Chupacotos: Bondades y mentiras

Ricardo Herrera Farell   Revista Extra (Periódico El Deber) - Santa Cruz / Nacional   September 2004


Son inofensivos y beneficiosos para el hombre. Ayudan a eliminar 'chulupis' (cucarachas) , mosquitos, moscas y otros insectos perjudiciales. No transmiten ningún tipo de enfermedades y se los ha utilizado con éxito en la eliminación de las vinchucas portadores de la enfermedad de Chagas. Los biólogos e investigadores recomiendan su protección y cuidado.

Escurridizo, curioso y noctámbulo. Es el terror de los 'chulupis'-su plato favorito-, de moscas, mosquitos y otros insectos que se empeñan en complicarle la vida a los hombres. Casi todos conocen al chupacoto, pero pocos saben dónde y cómo vive este pequeño reptil que cohabita en las casas de los cruceños y los beneficios que trae tenerlo como inquilino.

El nombre científico del chupacoto es Hemidactylus mabouia fue descrito, por primera vez por el francés Moreau de Jonnes en 1818, que los observó en la Antillas Francesas. Muchos investigadores indican que ingresó al continente americano en las embarcaciones que traían esclavos desde África en el periodo Colonial, pero algunos discuten que fuera éste el medio para su llegada. Lo cierto es que varios autores indican que la etimología del nombre 'mabouia' es de origen africano y significaría lagartija. Sin embargo no es claro por qué en Santa Cruz se lo llama chupacoto, que en el habla popular significa 'chupar el cuello'. El investigador e historiador Germán Coimbra Sanz intenta dar una explicación en su Diccionario Enciclopédico Cruceño y dice que la palabra proviene del quechua chupa (cola) y k'utuy (cortar), que alude a la facilidad que tiene este animal para soltar su cola. Otros aseguran que se lo llama de esa manera, porque antaño se asustaba a los niños diciéndoles que les succionaría el cuello si se portaban mal. El temor y repulsión a ellos también ha provocado que en muchas casas se les persiga y mate "Hay varias leyendas y mentiras que se cuentan del chupacoto, pero poco se conoce la importancia que tiene en el control biológico de las especies y los grandes beneficios que trae al hombre al comerse los insectos perjudiciales", explica el Herpetólogo (biólogo especialista en reptiles) Grimaldo Soto. El especialista detalla algunas características de esta especie. Por ejemplo, destaca su gran adaptabilidad a los ambientes donde viven humanos y cuenta que pertenece a la familia Gekkonidae, que comprende alrededor de 85 géneros y más de 650 especies. En Bolivia conviven nueve de ellas y la Hemidactylus mabouia se la encuentra sólo en los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando.

Este tipo de lagartos tiene hábitos nocturnos, son insectívoros y cambian de color de acuerdo al ambiente en el que se encuentran, y por eso a veces cuesta encontrarlos. A diferencia de algunos de los insectos de los que se alimenta no vive en lugares sucios o sumideros. Es frecuente encontrarlo detrás de cuadros, debajo de muebles y en los techos de las casas. Tiene una gran agilidad para desplazarse sobre las superficies lisas y verticales, lo que le ayuda para escapar cuando se ve amenazado. Otra de sus peculiaridades es que para distraer a los depredadores que lo atacan suelta su cola, que luego regenera al cabo de cierto tiempo. "Son mecanismos de autodefensa de la especie. La cola suelta se sigue moviendo y distrae a quien lo va a atacar. La rapidez con la que regenera su cola ha servido para estudios sobre la regeneración de tejidos", comenta Soto.

El chupacoto llega a la madurez en un año y puede vivir dos. La hembra llega a poner entre dos o tres huevos anualmente y entra en un periodo de letargo en los meses de invierno, pero la época en la que tiene mayor actividad es el verano, donde hay mayor número de insectos. Su sistema de caza es el de espera, que consiste en quedarse inmóvil y dejar que su víctima se vaya acercando sin que perciba el peligro. Una vez cerca la atrapa o succiona con una especie de dientesillos que tiene en la boca.

Sólo come insectos vivos y sus eses fecales no provocan manchas en la ropa o en los lugares donde habita, lo que lo convierte en un inquilino ejemplar. Tampoco hay problemas con la superpoblación de ellos y no existe el peligro de un desequilibrio ecológico ya que tienen como característica competir por un territorio determinado y cuando no tienen espacio optan por retirarse a otro lugar o vuelven a los montes, de donde se supone que han venido. Nunca hay demás ni hay de menos, sino los justos aseguran los investigadores.

Las peculiaridades del Hemidactylus mabouia no han pasado desapercibidas para los biólogos e investigadores. Su adaptabilidad y sana convivencia con el humano ha llevado a que se lo tome en cuenta para eliminar insectos más peligrosos que los habituales. Ejemplo de ello es su utilización en la eliminación de la vinchuca transmisora de la enfermedad de Chagas. La experiencia fue iniciada cinco años atrás por la Facultad de Biología de la Universidad Gabriel René Moreno. El médico Aldo Centurión, docente de la materia de Biomedicina fue uno de los encargados de llevar a cabo las investigaciones. "Hay dos formas tradicionales de luchar contra este mal. Una de ellas es utilizando insecticidas y la otra a través de controladores biológicos.

Nosotros optamos por la segunda opción y empezamos a trabajar con diferentes agentes controladores. Entre ellos estaba el chupacoto y gracias a éste y los otros agentes logramos disminuir el 80% de la población de vinchucas en diferentes regiones de Santa Cruz", dice Centurión.

La experimentación tuvo que seguir varios pasos previos. Se realizaron estudios inmunológicos y sanguíneos a los pequeños reptiles en el Centro de Enfermedades Tropicales (Cenetrop) y en el laboratorio de la Gabriel René Moreno para ver si es que transmitían alguna enfermedad. Ahí se detectó que no eran portadores de ninguna.

Como son animales de sangre fría no son 'caldo de cultivos de infecciones y de virus. Algo que sí puede afectar a los animales domésticos como los gatos, perros, chanchos y hasta a los pollos. El paso siguiente fue estudiarlas en recipientes donde se los alimentaba con insectos vivos. "Les encantan los chulupis y vimos que se comían la larvas de las vinchucas. A las vinchucas adultas no se las comían, pero sí las mataban, lo que determinó que los 'sembráramos en poblaciones de los valles mesotérmicos, la municipalidad de Porongo y Las Cruces. Los años siguientes hicimos el relevamiento y vimos los resultados positivos. Lamentablemente los últimos dos años no pudimos hacerlo por falta de presupuesto", dice el investigador sin ocultar su malestar por la falta de apoyo de las autoridades. Centurión insiste en que el chupacoto es un gran aliado del hombre y celoso guardián contra los insectos dañinos. Afirma que 15 años atrás no había muchos de ellos y por eso existía una gran cantidad de 'chulupis'. Cree que tal vez hayan ingresado una buena cantidad a través de la mercadería que llegaba de Brasil. Otra hipótesis que se baraja es que durante mucho tiempo hayan habitado los bosques y con el crecimiento de la ciudad y por su gran adaptabilidad se hayan trasladado a las viviendas.

Los biólogos e investigadores insisten en que estos pequeños animales no deben ser maltratados por las personas y que la mejor manera para una buena convivencia con ellos es enseñar a los niños, adolescentes y jóvenes sobre los beneficios y bondades que tienen estos inquietos vecinos. Por eso cuando usted vea alguno en su casa no se asuste, no trate de matarlo. Más bien cuídelo que él también está cuidando de usted.

Nota de Apoyo 1

Algo más sobre ellos

* Las otras especies de la familia Gekkonidae que existen en Bolivia son: Gonatodes hasemani, Gonatodes humeralis, Homonota d'orbigny, Homonota fasciata, Lygodactylus wetzelin, Phyllopezus goyazensis, Phyllopezus pollicaris y Hecadatykus rapicauda.

* Si bien se ha insistido en que la llegada al continente del Hemidactylus mabouia fue introducido por el comercio de esclavos de África, algunos investigadores como el brasileño Vanzolini indica que la presencia de estos animales nunca fue señalada en Brasil por los cronistas de los siglos XVI y XVII, lo que reforzaría la hipótesis de la introducción pasiva a través de otras formas.

* Otros autores han discutido la posibilidad de ocasionarles transportes de un continente a otro siguiendo corrientes marinas y flotación de maderas u otros detritos. A esta teoría viene a respaldar la presencia de Hemidactylus en lugares donde no hubo comercio de esclavos y la gran impermeabilidad cutánea de estos reptiles, junto con su gran tolerancia de largos periodos de inanición y la excepcional resistencia de los huevos mantenidos en aguas salobres.

En la ciudad de Curitiba, Paraná, Brasil, el biólogo Eduardo Novaes Ramires y un equipo de investigadores ha trabajado en la utilización del chupacoto como agente controlador biológico de la Araña marrón o Loxosceles, que es un arácnido venenoso que se adaptó a los espacios urbanos de Brasil Los resultados de este trabajo demostraron también la utilidad de este reptil para acabar con este insecto venenoso

Apoyo 2

El crecimiento de la ciudad hace escapar al Jausi

El nombre científico del Jausi es Ameiva Ameiva. En Brasil es conocido como Borriguero y en Perú como Uculluqui. Años atrás fue parte habitual del paisaje cruceño, como ahora lo es el chupacoto, pero el crecimiento de la ciudad lo fue alejando y actualmente sólo se lo encuentra en los barrios alejados de la ciudad y el campo. El jausi llega a medir hasta 17.5 centímetros de largo corporal, sin contar la cola. Acostumbran ser ariscos, pero se adaptan a la presencia humana.

Viven en troncos, debajo de piedras, cascaras de árboles. También ocupan cuevas abandonadas o aprovechar las que hacen algunos roedores o mamíferos pequeños en temperaturas que van de los 25 grados a los 32 y resisten humedad de 30%. Son ovíparos y llegan a poner hasta seis huevos. Se alimentan de insectos y como otros reptiles son "termodependientes", cuando tienen mayor calor tienen mayor agilidad para moverse.