THIRD PLACE
Madidi: comunarios creen que el parque trunca su desarrollo
Juan René Castellón Quisbert La Prensa - La Paz April 2005
Apolo y Ixiamas buscan la apertura de un camino que una ambas
poblaciones, con la intención -sostienen sus habitantes- de
promover el
desarrollo de la región hasta las pampas del Heath. En el medio,
sin
embargo, está el parque Nacional Madidi
Hay un doble bloqueo de caminos en el parque Madidi. Por un lado,
los campesinos-originarios, han puesto piedras en la senda que une
Apolo con Azariamas, que está dentro del parque. Por otro, los
conservacionistas, entre ellos el Servicio Nacional de Áreas
Protegidas (Sernap), que impiden el camino que pretenden abrir los
apoleños e ixiameños para unir ambos pueblos a través del
parque.
Los primeros no quieren al parque porque, dicen, en nueve años "no les ha beneficiado en nada" y porque consideran que es el principal obstáculo para abrir una senda hacia "el desarrollo", como le llaman a sus intenciones de integración y mejores oportunidades de producción.
Los segundos -lo han admitido- tenían la mentalidad de que el conservacionismo era sinónimo de "no tocar nada", pero ahora aceptan el desarrollo integral, es decir sin dañar el medioambiente. Piensan que la apertura de un camino que atraviese el parque "dañará el área protegida".
Hace dos semanas llegué a la zona, junto con la delegación del gobierno, liderada por el ministro de Desarrollo Sostenible, Gustavo Pedraza, y el prefecto paceño, Nicolás Quenta, quienes precipitaron una reunión, debido a que dos grupos de campesinos ingresaron al parque, al área de preservación absoluta, para abrir una senda a punta de machete.
Viajaron con la intención de proteger el parque y atender algunas demandas de los habitantes de esta zona, que tiene uno de los más altos índices de pobreza: 92 por ciento, según el Instituto Nacional de Estadística (INE).
Ningún beneficio
Apolo (430 kilómetros de La Paz) está a 1.400 m.s.n.m. Coroico, en los Yungas, tiene una altura similar y es cálido, húmedo y frondoso. La serranía de Apolo, en cambio, no tiene vegetación y su clima templado es seco. Sus páramos están al borde de la erosión.
Mientras las organizaciones sociales y el Prefecto (el Ministro se marchó de la población sin despedirse) discutían en la Casa de la Cultura del pueblo, ingresé al parque con su director, Ebelio Romay, y tres guardaparques.
En la misma línea de ingreso se ven las huellas de la pugna entre los conservacionistas y los campesinos. La tranca ha desaparecido y la cabaña donde pernoctaban algunos guardas está destrozada, al igual que la nueva de concreto que estaba a punto de ser estrenada.
Los destrozos fueron ocasionados por los campesinos-originarios
-que viven dentro del área natural de manejo integrado- y que, en
un número de 70, ingresaron al sector de preservación absoluta (a
principios de mayo) con machete en mano para abrir una senda desde
Azariamas, pueblo donde llega el camino abierto a porfía, hace más
de un año, por el
municipio de Apolo.
Al día siguiente, el secretario ejecutivo del sindicato de Cipía, Antonio Álvarez, explicó las razones del rechazo al parque: "En los nueve años de creación, el parque no nos ha beneficiado en nada. Es más, nos perjudica, porque los guardaparques han sido los primeros en oponerse a la apertura del camino. Cuando la Alcaldía de Apolo estaba metiendo tractor (entre esa población y Azariamas), ellos estaban al acecho. Nosotros no hemos dejado que se acerquen para que no perjudiquen", dice.
"Además, no nos dejan que chaqueemos para sembrarnos, ni quieren
que cortemos un solo árbol para hacernos muebles para nosotros
mismos. Tampoco quieren que saquemos ni una madera", relató
Antonio. Mientras nos internábamos en el bosque seco -desde junio
hasta
septiembre los árboles denominados Willcas, que abundan en la
región, se quedan sin hojas y se asemejan a espectros- Abelio
explicó sus razones: "Si se abre el camino, van a cortar la madera
y va haber asentamientos. Todo esto está en contra del parque".
Los riesgos
Antes de llegar a Cipía (a unos 40 kilómetros de Apolo y en la mitad del camino a Azariamas), los guardaparques pararon la camioneta cuatro por cuatro. Lo primero que llama la atención en medio del frondoso bosque de árboles de más de 20 metros de alto, es la gran cantidad de mosquitos que nos rodean y pican persistentemente.
El director del parque nos condujo a un descampado para mostrarnos lo que él considera la prueba de sus preocupaciones: un árbol de mara cortado recientemente, presumiblemente por el grupo que ingresó a abrir la senda.
La madera mara es muy codiciada porque es blanda y no se pudre fácilmente. En el país ya quedan pocos manchones con este tipo de árbol. El hijo del primer hacendado (de origen alemán) que ingresó hasta Azariamas, Wilson Koehnke, dice que más adentro, donde están los macheteros, existe grandes troncas de mara de hasta 200 años de antigüedad. Un árbol de esa magnitud podría comercializarse hasta en 60.000 dólares.
La pobreza
Llegamos hasta Azariamas, una población de 12 familias que vive,
como las 20 comunidades del sector, de la siembra de arroz y
frejol, lo que les alcanza sólo para su subsistencia. Antes no
podían comercializar estos productos, por la falta de camino, ahora
porque el costo del transporte es muy onoroso: alquilan una
camioneta en 400 o 500
bolivianos sólo para salir a Apolo.
Allí no existe energía eléctrica, agua potable ni una posta sanitaria. Lidia Jové, de 14 años, está hace un año postrada en una silla con dolores en el estómago, ya no come ni oye ni mira. Cuándo le pregunté a don Ebelio, ¿por qué no hacen nada?, éste contestó con un nudo en la garganta: ¿Qué podemos hacer?
Allí nos encontramos con Freddy Sevillano, el primer comunario quechua que llegó a la zona desde Santa Cruz del Valle Ameno, junto con la familia Koehnke. Las comunidades que viven en el área de manejo integrado son quechuas lecos, quechuas tacanas y quechuas aguachiles.
Sevillano apoya la posición del Sernap porque desde hace un año que trabaja en un proyecto de turismo impulsado por los conservacionistas.
Este plan consiste en construir cabañas, al otro lado del río Tuhichi, que llega hasta Rurrenabaque, el centro del turismo en la amazonía boliviana, para impulsar el rafting o canotaje.
"Que abrán nomás el camino para llegar hasta Ixiamas, pero que no afecten las hectáreas que tenemos para las cabañas", dice el comunario, a quien el proyecto turístico le parece buena idea, aunque no termina de concretarse. Este proyecto forma parte del denominado Plan de Manejo, que consiste en una serie de obr

