El palangre, ¿arte de pesca o depredador?

Marjorie Ortiz   El Universo - Guayaquil   January 2005


Un instrumento que engancha con sus anzuelos tiburones, mantarrayas, tortugas, lobos marinos y otras especies vulnerables, intenta aplicarse en Galápagos a pedido del sector pesquero. Grupos de ecologistas y ambientalistas lideran un frente para impedir que los recursos de la reserva marina se conviertan en fuente de depredación.

Decidieron que los viajes debían empezar en las noches. Entonces, se internaron mar adentro, a bordo de cuatro botes, a cinco millas de la costa de las islas Galápagos.

La primera salida se hizo en marzo, luego en octubre, noviembre y diciembre del 2003. En total, fueron 96 los días con sus noches en que un equipo del Parque Nacional Galápagos (PNG) utilizó el palangre, un instrumento de pesca defendido por el sector pesquero de las islas, pero criticado por ambientalistas, con el objetivo de comprobar su efecto depredador en la reserva marina que rodea el Archipiélago.

El palangre no es más que un cordel largo y grueso del cual parten ramales más cortos con anzuelos y cebos en sus extremos, de tal manera que al ser arrastrados por el barco pesquero atraen la atención de muchas especies marinas que buscan alimento.

Su uso en Galápagos está considerado por los pescadores como "una cuestión de vida o muerte" para mejorar su actividad, mientras que grupos ecologistas lo miran como "la más seria amenaza para la supervivencia de algunas especies marinas vulnerables y en peligro de extinción".

Una de esas es el tiburón. Su pesca está prohibida en las 40 millas de la reserva marina de Galápagos, casi 133.000 kilómetros.

Los escualos, en su mayoría, están en los primeros 20 metros bajo la superficie, aunque también suelen andar bajo los 50 metros. De ahí que, como resultado de los 155 lances con palangre superficial hechos los días que duró el estudio realizado por el equipo del PNG en su Plan Piloto de Pesca de Altura en el 2003, quedaron atrapados en las redes de arrastre 482 tiburones, 46 de estos muertos.

También 60 rayas, 20 tortugas marinas, un lobo de mar y un ave quedaron enganchados en los anzuelos al tratar de "robar" la carnada.
Ninguna de estas especies era el objetivo de la pesca. Cayeron incidental o fortuitamente atraídos por los cebos puestos para atrapar atún ojo grande, espadas y albacoras.

"El 40% de la captura fue incidental, mayormente fueron tiburones", resume Edwin Naula, quien era director del PNG en el momento en que se realizaba una de las últimas fases del plan piloto.

Ilegalmente, dice Naula, los pescadores han utilizado el palangre en esta zona de reserva, a pesar de que una resolución del 15 de diciembre del 2000 lo prohibió.
Alfonso Lozada, un pescador y ex dirigente del sector, asegura que antes de esa disposición, él mismo ha hecho lances con palangre. El actual líder del sector pesquero, Rogelio Guaycha, también admite haber usado este arte. "Es verdad que caían tiburones azules, pero muy poco, también el forro y el amargo. Nadie quiere pescar tiburón sino al atún, la albacora, el picudo", señala.

Los palangres que ambos usaron tenían ramales (líneas que cuelgan del cordel madre) de 10 y 15 metros bajo la superficie del mar, justamente dentro de los 20 metros donde predominan tiburones.

"El palangre que se debe usar es uno de más de 30 metros, para reducir la pesca incidental", afirma William Revelo, del área de Evaluación de Recursos Pesqueros del Instituto Nacional de Pesca (INP), quien dirigió un estudio entre noviembre y diciembre del 2001, que fue presentado en el 2003 a pedido de los pescadores. Según ese estudio, el 60% de la pesca fue incidental, en su mayoría tiburones, y el 40% objetiva, cuando se aplicaron palangres de 10 y 15 metros.

Los dirigentes del sector pesquero, acogiéndose a la recomendación del INP de usar palangres de profundidad, afirman que están dispuestos a aceptar las regulaciones en este sentido, pero no las de la Junta de Manejo Participativo (JMP) de Galápagos.

Lozada y el resto de pescadores ya no asisten a las reuniones de la JMP, sino que piden que dirima el Instituto Nacional Galápagos (Ingala).

En el Ingala los pescadores liderados por Rogelio Guaycha (diputado alterno de Vinicio Andrade, independiente de la mayoría gobiernista) tendrían mayoría, ya que esta entidad está presidida por el ministro del Ambiente, Fabián Valdiviezo; los secretarios de Finanzas, Defensa, Turismo, Comercio Exterior, Industrialización y Pesca; delegado del Inefan; y representantes de cinco entes locales.

"El Ingala no tiene competencia para reglamentar. La JMP discute y llega a un consenso, pero es la Autoridad Interinstitucional de Manejo (AIM) la que decide", explica Eliécer Cruz, ex director del PNG y actual representante de la WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) en el Ecuador.

A Cruz le preocupa que se utilice un nuevo arte de pesca sin los estudios del caso. "El palangre está prohibido en Hawai y Florida, por su impacto ambiental", dice.

Además de WWF, instituciones ambientalistas como Fundación Natura critican el palangre porque creen que no se debe aplicar en Galápagos, una zona que es patrimonio mundial de la humanidad por su diversidad biológica.

"Las tareas de control y de monitoreo en las islas están muy venidas abajo, cómo se va a controlar mil embarcaciones que usen palangres, es prácticamente imposible", analiza Xavier Bustamante, director de Natura.

Además de disminuir la población de especies marinas vulnerables, el turismo -acota Fernando Ortiz Cobos, presidente de la Cámara de Turismo de Galápagos,- también se perjudica con el uso de los palangres. Los turistas que disfrutan del buceo lo hacen para admirar a los tiburones en su hábitat.

En el Archipiélago, el turismo es el primer rubro de ingresos (120 millones de dólares al año). El 15,1% del total del turismo que recibe el Ecuador se queda en Galápagos que desde 1978 es Patrimonio Natural de la Humanidad.

"Se está manejando la reserva marina irresponsablemente. Si los pescadores proponen usar palangres de profundidad tienen que demostrar que no habrá pesca incidental", reclama Fernando Ortiz.

Guaycha: Tenemos la fuerza política

Rogelio Guaycha, representante del sector pesquero de Galápagos y diputado alterno del independiente pro gobiernista Vinicio Andrade, defiende la utilización del palangre porque lo considera un instrumento que mejorará las labores de pesca de los pobladores.

P: Algunos estudios señalan que la pesca incidental o fortuita con el palangre supera el 40%...

R: Nosotros proponemos usar un anzuelo probado internacionalmente, nuestra intención es hacer una actividad con ese arte, pero evitar la pesca incidental. El pescador es el mejor conservador de los recursos. Un arte que es permitido no vamos a permitir que nos digan no, para nosotros es una cuestión de vida o muerte usar el palangre.

P: ¿No creen que se disminuiría gran cantidad de especies consideradas como vulnerables, especialmente tiburones?

R: Verá, yo he utilizado el palangre y sí caen tiburones, pero no en grandes cantidades, es muy poco. Además estamos dispuestos a poner ramales de nailon para que si caen se puedan safar fácilmente y si quedaran atrapados, nos comprometemos a liberarlos en el mar.

P: Entonces, ¿por qué no esperan que la Junta de Manejo Participativo tome una decisión?

R: Porque al interior de la Junta solo cuenta la opinión de los ecologistas, ahí nos quieren decir lo que nosotros tenemos que hacer, pero el sector pesquero no les puede decir a ellos nada.

P: ...¿Y creen que el Ingala apoye el uso del palangre?

R: Verá, nosotros vamos a hacer que el consejo del Ingala se fortifique, además, tenemos mucha más fuerza política hoy, el pueblo de Galápagos, porque tenemos muchos más candidatos, llámese alcalde, prefecto, que son gente del pueblo conscientes de los problemas y que no se van a manejar con intereses.