Al rescate de las tortugas
Michelle Garzaro Siglo Veintiuno July 2000
Según expertos, la demanda de huevos y el ataque de los depredadores naturales, se combinan para que el porcentaje de reproducción de las especies esté por debajo del dos por ciento.
Con la llegada del invierno, algunos habitantes de la Costa Sur aseguran desde hoy buenos ingresos económicos, pues en esta época las tortugas marinas arriban a las playas del área para desovar, y entre las visitantes destaca La Parlama.
De julio a noviembre, estos ejemplares, de los pocos descendientes de
los dinosaurios que aún sobreviven, emergen de las profundidades del
mar para depositar huevos en la arena, los cuales son altamente cotizados por atribuírseles propiedades alimenticias superiores
a los de las gallinas.
Moisés Paredes, encargado de tortugarios de la Base Naval del
Pacífico, indicó que debido a esta demanda y al ataque de los depredadores naturales, el porcentaje de reproducción de la especie es inferior al dos por ciento.
Por ello, expresó que ayer se inició la temporada de la Tortuga Marina,
que consiste en la ejecución de un plan de manejo racional de los huevos de parlama, el cual permita tanto la supervivencia del animal, como de quienes los comercializan, más conocidos como parlameros.
A decir de Paredes, los cazadores tienen luz verde para apropiarse de los huevos, siempre que entreguen a ese comando militar el 20 por ciento de lo encontrado, el que será depositado en diversos tortugarios a fin de liberar las crías cuando nazcan.
Esta tortuga no se reproduce con facilidad, pues algunas alcanzan la
madurez sexual hasta los 8 ó 10 años. Sin embargo, existen individuos
inescrupulosos que las matan para vender los huevos y además tener
carnada para la pesca de tiburón, destacó.
Regina Sánchez, responsable de Recursos Hidrobiológicos del Consejo
Nacional de Areas Protegidas (Conap), aseveró que el año pasado se
logró la liberación de más de 48 mil tortugas, de las cuales el
72 por ciento era Parlamas y el resto Baule.
Una en un centenary
Germann Dieseldorff, técnico en acuicultura de la Universidad
de San Carlos de Guatemala, resaltó que además de la mano destructora del hombre, la parlama enfrenta varios depredadores como hormigas, cangrejos y tiburones, por lo que solamente uno de cada cien huevos llega a la edad adulta.
La falta de precaución de algunos lancheros que navegan en la
Laguna del Nance, en el Parque Nacional Sipacate-Naranjo, Escuintla, también incide en la muerte de ciertos ejemplares.
El lugar es uno de los pocos en el mundo en los cuales se observa
permanencia de distintas especies durante todo el año. No obstante,
las aspas de los motores de las naves son las causantes de fracturas en la caparazón del 85 por ciento de las tortugas que habitan en esas aguas.
A decir de Dieseldorff, la semana pasada se encontró el cuerpo de
Un macho destrozado por el paso de un automotor. Señaló además que en algunas ocasiones el consumo desmedido de huevos de parlama puede ocasionar más daño que beneficio, aparte de que sus propiedades afrodisíacas son un falso mito. En ese sentido, subrayó que este alimento posee altos índices de colesterol que inclusive puede causar la muerte.
Por ello, en varios lugares del Caribe han prohibido su consumo.
Preparan normative
Con la finalidad de proteger el desarrollo de las tortugas marinas, el
24 de febrero de este año se conformó el Grupo Asesor Nacional para la
conservación de la especie, el cual está integrado por 15 instituciones
públicas y privadas.
Las entidades trabajan en una propuesta de reglamento interno para
regular la rehabilitación, el mejoramiento y la protección de las
tortugas marinas del país.
Mientras tanto, la única normativa existente es el Acuerdo Gubernativo
emitido el 17 de febrero de 1981, que estipula la prohibición por
tiempo indefinido de la captura, circulación y comercialización de todas las especies y sus productos. Pero ello no constituye derecho positivo, ya que los huevos son utilizados por las comunidades con fines de subsistencia.
Algunas Tortugas Marinas
El estado de conservación de todas estas especies aparece en el
Apéndice I del convenio Cites, que regula el comercio internacional
de la flora y fauna silvestre; es decir, que están en grave peligro de
extinción.
Por aparte, el Conap las ubica en la categoría tres de la Lista Roja,
por lo que requieren un manejo especial y controlado.
Parlama:
(Lepidochelys olivacea). Una de las especies más pequeñas,
llega a medir entre 55 y 75 centímetros y su caparazón es verde
olivo.
Para la mayoría de especies la incubación dura entre 45 y 70 días.
Después de nacer, los neonatos tardan entre 3 y 7 días para emerger del nido. Falsamente, a sus huevos se le atribuyen propiedades afrodisíacas.
Baule o laúd:
(Dermochelys coriacea). Longitud de 120 a 190
centímetros, considerada la más grande de su especie. Realiza las migraciones más largas, pues viaja más de 4,800 kilómetros. Anida de diciembre a marzo y pone entre 150 y 200 huevos.
Tortuga verde.
(Chelonia mydas). Llega a alcanzar tallas de entre 78
y 112 centímetros. Viaja más de dos mil kilómetros por el Océano
Atlántico y puede permanecer bajo el agua hasta por cinco horas.
Caguama o tortuga
boba: (Caretta caretta): Mide de 82 a 105 centímetros.
La única vez que sale al mar es cuando hace sus nidos, en los cuales
deposita de 100 a 105 huevos. Habita en aguas costeras tropicales y
subtropicales del Atlántico.
Tortuga carey:
(Eretmochelys imbricata). Mide de 53 a 114
centímetros. Anida cada dos o tres años, desovando cerca de 160 huevos en varias ocasiones durante la temporada. Habita en los arrecifes de coral y en formaciones rocosas en aguas costeras poco profundas.
Viñeta Tortugarios en el Pacífico
1. Monterrico
2. Candelarias
3. Puerto Quetzal
4. Tilapa
5. Ocós
6. El Garitón
7. Sipacate
8. Las Lisas
9. El Ahumado
10. El Chapetón
11. El Chico
12. Paredón
13. Conacaste

