Reserva Eduardo Abaroa, la tierra de los flamencos

Miguel Angel Vargas Saldías   Revista ESCAPE (La Razón) - La Paz   November 2004


Mimetizado entre la paja brava atisba el zorro andino. La posibilidad de observarlo desde tan cerca parece un golpe de suerte. Con cautela, uno se acerca lentamente para lograr una mejor visión. El animal de manto plomo y erizada cola amarillenta se queda quieto hasta que un sonido brusco sobre las piedras lo hace voltear y mirar fijamente. No tiene miedo. Al contrario, luce expectante. Y con la misma actitud, diminutas aves se acercan hasta pararse sobre tus zapatos. El turista ya es parte de su vida y los animales saben que de esa mano puede caer algo de comida.

Uno de los chóferes que llegan en los cerca de 100 coches que cada día ingresan a la Reserva de Fauna Andina Eduardo Abaroa (REA) lo confirma. "Son tres zorritos que esperan en el camino antes de llegar a la laguna. Uno es más grande y amarillo", explica en un largo sorber de humeante sopa de verduras.

La REA se encuentra ubicada en la provincia Sud Lípez, en Potosí. Allí, el turismo convive cada día con la naturaleza, que se expresa en variedad de tonalidades y formas.

El amanecer en el salar de Uyuni no sólo colorea las nubes, sino que ofrece el tiempo preciso para tomar el sur e iniciar la travesía.

En Uyuni -dentro de la provincia Daniel Campos, Potosí- existen 22 operadoras locales que ofrecen entre sus circuitos el paseo a la REA, que se encuentra en una región con relieve irregular de extensas planicies y mesetas rodeadas por la Cordillera Occidental. En esta ciudad también está la oficina del Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap).

El impacto telúrico se siente desde los primeros kilómetros rumbo a la tierra de los flamencos. Su vegetación está dominada por la paja brava, que en algunas llanuras y laderas tiene la forma de semicírculos. Y donde la humedad y la altura lo permiten, se yergue la thola, la keñua y la yareta, el mejor combustible de la región.

Espejos de colores

Insiste el viento y apaga el calor que el sol, inútilmente, trata de colar entre los huesos. Al clarear, la laguna Cañapa ofrece a la vista los primeros ejemplares de flamencos. Los remolinos de tierra -con un tenue y picante aroma a bórax- distraen a las otras aves que luchan contra el embate del clima, resguardadas tras las rocas.

Esta laguna, como las otras que le siguen, tendrían su génesis en la desecación de paleolagos antiguos y en los ríos que se han originado por los deshielos.
En este hábitat, aves como la soca cornuda (Fulica cornuta) y el suri (Pterocnemia pennata), luchan por sobrevivir. Las socas -palmípedos de color oscuro- nadan en pareja mientras las huallatas (Chloephaga melanoptera) -ganso andino- caminan por los alrededores buscando comida. Y donde nacen vertientes de agua dulce comparten el líquido elemento los camélidos con los suris -avestruces andinas- y las vizcachas (Lagostomus maximus).

Similar imagen ronda por las lagunas Cañapa, Hedionda, Chiarkota y Honda, separadas entre sí por largos trechos deshabitados que sorprenden a los visitantes acostumbrados al tumulto de las ciudades. En esta zona de la Gran Tierra de Lípez se respira paz.

La impresión crece con el despunte del sol para llegar hasta el desierto de Siloli, donde se levanta el árbol de piedra. El viento apenas permite dar pasos entre la arena y su furia ha sido la responsable de esculpir las caprichosas formas del paisaje rocoso. Y es el mismo poder eólico el que perforará y cambiará estas formas con la despiadada fuerza de la erosión.

Sobre las rocas esculpidas por el viento, la luna sale para ejercitar el rojo, el amarillo, el azul y el verde en el cielo. El día ya está cansado y se cubre con la penumbra.

La laguna Colorada

Amanece en el mirador de laguna Colorada. Desde allí se disfruta de la vista de cientos de flamencos caminando entre las aguas carmesí. Con una superficie aproximada de 60 kilómetros cuadrados, el intenso tono rojizo de sus aguas se eleva a 4.278 metros sobre el nivel del mar y con una profundidad promedio de 35 centímetros.

Es este el punto de ingreso a la REA, donde un puesto de control del Sernap realiza el cobro de 30 bolivianos por visitante. El dinero recaudado va a las comunidades que están dentro de la Reserva.

Esta laguna alto andina-salina tiene islas de bórax hacia el noreste y sureste. El color rojo se debe a los sedimentos escarlata depositados sobre la superficie y también al pigmento de las algas. La temperatura varía entre los 10 y -10 grados centígrados.

Si el colorido es peculiar, la principal atracción son las tres especies de flamencos que tienen al espejo de agua como centro de nidificación. Está el Flamenco Chileno (phoenicopterus chilensis), conocido como tokoko. El macho llega a medir 1,05 metros y se caracteriza por la coloración salmón con cubierta rojiza de su plumaje y el negro de sus plumas remeras. Su encorvado pico blanco rosado lleva la punta negra y sus patas tienen un tono celeste grisáceo.

Junto a él pasea el Flamenco Andino (Phoenicoparrus andinus) llamado también Parina Grande o Chururu. Es el de mayor tamaño -mide 1,10 metros- y su coloración va del blanco hasta el rosa fuerte. La parte posterior de su cuerpo es de plumaje negro y sobre el pecho ostenta el color violeta. Su pico es negro con amarillo en la punta, al igual que sus patas.

La laguna concentra la población más grande de Sudamérica de la Parina Chica (Phoenicoparrus jamesi). El Jututu es la más pequeña de las tres especies, con 90 centímetros de alto. Su color es rosado, con plumas negras en la parte posterior y con menor curvatura en el pico amarillo. La longitud de sus patas está vestida de rojo.

Sin miedo, los flamencos permiten que los visitantes se acerquen a prudente distancia, regalando vuelos y aleteos al espectador más paciente. Eso sí, de mayo a agosto emigran, dejando sólo a los flamencos más viejos y a los jóvenes que no han podido elevar las alas. Pero con la llegada de la primavera, las nuevas temperaturas van atrayendo poco a poco a las aves que aprovecharán del verano para procrear y continuar con su ciclo.

"¡Fizzzz!", reclama eternamente la fumarola. Sus gases nunca callan y acompañan a esta zona que se extiende sobre un kilómetro. Está ubicada al sur de la laguna Colorada, rumbo al salar de Challviri. Las fumarolas -mal llamadas geisers por la promoción turística- se encuentran sobre los 4.870 metros sobre el nivel del mar.

El olor es el primero en delatar la actividad volcánica. En los cráteres ebulle la lava mientras que las fumarolas emiten vapores mixtos de agua y vapor caliente que trepan a alturas de entre 10 y 50 metros. Los nubarrones de vapor juegan con la imaginación y parecieran recrear el paisaje marciano o el origen del planeta.

Cerca de ahí están las aguas termales del salar de Chalviri, donde los turistas aprovechan para ponerse el traje de baño y tomar el desayuno junto a las huallatas que pasean en busca de migajas de pan. Los pájaros pequeños, como son golpeados por los gansos andinos, son más osados y se acercan hasta las manos de un turista que ofrece migajas de su desayuno.

El camino continúa por el llamado desierto de Dalí -donde sus formas recuerdan la obra del célebre artista español- y se acerca hasta la última parada.

El Llicancabur -Licancahur desde el lado chileno- anuncia a la laguna Verde. Los distintos tonos esmeralda se ubican a los 4.350 metros sobre el nivel del mar.
Ubicada en el extremo sur de la Reserva, la laguna tiene una superficie de 17 kilómetros cuadrados y se encuentra dividida en dos cuerpos de agua. El color esmeralda lo provoca el magnesio de sus aguas, aunque según se pone el día, va cambiando de tonalidad.

Desde sus orillas, la espuma salina invita a disfrutar de un viaje donde, a fin de cuentas, las palabras están de más porque la naturaleza tiene una manera más elocuente de expresión: la belleza.

Reserva

La Reserva Nacional de Fauna Andina Eduardo Abaroa (REA) fue creada el año 1973 y su superficie fue ampliada en 1981. Cubre un área de 714.745 hectáreas ubicadas al sudoeste del departamento de Potosí. Se encuentra en la provincia Sud Lípez, entre los 22º 00' y 22º 54' de latitud sur y los 66º 55' y 68º 00' de longitud oeste.

La altitud promedio es de 4.000 metros sobre el nivel del mar. El invierno es seco (entre mayo y agosto) y tiene lluvias en el verano (desde diciembre hasta abril). La temperatura promedio es de 2.3 grados centígrados y la precipitación media anual es de 65 milímetros cúbicos. Las temperaturas más bajas se registran durante los meses de mayo, junio y julio. Las heladas se presentan todo el año.

El Servicio Nacional de Áreas Protegidas (Sernap), dependiente del Ministerio de Desarrollo Sostenible, es la entidad responsable de la reserva. Tiene una oficina en la ciudad de Uyuni y en el ingreso a la reserva en la laguna Colorada. La REA cuenta con un cuerpo de guardaparques que controla el ingreso y salida del área, realiza el cobro de la entrada a la zona y mide el impacto del turismo.