No tengo vaquitas
Juan Fernando Freile Revista Ecuador Terra Incógnita - Quito September 2004
Conversaciones con don César Tapia
Hombre delgado, de baja estatura y fácil sonrisa, César Tapia, don
César como lo llaman sus amigos, se emociona cuando habla de los
bosques nublados que rodean su casa. Don César vive en una linda
finca algo apartada del camino que une la población de Unión del
Toachi -en la carretera Quito-Santo Domingo- con San Francisco de
las Pampas, un pequeño poblado de campesinos agricultores
localizado aproximadamente a 40 kilómetros de Unión del Toachi.
La zona está habitada por campesinos mestizos diestros en la laboriosa preparación de la panela y en la cría de ganado lechero. Por esto, como el propio don César confiesa, hasta hace poco más de 10 años se dedicaba casi exclusivamente a esas mismas actividades. Fue entonces cuando conoció al "Hermanito", como llaman cariñosamente los Tapia al doctor Giovanni Onore, profesor italiano de la Universidad Católica de Quito que tiene la curiosa costumbre de conducir su jeep por los caminos vecinales del país, visitando bosques y poblaciones campesinas en busca de insectos para sus investigaciones científicas.
El Hermanito fue quien despertó en don César la pasión por los bosques nublados, su flora y su fauna. Pasión que ahora lo ha convertido en un vasto conocedor de esta zona llena de vida. Don César, su esposa Carmen, dos de sus hijos más jóvenes (Elisio e Ítalo) y Onore protegen y llevan a cabo tareas de conservación -como reforestación con árboles nativos, investigación científica y compra de bosques, por ejemplo- en una reserva privada, el Bosque de Otonga, que guarda alrededor de 1 000 hectáreas de bosques nublados y subtropicales. Esta reserva, adquirida por la Fundación Otonga, es manejada por la familia Tapia, y es don César quien se encarga de cuidarla y de guiar a quienes la visitan. Si bien cuidar la reserva le ha representado más de una dificultad financiera por no tener un ingreso fijo al mes, a don César le gusta hacerlo y no pone mayores reparos al tener que ajustar su economía con la poca panela que alcanza a producir en sus "ratos libres" y las platitas que se gana por llevar visitantes a la Reserva Otonga.
Don César es un gran conversador. Escucharlo junto al fogón al final de la jornada es siempre muy agradable. Sus interminables historias, sus innumerables encuentros con los animales del bosque y todo su conocimiento sobre plantas y animales del lugar lo convierten en un personaje sin igual, en alguien que siempre tiene algo interesante que contar.
Algunas de sus historias
Cuando visito la reserva Otonga, además de explorar el bosque y observar sus aves, disfruto mucho de sentarme junto al fogón donde se cocina la merienda o se prepara una tradicional agüita de hierba luisa, y conversar con don César. La calidez de sus historias las hace casi palpables, como si a través de sus relatos pudiera ver lo que él vio, descubrió o aprendió en el monte. Descripciones como estas, ya no son comunes en nuestros días.
"...Hay que conocer dónde se puede encontrar a los animales, no es cuestión de encontrarles nomás por ahí" -sostiene don César-; "por ejemplo los cerambícidos, de los grandes, solo comen del higuerón cuando la hoja se pone negrita...A los bréntidos, en cambio, se les encuentra al hacer una pila de tablas, así, cortando un sangre de drago, ahí asoman los bréntidos por cientos...Si fuera un estudiante que vaya a hacer su tesis, estudiaría los bréntidos; me gustan mucho, me gusta como el final de su trompita les termina en forma de cruz..."
"...El armadillo, en cambio, no ha sabido morder cuando pelea, solo patea así, como de espaldas, como la mula... y cuando escarba debajo de un palo o de una piedra, primero hace el hueco con las patas y después mete el hocico y ladea la cabeza como si fuera una pala para sacar la tierra".
"El Quinde bunga solo se asoma en el verano, cuando el tiempo es bueno... Cuando vuela hace como que truena las alitas primero y después zumba las alas y levanta el vuelo... es bien apropiado en las guabas, eso es lo que más come y donde se lo puede ver facilito."
"La Vieja, en cambio, hace los nidos en los huecos que dejan los gorra roja o los upatadeos... Ahí pone unos huevitos gruesos casi redondos y blancos. Yo tengo vistos tres nidos de la Vieja... Ahí uno va y le golpea el tronco del árbol y, si está en el nido, suavecito se asoma afuera del hueco... Parece que la vieja es territorial: tiene sentaderos y siempre está ahí mismo, gorjea y gorjea, canta du-du-du... La gente le tiene miedo por ese gorjeo, creen que es de mala suerte... La vieja además come ratones, sapos y hasta babosas... Hay otro también: el Malulo, al que la gente le tiene miedo porque se piensa que si gorjea en una propiedad, el dueño morirá pronto".
"Me acuerdo que una vez un gavilán bien grande al que nosotros llamamos Guarro, pero no me acuerdo justamente cuál especie era, atacó a una cuba, o quizá era a un tucán del verde... le atrapó duro con las patas y justo se vino a parar frente a donde yo estaba. Entonces llegaron otros cubas bravísimos y empezaron a chillarle y a brincarle de picotazos... tanto le molestaron que ya mismo fue soltando a su presa y se fue... y esta pobre cuba, que ha estado lastimada nomás, se fue con los otros... No sé si se habrá muerto más tarde o qué sería de la pobre".
"Algo come a los caracoles... se trata de algún animal que les hace un huequito en la concha, pero no sé cuál será. Y no come un caracol solito, sino que se lleva cinco o seis a un solo lugar y ahí les come. Eso es lo curioso, que les junta para comerlos. No les rompe la concha, solo les come por ese huequito. No ha de ser un animal chiquito porque entonces le comería ahí nomás donde los encuentra... Debe ser alguno que los puede ir cargando".
Don César conoce los animales del bosque desde joven, desde que andaba por la zona escopeta en mano cazando venados o chanchos de monte; pero cuando recién llegó el Hermanito -dice don César, sonriendo- no sabía para qué estaban creando "esa reserva".
"Yo feliz estaba haciendo los pastizales para poner unas vaquitas... unos seis, ocho meses me dejó el Hermanito que siga nomás, y ahí me dijo que no, que lo que quería era que haya bosque... De ahí un año más o menos ya empecé a apreciar y a cuidar este bosque que ahora tanto quiero".
Y así es don César, así conversa de lo que más le gusta: el bosque. Historias llenas de vida, vida que se ilustra en sus palabras sencillas y en los tecnicismos que también conoce; historias que fácilmente vienen a su memoria y que, generoso como el bosque mismo, las cuenta con igual facilidad y sencillez. Y así son las conversaciones con don César, tan diversas y vivas
Como el monte, como el bosque de neblina: "...había unos musgos muy chiquitos... los machos eran como estrellitas, como soles; en cambio las femeninas eran como lunas..."
Glosario
Cerambícidos. Llamados escarabajos tigre, tienen antenas muy largas
y mandíbulas feroces.
Higuerón. Árbol grande de la familia del higo.
Bréntidos / Brentidae. Es otra familia de escarabajos,
caracterizados por sus cuerpos muy largos y finos.
Sangre de drago. Es un árbol típico de los bosques de neblina de
donde se extrae una resina medicinal.
Quinde bunga. Posiblemente se trate de la especie Calliphlox
mitchellii, un colibrí muy pequeño característico de los bosques de
neblina.
Vieja. Es un búho pequeño llamado Otus ingens que habita en los
bosques nublados del país.
Gorra roja. Es el pájaro carpintero más grande de la región
(Campephilus pollens).
Upatadeo. Es un ave de mediano tamaño y vivos colores llamada
también trogón o guajalito (Trogon personatus).
Malulo. Posiblemente se trate del Media Luna (Nyctibius griseus),
un ave nocturna sobre la cual se conoce muy poco.
Guarro. Las dos especies posibles, Oroaetus isidorei y Leucopternis
princeps, son dos rapaces característicos de los bosques
nublados.
Cuba. Es un ave grande de cola muy larga también llamada cuco
ardilla (Piaya cayana).

