Reserva de Producción Faunística Chimborazo
Karina Paredes Revista Ecuador Terra Incógnita -Quito March 2005
Retar al viento y al frío requiere de fortaleza, tenacidad y a
veces una suerte de capricho por no dejarse vencer. Eso lo saben
los míticos hieleros que una vez por semana arrancan por bloques el
congelado cristal de la montaña, lo saben los andinistas ávidos de
emociones fuertes y de ese dolor que una vez alcanzada la meta se
convierte en sensación de ilimitado poder. El rigor de la lucha
contra la adversidad no es desconocido para las plantas de raíces
profundas y hojas resistentes, algunas con felpudos vestidos, y
para los animales que han desarrollado múltiples estrategias para
adaptarse a las duras condiciones del páramo: el ecosistema
predominante en la Reserva de Producción Faunística Chimborazo.
Esta área protegida se estableció en 1987, con una extensión de 58 560 ha, en el territorio de las provincias de Bolívar, Chimborazo y Tungurahua. Los objetivos de su declaratoria son apoyar el desarrollo de las 38 comunidades de campesinos que habitan en su interior, además de ensayar la reintroducción de camélidos como la llama (Lama glama), la vicuña (Vicugna vicugna) y la alpaca (Lama pacos), que en otras épocas poblaron nuestros Andes. También se contempló la necesidad de proteger el páramo chimboracense (cuyas características lo hacen único en el país) y apoyar la investigación científica.
Pero el centro de atención de la reserva es, sin duda, el majestuoso volcán Chimborazo, cuyas nevadas cumbres aún sobrecogen a los amantes de las maravillas naturales, aunque el calentamiento global le haya robado parte de su blanco manto.
En la ruta de los hieleros
Los famosos frescos del mercado de La Merced de Riobamba atraen
a sus clientes, además de la necesidad de combatir el calor del
mediodía, por la posibilidad de probar un trocito de tradición e
historia, pues el hielo con que se los enfría proviene de las
inmensas minas que cubren las cumbres del volcán Chimborazo,
inactivo desde hace miles de años.
Quien quiera atestiguar la penosa labor de los hieleros, que ahora
suben a la montaña todos los días jueves, ya no necesita caminar
jornadas enteras como se hacía antes, pues se puede llegar en bus
por la antigua Panamericana hasta la población de Cuatro Esquinas,
desde donde parte la Razu Surcuna, nombre quichua para la Ruta de
los Hieleros, que se extiende a lo largo de 9 km.
Si se dispone de un vehículo a doble tracción, incluso se puede llegar hasta los 4 400 msnm, y ascender los 400 metros restantes para llegar a las capas más bajas de hielo fosilizado. El esfuerzo es moderado, pero requiere de una aclimatación previa para evitar el efecto del soroche, o enfermedad de las alturas.
Durante el trayecto se pasa junto a dos pequeños refugios de adobe y techo de paja, donde los caminantes pueden recuperar fuerzas y gozar del paisaje. Estos refugios están situados a 4 100 y 4 260 msnm, respectivamente.
Se presume que la capa de hielo que está bajo una costra de tierra y la nieve superficial del Chimborazo fue formada hace cientos de miles de años, por lo que el estudio de los minúsculos fragmentos encerrados en su interior pueden contar interesantes sucesos del pasado, como la historia de las erupciones del volcán o la radiación que llegó al país después del estallido de las bombas atómicas en Hiroshima, durante la Segunda Guerra Mundial.
La vida en el Chimborazo
Esta reserva cuenta con grandes extensiones de pajonales (Stipa sp., Calamagrostis sp.), entre los cuales se ve corretear a juguetones conejos (Sylvilagus brasiliensis), eso sí, bien tempranito o cerca del crepúsculo. La flor del andinista o chuquiragua (Chuquiraga jussieui), a veces formando densos macizos, a veces solitaria, pinta de anaranjado el paisaje y sustenta con su néctar al colibrí estrella del Chimborazo (Oreotrochilus chimborazo), cuya cabeza de coloración morada intensa contrasta con su pecho blanco y puede arrancar un suspiro de hasta al más flemático de los observadores.
Aquí se puede encontrar la oreja de conejo (Culcitium spp.): una planta de hojas alargadas, cubiertas por numerosas vellosidades como estrategia de protección contra los intensos vientos y la excesiva radiación solar; ésta es capaz de crecer al borde mismo de la vida, donde ya casi no hay nada más que roca y hielo. También habitan las gencianas (Gentiana spp. Gentianella spp.), con flores de coloración azul-violeta, los romerillos (Hypericum laricifolium) y las olorosas valerianas (Valeriana spp.), comunes para todo el callejón interandino.
Por aquí y por allá se observan almohadillas: esos aglomerados de incontables individuos con hojas que se disponen directamente sobre el suelo, formando estructuras compactas y redondeadas, a manera de cojín. Su aparente fragilidad se desdice cuando alguien intenta arrancarlas y nota cuán fuertemente ancladas a la tierra las mantienen sus profundas raíces.
El suelo, predominantemente arenoso, facilita el escurrimiento del agua superficial, por lo que las zonas pantanosas, tan características de otros páramos, en las faldas del Chimborazo son casi inexistentes.
En la cara suroccidental de la reserva existe un gran arenal, comparable a las punas de Bolivia, donde la vegetación es escasa y rala, y donde se nota el gran esfuerzo de unos pocos individuos luchando por permanecer en el inhóspito lugar. En ciertas quebradas y zonas más húmedas y protegidas del viento se pueden encontrar pequeñas poblaciones del árbol de papel o pantza (Polylepis sp.) o de quishuares (Buddleja sp.), con los que se realizan esfuerzos de reforestación.
Los habituales compañeros del caminante de estos páramos son los curiquingues (Phalcoboenus carunculatus), los vencejos (Aeronautes montivagus), y cerca de los cúmulos de agua los ligles (Vanellus resplendens) y las gaviotas de páramo (Larus serranus).
A lo largo de los senderos es usual observar huellas o excrementos de conejos y lobos (Pseudalopex culpaeus); los guías comentan que si hay mucha suerte se pueden ver pumas (Puma concolor) y hasta cóndores (Vultur gryphus). Lo que sí se puede asegurar es que el turista podrá engolosinarse observando las esbeltas vicuñas, llamas y alpacas, que pastan libremente por toda la zona, y frente al recorte de su silueta a contraluz sobre las lomas, se verá tentado a ensayar con el pincel.
Testigos de la historia
Si bien las inmóviles piedras no pueden contar con palabras lo que han visto, su resistencia al paso del tiempo lucha contra el olvido. A pocos minutos de la Reserva existen las ruinas conocidas como el Cuartel Inca, que a pesar de haber sido despojadas de buena parte del material pétreo que formaba su estructura, todavía guardan indicios de su importancia y claman por investigación y protección urgentes. El acceso a este sitio es fácil, pero se recomienda la presencia de un guía, pues en sus cercanías se cría ganado de lidia.
Si su interés por nuestros ancestros es fuerte, lo mejor es visitar el Templo Machay, que al decir de los lugareños es la primera iglesia del país. Se trata de una formación natural rocosa, donde los aborígenes rendían culto al dios Chimborazo, y en fechas más contemporáneas, los arrieros y pastores buscan refugio nocturno. También existen versiones de que en su interior los contrabandistas de licor evadían a los guardias de estanco en décadas pasadas. Para llegar aquí se requiere de una caminata de aproximadamente cinco horas, o se puede alquilar cabalgaduras en las poblaciones cercanas.
Otra formación que guarda sorpresas, aunque esta vez de tipo geológico, es Yanarumi -que traducido al español significa piedra negra-, pues posiblemente albergue en su interior varios fósiles. Está situada a 4 120 msnm y desde allí hay un amplio dominio visual que en días despejados permite la observación de varios volcanes vecinos como El Altar, el Sangay y el Tungurahua, además de otras elevaciones de las cordilleras Occidental y Oriental. En resumen, es uno de los parajes más hermosos de la Reserva de Producción Faunística Chimborazo, al cual se puede acceder en carro o alquilando cabalgaduras.
Aguas termales y minerales
A orillas del río Colorado, que aguas abajo se convertirá en el Ambato, se encuentra el balneario de Cununyacu, a una altitud de 3 640 msnm. Este rústico complejo de tres piscinas es una prueba irrefutable de las incandescentes entrañas del Chimborazo, pues el agua allí promedia una temperatura de 35 grados centígrados. Para visitarlo, si se parte de Riobamba, debe tomarse el carretero a San Juan, y luego transitar por el carretero antiguo hacia Ambato durante 11 kilómetros.
La Reserva también encierra aguas minerales de delicioso sabor, que afloran a pocos metros de distancia del Cuartel Inca. Otros sitios de interés dentro de esta área protegida son los valles de Pogyos, Mechahuasca y Abraspungo, donde el paisaje, flora y fauna ofrecen una placentera experiencia.
Por fin el Coloso
El volcán más alto del mundo, si se considera la distancia entre el centro de la tierra y su cumbre, a 6 310 msnm, no solo ha inspirado delirios, poemas, pinturas, miles de fotografías y suspiros. El Chimborazo le ha quitado el aliento a miles de aventureros que han llegado buscando dominar sus alturas, apoderarse de sus aristas y salir victoriosos en la medición de sus propias fuerzas.
No pocos han perdido su vida en el intento, como lo atestiguan las placas colocadas en su recuerdo en los refugios de la montaña, pues aun cuando la ascensión a la cima del Chimborazo no está considerada como de dificultad extrema, factores como la falta de preparación, el clima adverso, el exceso de confianza o simplemente un rato de mala suerte pueden cambiar los resultados esperados, por lo que siempre es recomendable, a la hora de ascender, acompañarse de un guía experimentado.
También el vecino Carihuairazo, que se eleva a 5 020 msnm, invita a la exploración de sus cumbres ocasionalmente nevadas. El farallón denominado La Chorrera, pues por aquí aflora el río del mismo nombre formando una atractiva caída, es el sitio ideal para hacer las primeras prácticas de escalada.
Amenazas a la Reserva
Antes de su creación, la Reserva de Producción Faunística Chimborazo experimentó el sobrepastoreo con ovejas y ganado vacuno. Las ovejas consumen el triple de forraje que los camélidos, producen menos lana, de menor cotización en el mercado, además de ocasionar daños en el suelo del páramo con sus pezuñas dobles y arrancar de raíz la vegetación que consumen.
Por su parte, el ganado vacuno compacta el suelo y dificulta la
recuperación de la cubierta vegetal, por lo que poco a poco los
comuneros del lugar se han dado cuenta de las ventajas de abandonar
sus prácticas y adoptar la cría de camélidos, con la ventaja
adicional de contar con el asesoramiento del personal del
Ministerio del Ambiente para tal fin.
Lamentablemente, se nota con cierta frecuencia que la costumbre de
quemar grandes extensiones de pastizal aún se mantiene, ya sea
porque se piensa que el humo atraerá a las nubes, en época de
sequías prolongadas, o para ampliar la frontera agrícola. Este es
posiblemente el principal problema que afecta al área
protegida.
Existen tan solo seis guardaparques para monitorear la zona, por lo que sus esfuerzos no siempre alcanzan a evitar la cacería dentro del parque o que algún ejemplar de vicuña sea atropellado en su intento por cruzar las carreteras que atraviesan la Reserva.
También es notoria la falta de recursos que recibe la Reserva, lo cual se evidencia en el punto de control del sector del Arenal, donde existe una caseta que sirve como refugio, sitio de descanso y cocina para los guardias. Esta caseta no es otra cosa que un gran furgón de metal adecuado para los propósitos mencionados, con lo cual el turista obtiene una imagen de improvisación nada acorde con la que debe proyectar una de las áreas naturales protegidas más importantes del país.
Guía de la Reserva
Para llegar a la Reserva de Producción Faunística Chimborazo se puede partir de la ciudad de Riobamba, capital de la provincia de Chimborazo, situada a 180 km de distancia con relación a Quito, en dirección sur. Existen tres carreteras de primer orden, también transitadas por buses, por medio de las cuales se puede acceder a los lugares de interés:
La Panamericana, que corre por el este de la Reserva, desde
donde se toma el desvío a Sigsipamba, para llegar a Cuatro Esquinas
y de allí a la Ruta de los Hieleros.
La carretera Ambato-Guaranda que atraviesa la Reserva cerca de su
límite occidental. Es la ruta adecuada para llegar cerca del valle
de Abraspungo y del Carihuairazo.
La carretera a la población de San Juan, que parte de Riobamba y se
empata con la anterior vía. Por aquí se puede llegar a La Chorrera,
Templo Machay, el Cuartel Inca y Yanarumi.
Todas estas vías conectan con carreteras de segundo y tercer orden que en época de invierno pueden requerir de un vehículo a doble tracción.
La Reserva está abierta de lunes a domingo, entre las 8h00 y las
17h00.
Los precios de entrada son los siguientes:
Adultos ecuatorianos: 2 dólares. Niños y personas de tercera edad:
1 dólar
Adultos extranjeros: 10 dólares. Niños: 5 dólares.
Informes sobres las rutas, contratación de guías y facilidades de
hospedaje se pueden obtener en la ciudad de Riobamba, en las
oficinas del Ministerio del Ambiente, ubicadas en la Av.
Circunvalación, Quinta Macají.

