En busca de la fauna perdida

Raúl Peñaranda   Semanario La Época (La Razón) - La Paz   April 2005


Puma, titi, chinchilla, guanaco, ave canastera, pájaro carpintero, boga, ñandú del altiplano, venado andino, quirquincho... era común avistar todas estas especies en el altiplano o en los alrededores del lago Titicaca cuando los tiwanakotas dominaban esta región. Hoy, o están extintas en el país o han visto reducida su población dramáticamente y están en peligro.

Colque Hisccu y Choque Hisccu descansan en medio de un bosque de keñuas en las cercanías del Choqueyapu. Están esperando el alba para bajar de la colina en la que han pasado la noche y acercarse, con sus warakas, al rebaño de guanacos que pasta en esa zona. El sacerdote-jefe les ha pedido que cacen cinco ejemplares para usar su piel en una próxima celebración al Dios Sol. En los días anteriores ya habían atrapado y desollado diez chinchillas, dos pumas y dos titis (gato montés andino), completando así la orden recibida una semana antes en el templo mayor. Para Colque Hisccu y Choque Hisccu fueron días importantes porque por fin han sido nombrados "cazadores oficiales" del imperio.

El párrafo precedente es ficticio, evidentemente, pero nos ayuda a imaginar cómo era el paisaje del altiplano boliviano-peruano y los alrededores del lago Titicaca en el año 1000 de nuestra era (en el apogeo del imperio tiwanakota) y cómo ha sido afectada en estas centurias la fauna de la zona.

Colque Hisccu y Choque Hisccu se levantan para bajar sigilosamente por la colina. Sus ojos ven extensos bosques de keñuas (Polylepis) que se diseminan por todas las regiones aledañas.

Colque Hisccu y Choque Hisccu no saben todavía que cinco siglos más tarde llegarán miles de españoles a estos parajes y que una de las consecuencias más trágicas será la destrucción casi total de estas arboledas, para ser usadas fundamentalmente como leña.

Los andinos de hace un milenio conocían bien al guanaco -cuya voz aimara da lugar a la palabra Tiwanaku (tiay-huanacu, "descansa, guanaco")-. Hoy, esa especie está extinta en el país. Dick Ibarra Grasso, el famoso arqueólogo argentino que escribió una decena de libros sobre el imperio de Tiwanaku, señala en su texto "La prehistoria de Bolivia" que por entonces la población de camélidos (llamas, alpacas, vicuñas y guanacos) se estimaba "en varios millones de ejemplares".

Debido a numerosas razones, pero especialmente a la caza para obtener su carne y su piel, el guanaco (Lama guanicoe casilensis) se ha extinguido y el número de alpacas y vicuñas se ha reducido enormemente (las llamas no están amenazadas). De todas maneras, un importante plan de manejo de la vicuña ha logrado recuperar su cantidad de 1.100 estimadas en 1965 a 56.000 hoy.

El rugido de los Andes

Y si es imposible observar guanacos, también es mucho más difícil cazar ahora un titi (Oreailurus felis jacobita) o un puma (Felis concolor osgoodi) que cuando nuestros imaginarios Colque Hisccu y Choque Hisccu caminaban por la extensa altiplanicie del centro del continente sudamericano.

Julieta Vargas, encargada de mastozoología (estudio de los mamíferos) del Museo Nacional de Historia Natural, explicó que actualmente sería casi imposible encontrar en un par de días -como lo hicieron nuestros amigos Colque Hisccu y Choque Hisccu- a dos pumas y dos titis merodeando en algún paraje del altiplano. "La masiva presencia del hombre y la contaminación minera e industrial han destruido el medio ambiente y reducido notablemente la presencia de estos dos felinos", contó.

Vargas explicó que la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN) levanta un inventario completo del estado de conservación de las especies de animales y plantas a nivel mundial. Utiliza un conjunto de criterios para evaluar el riesgo de extinción de miles de especies y subespecies, en todas las regiones del planeta. El listado de la UICN establece para el puma y titi la categoría "en peligro".
Según Vargas, la caza de estos animales por parte de indígenas del altiplano los ha puesto al borde de la desaparición. "Los campesinos los cazan porque creen que atacarán a sus ovejas y gallinas y también con fines culturales", dijo. La bióloga explicó que la piel de los titis es muy apreciada para ser usada como adorno durante algunas celebraciones. "Matan al animal, le quitan la piel, la adornan con pitas de colores y se la cuelgan en el hombro durante ciertas fiestas", dijo. A este ritmo, dentro de poco, el gran puma andino y el gran gato titi desaparecerán del territorio boliviano como ya lo hicieron la chinchilla y el guanaco. Y nadie parece preocuparse mucho por ello. Un tercer felino, el llamado gato de las pampas (Felis pajeros garlepis), está en la misma situación que el titi y el puma, debido sobre todo a la caza deportiva y a la colonización agrícola que han invadido sus territorios.

Estos no son los únicos mamíferos que están en riesgo. La lista UICN establece que en esa zona el quirquincho (Caetophractus nationi) está "en estado crítico" y el venado andino o taruka (Hippocamelus antisensis) está "en peligro". La más simbólica de esas pérdidas probablemente sea el quirquincho, un armadillo que durante cientos de años fue capturado para construir charangos con su caparazón. Hoy esa práctica está prohibida, pero el daño a este bello animalito ya es casi irreversible. Su número total en el país se estima en algunos cientos de ejemplares, cuando hace mil años, en el auge de Tiwanaku, era de por lo menos 100 veces más. Hay estimaciones de que pronto este peculiar armadillo andino se extinguirá en Bolivia.

Pero si la amenaza al quirquincho es dramática, también la es la casi desaparición del venado andino, un bello animal, único en su género. Este venado (Hippocamelus antisensis) ha sido afectado sobre todo por la caza de subsistencia y a que su hábitat ha sido invadido por colonizadores y afectado por la contaminación minera, según el estudio "Fauna amenazada de Bolivia", editado por el Ministerio de Desarrollo Sostenible.

A la hora de comer

Mientras Colque Hisccu y Choque Hisccu están de cacería, sus hermanas Naira y Wara ayudan como de costumbre en las tareas de la cocina. Ambas son expertas en escamar bogas, mauris y humantos traídos desde el lago Titicaca. Una vez retirada la escama de los pescados, los colocan suavemente en una olla de barro y esperan a que estén listos para la hora de comer.

El paso de los años y la acción del hombre han afectado también notoriamente la población de peces del lago Titicaca. En el caso de las bogas (Orestias plentandii), por ejemplo, están prácticamente extintas según la lista UICN, puesto que se han encontrado solamente algunos ejemplares en la parte sur del lago Titicaca. Peor suerte ha corrido el humanto (Orestias cuvieri), que fue erradicado cuando en los años 40 fue introducida artificialmente la trucha arco iris en el lago Titicaca que, al ser más grande y más agresiva que la primera, la usó como su alimento. La trucha ha sido un importante sustento económico para los pescadores de la zona pero ha exterminado a otros peces.

El mismo caso es el del ispi (Orestias ispi), un pez también afectado por la presencia de la trucha y por su pesca masiva, y actualmente catalogado como "vulnerable". Otras 24 especies de peces del lago están en riesgo debido, fundamentalmente, a la presencia del hombre y la contaminación (ver recuadro).

En una situación similar se encuentra el pato zambullidor (Rollandia microptera), nos cuenta la ornitóloga Isabel Gómez, investigadora de aves del Museo Nacional de Historia Natural. Esta ave palmípeda, que no existe en ninguna otra parte del mundo excepto en el lago Titicaca, acostumbra a zambullirse en sus aguas buscando a sus presas y no ha logrado eludir a sus enemigas principales: las redes de los pescadores, en las que esta ave se enreda y muere. El zambullidor está en la categoría "vulnerable" de la UICN.

Keñuales, hogar de aves

El bosque de keñuas que albergó a Colque Hisccu y Choque Hisccu en nuestra jornada imaginaria ya no está más. Cientos de hectáreas de estos árboles se destruyeron con la llegada de los españoles, para usarlos como leña, en un proceso que siguió durante la primera etapa de la república. Junto con la keñua redujeron ostensiblemente su presencia los arbustos thola y yareta, también usados como fuente de energía calórica. Hoy los keñuales están circunscritos a áreas muy específicas del altiplano y andes bolivianos, en pequeñas manchas de no más de tres hectáreas, según el libro "Fauna amenazada de Bolivia".

"Cuando los tiwanakotas dominaban hace mil años esta parte del continente el paisaje era sin duda muy diferente. Los bosques de keñuas se apreciaban nítidamente en el horizonte y eso hacía que hubiera más humedad y mayor temperatura en la región", dijo el arqueólogo Javier Escalante, director del Instituto Nacional de Arqueología. Los keñuales, además, evitaban que el viento fuera tan intenso, producían microclimas reduciendo la erosión de la tierra y permitiendo la presencia de pastos más altos y diversos, que a su vez alentaban la presencia de plantas, insectos, aves, roedores y otros mamíferos pequeños.

Al desaparecer los keñuales se le restó a innumerables especies de aves la posibilidad de sustento, explica la ornitóloga Isabel Gómez. Es el caso de la remolinera real (Cinclodes aricomae), un pajarito que anida en la keñua y se alimenta de insectos que están bajo su quebradiza corteza. "Eso ha provocado que la remolinera esté francamente amenazada, se tiene registro de que en toda la zona andina boliviano-peruana hay menos de 100 ejemplares", dijo la ornitóloga del Museo Nacional de Historia Natural. Su estado de conservación es "crítico".

Muchas otras especies dependen de los hoy reducidos keñuales. Entre ellas se debe destacar al pájaro carpintero andino (Oreomanes fraseri), un verdadero especialista en bosques de keñua, y al canastero de la keñua (Asthenis urubambensis). Otro insectívoro que depende de la keñua es el Anairetes alpinus, especie de la cual no hay más de 900 ejemplares, dijo Gómez. Y quizás la más bella de las aves, una especie de picaflor altoandino, (Oreotrochilus adela) podría verse en graves problemas en el futuro debido a la reducción de las plantas de las que se alimenta. Actualmente está catalogada como "casi amenazada".

En total, 20 especies de aves andinas y que eran muy comunes hace mil años durante el reinado de Tiwanaku están hoy amenazadas (ver recuadro). Algunas de ellas, como el Coludo de Inquisivi (Craniloeuca henricae) y el Canastero de Sorata (Asthenes berlepschi) sólo viven en Bolivia. Si se van, se irán para siempre.

Kuntur

Sañu Camana está acuclillado cerca de la wayrachina, el horno de fundición en las cercanías de Kalasasaya. Después de moldear tinajas y cántaros, deberá pintarlos, dibujando figuras de animales de la zona. Sañu Camana está acostumbrado a dibujar águilas, cóndores, halcones y búhos, animales que se avistan normalmente desde su ciudad. El equilibrio ecológico permite una población importante de esas especies.

"Está claro que los tiwanakotas convivían con grandes aves, que retrataban en sus qerus (vasijas) y usaban seguramente con fines ceremoniales", dijo Alvaro Fernholz, que trabaja en el Museo de Arqueología de La Paz. El arqueólogo explicó que en toda la cerámica tiwanakota están presentes dichas aves que sin duda tenían una importancia simbólica muy grande para ese pueblo.
Según Fernholz, en la cerámica de esta cultura también aparecen dibujos de serpientes, especialmente coral, propia de Yungas y tierras bajas, y cangrejos marinos. Eso demuestra que Tiwanaku -asentado en los andes boliviano-peruanos- tuvo contacto con otras culturas en una amplia zona, extendiéndose hasta el Alto Beni por el norte, hasta Oruro y Potosí por el sur, hacia Cochabamba por el sureste, hacia Cusco por el noroeste y hasta la costa del actual norte chileno y sur peruano por el oeste.

La destrucción del bosque nativo y sus consecuencias, como la reducción de los pastizales, la disminución de insectos y aves y la merma de roedores y mamíferos pequeños, también dejó sin sustento a esas aves mayores. Uno de los afectados es el pejpere (Speotyto cunicularia), un tipo de búho amenazado y presente solamente en la región sur del altiplano boliviano. Omar Rocha y Carmen Quiroga colocan al pejpere bajo el estatus de "raro" o "muy difícil de ver", en su libro "Aves de la reserva nacional de fauna andina Eduardo Avaroa" el único lugar donde puede avistarse. A su vez, el águila y el halcón están amenazados.

Pero el animal que más le gusta retratar a Sañu Camana es el kuntur -cóndor- el rey de las aves, con su impresionante envergadura de 3,5 metros. Ibarra Grasso estima que el número de cóndores en el altiplano boliviano-peruano ha caído a un décimo desde el florecimiento de Tiwanaku. Hoy es difícil avistarlo y está cada vez más aislado. "El principal enemigo del cóndor es, como en otros casos de animales, el propio hombre. En Bolivia se lo caza para usar sus plumas en trajes para bailar o para aprovechar su cuero y plumas como adorno", dijo Isabel Gómez. La ornitóloga hace notar que en las entradas folclóricas como las de Oruro o del Gran Poder muchos bailarines cumplen el recorrido cubiertos por los restos de un cóndor casi entero, incluida la cabeza y el plumaje. "Eso deber prohibirse urgentemente en el país", dijo. El cóndor está catalogado por la lista de UICN como "casi amenazado".

Penacho de plumas

Colque Hisccu, Choque Hisccu, Sañu Camana y otros varios miles de personas llegan desde temprano. Hoy es el solsticio de invierno y los tiwanakotas están listos para celebrar lo que consideran un nuevo ciclo de la vida. La gente se esparce por toda la planicie y, apenas, a lo lejos, se ve la figura del sacerdote-jefe en el templo de Kalasasaya, empequeñecida frente a un ídolo de piedra que pesa varias toneladas. El sacerdote-jefe viste un traje de lana de vicuña, tiene una capa de lana de guanaco y una vasija de cobre en la que se quemará una mezcla de yerbas. El sacerdote lleva un hermoso y elevado penacho de plumas de suris (ñandúes andinos) y de parinas (flamencos) que realza su presencia.

Desde aquella opulencia de Tiwanaku, la tradición de usar esas plumas en danzas folclóricas ha llegado hasta nuestros días, lo que ha puesto a los suris (Rhea pennata) y los flamencos bajo amenaza. El primero está en la categoría "en peligro" y los segundos en "vulnerable".

Hoy, varios trajes de danzas folclóricas requieren de vistoso plumaje y afectan justamente a esas especies y mientras se las siga cazando sin control estarán en peligro. Las danzas que usan plumas de ñandú son los "suri-sicuris", "los macheteros" y los "tobas". También se caza a los flamencos y por eso la parina grande (Phoenicoparrus andinus) y la parina chica (Phoenicoparrus jamesi) están bajo la calificación de "vulnerables" en la lista de la UICN.

Naira y Wara están más cerca del sacerdote-jefe que la mayoría de los comunarios y por ello logran ver que el cinturón que utiliza es de piel de una serpiente conocida con el nombre de "acero", la única víbora del altiplano (Tachymenis peruviana), casi desaparecida hoy en día. Las dos hermanas pueden apreciar también que el traje del sacerdote-jefe se ha confeccionado utilizando piel de chinchilla, un tipo de conejo que tiene un pelo finísimo. La chinchilla no ha podido aguantar la acción del hombre: fue presa de una caza indiscriminada y terrible por el valor de su piel y perseguida hasta la extinción. El arqueólogo Alvaro Fernholz cree que un tiwanakota veía a esta especie con cierta frecuencia en los alrededores de la ciudad imperial. Colque Hisccu y Choque Hisccu sin duda la conocieron. Ojalá nosotros tuviéramos ese privilegio.

Recuadro para la nota principal

Las especies del valle de Cosco

Ampara Mamani (garra de halcón) ha terminado su larga travesía y ha llegado, finalmente, al fértil valle de Cosco. Trae el encargo del sacerdote-jefe tiwanakota de estudiar un tipo muy especial de cactus, que los lugareños llaman jhatun ali. La presencia de esos cactus, de gran tamaño, se observa nítidamente en los alrededores de Cosco (Cusco) y ha hecho famoso a ese valle en toda la región altoandina. Ampara Mamani cree que la jhatun ali (que ahora conocemos como puya raimondi) tiene facultades mágicas y por eso desea observarla con detenimiento, aunque en los alrededores de Tiwanaku él ha conocida algunas. Quien espera en el valle de Cosco a Ampara Mamani para guiarlo por la región es Runa Yachana, el miembro de la comunidad que más conoce de plantas y animales. Juntos emprenden un apacible paseo por la zona.

Joel Vizcarra, biólogo peruano del Instituto Machu Picchu, con base en Cusco, señala que, lamentablemente, la puya raimondi está entre las especies bajo amenaza de extinción en ese valle, lo que es lamentable por las características inusuales de esa planta. Este cactus realmente parece ser una palmera invertida, con una abundante base de hojas largas y curvas, de en medio de las cuales sale el tallo de la flor que alcanza una altura promedio de ocho metros. Vizcarra añadió -vía mail- cómo otro aspecto fundamental que esta especie florece cada 100 ó 120 años y que por eso muchos la califican como un "dinosaurio vegetal". Con razón Ampara Mamani creía que tenía bondades mágicas.

En el valle de Cusco también tienen dificultades las keñuas (Polylepis), que están muy reducidas a ciertas áreas, y un arbusto llamado científicamente Buddleia sp.

Vizcarra expresa también su preocupación por la situación del mono martín (Cebus apella) especie amenazada por la destrucción de su hábitat, lo mismo que el oso jucumari (Tremarctos ornatos) y el venado andino (Hippocamelus antisensis).

Miriam Carmona, que es la encargada de comunicación del Instituto Machu Picchu, explicó por escrito que las investigaciones científicas demuestran que también están amenazadas la perdiz (Nothoprocta tacsanowskii) y un muy especial tipo de loro, conocido con el nombre de "mejillas doradas" (Leptosittaca branickii). Según Carmona, las autoridades peruanas están haciendo campañas intensas para salvar a estas especies amenazadas.

Notas aclaratorias

Se estima que el idioma utilizado por los tiwanakotas es el pukina, una lengua andina que -según algunos estudios- dio origen al aimara y al quechua. Como existen escasos datos sobre esa lengua, los nombres dados a los personajes ficticios de esta nota están en aimara. Colque Hisccu significa "sandalia de plata" y Choque Hisccu, "sandalia de oro". Wara y Naira significa "estrella" y "ojo". Sañu Camana en aimara quiere decir "orfebre" y wayrachina significa "horno de fundición". Hugo Boero Rojo señala que una especie de "sacerdote-jefe" liderizaba el imperio tiwanakota.

Fuentes utilizadas: "Fauna amenazada de Bolivia", editado por el Ministerio de Desarrollo Sostenible (Eliana Flores, Carmen Miranda, edit., 2003); "Libro rojo de los vertebrados de Bolivia" (editado por CDC, 1996), "La prehistoria de Bolivia", Dick Ibarra Grasso, editorial Los Amigos del Libro, 1973; "El Lago Titicaca, síntesis del conocimiento limnológico actual", editado por la Orstom (Claude Dejoux y André Iltis, edit., 1991) y "La civilizaciones andina", de Hugo Boero Rojo (ediciones Alcegraf, 1991).

Tabla de especies andinas en riesgo

Especies amenazadas en Bolivia

Deforestación
Estado crítico
Coludo de Inquisivi
Craniloeuca henricae
Deforestación
En peligro
Canastero de Sorata
Asthenes berlepschi
Deforestación y agricultura
Casi amenaza
Pejpere*
Speotyto cunicularia
Minería, deforestación
Raro
Cóndor
Vultur gryphus
Minería, agricultura, caza
Casi amenaza
Picaflor
Oreotrochilus adela
Deforestación
Casi amenaza


Reptiles

Acero o víbora
Tachymenis peruviana
Minería, agricultura
Datos insuficientes


Fuente: "El libro rojo de los vertebrados de Bolivia" y "Fauna Amenazada de Bolivia".
Los marcados con * fueron tomados de "Aves de la reserva nacional de fauna andina Eduardo Avaroa"


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