El liquen, termómetro para medir la salud de los bosques

Santiago Neumane   Diario El Universo - Guayaquil   January 2005


Un grupo de biólogos ecuatorianos participó el año pasado en un estudio para determinar cuántas especies de líquenes hay en un sector del páramo húmedo de la estación científica Los Encinos, en Carchi.

Son dos organismos diferentes de flora, pero se convierten en socios para poder sobrevivir cuando el entorno en que se desarrollan se les presenta adverso.
La alga (planta cuyo talo tiene forma de lámina o de cinta) y el hongo habitan en cualquier ecosistema, pero muchas veces las condiciones del medio los obliga a asociarse formando un nuevo organismo, el liquen .

Esta asociación produce beneficios tanto a la alga como al hongo, que en estos casos se trata de un ascomiceto.

Esta especie de planta -que se la conoce muy poco y cuya importancia es determinar el grado de madurez de un bosque- fue motivo de estudio en una parte del páramo húmedo que está dentro de la estación científica los Encinos, provincia del Carchi. Un grupo de biólogos se dedicó a recopilar varias muestras de líquenes y estudiar su estado y composición de mayo a junio del año pasado.
En su labor la alga realiza la fotosíntesis y ahorra los carbohidratos necesarios para el metabolismo, tanto del hongo como de ella misma; mientras que el hongo le brinda protección a la alga contra diferentes factores ambientales como la humedad, la luz solar y la temperatura.

La recolección de los líquenes, que duró cerca de dos semanas, se la efectuó en zonas de páramos quemados y no quemados, fragmentos de bosques y senderos. Los líquenes se los encontró adheridos a las rocas, cortezas de árboles y sobre troncos caídos.

Para la recolección de algunas especies, los biólogos tuvieron que emplear cincel y un martillo geológico. En otros, palas para sacar las que estaban adheridas en la tierra. Las que estaban superficiales se las recogía con la mano.

Telma Paredes es la bióloga que llevó a cabo el trabajo. La investigación forma parte del proyecto Manrecu 3 que desarrolla la Corporación Randi Randi, de Quito, y que consiste en estudiar la cuenca del río Ángel. Esta corriente de agua pasa por la estación científica los Encinos, por lo que parte del estudio abarcó esa zona. La investigación tuvo el apoyo del Herbario Nacional.

Paredes señala que se recogieron 126 especímenes que representan a 17 familias, 25 géneros y 49 especies. Las muestras de líquenes, que debían estar frescas, fueron puestas en bolsas de papel y de plástico y se las trasladó al Herbario para su identificación y procesamiento respectivo.

Según el estudio, las familias de líquenes más numerosas son las Parmeliaceae (que tienen forma de una hoja) con 10 especies; la Collemataceae (en forma de gelatina), con 8 especies; y la Cladoniaceae (forma de arbolitos), con 6 especies.
"La mayor riqueza de estos líquenes se la encontró en los remanentes de bosque y zonas no quemadas", señala el estudio.

En el informe se incluyeron datos recopilados en otras investigaciones sobre la vegetación que existe en las zonas de páramo andino. "Los árboles del bosque andino se caracterizan por ser retorcidos y de escasa altitud, cubiertos densamente por gran cantidad de epifitas", se refiere en el libro Árboles y Arbustos de los andes del Ecuador, editado por Abya Yala en 1995.

Dentro de estas epifitas están los líquenes, que se encuentran sobre los troncos y ramas formando grandes masas.

Telma Paredes destaca la importancia del liquen en los ecosistemas. "Son pioneros en la sucesión vegetal", señala la experta. Y explica: Como están formados por dos organismos, son los primeros en instalarse en zonas rocosas que son terrenos difíciles para que se desarrollen las plantas.

"Estos líquenes ayudan a preparar el suelo para la aparición de otras plantas superiores como los musgos, las herbáceas, arbustos y árboles", manifiesta.
Algunos líquenes tienen sustancias que ayudan a degradar la roca, retienen partículas de polvo y partes muertas de los líquenes, todo esto, con la humedad, forma suelos sencillos para el desarrollo de plantas más grandes.

También son considerados como bioindicadores del estado de conservación de un determinado hábitat. "A través del estudio de su composición se puede determinar si es un bosque maduro (es decir, que es primario y no ha sido intervenido) o que está afectado por el hombre", añade la bióloga.

Y esto se logra porque los líquenes tienen una característica muy particular. Cuando llega el verano, se secan, pero en el invierno absorben toda el agua, crecen y desarrollan su metabolismo.

Algunos llegan a crecer dos centímetros cada año y otras apenas un milímetro. Si en un bosque se encuentran líquenes grandes es porque es maduro y no ha sido intervenido por el hombre; por el contrario, si se hallan líquenes pequeños es porque el bosque está afectado, hay menos árboles y, por consiguiente, pocas lluvias.

La bióloga también destaca que los líquenes son indicadores de calidad de aire y por eso son usados para medir el grado de contaminación en las ciudades. Esto ocurre porque el liquen no tiene un órgano para secretar sustancias, por lo que todo lo que capta queda en el talo (cuerpo) de esta especie de planta. El liquen almacena cantidades de óxido de azufre, plomo y carbono.

Telma Paredes afirma que estos organismos han sido muy poco estudiados en el Ecuador.

"Se han realizado colecciones desde 1860 con Alexander Humboldt y Bonpland y después con algunos investigadores extranjeros, pero lamentablemente las colecciones y la información han salido del país", sostiene.

Recientemente, desde hace tres años en el Herbario Nacional se ha comenzado a formar la colección de líquenes. "En el Ecuador, la información de estas plantas es muy escasa. Por ese motivo es muy importante este estudio", recalca.
La experta agrega que generar más información sobre los líquenes ayudaría a conservar los ecosistemas que hay en el país.

Siendo el Ecuador un país megadiverso, es importante que las autoridades nacionales apoyen e incrementen estudios, tanto de fauna como de flora, recalca.