros.

Pone de cinco a tres docenas de huevos en cada nido y su eclosión es entre los 48 y 50 días. Sí puede mantenerse en estanques, mientras son liberadas. Aparece entre la época lluviosa en los meses de junio y julio. Se alimentan de moluscos y algas.