Ecuador tierra de sapos y ranas

Luís A. Coloma   Revista Ecuador Terra Incógnita - Quito   January 2005


Ecuador es, sin duda, el país de los sapos y las ranas. Aquí habita el 8% de los anfibios del mundo. Sus 439 especies de anfibios (410 ranas y sapos, 23 ilulos, y 6 salamandras) le ubican en un tercer lugar mundial, después de Brasil y Colombia, en cuanto a número de especies. No obstante, ocupa el primer lugar si se toma en cuenta su modesta superficie.

El 40% de especies de anfibios del Ecuador (es decir 175) son endémicas. Habitan desde los agrestes bosques secos hasta los fríos páramos. En estos últimos, cerca del 70% de sus 49 especies son exclusivas de este ecosistema.

Recuerdo que en mi infancia, durante los años sesenta, la diversidad de sapos en Guaranda (mi ciudad natal) resultaba espléndida. No era difícil encontrar pozas rebosantes de ultios (renacuajos), poblaciones abundantes de ranitas cristalinas (Centrolene buckleyi), marsupiales (Gastrotheca pseustes), cutines (Eleutherodactylus w-nigrum) y los más conspicuos pucasapos (Atelopus guanujo). Estos últimos ostentaban su color rojizo en los potreros verdes.

Recuerdo que en el Escolar Ecuatoriano, texto obligatorio de las escuelas en ese entonces, encontré extrañas incongruencias con la realidad. No se mencionaba que existían sapos rojos, y solo había un párrafo escueto que decía algo así "son animales nocturnos y los hay de dos clases: los sapos son café, torpes, feos y con verrugas, mientras que las ranas son verdes, con grandes orejas, y se mueven a grandes saltos".

Nada más lejano de la realidad; los textos de aquel entonces habían replicado (¡con algunos errores!) lo que se conocía de las ranas y sapos europeos. Lo cierto es que en Ecuador no solo había especies parecidas a las ranas y sapos europeos, sino que este pequeño país sudamericano contaba con una casi inimaginable diversidad de estas criaturas, las cuales, por aquel entonces, eran muy poco conocidas. Pero...

¿Qué son los anfibios?

Los anfibios (ranas, sapos, ilulos y salamandras) son vertebrados singulares por varias razones. Poseen una piel permeable con glándulas que la mantienen húmeda y otras que la protegen de virus, hongos y bacterias. Su audición también es peculiar, pues además de escuchar a través del tímpano, lo hacen por medio de sus patas. Ellos perciben sonidos de frecuencias bajas con ayuda de músculos asociados a las patas delanteras y en conexión con receptores especiales en el oído interno. Otra característica de muchos anfibios es la metamorfosis de renacuajo acuático para transformarse en adulto terrestre. Esto último generó interés por su estudio desde los albores de la zoología.

Este interés derivó en exploraciones científicas que en Ecuador comenzaron en 1849. Desde aquel entonces se han realizado esfuerzos monumentales por describir las especies de anfibios del Ecuador, cuya diversidad es exuberante. Basta mencionar tres ejemplos para ilustrar lo dicho:

En la provincia de Esmeraldas existe el sapo (Bufo blombergi) con el cuerpo más grande del mundo (26 cm). No menos interesante es el caso de la rana chachi (Hyla picturata), una rana arbórea de ojos telescópicos (extremadamente grandes y potentes) como ninguna otra (ésta vive junto a los riachuelos del Chocó ecuatoriano). Y qué decir de los más conocidos sapos "pacman" (Ceratophrys spp.), que tienen enormes bocas para devorar sapos, y así... podríamos llenar muchas páginas mencionando los múltiples tamaños, formas, colores y modos de vida de estos habitantes de nuestro país.

Aunque usted no lo crea

Si bien en los círculos académicos se reconoce como prioridad el determinar cuáles son las especies y dónde habitan, ésta es una tarea notoriamente inconclusa, principalmente por dos motivos:

1. Existen fronteras inexploradas. Quedan muchísimas regiones en las cuales los biólogos no han realizado estudios. Por ejemplo, nadie conoce con certeza cuáles son los sapos de la cuenca del río Guayllabamba, o qué sapos viven en la frontera colombo-ecuatoriana que es objeto de fumigaciones.

2. A toda esta incertidumbre se añade el descubrimiento de la "diversidad críptica". Estudios recientes del genoma de las ranas indican que tras el parecido externo de ciertas poblaciones de una especie pueden estar involucradas varias especies bien diferenciadas a nivel genético.

Con estos antecedentes, es difícil predecir el número de especies de anfibios ecuatorianos. No obstante, conservadoramente se estiman en no menos de 600 especies.

Bajo esta lupa cabe la siguiente pregunta: ¿Cuánto tiempo tomará descubrir y describir las posibles ciento sesenta especies todavía desconocidas, si las tasas promedio de descripción (cuatro especies por año) se mantienen?

Pues bien, esta labor terminaría en el 2044. Por tanto, y como usted se imaginará, estamos en una carrera maratónica contra el tiempo, pues la extinción no espera...

Y hoy

He vuelto a Guaranda y la gran mayoría de aquellos seres sonrientes que acompañaron mi niñez ya no están. El Ecuador y el mundo se han quedado atónitos frente a la repentina extinción masiva de especies de sapos y ranas en todas las regiones y latitudes (incluso en áreas protegidas). Los pocos bosques naturales y páramos remanentes de América Latina sufren los embates de la descarada destrucción en manos de madereras, monocultivos, ganadería, petroleras, y la complicidad de quienes justifican lo injustificable. Además, el cambio climático global y las enfermedades pandémicas resultan devastadores, sin que podamos hacer nada al respecto. ¿O sí...?

Hitos en la historia de la descripción de los anfibios ecuatorianos

1849. Se describe para el mundo científico la primera especie de sapo proveniente de Ecuador. El jambato (Atelopus ignescens).

1862-1865. Don Marcos Jiménez de la Espada, un conocido americanista y científico de la comisión de naturalistas enviada por el Gobierno Español, colectó ranas y sapos ecuatorianos en especial de la región entre Baeza y Sumaco, y más tarde describió 18 especies.

Finales del siglo XIX. Se realizan colecciones por parte de naturalistas y recolectores profesionales, entre quienes se destacan el padre del andinismo Edward Whymper. Una veintena de científicos europeos y norteamericanos también contribuyó con esta labor hasta 1900, cuando se registraron cerca de 130 nuevas especies de Ecuador.

Primera mitad del siglo XX. La tarea de describir la diversidad de anfibios ecuatorianos es casi interrumpida por las guerras mundiales. Solamente se describen unas sesenta especies.

Finales de la década de los sesentas. Científicos de la Universidad de Kansas -liderados por el más reconocido estudioso de los anfibios del mundo, William E. Duellman- inician exploraciones en Ecuador en una infatigable búsqueda por develar los anfibios ecuatorianos para la ciencia. Estos describen el 53% (231 especies) de anfibios ecuatorianos conocidos hasta la presente. En el equipo se destaca John D. Lynch, quien llega a descubrir y describir cerca de 105 especies.

Desde 1992 hasta hoy. Varios científicos ecuatorianos de la Universidad Católica, Escuela Politécnica Nacional y Universidad Central toman la posta. Hasta el 2004 han descrito 18 especies.