Los anfibios están desapareciendo
Andrés Merino Revista Ecuador Terra Incógnita - Quito January 2005
Entre la segunda mitad de la década de 1980 y la primera mitad de
la de 1990, muchas especies de ranas y sapos del mundo
desaparecieron. Las desapariciones no tienen ningún límite
geográfico y mientras más pasa el tiempo, las regiones afectadas se
incrementan.
Este fenómeno mundial tiene varios patrones: ocurre en las zonas
montañosas,
incluso en aquellas donde el ser humano no ha alterado el hábitat
de los anfibios; afecta principalmente a ranas y sapos relacionados
a aguas corrientes (ríos, riachuelos, esteros); y, finalmente, ha
ocurrido, en el lapso de dos o tres años.
En Ecuador, especies sumamente abundantes como el jambato (Atelopus ignescens) o las ranas kaylas (Telmatobius niger) fueron registradas por última vez en 1988 y 1994, respectivamente. Por desgracia, la lista de desaparecidos en nuestro país podría tener al menos 24 especies.
Entre las causas propuestas para explicar este fenómeno están
algunas anormalidades climáticas o la epidemia de un hongo patógeno
(Batrachochytrium dendrobatidis).
Las investigaciones realizadas por los herpetólogos de la
Universidad Católica del Ecuador han revelado que las dos causas
pudieron estar implicadas en la desaparición de nuestras ranas
andinas. Debido a la rapidez con la que ocurren estas
desapariciones, los investigadores, estamos trabajando
incansablemente en mecanismos que eviten la desaparición de
especies que aún podemos encontrar en nuestros bosques.
La solución a este problema no es fácil. En el caso de las ranas y sapos del mundo, la conservación de áreas naturales no ha garantizado su supervivencia, por lo que estamos obligados a pensar en nuevas e innovadoras metodologías para la conservación de este grupo biológico.
Lastimosamente, al parecer, algunas especies ya están extintas, y lo peor es que se fueron sin dejarnos conocerlas, a algunas ni siquiera pudimos darles un nombre común... peor uno científico.
Durante los últimos años, hemos hecho todo lo posible para
conservar muchas especies en su hábitat, pero considerando las
amenazas presentes en los Andes, hemos tomado la decisión de
preparar una infraestructura que permita el manejo y la cría de
especies amenzazadas en nuestro laboratorio de la PUCE, en Quito,
mientras se aplique una solución definitiva al cambio climático
global, a la destrucción de los bosques nativos y a las
enfermedades que las afectan.
Posiblemente, las ranas y los sapos han sido las primeras víctimas
del calentamiento climático global y otros factores ambientales
como una mayor incidencia de radiación ultravioleta, enfermedades,
introducción de especies exóticas como truchas o tilapias en los
ríos, alteración y destrucción de ecosistemas. ¿Quienes serán los
siguientes?

