Chalalán, un ejemplo de desarrollo y conservación

Jannette Graciela Oporto Villegas   Periódico La Razón - La Paz   April 2005


El Parque Nacional Madidi cumple 10 años con un albergue que recauda cada mes 17 mil bolivianos en impuestos

"Dios creó lugares como éste para que la gente pobre sólo estire la mano y pueda sobrevivir", opina Freddy Limaco, presidente de la Organización Territorial de Base (OTB) de San José de Uchupiamonas. Luego de 10 años protegiendo el Parque Madidi, las comunidades de la zona han podido combinar la conservación con el desarrollo a través del ecoturismo.

Este paraíso de la diversidad se ubica al norte del departamento de La Paz. El Madidi fue declarado Parque Nacional en 1995 y en su territorio viven comunidades indígenas originarias que protegen y conservan la riqueza natural.

Según el director del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), Jhonn Gómez, después de una década se puede afirmar que existen en el mundo algunos ejemplos de que conservación y desarrollo pueden avanzar juntos.

Uno de ellos es Chalalán, un albergue ecoturístico que anualmente recibe cerca de 6.000 visitantes, confirma Iván Arnold, director del parque.

Alejandro Álvarez, uno de los guías turísticos más antiguos, comenta que los turistas tienen intereses diferentes cuando llegan al lugar. Los intereses dependen del sexo, la edad y la ocupación de los visitantes. Algunos llegan con la finalidad de experimentar la vida en la selva y ver de cerca a jaguares, víboras, monos y águilas arpías, el emblema de la reserva.

Otros son investigadores de diferentes especialidades. Las personas mayores o personalidades del espectáculo sólo buscan descansar en un lugar agradable y en contacto con la naturaleza.

Entre los visitantes que llegaron a la zona destacan los actores Harrison Ford y Brad Pitt, mientras que los embajadores de algunos países son asiduos clientes. En 1999, el Príncipe de Dinamarca fue su cliente estrella.

El albergue ecoturístico, construido con apoyo de Conservación Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, es de propiedad de 70 de las 100 familias que viven en la población de San José de Uchupiamonas, que se encuentra a dos horas del lugar atravesando el río Tuichi.

El albergue cuenta con cabañas con capacidad para 24 personas, construidas con madera mara y chonta. Los techos son de jatata. En el área de servicios, el brillo de los azulejos, el agua caliente y la cuidadosa limpieza en el comedor hacen que Chalalán sea un espectacular refugio.

La correcta administración y la renovación del espíritu de superación son los principales objetivos de esta gente que hizo del albergue su razón de vida.

Chalalán tiene tanto éxito que genera, sólo para impuestos mensuales, unos 17 mil bolivianos.

Los pobladores destinan recursos para la capacitación de los futuros guías turísticos y clases de inglés para los jóvenes que desde que nacieron conviven con los animales y el bosque, aprovechando las potencialidades de estos guías naturales que otrora dejaban la región en busca de una vida mejor.

Ricardo Luqui, uno de los propietarios de Chalalán, está convencido de que los habitantes son tan importantes como los árboles y que si bien la empresa es rentable, la población demanda que el Estado cumpla con sus obligaciones. "Nuestras necesidades son muy grandes: salud, educación y mucho más".

Chalalán tiene éxito gracias al Parque Madidi y por la importancia de su conservación, reflexiona Jhonn Gómez, y recuerda que en el 1,4 por ciento de su territorio alberga más del 60 por ciento de todas las especies de plantas y animales que habitan en la tierra, algunas únicas en el mundo. El oxígeno que genera podría venderse en unos 150 millones de dólares. Y es que en los bosques del Madidi está el futuro del planeta.

Lucha contra los madereros

Según el Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), en el área del Madidi viven más de 4.000 personas. La mayoría no tienen acceso a los servicios básicos como agua potable, electricidad o postas sanitarias. La educación en la mayoría de las poblaciones llega a la primaria.

Sin embargo, por la riqueza que alberga su hábitat, los pobladores constantemente han sido víctimas de traficantes de diversas especies que generan millones de dólares y atentan contra la biodiversidad sin mejorar su calidad de vida.

Sólo como ejemplo, los madereros logran por unos centavos que los originarios identifiquen sitios donde hay madera de alto valor como mara y cedro. El pie de mara se cotiza en un dólar y un árbol de 15.000 pies vale $us 15.000.

Hasta hace unos ocho años, recuerda Guido Mamani, todavía se escuchaba la explosión de dinamita de los ilegales madereros que alteraban la tranquilidad del mundo animal. Hubo un tiempo en que a causa de las detonaciones no se veían animales ni se escuchaban a los pájaros.

El director del Sernap, Jhonn Gómez, asegura que están trabajando para que las oportunidades de desarrollo sostenible sean mayores en esa región y que los beneficios empiecen a sentirse sobre quienes son guardianes de esta riqueza natural.