El pícaro morador del Tienes: La Londra

Jamil Chavez   La Razon - La Paz   October 2004


Perseguido por comerciantes de pieles, el mamífero se recupera en los cauces de los ríos del Beni. Su supervivencia aún es una incógnita.

Una londra se dispone a saltar al agua con un pacú en la boca. Entre las ramas, los carismáticos animales espían al fotógrafo.

Dos horas ha navegado la embarcación sobre el río San Martín. El motor empezó a dibujar estrellas sobre el agua en Bella Vista -provincia Iténez del Beni- y está a punto de diseñar sus últimas curvas en las cachuelas, cerca de la comunidad California, de la que sólo quedan casas abandonadas. Sus más de 40 familias se han marchado, cansadas por la falta de caminos, asistencia y comunicación.

Alguien cuenta esta historia al compás del motor del deslizador (lancha más alargada), mientras la naturaleza se muestra plena ante los ojos. Así es, hasta que el sonido familiar de la risa de los niños interrumpe la conversación. ¡Pero, un momento, no son niños! Los ojos vivaces y los raudos movimientos descubren en la orilla a un grupo de londras avivando la disputa de dos de ellas por un pacú. Se han percatado de la presencia humana y se esconden entre las ramas, desde donde espían pícaras. La única que no se inmuta es la vencedora que, pescado en boca, se lanza al agua para cruzar por delante de la lancha.

Cerca de allí está su cueva, un habitáculo con una abertura de unos 80 centímetros que hace de puerta, construido sobre un barranco. Es una suerte de conventillo del mundo animal, porque allí viven familias íntegras de londras. He ahí quizá dos de las razones por las que son fácil presa de los cazadores: su vivienda característica es fácil de identificar y el cazador sólo tiene que incursionar una vez para atrapar a varias.

Un lagarto retoza en una playa en la que las tortugas se reproducen. Paul Fondona, investigador dedicado al estudio de la londra en el Beni.

Su parecido a la nutria, su conducta peculiar, su carisma y sus hábitos diurnos lo hacen uno de los seres más llamativos de la zona tropical. Es jovial y divertida, va de un lado a otro en busca de comida y vive en las cuevas subterráneas de los cauces fluviales. Así es la londra, un mamífero de agua amenazado por la mano el hombre, pero que se resiste a desaparecer de las entrañas del río Iténez, en pleno corazón del Beni.

Según estudios de la organización no gubernamental

Hombre Naturaleza, la población actual en esta cuenca puede que alcance a los 500 individuos. Dato sin lugar a dudas favorable y mucho más si se tiene en cuenta que la caza indiscriminada de los años 50 y 60 había reducido su población a la mínima expresión, tanto que se pensó que el animal había desaparecido del territorio nacional.

Hoy, aunque sigue siendo una de las especies en peligro de extinción en América del Sur, ha encontrado un lugar en los ríos bolivianos, básicamente dentro de los márgenes de la Reserva Natural de Inmovilización Iténez, situada al noroeste del departa- mento del
Beni y próxima a la frontera con Brasil. Ésta, con una superficie de 1,5 millones de hectáreas y una muestra por de más representativa de los principales ecosistemas del país, se antoja fundamental para las familias de londras.

Las garzas, tan comunes en la región. Tienen el alimento a mano. La Caravana Ecoturística llegó a los parajes donde habita la londra.

Hábitat y modo de vida

El entorno del que se apropió la Pteronura brasiliensis (nombre científico) es perfecto para su especie. La zona, cubierta por bosques lluviosos tropicales, pampas y pastizales, es una de las más ricas y mejor conservadas del país, y esto hace que la londra tenga como vecinas a otras especies muy importantes. A saber: la anaconda, el jaguar, el ocelote, el puma, el oso hormiguero, el armadillo gigante, el delfín de agua dulce y aves como la arpía.

En tan singular espacio, las londras se mueven siempre muy unidas, en camarillas que van desde los dos hasta los 10 ejemplares. Habitualmente, un grupo familiar consiste en una pareja y sus crías por dos años consecutivos. Son territoriales, es decir, viven años
en un mismo sitio. Mientras, los individuos solitarios son los que buscan a su par para procrear. Cuando lo consiguen y pueden asentarse, acostumbran a construir
campamentos y letrinas, utilizados para el descanso y el juego, y se ocultan en cuevas donde duermen y crían amorosamente a sus hijos.

Para comer, recurren a bancos de peces de mediano tamaño, que miden entre 10 y 40 centímetros. Los adultos consumen casi tres kilogramos de pescado al día, aproximadamente el diez por ciento de su peso corporal.

En Iténez el principal medio de transporte el acuático.Las mariposas pintan una playa de arena a orillas del San Martín.

La amenaza del hombre

Con todo, en comparación con el siglo pasado, tampoco se puede decir que la londra esté viviendo sus mejores días. Hubo un tiempo en que se encontraba ampliamente distribuida al este de la Cordillera de los Andes, desde Venezuela hasta el norte de Argentina. Se cree que en ese tiempo su presencia fue importante en Bolivia, con grandes poblaciones en las cuencas de los ríos Beni, Madre de Dios, Mamoré, Iténez-Guaporé y en el Pantanal.

En los años 40 y 50 su caza se extendió porque su piel empezó a cotizarse bien. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), entre 1950 y 1965 fueron exportadas al menos 469 pieles cada año desde
la Amazonia brasileña; y entre 1946 y 1972 se exportaron 930 desde Perú. De Bolivia no hay cifras, pero se estiman cotas similares a las de Brasil. En Europa, un cuero se vendía fácilmente en 90 dólares.

Así es cómo la londra se convirtió en una de las especies más cazadas y cotizadas en la región. Para hacerse una idea, basta decir que sus pieles acapararon más del 10 por ciento de la comercialización en la Amazonia, lo que casi acabó por extinguir al mamífero.

Por eso, su distribución actual está limitada a áreas remotas o protegidas. Todavía se encuentran poblaciones en buen estado en Surinam y Guyana (Caribe), reducidas en el Perú y poco estudiadas en Colombia, Ecuador y Bolivia, donde se pensó que estaba
completamente extinta.

Así era hasta que en los últimos años se avistó poblaciones en zonas dispersas al este del país y otros espacios reducidos de la Amazonia. Su hábitat preferido son los canales de los ríos, las bahías laterales, los arroyos y las lagunas.

El director de la Reserva Iténez habla del apoyo de los vecinos de la zona. El pato Pum-pum, especie de la que quedan pocos ejemplares.

Mucho por hacer

Así, inmersos todavía en un dificultoso panorama, los conservacionistas consideran que aún queda mucho por hacer, pues existen indicios de que la londra continúa siendo cazada debido a su competencia con el hombre por la pesca. "No es sólo eso -añade Paul Fondona, especialista francés de la ONG Hombre y Naturaleza-, hay que trabajar de igual manera con la vegetación de los propios ríos. El pacú, por ejemplo, come frutos de los árboles. Si le cortan el bosque desaparece. Y especies acuáticas como la londra se alimentan con ellos".

Es toda una cadena que los conservacionistas se empeñan en preservar. "Nuestra prioridad está en la concienciación. Aún hay gente aislada que mata a la londra por diversión; otros consiguen vender la piel ilegalmente, llegando a ganar hasta 50 dólares; y hay
quienes pasean a los animalitos a modo de mascota. Para ayudarnos, incentivamos el turismo científico", dice Fondona.

Planificando, la fauna viva también puede llegar a ser rentable. Y algo parece que se está logrando. De a poco, las 3.100 personas de las comunidades del área protegida van siendo más conscientes de lo que tienen.

Agrupadas en pequeñas poblaciones como Versalles, Mateguá, El Pico, Cafetal y Bella Vista, y en asentamientos indígenas como los de Itonamas y Baures, han sustituido la caza de las pieles por otra serie de actividades. Actualmente, la región está impulsada por
la recolección de castaña, el chocolate y el cacao. El tráfico de mercancías discurre fundamentalmente por los ríos y en época de lluvias. "Del río Blanco se
navega hasta el Iténez, de éste al Mamoré y se llega después a Guayaramerín -explica Viador Ayala, vecino de Bella Vista-. La travesía demora dos días con sus
noches".

Pese a este flujo constante de mercadería y de dinero, el contrapunto está en el día a día de la gente: las rentas son muy bajas y se palpan las carencias educativas, sanitarias y de servicios en cada pueblito. No todo es malo, sin embargo. "Gracias a varios programas implementados en el área se han logrado entregar 800 carnets de identidad y 1.000 certificados de nacimiento a personas sin recursos, botiquines básicos a las comunidades, medicamentos subvencionados y equipos de radio", dice Vladimir
García, director del área.

Las bandadas de parabas son lo más común en esta zona. La loma sagrada. Los campesinos le temen por sus serpientes.

Seguir sobreviviendo

Está claro, la reserva del Iténez es un todo y, sufriendo al igual que las comunidades, la londra sigue sobreviviendo como puede. Algo es algo y más bien los resultados parecen esperanzadores. Hombre y Naturaleza habla de la existencia de hasta 500 individuos en la zona, cantidad considerable si se toma en cuenta que se calculan 3.000 en América
Latina.

Pero, ¿por qué escogieron el río Iténez? Según los expertos, debido a la disponibilidad del alimento y a la presencia de aguas negras, que en las cuencas fluviales bolivianas se caracterizan por su alta transparencia, la abundancia de ciertas plantas sumergidas y orillas abruptas.

Es en este ambiente en el que la londra construye sus madrigueras y donde parece que se encuentra más estable. Se cree que existen poblaciones en los ríos Heath, Emero, Tequeje y Madidi de La Paz y Pando, principalmente en llanuras aluviales y lagunas, pero por el momento no se han realizado estudios y se carece de informaciones fidedignas.

Bato, buscado por el cuero de su cuello, utilizado en tambores.

Mientras, como aspecto positivo se debe resaltar que los hábitat ocupados por el mamífero no tienen índices muy altos de presencia humana, lo que hace que sea menos vulnerable ante la caza, excepto en los ríos de aguas blancas, que son rutas esenciales de navegación.

Esto, unido a la vigilancia de los 10 guardaparques de la reserva, hacen de la protección un hecho. Pero no conviene confiarse, pues las mismas características de la londra -su tamaño y sus hábitos diurnos y gregarios- convierten a la Pteronura brasiliensis en un blanco fácil. Y encima, su madurez sexual es retrasada, lo que limita el crecimiento de la población. Si a esto se le añade la acumulación de mercurio en los peces de algunas de las aguas de las cuencas fluviales en el Beni, producto de las explotaciones auríferas cercanas al curso de los ríos, el futuro de las poblaciones de la londra en Bolivia es por lo menos una incógnita.

Lo único que queda, entonces, es trabajar: cuidar su hábitat, conocer sus costumbres, localizar sus poblaciones, pero, sobre todo, educar a las comunidades de la zona en pos del medio ambiente.

Fauna de Leyenda

La Reserva Natural de Inmovilización Iténez es resguardada por 10 guardaparques (dos de ellos en la foto), que dan fe de lo que cuentan los vecinos de Bella Vista. Según sus leyendas, hay un lugar, un lago llamado La Gloria, donde habita una criatura que lo revuelve todo sólo con su presencia. "Es un dinosaurio -asegura convencido Viador Ayala, vecino-. De lejos se ve su piel que brilla". Por eso nadie se atreve a surcar las aguas. Se dice que eso molesta al animal. "Es grandísimo y cuando escucha bulla se agita mucho. Yo lo he visto, pero de lejos. Nadie se ha animado a acercarse", añade.