Humedales: Ocho originan vida en Bolivia
Alex Ayala Revista Escape (La Razón) - La Paz March 2005
Representan el 20 por ciento del territorio boliviano. Están
reconocidos a nivel mundial y son imprescindibles para la
conservación de la biodiversidad y los ecosistemas.
Flamencos de cuello corvado, pico ganchudo, patas finísimas y
andares de bailarina. Reptiles tostados al sol, de férreas escamas
y movimientos vertiginosos. Rápidas vizcachas, solitarios cactus,
flores andinas, cóndores, aguas que reflejan en verdes y azules el
idilio de los paisajes del altiplano. Comunarios pescando... La
lista de escenas que se entretejen en los humedales de Bolivia es
infinita.
El trajinar comienza a ojos de los turistas con los primeros
colores desteñidos del alba y termina con los rojos intensos que
matan la tarde. Espectáculo semejante no sería posible sin la
presencia de los bofedales, ríos, lagos y lagunas.
Según datos del Ministerio de Desarrollo Sostenible, el territorio
se divide en tres grandes cuencas hidrográficas: Amazonas, Del
Plata y Endorreica. Y éstas son como madres, porque a su vez están
constituidas por 10 subcuencas, 270 ríos principales, 184 lagos y
lagunas, unos 260 pequeños o medianos humedales y seis
salares.
El agua es el elemento que articula casi todos los ecosistemas que
se generan y es por eso que la conservación de los humedales se
antoja hoy un tema fundamental.
Con todo, resultaría imposible abarcar tales extensiones, lo que ha
llevado al país a designar tan sólo ocho humedales de importancia
internacional, que se vienen a definir como "sitios Ramsar", nombre
que nació de la firma de un convenio, la Convención Ramsar. Ésta
busca, desde febrero de 1971, la protección de los humedales más
importantes del planeta.
"Para inscribir un humedal en el acuerdo -explica Omar Rocha,
director del Centro de Estudios en Biología Teórica y Aplicada
(BIOTA)- se tiene que cumplir al menos con uno de los ocho
criterios que exige la mencionada convención. Por ejemplo, éste
debe mantener 20.000 aves acuáticas de manera regular, albergar
especies endémicas de flora y fauna o destacar como centro de
reproducción".
Para bien, Bolivia forma parte de los 138 países adheridos al
tratado como partes contratantes.
Sitios Ramsar de Bolivia
Se consideran humedales a los ambientes y hábitat intermedios entre
los lugares permanentemente inundados y los normalmente secos. Y el
abanico mundial es amplio, pues va desde pantanos, turberas y
llanuras de aluvión hasta las marismas, los manglares, las praderas
de pasto marino y los arrecifes de coral poco profundos de zonas
costeras.
El país tiene ocho sitios de éstos: la laguna Colorada, en Potosí;
el lago Titicaca, en La Paz; la cuenca de Taczara, en Tarija; el
Pantanal, los bañados del Izozog, el río Parapetí, el Palmar de las
Islas, las salinas de San José y la laguna de Concepción, en Santa
Cruz, y los lagos Poopó y Uru Uru, en Oruro. Suman 6.518.073
hectáreas, el 6,3 por ciento de los sitios Ramsar del mundo y sólo
lagos y lagunas están fuera de las Áreas Protegidas.
"Son vitales. Los humedales son ecosistemas muy pro
ductivos, ricos en biodiversidad y en cuanto a los servicios
medioambientales que ofrecen, pues crean microclimas especiales y
las condiciones adecuadas para acoger asentamientos humanos", añade
Rocha.
Además, generan una cantidad ingente de beneficios: almacenan y
purifican el agua, controlan las inundaciones, regulan la erosión,
alimentan constantemente los acuíferos subterráneos, estabilizan
las condiciones climáticas locales, particularmente las de lluvia y
temperatura, y retienen contaminantes, sedimentos y nutrientes.
Asimismo, favorecen, entre otras cosas, el pastoreo, la
proliferación de pesquerías, la agricultura, la producción de leña
y el turismo.
Una relación de años
Todo está interrelacionado. Y en este caso las imágenes resultan
mucho más representativas que las propias palabras. Los pescadores
echando las redes desde las primeras horas de la mañana en el lago
Poopó; las barcas de totora mecidas suavemente por el Titicaca; el
pastoreo de camélidos en los bofedales; los turistas, largavistas
en mano, observando cientos de flamencos rosados en la laguna
Colorada. Los paisajes hablan por sí mismos de la ancestral
adecuación de los pueblos originarios a la naturaleza que los rodea
para lograr sobrevivir.
Los aymaras y los incas ya asociaban antaño, a través de sus
cuentos, los lagos y lagunas con el origen del mundo y de los seres
vivos. Para culturas como la Urus, eminentemente acuática, los
lagos Titicaca y Poopó, por ejemplo, no sólo eran la fuente básica
de sustento, sino que también se veneraban como espacios sagrados.
Y mitos como el de Manco Kápac y Mama Ocllo, la pareja primigenia
para las poblaciones andinas, o leyendas como la del mítico El
Dorado han tenido mucho que ver con los humedales de la región,
sobre todo con los altoandinos.
Por eso, iniciativas como la "Gran Ruta Inca", que pretende la
recuperación y la conservación del patrimonio cultural y biológico
de este antiguo imperio, sirven de igual manera para promocionar
los humedales, pues un buen número de ellos se distribuyen por el
camino: La Cocha (Colombia), el sistema hidrológico de Cajas
(Ecuador), el lago Junín (Perú), la laguna Langui Layo (Perú), el
lago Titicaca (Perú-Bolivia), el Poopó (Bolivia), la laguna de los
Pozuelos (Argentina) y las lagunas del Negro Francisco y Santa Rosa
(Chile).
Muchos son ya sitios Ramsar y más de 100 millones de personas aguas
abajo, según datos de la Unión Mundial para la Naturaleza, se
benefician en las grandes ciudades andinas de las fuentes de agua
de los páramos y punas, herederas del acervo cultural de la
región.
Estrategias de conservación
Así, los humedales altoandinos, en complementación con el potencial
de los de las tierras bajas, conforman un panorama cuando menos
atractivo, contándose con lugares idílicos, como el Pantanal de
Santa Cruz, que con sus más de tres millones de hectáreas se
constituye actualmente en el cuarto sitio Ramsar mayor del mundo
-únicamente por detrás de Okavango (Botswana), el golfo de la Reina
Maud (Canadá) y el complejo de humedales en abanico torno al río
Pastaza (Perú)-. Asimismo, también ayuda al desarrollo de los
pueblos circundantes.
"Y este detalle es importante, pues son las comunidades quienes
determinarán el futuro de los humedales -analiza Rocha-. Llegados a
este punto, es conveniente involucrarlas en cuanto a la gestión y
conservación de estos ecosistemas". Es por eso que varias
organizaciones no gubernamentales y las instituciones relacionadas
con el medio ambiente y el desarrollo sostenible están trabajando
con ellas para conseguir este fin. Y ahora los proyectos de manejo
de cuencas y los de ecoturismo son realidades más palpables".
Pero, además, se están tomando otra serie de iniciativas que
contribuyen sobremanera al control de las especies que los habitan.
"Como los anillados de flamencos. Se los marca para poder
identificar sus rutas de migración, que suelen variar en función de
la estación en que nos encontremos, siendo diferentes en verano y
en invierno".
Sin embargo, de momento, todo lo trabajado no resulta suficiente. Y
el Ministerio de Desarrollo Sostenible bien lo sabe. "Los humedales
son grandes desconocidos -reconoce Jorge Mariaca, director general
de Biodiversidad-. Pero estamos organizando estrategias para
mejorar los planes de manejo".
Los esfuerzos ya se dejan ver. La celebración, cada 2 de febrero,
del Día Mundial de los Humedales, los programas de sensibilización
entre la población y las comunidades y el plan para conformar un
Comité Regional sobre humedales son pasos hacia delante, aunque no
dejan de lado las amenazas.
"Éstas no son siempre las mismas. Los peligros dependen de la zona
donde uno esté. En el sector de los lagos Poopó y Uru Uru, por
ejemplo, la principal es la actividad minera; en la laguna
Colorada, el turismo intensivo y desordenado -con más de 45.000
visitantes anuales-; y en el oriente, en cambio, son los
megaproyectos lineales y de posibles trasvases de aguas los que
generan los mayores quebraderos de cabeza", expone Omar Rocha. Si a
esto se le suma la deforestación y las quemas, la cacería de
especies exóticas y las actividades extensivas, el panorama no
resulta demasiado halagüeño.
Bolivia en la región
Pese a todo, la situación de Bolivia no es tan trágica como
pareciera, pues después de Perú es el país con mayor superficie de
humedales de América Latina. Los ecosistemas acuáticos cubren el 20
por ciento de su territorio. Y si se toma en cuenta su valor
múltiple, biológico, ecológico, social, cultural y económico, se
convierten en puntos verdaderamente estratégicos para todos los
países que los contienen.
Cada uno, eso sí, con unas particularidades muy específicas. La
laguna Colorada, el primer humedal registrado como sitio Ramsar en
Bolivia, en 1990, se caracteriza por los microorganismos que dan la
coloración rojiza de sus aguas y por ser hábitat de aves
migratorias; el lago Titicaca, por ser el lago dulce más alto del
mundo y la presencia de aves, peces y anfibios endémicos; el
Pantanal, por ser un mosaico complejo conformado por lagos,
lagunas, pantanos, ríos, sabanas inundadas y palmares; la cuenca de
Taczara, por sus lagunas permanentes y semipermanentes y sus
bofedales; el palmar de las Islas y la laguna Concepción, por sus
palmares del tipo Copernicia alba; y los lagos Poopó y Uru Uru, por
ser casa de aves acuáticas migratorias amenazadas y especies
endémicas de puna.
Tipos de humedales
En el mundo existen cinco sistemas principales de humedales
naturales. Los marinos agrupan a los costeros, incluyendo a las
zonas de costa y los increíbles arrecifes de coral. Los estuarios
incluyen deltas, marismas de marea y pantanos de manglar. Los
lacustres, todo lo referente a lagos. Los ribereños acogen en su
seno a aquellos humedales asociados a ríos y arroyos. Finalmente,
los palustres se ocupan de los lodazales, los pantanos y las
ciénagas. Y luego están los artificiales, aquellos creados por la
mano del hombre, que son los estanques o piletas para la cría de
peces, las represas con fines agrícolas, las tierras agrícolas
irrigadas, las depresiones inundadas salinas, los reservorios de
grava y los canales.
Son tesoros únicamente comparables con algunos otros humedales
de América Latina, como los de Ñeembucú, punto de afloramiento del
sistema acuífero guaraní. De la misma forma, resultan de especial
interés los de la cuenca del Imbakucha, en el Ecuador, pues reúnen
a su alrededor más de 38 comunidades de la cultura Kichwa, que
tiene una especial veneración por el agua, las montañas y los
árboles, torno a los que se realizan rituales de purificación para
dotarse de fuerza y energía. Finalmente, en torno al río Cruces, en
Chile, otros humedales acogen hasta 119 especies de aves, entre las
que están los cisnes de cuello negro.
Lastimosamente, la mayor parte de estos enclaves aún se encuentran
vulnerables. Algunos ni siquiera pertenecen a Áreas Protegidas.
Pero, retornando a las imágenes a una realidad muy de carne y
hueso, uno se da cuenta de que queda lugar para la esperanza, pues
comunidades como la de los Uru Muratos (Oruro), con sus redes y su
pesca tradicional, por poner un caso, manejan todavía como pueden
casi todos sus recursos de una manera sostenible.

