La cecilia más grande del mundo

Martín Bustamante   Revista Ecuador Terra Incógnita - Quito   January 2005

Nuestro territorio alberga una enorme diversidad de anfibios, y no me refiero a cuán sapos son nuestros gobernantes, o a nuestra viveza, sino a las muchísimas especies de ranas, salamandras y cecilias que viven en estas tierras.

En efecto, los tres órdenes (ranas, salamandras y cecilias) conforman la clase de los anfibios. Hablemos sobre la presencia del tercero de estos en nuestro país:
Cecilia es el nombre con el que los biólogos conocen a estos anfibios de hasta metro y medio de longitud y sin extremidades que, por la forma de su cuerpo, son comúnmente confundidos con culebras o lombrices gigantes.

Solo unos pocos reconocen a estos raros anfibios (cuyo orden es el de los Gymnophiona, en la clase Amphibia). En efecto, casi nadie diría "¡mira, una cecilia!" al ver un ejemplar de Gymnophiona (y menos aún "ve ese Gymnophiona"). Y es que las cecilias son tan escasas en el mundo que muy pocas personas saben de su existencia, y menos aún de su ecología.

Ilulos, cecilias, otongos o pudridoras

Las cecilias son tan poco conocidas que no gozan de un nombre vulgar generalizado; cecilia es el nombre técnico vulgarizado proveniente de la familia más diversa de estos animales (Caeciliidae) y no es muy ampliamente difundido. En el mundo apenas se han contado 165 especies de estos animales. El 14% (23 especies) se encuentra en el Ecuador.

En algunas zonas de nuestro país las cecilias son conocidas como ilulos -vocablo quichua de la Amazonía que se utiliza para nombrar a las lombrices gigantes o animales similares-.Este nombre muy posiblemente de debe al parecido físico externo entre ambos animales, aunque en un análisis detallado se encontrarán radicales diferencias.

Otro nombre utilizado principalmente por colonos y campesinos es pudridoras, esto por la magnificada creencia popular de que, por parecerse a una culebra, su mordedura causa infección y una fuerte podredumbre en la zona afectada.

Confundir a las cecilias con serpientes es fácil si no se mira con cuidado. Esto hace que se las tema, ahuyente o asesine. Sus similitudes son muchas, pero también sus diferencias: si miramos en detalle la piel de estos anfibios notaremos que no hay escamas externas que la recubran (como las que vemos en los reptiles) sino que su piel es lisa y húmeda. Bajo ésta, de todos modos, hay pequeñas escamas imperceptibles a simple vista. Además, las cecilias no tienen cola.

Hábitos de las cecilias

Tienen cuerpo alargado y usualmente azul o morado, aunque también hay anaranjadas y negruzcas, la mayoría de colores poco llamativos. Viven bajo tierra y por ello generan temor a quien las ve. Para cumplir con sus hábitos, su cuerpo tiene músculos fuertes para hacer movimientos serpenteantes, en los que utilizan su cabeza para excavar. Se desplazan entre raíces y se guían por el olfato para conseguir alimento (comen otros animales subterráneos como lombrices, insectos y babosas).

En Ecuador conocemos, por observaciones de biólogos amigos, que las serpientes coral, que viven a ras del suelo, se alimentan de ilulos.

Ya que debajo del suelo la luz escasea, las cecilias no utilizan la vista para orientarse; de hecho, sus ojos son poco útiles y están recubiertos de piel y huesos.

Tienen dientes filudos y pueden proporcionar mordidas extremadamente fuertes porque están dotadas de músculos adicionales que, además de cerrar la boca, retraen la mandíbula; por ello, y aunque mordeduras de cecilias a humanos sean raras, hay que tener cuidado, pues una vez que cierran la boca es muy difícil liberar la mordida sin causar daño.

Tienen fertilización interna en la que el macho utiliza su órgano copulador llamado falódeum. Una de las pocas cosas que se conoce de la biología reproductiva de algunas especies de Ecuador es que las hembras cuidan los huevos, alrededor de los cuales se enroscan, protegiéndolos a manera de nido.

Los ecuatorianos tenemos la suerte de que en nuestro país existan lugares donde las cecilias son más o menos comunes. Tal es el caso de Chiriboga (en la vieja carretera a Santo Domingo), o Cosanga (en la vía al Tena). Si al viajar por estos rumbos nos tomamos un tiempito para remover piedras y troncos, muy probablemente las encontraremos. Cabe anotar que después de lluvias intensas las cecilias salen a la superficie del suelo para no ahogarse; entonces es posible verlas.

Rompiendo marcas

Las cecilias viven en las zonas tropicales y subtropicales de Sudamérica, África y Asia; desde bosques húmedos tropicales hasta bosques nublados. Precisamente en Ecuador alcanzan la mayor elevación en los bosques occidentales de la provincia de Imbabura, a 2 510 msnm.

La cecilia más grande del mundo fue encontrada en diciembre de 2003 en el Bosque Integral Otonga, provincia de Cotopaxi. Se trata de una Caecilia guntheri de 154 cm; hasta entonces se suponía que esta especie solo podía alcanzar una longitud de 100 cm. Este animal rompió la marca y hoy por hoy es la más grande que se haya registrado, además se ha convertido en el anfibio más grande del Ecuador. Su hallazgo tuvo una importancia enorme, no solo para la ciencia, sino que los ciudadanos comunes aprendamos cuan magnífica y atrayente puede ser nuestra naturaleza.

No sabemos si estos anfibios, al igual que los sapos y ranas de las zonas montañosas del Ecuador, se estén enfrentando a un dramático proceso de extinción, pero a criterio de George Fletcher, experto en cecilias ecuatorianas, la destrucción de bosques y la ampliación de la frontera agrícola son fuertes amenazas para la supervivencia de estos animales. Por eso necesitamos prestarles especial cuidado y atención, pues el grado de conocimiento que tenemos sobre ellos es todavía muy pobre.

Los bosques donde viven los ilulos también son hogar de aves revoloteantes, cientos de mamíferos tiernos, anfibios endémicos muy coloridos. Son lugares para vivir descubrimientos y conocer profundamente la naturaleza. Entonces, por qué no pensar en incluir a los ilulos en la lista de los animales que queremos conservar, pues aunque no los conozcamos en detalle también son importantes, y por último -aunque suene raro- son mucho más fáciles de ver y conocer en estado silvestre que los osos, pumas o harpías.

Recordemos que, según lo expuesto, el Ecuador, además de ser un país de tantos sapos y ranas, es también el país de las cecilias.