Sapos:¿buenos progenitores?
Alexandra Quiguango Revista Ecuador Terra Incógnita - Quito January 2005
Los primeros vertebrados que colonizaron tierra firme fueron los
anfibios. Al hacerlo, algunos de sus descendientes, los anuros
(sapos y ranas), se tornaron especialistas en dejar descendencia.
Seguramente por esto, son el grupo de vertebrados terrestres con el
mayor registro de formas de reproducción. Y para nuestra fortuna,
la mayor diversidad de formas reproductivas de anuros está
localizada en los trópicos.
Por ejemplo, en Estados Unidos se conocen solamente cuatro modos reproductivos para los anuros, de los cuales el más común (90%) es el de tener huevos y pasar por el estado de renacuajos (uillis). En contraste, en una pequeña localidad llamada Santa Cecilia, cerca de Lago Agrio (Nueva Loja, Ecuador), se han registrado más de diez modos y solamente el 37% de las especies halladas en esta localidad se reproducen mediante huevos y uillis en charcas.
No obstante, esta última es una de las formas de reproducción más conocida. Seguramente usted habrá visto uillis nadando a su suerte en pozas y ríos. Pero, ¿alguna vez se ha preguntado cómo llegaron hasta allí?
Una vez que se produjo el abrazo nupcial, hay ciertas especies de ranas que depositan los huevos en pozas, unas prefieren aguas estancadas y otras aquellas en movimiento; también hay las que escogen los charcos temporales de la época lluviosa.
A menudo las puestas acuáticas pueden llegar a ser muy
numerosas, tal es el caso del sapo gigante (Bufo marinus), que
puede depositar cerca de 35 000 huevos por vez.
Los huevos también pueden ser depositados fuera del agua en
cantidades relativamente pequeñas. Las ranitas payaso de Sarayacu
(Hyla sarayacuensis) los colocan en la vegetación por sobre las
pozas. Sus crías se desarrollan y, una vez que se han convertido en
pequeños uillis, caen al agua donde continúan su ciclo.
Otras ranas han desarrollado formas más sofisticadas de dejar descendencia, algunas de ellas ligadas al cuidado de sus hijos. El cuidado parental ocurre en especies que tienen pocas crías, y éste, sin duda, tiene la gran ventaja de incrementar las posibilidades de supervivencia de la progenie.
Un caso extraordinario (y familiar para quienes vivimos en los Andes) es el de la hembra de la rana marsupial andina (Gastrotheca riobambae). Ella incuba unos 130 huevos en una bolsa de su espalda, por un lapso de aproximadamente tres meses. Transcurrido este período, los huevos se transforman en uillis, los cuales son depositados en pozas de agua estancada. Por su parte, la Gastrotheca plumbea, un pariente cercano de la rana marsupial andina, también incuba sus huevos en una bolsa, pero luego de un tiempo no emergen uillis sino ranitas.
En las ranas venenosas de la familia Dendrobatidae, la puesta puede ser cuidada por el padre (algo poco usual en el reino animal), la madre, o por ambos, y varía según la especie. Durante el desarrollo de los huevos, estas ranitas son fieles a sus puestas y las defienden intensamente de otras ranas que pueden comérselas.
Por otro lado, realizan frecuentes visitas en las que se sientan sobre la puesta. En un movimiento que parecería pisotear delicadamente los huevos, los hidratan con un líquido que sale de su cloaca o con la humedad retenida en la piel de su vientre. Es posible que el padre, además de hidratar los huevos, simultáneamente provea sustancias antibióticas y antimicóticas que inhiban el crecimiento de bacterias y hongos.
En el caso de Epipedobates anthonyi (un tipo de Dendrobatidae), una vez que la hembra ha puesto los huevos, el padre los cuida creca de 14 días, tiempo en el cual los huevos se han transformado en pequeños renacuajos. Una vez que sucede la eclosión, el abnegado padre recoge a los renacuajos, quienes suben uno por uno a su espalda para ser transportados al agua.
En algunas ranas venenosas el cuidado paternal puede ir más lejos para garantizar la vida de sus descendientes. Por ejemplo, en la rana diablito colorado (Dendrobates sylvaticus) habitante de la región del Chocó, la madre transporta a los renacuajos, uno por uno, al agua almacenada en las axilas que quedan entre las hojas de plantas como las bromelias. Periódicamente ella retorna para alimentar, con huevos no fertilizados, a las crías hambrientas.
Otro gran modelo de cuidado parental (aunque no de monogamia) es el de las ranitas de cristal (Hyalinobatrachium spp.). El macho resguarda la puesta de huevos localizada en el envés de las hojas de la vegetación en la orilla de los ríos. Estos machos en algunos casos llegan a cuidar las puestas de varias hembras a la vez.
La mayoría de anuros necesitan del agua en alguna fase de su vida, ya sea como huevo o como renacuajo. Pero el grupo de los cutines (Eleutherodactylus spp.), el más diverso de ranas ecuatorianas, ha logrado prescindir totalmente del agua: depositan pequeñas puestas en cavidades en la tierra y de cada huevo sale directamente una ranita.
Finalmente, y examinadas algunas de las posibilidades que los
sapos ecuatorianos usan a la hora de procrear y perpetuar sus
genes, mi recomendación sería que si usted decide tener hijos, por
favor escoja un número que no supere los 35 000. Si así lo hace,
entonces obligatoriamente tendrá que alimentarlos y defenderlos de
los posibles predadores (que siempre están al acecho), y por
supuesto, si usted es macho, muy bien podría incluso ayudar a
cargar a los bebés...

