El encanto de las orquídeas

Manuela Botero   Revista: Mundo Dinners - Quito   April 2005

Otra de las innumerables y gigantes consecuencias de la tala sin piedad que sufren los bosques primarios del Ecuador es la desaparición de especies vegetales. Las orquídeas son una de las especies más vulnerables a esta destrucción a la que no parece ponerse freno por parte del Estado. El recién inaugurado Jardín Botánico de Quito, que tiene como protagonista un elocuente Orquideario, pretende ser una forma más de conservación y de sensibilización.

¿Por qué, si aquí hay tantas personas amantes de las plantas, no existía hasta ahora un jardín botánico en Quito? La respuesta de Mónica Bodenhorst de Navarro, quien colaboró para que este proyecto finalmente viera la luz, es contundente: "Porque antes todo el Ecuador era un jardín botánico, de modo que no había necesidad de tener un Jardín Botánico. Ahora tenemos que tratar de salvar algo".

En efecto, países desarrollados como Inglaterra, Bélgica o Alemania tienen los jardines botánicos más afamados del mundo, con una idea muy inteligente y a la vez cruel: si alrededor ya destruimos todo, al menos conservemos algunos exponentes de las especies en desaparición. Así, los niños de muchos países desarrollados tienen la ocasión de conocer a través de estos jardines muchas plantas y flores que ya no existen de forma natural en sus medios.

Incluso los científicos ya han acuñado un término para denominar esto: se llama conservación ex-situ (fuera de lugar). Y es una de las estrategias para garantizar que algo quede a salvo luego de la deforestación de los bosques tropicales, el calentamiento global, el consumo ilimitado y todo lo que esos procesos nos está causando. Para este propósito también sirven los jardines botánicos -aunque sería mejor que también siguieran existiendo en la naturaleza-, y otras formas de conservación ex situ, como la tarea que realiza el Herbario Nacional, por ejemplo.

Todo esto explica porqué además del inmenso aporte que significa el Jardín Botánico como una forma de esparcimiento educativo para los habitantes de Quito y sus cercanías, también tiene un valor científico importante en la garantía de la conservación de las especies de los pisos térmicos representados: humedal, bosque nublado, páramo, bosque seco, y los jardines temáticos de flores tradicionales de la Sierra ecuatoriana como las brugmancias, fuchsias y tibouchinas, entre otros.

En medio de este gran jardín de 18.600 m2 -en cuyo diseño estuvieron implicadas autoridades del Missouri Botanical Garden-, las orquídeas, consideradas la familia más numerosa del reino vegetal (una de cada diez especies de plantas), ocupan un lugar protagónico gracias a los imponentes "Palacios de Cristal" que ocupan un área de 800 m2 y se construyeron gracias a una donación que hizo en vida la inmigrante Gisella Neustaetter. Estos palacios están constituidos por dos invernaderos gigantes recubiertos de paneles de policarbonato en los que se recrea, en la medida de lo posible, el hábitat natural de las orquídeas -para ello fue necesario, por ejemplo, ¡traer roca volcánica desde Papallacta!.

La estructura metálica está dividida en tres cuerpos: un invernadero para orquídeas de calor (de 700 metros sobre el nivel del mar), otro más grande para las de altura (de 900 a 4.000 metros) y un área central cubierta por un domo para eventos culturales, científicos y sociales. En total, calcula Carolina Jijón, la directora del Jardín, hay hasta ahora unas 1.200 especies y la idea es seguir nutriendo el Orquideario para que estén representadas el mayor número de las 4.250 especies que se calcula que hay -¿o había?- en el Ecuador.

La mayor parte de estas orquídeas agrupadas en la exposición, que lleva el sugerente título de "Maestras del Engaño", proviene de donaciones de amantes de este arte-ciencia que es el cultivo de las orquídeas, como la Asociación de Orquideología de Quito, el coleccionista Juan del Hierro a título personal y la empresa Ecuagenera ubicada en el Paute, provincia de Azuay, que es "la colección de cultivo y reproducción de especies más grande del mundo", según el mismo Juan del Hierro.

Ecuador ocupa el primer lugar en el mundo en especies de orquídeas clasificadas (según Calaway H. Dotson, hasta la fecha hay 3.933 especies conocidas para el Ecuador a base de muestras, lo cual representa cerca de 24 por ciento del total de la flora ecuatoriana clasificada que es de 17.000 especies). Y la mayor diversidad de éstas se encuentra en el Bosque Nublado, ecosistema que se ubica entre los 700 y los 2.200 metros. Colombia es el único país que le podría superar pero el acceso ha estado restringido por el conflicto armado, explica del Hierro. Allá la violencia y aquí la destrucción acelerada de los bosques primarios, porque "por más que se hable de reforestación, el bosque primario es de una sola vez, cuando se terminó, hay cadenas que se fueron para siempre".

La orquideología en el país

Según Juan del Hierro, la orquideología en el país tiene un papá común que es el padre Ángel Andretta, un salesiano que llegó al Ecuador como novicio a catequizar en el Oriente en los años 30 y se quedó maravillado al descubrir esas plantas de flores vistosas que se veían en los árboles a las orillas del río Upuma. Aunque su dedicación a las orquídeas causó extrañeza en su comunidad, cuando vino el padre regente le dijo que continuara porque eso era "parte de la obra de Dios". El padre Andretta donó su invaluable colección a la familia Portilla, que hoy maneja la empresa exportadora Ecuagenera, y cuando estuvo en Quito y Guayaquil expandió esta afición -que suele convertirse en obsesión- a partir de los clubes de Jardinería.

En Ecuador existen actualmente asociaciones de orquideología en varias ciudades: la de Guayaquil fue la primera y también las hay en Cuenca y en Quito, entre otras. Además, como lo señalaba un reciente número de la revista Terra Incógnita dedicado a las orquídeas, hay varios bosques primarios con guías preparados para el avistamiento de orquídeas en el sector de Mindo, Maquipucuna y Bellavista. Igualmente, se pueden visitar colecciones privadas como las del señor Hugo Oñate en Mindo, las de la Reserva Biológica Jatun Sacha en la vía a Ahuano (Napo), la de las Cabañas de Aliñahui, cerca de Puerto Napo o el Orchid Paradise en Misahuallí. Y algunos jardines botánicos como los de Guayaquil, Santo Domingo de los Colorados y Vilcabamba tienen colecciones de orquídeas de sus respectivas zonas.

Porque hay otro dato clave y es que entre las especies de orquídeas encontradas en Ecuador la mayoría son endémicas. En el Catálogo de Plantas Vasculares del Ecuador -una obra iniciada por encargo de la corona danesa, el gobierno de Suecia y el Jardín Botánico de Missouri hace 35 años y que aún no termina- aparecen clasificadas 2.999 especies de orquídeas hasta el año 1999, de las cuales 1.900 son endémicas y esto en el caso de las orquídeas puede significar que sólo se encuentran en un trozo del bosque con características muy particulares.

" A muchas orquídeas silvestres no 'les gusta' vivir lejos de los bosques. Florecen y producen semillas solamente si se hallan en su pequeño universo, con la combinación de agua, luz, temperatura y brisa exactas, con la corteza de árbol adecuada, en el ángulo perfecto, con una especie determinada de insectos, con una especie determinada de desechos sobre sus raíces y sus flores. Muchas especies de orquídeas silvestres no se comercializan, bien porque no son bonitas o bien porque nadie ha dado exactamente con lo que quieren y necesitan para sobrevivir", señala Susan Orleans en su libro El Ladrón de Orquídeas, obra que luego fue llevada al cine por Spike Jonze (Recuadro).

Recuadro 1

Juan del Hierro

Coleccionista quiteño. Principal donador del Orquideario del Jardín Botánico de Quito

-¿Por qué se enamoró usted de las orquídeas?

Por mi tía Clara Burbano de Andino, que era alumna del padre Andretta. A mí me gustaba la aventura del campo, me crié en hacienda y era cazador y pescador, pero luego pasé del objetivo depredador hacia la contemplación de estas plantas tan atrayentes. Luego estudié 11 años en París y vivía al lado del 'Jardin des Plantes', de manera que uno de mis imanes para regresar al Ecuador fue volver a ver orquídeas en estado natural. Luego me topé con Alejandro Hirtz -hoy director de la Fundación Botánica de Los Andes-, minero de profesión, y los dos combinábamos las expediciones botánicas y geológicas. Luego vimos la necesidad de crear la Asociación de Orquideología de Quito, en 1992, donde se comenzó a cultivar y a estudiar más a fondo nuestra biodiversidad en orquídeas. Al comienzo éramos doce personas, entre ellas: la tía Clara, Alex Hirtz, Nicolás Svistonoff, Víctor Hugo Hernández... Hoy en día la Asociación tiene cerca de 40 miembros, que se reúnen regularmente para actualizarse sobre lo que pasa en el mundo de las orquídeas y hablar sobre nuevos hallazgos.

Luego me desanimé con las salidas al campo. Encontrábamos los bosques quemados, destruidos. Para mí, el Ecuador entero era una hacienda. Ahora lucho para que se demarque la frontera agrícola y se promueva una mayor productividad en las zonas destinadas a la agricultura. ¡Todavía creemos que el mundo es infinito!

Hay cinco orquídeas con mi nombre y soy codescubridor de cerca de 150 especies. Una de las de más valía es la Delierroie Lepante y Platisme stelis, unas pequeñitas que hay que mirar con lupa".

-Insisto, ¿porqué está obsesión?
-Es una atracción fatal. Son todas tan diferentes, es un mundo tan ilimitado de formas fantasmagóricas, de mimetismo; imagínate que algunas orquídeas se polinizan mediante una especie de pseudocópula con algunos insectos (ver foto), son las reinas del engaño: tienden trampas a los insectos y aves, que a su vez las polinizan a través de formas y colores: hay unas que huelen nauseabundo porque las polinizan aves carroñeras, hay otras cuyo polinizador es nocturno y entonces solo desprenden su fragancia en la noche; otras, como la vainilla, expelen una fragancia muy fuerte porque tienen que atraer sus polinizadores desde lejísimos. El de las orquídeas es un mundo mágico. Son duendes del bosque.

OTRO RECUADRO APARTE

¿Por qué las orquídeas generan tal obsesión en el hombre?

Alexander Hirtz

Presidente de la Fundación Botánica de Los Andes y Presidente del Consejo Latinoamericano de Orquídeas.

"Y más bien por qué no te preguntas por qué la orquídea tiene la obsesión del hombre. Porque es el hombre el que se encarga de multiplicarla y llevarla por todo el mundo. Ella le cautiva para que la distribuya. Imagínate que el homo sapiens es una sola especie, mientras en orquídeas hay 25.000 especies y 200.000 cruces registrados hechos por el hombre. El hombre es un parásito que tiene que comer animales y tomar agua, la orquídea, en cambio, logró en su evolución esclavizar a los hongos y usa insectos para fecundarse. La orquídea es la que controla al hombre. La orquídea nos demuestra que detrás de la evolución hay una conciencia colectiva que la dirige, esa es la ponencia que voy a llevar ahora al Congreso Mundial de Orquideología en Dijon (Francia). La orquídea es la planta más evolucionada del mundo vegetal, así como los humanos somos en el mundo animal".

Calaway H. Dotson

Autor de la Colección "Orquídeas Naturales del Ecuador" que va en su 5to. Tomo.
Curador émerito senior del Missouri Botanical Garden. Fundador y ex director del Jardín Botánico de Selby en Sarasota (Florida), que cuenta con la mejor colección de orquídeas del mundo.
"Yo me pregunto la misma cosa. Creo que el ser humano tiene una filosofía a base del 'yo tengo y tú no tienes, yo tengo uno mejor que el suyo'. Pienso que eso es lo que empuja a muchos a hacer una colección de orquídeas, por eso yo no tengo una colección. No tengo ni una sola flor... Como biólogo me incliné hacia esta área de interés porque me llamaron la atención la forma, los colores de las orquídeas, todo tan raro. Comencé a estudiarlas y me encontré con que cada orquídea tiene una forma de seleccionar a su polinizador. Entonces conseguí financiación para un 'cromatógrafo de gases' que permite tomar muestras de los olores a través de los cuales ellas seleccionan a las especies de insectos que las polinizan y así no se generan problemas de hibridización natural. Las orquídeas sí saben lo que están haciendo, ellas no cometen errores".

Recuadro 2

Sobre la pasión de las orquídeas...
(Fragmentos del libro El Ladrón de Orquídeas, de Susan Orleans)

"Los sentimientos que despiertan las orquídeas no pueden explicarse desde un punto de vista científico. Parece que las orquídeas vuelven loca a la gente. Los que las aman, las aman con locura. Provocan más pasión que cariño. Son las flores más sexys de la tierra. Su nombre deriva de la palabra latina orchis, que significa testículo, lo cual hace referencia no sólo a la forma de testículos de sus pseudobulbos, sino también al hecho de que, durante mucho tiempo, existió la creencia de que las orquídeas surgían del semen derramado por los animales durante el apareamiento.

"El Herbario Británico de 1653 aconsejaba que las orquídeas se utilizasen con discreción, pues "su manipulación produce calor y humedad, se hallan bajo el dominio de Venus y exacerban la lujuria". En la Inglaterra victoriana la pasión por las orquídeas fue tal que a veces se denominó "orquidelirio". Bajo su influencia, mucha gente de apariencia
normal, tras entusiasmarse con ellas, se iba convirtiendo en gente menos normal...

"Incluso hoy en día hay algo delirante en el hecho de coleccionarlas. Todos los amantes de las orquídeas con los que me he ido topando me han contado la misma historia: de tener una plantita en la cocina pasaron a tener una docena, después un invernadero en el jardín, y después, en algunos casos, varios invernaderos. Después pasaron a emprender viajes a Asia y África para conseguir más ejemplares, a gastarse en ellas un presupuesto cada vez mayor y a sufrir un intenso deseo de poseer ejemplares raros cuya recompensa es tan mínima que sólo un auténtico coleccionista es capaz de apreciarla, como ocurre con la Stanhopea, que no florece más que una vez al año y durante un periodo máximo de un día... Una obsesión que les proporcionaba respuesta a cuestiones tales como la organización de su tiempo y de su dinero, la elección de sus amistades, el lugar al que viajar y qué hacer una vez allí. Era una religión.

"En la actualidad el comercio internacional de orquídeas mueve más de diez mil millones de dólares anuales y alguna planta rara ha llegado a venderse por más de veinticinco mil dólares. Tailandia es el mayor exportador del mundo. Envía flores para hacer ramos y para prender en vestidos por valor de más de treinta millones de dólares a todos los rincones del planeta. Las orquídeas pueden ser muy caras tanto a la hora de comprarlas como a la hora de mantenerlas. Existen cuidadores de orquídeas a domicilio, médicos de orquídeas y residencias para orquídeas, que son viveros donde se dejan las plantas cuando aún no han dado en flor. Allí las cuidan y avisan a sus propietarios cuando han florecido para que puedan llevárselas a casa y exhibirlas.

"La compra-venta internacional de orquídeas silvestres se halla severamente restringida por el Convenio de Comercio Internacional sobre Fauna y Flora en Peligro de Extinción (CITES). Algunas personas han alcanzado un éxito a pequeña escala en el cultivo de orquídeas silvestres cogidas antes de que la ley entrara en vigor, pero en la
actualidad los que quieren una orquídea silvestre han de robarla de los bosques o comprarla en el mercado negro.

"Coleccionar orquídeas es una ocupación mortal, lo cual siempre ha formado parte de su atractivo. Laroche amaba las orquídeas, pero llegué al convencimiento de que amaba la dificultad de obtenerlas casi tanto como a las propias flores. Cuanto peor la pasaba en el pantano, más entusiasmado estaba con las plantas que había logrado conseguir".