El gavilán de Galápagos
Tjitte De Vries Revista Ecuador Terra Incógnita - Quito November 2004
Los depredadores desempeñan un papel importante en el equilibrio de
la naturaleza. Pero las presas también. El estudio del gavilán de
Galápagos así lo ha demostrado.
El balance entre presa y depredador muchas veces pasa desapercibido, más bien nos impresiona cuando se ha roto, por ejemplo cuando hay una plaga en las papas (la larva de un lepidóptero comiendo el tubérculo), o la plaga de ratas en los basureros; en ambos casos falta el depredador, y envenenar a la población desmesurada parece la única vía para controlarla.
En la naturaleza también se producen plagas cuando los desastres
naturales (erupciones volcánicas, derrumbes, desbordes de ríos) han
roto el equilibrio. La restauración se inicia con plantas pioneras
que cubren la tierra desnuda; entonces unas pocas especies de estas
plantas pueblan toda el área: se puede hablar allí de una plaga de
pioneras.
Pero esta situación no dura mucho, enseguida los insectos
defoliadores las empiezan a devorar; así disminuye su población y
se abren espacios para nuevas especies vegetales. De esta manera,
el territorio vuelve a gozar de una gran variedad de plantas y, en
consecuencia, de una gran variedad de animales.
La pregunta es la siguiente: ¿el equilibrio existe siempre
porque el depredador controla a la presa, o es que la presa también
controla al depredador? Con el caso del gavilán de Galápagos, el
único rapaz diurno de ese archipiélago, podemos ensayar una
respuesta:
El gavilán de Galápagos vive en nueve islas (Pinta, Marchena,
Fernandina, Isabela, Santiago, Santa Cruz, Pinzón, Santa Fe,
Española) con una población total de 400 a 500 aves adultas
reproductoras y 300 a 400 aves juveniles y no reproductoras.
Las zonas bajas de las islas están ocupadas por la población reproductivamente activa de gavilanes; es decir, los adultos que pueden y tienen con quien copular. Por supuesto, allí también habitan los recién nacidos, desde que rompen el cascarón hasta que, al llegar a convertirse en gavilanes jóvenes, son expulsados.
Estos desterrados jovenzuelos suben entonces a las zonas altas, donde está la población no reproductiva de gavilanes, conformada por adultos que no han conseguido un espacio en las zonas bajas (y que lo intentan permanentemente) y por gavilanes jóvenes (machos y hembras) en espera de alcanzar la edad adulta.
Sobrevivir sin reproducirse no contribuye a la diversidad génica de la población. Por esto, todos los habitantes de las zonas altas pugnan por ser aceptados en la comunidad de las zonas bajas.
Los gavilanes jóvenes de ambos sexos tendrán que esperar a ser fértiles para intentar conseguir un lugar en las zonas bajas. Ese lugar es un pequeño territorio en donde una hembra junto a uno o más machos (que en algunos casos llegan a ser ocho) puedan vivir y reproducirse.
La competencia será muy dura para los machos, porque hay mayor
número de éstos que de hembras; Y aunque éstas practican la
poliandria -es decir, que mantienen a más de un macho como
compañero permanente (es decir, que no copula con otras hembras)-,
hay tantos jóvenes en espera y tantos adultos "solterones" o
"viudos" interesados en reproducirse, que conseguir la aceptación
de una hembra se torna un verdadero reto.
Por esto, en las zonas altas hay más machos adultos que hembras;
estas últimas tienen más oportunidades de conseguir un espacio en
las zonas bajas. La siguiente estadística lo demuestra: entre los
gavilanes jóvenes, en las zonas altas hay casi igual número de
machos que de hembras; en los adultos, el número de machos frente
al de hembras es de cinco a uno.
Ahora bien, si consideramos que en las zonas altas hay más
humedad y que ésta por sí misma favorece a la reproducción de los
gavilanes, ¿por qué las colonias reproductivas prefieren las zonas
bajas? La respuesta es que, debido a su aridez, en estas zonas los
gavilanes pueden conseguir alimento con mayor facilidad.
Entonces, la disponibilidad limitada de alimento de las zonas bajas
es la clave para explicar por qué, a pesar de no tener depredador,
su población no es tan grande como para ser considerada como una
plaga.
El recurso limitante es el espacio físico de la zona baja; limitación que provoca el comportamiento de defender el territorio (por las presas que allí habitan) y utilizarlo además para ejercer la vida sexual (y así economizar esfuerzos).
Paternidad y adopción
Como hemos señalado, el vínculo entre machos y hembras se manifiesta en una vida social en donde varios machos (hasta ocho) se unen a una misma hembra. Todos los machos del "harem" copulan con la hembra, incuban los huevos, traen presas para los pichones y defienden el área de su territorio contra grupos de otros territorios o cualquier gavilán vagante e intruso.
Este comportamiento tiene dos motivos:
El primero es el hecho de que en un ambiente en donde las presas
son escasas, parece que poner más manos (garras) a la obra favorece
a la supervivencia de los adultos (una misma presa es compartida
con los demás miembros del grupo) y trae al mismo tiempo más presas
a los pichones.
El segundo motivo es la posibilidad de reproducción. Y sobre esto
último haremos un breve análisis:
En cada nidada, la hembra generalmente pone uno o dos huevos.
Pero si hay, por ejemplo, ocho machos y solamente uno o dos
pichones en "casa", por los menos seis de esos machos que copularon
con la hembra (ya que todos los del "harem" copulan) no son los
padres de los recién nacidos. Sin embargo, también cuidan y
alimentan a los pequeños. Entonces cabe preguntarse, ¿por qué los
machos que no son padres de un pichón ayudan en su crianza? ¿De
dónde viene esta generosidad, este "altruismo"?
Para responder estas preguntas tenemos que pensar nuevamente en la
importancia que tiene el equilibrio de los números en la naturaleza
y en la supervivencia de la especie.
¿Qué ventaja tiene para los gavilanes de Galápagos el que varios machos compartan una misma hembra?
Estudios, en conjunto entre John Faaborg (Universidad de Misuri-Columbia), Jim Bednarz (Universidad de Arkansas), Patricia Parker (Universidad de San Luis, Misuri) y la PUCE con sus estudiantes, han estado analizando la biología reproductiva del gavilán de Galápagos durante algunas décadas.
Estos, entre otras cosas, han aplicado técnicas para obtener datos sobre el parentesco de los pichones, y han demostrado que en una nidada de dos pichones cada uno es de diferente padre.
Entonces se ha concluido que para un macho es valioso formar parte de uno de esos "harem" porque en unos diez años o más de participación en las cópulas tiene la oportunidad de fecundar: de dejar sus genes en futuras generaciones. Además así, aunque tenga pocos descendientes directos, ayudará a que la población quede estable en números óptimos (para que el alimento alcance)
El ambiente extraordinario de Galápagos fue el que llevó a que los gavilanes desarrollen este curioso mecanismo. Pero hay algo más:
¿En qué parte del mundo el ser humano puede alimentar a un ave
rapaz de su mano? El visitante o turista en Galápagos puede
acercarse hasta un metro o menos de un gavilán que no tiene miedo,
ya que éste no "sabe" qué tan malo puede ser el hombre. Esperamos
que esa confianza no sea defraudada

