Insectos: Zoom a un mundo casi microscópico

Ivan Canelas   Periódico La Razón - La Paz   April 2005


En los Yungas de La Paz se esconde un mundo fascinante, el de la microfauna. Más de 1.500 especies de mariposas son sólo un ejemplo de la vida que hay más allá del camino.

Los insectos mandan, la tierra es el Planeta Insectario. Las estadísticas dicen que en el globo hay al menos 10 trillones. Como define la Universidad de Illinois de EEUU, son más de la mitad de los seres vivos de la tierra. Sólo en un terreno de dimensiones similares a las de un campo de fútbol existen 40 millones de insectos.

Semejante población tiene su razón de ser porque -según el libro Descubre los insectos de la editorial Ortells- los "bichos", como se les suele decir de manera imprecisa y despectiva, eligen siempre el lugar óptimo para vivir, de preferencia los bosques, donde hay abundancia de arbustos y hierbas, aunque también se habitúan a otros tipos de hábitat.

Los Andes Tropicales, entre el norte de Colombia (Serranía de Santa Marta), el centro de Venezuela, hasta el norte de Chile y Argentina, "contiene la más alta biodiversidad del planeta", dice el entomólogo Eduardo Forno. Por supuesto aquí se incluye a los Yungas de La Paz, el lugar ideal, un verdadero paraíso para la vida de miles de pequeñas especies.

Ahora, después del preámbulo de datos y cifras, ubíquese el lector, si es tan gentil, en el pueblo de Coroico, con su título de centro ecoturístico y su maremágnum de coches que van y que vienen; que llevan y que traen turistas.
Imagine, por favor, que la estela de polvo que dejan desaparece poco a poco y la calma atrapa nuevamente el paraje de verde inmenso que ahora intentaremos explorar.

Planeta Insectario

Para ingresar al Planeta Insectario hay tres requisitos: paciencia, don de observación y una invitación. Y ésta llega con el vuelo insistente de una criatura alada, en medio del camino que separa el bullicio del pueblo de Coroico con otro mundo aún más poblado y fascinante: el de la microfauna.

Sus alas, mezcla de gamas naranja, negras y blancas, hace pensar en un hada de cuentos. Se posa lentamente, es una mariposa clasificada como agraulis vanillae. Yungas ostenta un récord mundial, allí hay más de 1.500 especies de mariposas, sólo en la zona de Tambopata, en la frontera con Perú. La agraulis vanillae vuelve a volar, alejándose del camino hacia la maleza donde vive.

Ya no hay vuelta atrás, hemos cruzado la frontera. Y allí está, posada en una de mil hojas. Nosotros, rodeados de insectos, siendo parte de ellos. Observando, enfocando pequeñas porciones de terreno, logramos lo impensable: sintonizamos, decrecemos y nos rodeamos de decenas de saltamontes que, haciendo honor a su nombre, recorren hasta 30 veces la longitud de su cuerpo gracias al desarrollo de sus patas traseras.

La danza de las mariposas

Avanzando en la maleza, llama la atención el cansino movimiento de una oruga, germen de mariposa. Gracias a su verde intenso se camufla a la perfección en un tallo verde erguido hacia el sol. Su rítmico andar se une al canto de un grillo invisible -que a plena luz del día insiste con su nostalgia por la oscuridad- y aquello parece un baile.

Como el que metros allá sobre el terreno húmedo hacen dos heliconidas (nombre científico de la variedad) de alas negras, blancas y rojas. Es una danza de cortejo que sólo se detiene a momentos, cuando la pareja se posa en la flora. Una de ellas, con su larga espiritrompa lamedora (extensión de su boca) chupa el néctar de las flores, mientras la otra, con sus seis patas, acaso sin saberlo, poliniza las flores. Estas mariposas en nada recuerdan a las larvas u orugas que eran antes, sin alas ni gracia alguna y con boca masticadora.

Pero esa no es la única escena de amor en los alrededores. Un par de mariquitas negras (coccinélidos) contrastan con el amarillo de la flor en la que copulan.

La población más antigua

En una hectárea hay millones de insectos coexistiendo. Dentro, sobre y debajo de la tierra crecen, comen, se reproducen y trabajan incesantemente, casi siempre para equilibrar el ecosistema.

Según Ortells, la microfauna conforma la población más numerosa del planeta, tanto en especies como en individuos. En la carrera evolutiva de las especies de la Tierra los insectos tienen al menos 39 millones de años de ventaja frente a la aparición del hombre, de quien se sabe que está en el planeta hace un millón y medio de años.

Un ejemplo de su versatilidad para acomodarse a cualquier hábitat es que existen variedades, en especial ciertas larvas de moscas, que incluso se alimentan de petróleo.

La clasificación alimentaria de los insectos se divide en tres grupos: omnívoros, herbívoros y carnívoros, como las enormes libélulas yungueñas que, como helicópteros, sobrevuelan los suelos del trópico a la caza de mariposas, uno de sus alimentos favoritos.

Los insectos voladores, por ejemplo las libélulas, son los únicos seres cuyas alas son verdaderos órganos de vuelo y no otras extremidades o membranas adaptadas como ocurre con las aves.

Por hostil que sea el medio, esta clase de vida se adapta, ya que cuenta con infinidad de recursos para hacer frente a las condiciones más adversas, explica Forno.

De ahí que algunos se alimentan de otros, ayudando a controlar la enorme capacidad de reproducción que éstos tienen; es el caso de los pulgones (pequeños homópteros), que podrían destruir toda la vegetación de la Tierra si no fuera por los múltiples enemigos que tienen, entre ellos, las mariquitas.

La misión de cada quien

Pero la vida en miniatura es mucho más dinámica y aunque la mayoría de las personas "sólo ve a los insectos volar", como ironiza Forno, éstos están moviendo materia orgánica, fertilizando el suelo donde, por ejemplo, comen las vacas o sirven de alimento a las aves... Es la espiral de la naturaleza.

"Sin embargo, existen insectos que tienen la triste característica de ser vectores de enfermedades", añade el entomólogo. Entre ellos están ciertos tipos de moscas o el mosquito anófeles que transmite la malaria en zonas cálidas.

En la dinámica a la que se refiere Forno están los insectos considerados plagas porque acaban con los cultivos de los humanos.

Sin embargo, hay plagas y plagas. Las termitas, para poner un caso, devoran la madera y por ello son temidas en las urbes. Pero en los bosques son vitales para mantener la salud de los árboles ya que se comen los ejemplares muertos. Así ocurre en los Yungas.

El hombre también se ha convertido en una amenaza para los insectos. Actividades como la minería o el cultivo de productos rentables a corto plazo están acabando con su ecosistema. "Hay que poner en una balanza lo necesario a corto plazo y lo sostenible a largo plazo", advierte Forno.

Cosechas como la de la coca en terrenos yungueños están ocasionando daños al suelo donde después de algunos años ya no podrá crecer vida. O la extracción del oro que ha causado daños en las cuencas de ríos como el Mapiri y en la cuenca de los ríos que descienden por la región de Charazani.

Estas actividades lastiman a la naturaleza y afectan al ecosistema sin el cual la vida de los humanos sería imposible. "Los insectos son parte fundamental del ecosistema", insiste el entomólogo.

Respirando el húmedo de la naturaleza, miramos alrededor y nos percatamos de que estamos secuestrados por ella. En este momento del viaje entendemos al fin a esas criaturas -algunas de ellas casi imperceptibles a los ojos- con sus habilidades, mecanismos de defensa y debilidades que los hacen tan diferentes a los humanos, pero a la vez tan similares. Este fue un tour distinto. Yungas ha sido, esta vez, una oportunidad para comprender la importancia de que insectos y hombres habitemos en un mismo planeta.

Zoom

Tras el néctar y el polen. Una mosca sirfidae encuentra uno de sus alimentos preferidos, el néctar de las flores. Luego, sus patas llevarán polen a otra flor para ayudarla a reproducirse.

Tono sobre tono. Un saltamontes juvenil reposa sobre una hoja bañada por el agua de una suave llovizna mañanera. Este pequeño ejemplar (de un centímetro aproximadamente) se alimenta de las plantas del lugar.

De flor en flor. El llamado chinche (hemíptero) es una especie común en los Yungas, donde también se lo puede encontrar en otras variedades. Al igual que sus parientes, se alimenta de néctar y ayuda a la polinización.

El cocalero juvenil. Una delgada rama sostiene a que los que se conocen como "cocaleros", en este caso un joven ejemplar que triplicará su tamaño cuando termine su crecimiento.

Más delgado que una rama. Así de fina es la figura del Caballito del Diablo, un agriónido que planea en aguas poco profundas, donde deposita sus huevos. Su abdomen parece una regla.

Por las vías de la naturaleza. La pequeña cigarra pasea entre plantas. Para este hemíptero las ramas son los caminos de existencia. Allí pone huevos, come y muere. Toda una vida pasa sin ser vista por el hombre.

¿Mariposa? Las orugas penan por la naturaleza, se arrastran y comen cuanto pueden. Deben alimentarse y prepararse para lo que el destino les depara: una colorida y alada vida de mariposa para adornar la naturaleza.

Un equilibrista. Este saltamontes tiene mandíbulas tan fuertes que es capaz de camuflarse en los troncos de los árboles. Aquí, sorprendido masticando y comiendo una de mil hojas.