FIRST PLACE

El águila harpía, la arrebatadora

Paúl Tufiño   Revista GAIA - Quito   August 2005

La primera vez que supe de una harpía, observaba ávidamente los dibujos que recreaban historias mitológicas de la antigua Grecia. Cuando pude ver una de verdad, yo tendría 15 años de edad. Se encontraba enjaulada en el desaparecido zoológico de la Escuela Militar Eloy Alfaro. Sin embargo, distaba mucho de aquel monstruo; de hecho, la única similitud entre ésta y aquellos dibujos eran sus alas. Por el contrario, se trataba de un águila magnífica, de presencia imponente. Por esa razón la guardé en mi memoria como uno de mis animales favoritos.

Finalmente esa ave desapareció. Según Muñiz, en un estudio publicado en 2002, fue trasladada al Centro Mundial de Aves Rapaces en Boise, EE.UU., y no volví a ver otra hasta 18 años después, esta vez en el Parque Histórico de Guayaquil, donde se encontraba una pareja con la que ensayaban una cría en cautiverio. Entonces no podía imaginar que mi próximo encuentro, debido a la casualidad, un año más tarde, me llevaría a emprender un proyecto para salvar a esta especie en el Ecuador.

Por casualidad...

A mediados de mayo del año 2001, me encontraba en Zábalo, una comunidad del pueblo Cofán a orillas del río Aguarico, en la Reserva de Cuyabeno, produciendo el libro El Espíritu de Cuyabeno, una obra sobre los diferentes pueblos indígenas de la zona. Al terminar la tarde del penúltimo día, acudimos a una invitación en la casa de Bolívar Lucitante, quien en ese tiempo era el vicepresidente de la comunidad. En su casa, una edificación de dos pisos hecha de madera, diferente a las chozas tradicionales, hablábamos de todo: su familia, su gente, sus costumbres... Además, él hacía las veces de intérprete entre nosotros y los otros cofanes que se encontraban presentes.

Las historias nos llevaron, por casualidad, al águila Harpía, particularmente a un individuo que la tenía como mascota, o al menos eso fue lo que asumimos. En todo caso, nos interesamos tanto que acordamos que nos llevarían a verla.

Al día siguiente, por la mañana, nos encontramos con Mauricio, uno de los ancianos de la comunidad, quien había sido delegado para ser nuestro guía y nos esperaba junto a la canoa. Embarcados y ya río abajo por el Aguarico, en pocos minutos entramos en un angosto caño de aguas negras al que conocían como el río Zábalo, un hermoso sendero acuático embebido en el bosque, el cual se origina en una laguna a unas cuantas horas en canoa. El bosque nos recibía gustoso, mostrándonos todo lo que un forastero soñaría con encontrar: una anaconda adormitada sobre restos vegetales en la orilla del río, una pareja de monos chorongos y su cría, un perezoso en la rama más alta de un árbol, una manada de monos aulladores, un saladero de loros y guacamayos y otras aves de todo tipo.

Finalmente, tras dos horas de camino habíamos llegado al sitio en el cual, supuestamente, se encontraba el águila. Sin embargo, debido al idioma, recién en este lugar nos dimos cuenta de que se trataba de un animal en estado silvestre y que Mauricio nunca lo había visto. Nos había llevado guiado por las indicaciones de Bolívar.

El hecho hizo que durante varios minutos diéramos vueltas en el río buscando entre las ramas de dos enormes ceibos que sobresalían entre el resto del bosque pero sin ningún resultado. A punto de abandonar la búsqueda, nuestro puntero, un muchacho kichwa, señaló con su mano sobre el horizonte. Atolondrados por la emoción, nos tomó unos minutos ubicar lo que el chico estaba señalando. Entre la copa de otros árboles se abría un pequeño espacio a través del cual se podía ver, en una gruesa rama de uno de los ceibos que habíamos estado escudriñando, blanco, aún cubierto de plumaje juvenil, a una harpía que nos observaba con el mismo entusiasmo que nosotros a ella.

Nos acercamos a la orilla y caminamos hasta la base anegada del ceibo donde, aproximadamente 40 metros sobre nosotros, se encontraba el polluelo del águila más grandiosa que jamás he visto. Permanecimos allí cerca de una hora, encantados con el encuentro con este animal en su reino natural.

Ese y los días siguientes, como biólogo y apasionado por la naturaleza, no hice otra cosa más que pensar en la manera de volver; y cómo no hacerlo si éste era el primer individuo de águila Harpía que podría ser estudiado en el Ecuador.

Cuestión de prioridades

Cuando regresamos a la ciudad, nos propusimos hacer lo necesario para realizar nuestro inusitado sueño de iniciar un proyecto con este polluelo de harpía. La estrategia consistía en encontrar un biólogo de campo con suficientes conocimientos y dedicación a las rapaces, los recursos económicos necesarios para al menos un año de proyecto, los permisos de investigación y el apoyo y colaboración de todas las organizaciones que quisieran unirse en un proyecto para salvar a esta especie.

El biólogo merece una mención especial. En cuanto a los recursos, irónicamente no vinieron de ninguna organización "conservacionista", aunque golpeamos casi todas las puertas posibles existentes en el Ecuador. Finalmente, el apoyo surgió de una empresa privada, AEC Ecuador Ltd., subsidiaria de EnCan Canadá, particularmente del departamento ambiental, quienes se interesaron tanto como nosotros por hacer lo posible para poder conservar esta águila.

Con respecto a los permisos y el apoyo del gobierno a través del Ministerio del Ambiente, la regional en Lago Agrio se mostró oportuna y cooperó en todo lo necesario. Llegado el momento de iniciar el proyecto, ninguna otra organización quiso comprometerse demasiado y emprendimos solos el proyecto. Sin duda, se trataba de una cuestión de prioridades.

La "española"

La búsqueda de un biólogo para el campo nos llevó a todos los proveedores posibles: la Universidad Católica, la Universidad Central, las organizaciones especializadas en temas de aves, en fin. Sin embargo, no encontramos la persona que buscábamos en ninguno de estos sitios, pero sí un patrón en común: indicios de una muchacha a la que llamaban "la española".

Todos a quienes acudimos comentaban de una muchacha española quien llevaba, desde hacía algún tiempo, trabajando por su cuenta en harpías en la zona de Pastaza; sin embargo, nadie sabía mucho al respecto. Entonces nuestra meta se concentró en encontrarla y empezamos a correr la voz entre todos quienes la conocían. Tardamos cerca de 15 días en reunirnos y menos de 10 minutos en entablar amistad.

La "española", Ruth Muñiz, es de esos especialistas que, más allá de conocimientos, desborda verdadera pasión por lo que hace y desde entonces se convirtió en amiga, la bióloga especialista en harpías del proyecto, la chica informal del equipo y la única persona que conozco que habla en achuar mientras duerme.

Una comunidad diferente...

Uno de nuestros mayores intereses era involucrar a la comunidad de Zábalo en el proyecto. Por muchas razones: ellos habían descubierto al polluelo, llevaban observando el nido donde se encontraba desde hace mucho tiempo atrás, compartían el mismo territorio e inclusive alimento y, sin duda, como especie poseía más valor cultural para ellos que para nosotros.

No se trataba de enseñarles a cuidar su bosque ni su fauna. Al contrario de muchos otros pueblos, los cofanes manejaban ese concepto de manera sobresaliente. De hecho, hacía tiempo se habían auto impuesto épocas de veda en las que no podían cazar ciertos animales e incluso tenían límites sobre la cantidad que podían capturar y el territorio donde podían hacerlo. De manera que nuestro objetivo, más que nada, consistía en hacerlos parte del equipo de trabajo de campo.

Cuando volvimos a Zábalo, apenas un mes después del hallazgo, estábamos listos para iniciar el proyecto. Sin embargo, nos encontramos con un escéptico y desconfiado Randy Borman, el principal líder del pueblo Cofán.

Randy es hijo de misioneros extranjeros y ha convivido con ellos desde siempre. Hizo de este pueblo su hogar, se casó con una mujer de la comunidad y sin duda es el responsable, en gran medida, de que esta comunidad nos haya sorprendido con su consciente voluntad de convivir en armonía con el bosque donde habita.
En todo caso, su escepticismo no era para menos. No nos conocíamos, sabía poco o nada de la organización a la que representábamos, y sin duda debíamos haberle parecido unos inconscientes al hablarle de atrapar, para colocarle un rastreador satelital, al águila más fuerte del planeta. Finalmente, la decisión de ejecutar o no nuestro proyecto se la tomó en una reunión de la comunidad, en la cual todos estuvieron de acuerdo en que lo hiciéramos.


Desde ese momento, la comunidad de Zábalo se constituyó en un miembro indispensable del equipo en el proyecto, no solo como parte de los investigadores de campo, sino además como los encargados de la búsqueda de nuevos nidos y guardianes de su seguridad en la misma selva. Los cofanes pronto fueron grandes monitores, retratistas del águila y además eran quienes oficialmente la bautizaron como Zábala.

Desde Venezuela, Pilar Alexander Blanco

Una gran torre de observación de más de 35 metros de altura se montó en el lugar. Esto permitió realizar el monitoreo del ave: tipo de presa que come, frecuencia de visita de los padres, actividades del polluelo. Sin embargo, uno de los datos más importantes en la biología de un animal, es conocer su territorio. En el caso de la Harpía, solo era posible tenerlo marcando al polluelo con un rastreador satelital.

Ruth pronto se puso en contacto con Eduardo Álvarez, uno de los mejores expertos en harpías, quien ha aportado mucho al conocimiento de esta especie a través de sus estudios. Gracias a él se consiguió este rastreador, el cual podríamos utilizar en nuestro polluelo.

Eduardo nos puso en contacto con Alexander Blanco, un veterinario venezolano a quien él mismo había entrenado en atrapar harpías para colocarles este tipo de transmisores, quien finalmente llegó hasta nosotros en agosto del año 2003.

Alexander permaneció con nosotros en el Cuyabeno durante 10 días; sin embargo, debido al clima no fue posible colocar el transmisor al polluelo, pero sirvió para que pudiéramos aprender mucho más sobre el estudio de nidos, además del uso de diferentes técnicas que se practican en otros países para el estudio de esta águila.

Una llamada inesperada...

Transcurridos 6 meses de estudio, una mañana recibimos una llamada inesperada desde la sede del pueblo Cofán en Quito. - "Paúl, nos informa la comunidad que han matado a la Harpía. No se sabe quién fue pero parece que encontraron un casquillo de bala..." - Es complicado explicar los sentimientos en aquel momento y probablemente resulte inexplicable para alguien más el barullo que se armó: reuniones en Quito, en Zábalo, denuncias en la administración regional del Ministerio del Ambiente, en la Policía...

Las razones, en nuestro caso, por supuesto implicaban tiempo y dinero invertidos, pero además, al igual que para Ruth, quien al llegar del campo lo primero que hizo fue llorar, involucraban sentimientos de cariño hacia un animal que había pasado a formar parte de nuestro quehacer diario.

Más allá de sentimentalismos, legalmente en todo caso, se trata de una especie considerada en peligro de extinción en el Ecuador y, por lo tanto, estaba protegida por el Estado. Su cacería o comercialización es penada por la ley con multas y prisión de hasta dos años.

Después de iniciar el proceso legal, esperamos mucho tiempo para obtener una orden de investigación policial; sin embargo, finalmente detuvimos el proceso por pedido de la comunidad. Al final, llegamos a saber quién le disparó, los detalles y hasta las razones absurdas que tuvo para hacerlo. Como resultado, ahora me revuelve el estómago cuando los "ecologistas" se hacen de la vista gorda ante la destrucción que puede causar un nativo, y se amarran de un árbol cuando el insensato es un acaudalado.

El alborotado de Treiki

Si bien a nosotros nos causó conmoción la muerte de Zábala, para la comunidad fue devastador. No solo se sentían culpables, sino que además la ejecución del proyecto en el campo se había puesto en peligro. De manera que no tardaron en hallar un segundo polluelo y encontrar indicios de al menos dos más.

Apenas dos semanas después de lo sucedido con Zábala, estábamos nuevamente en el bosque, esta vez recorriendo a pie un viejo sendero que nos llevaría hasta el nuevo polluelo encontrado por la comunidad. Hasta ese momento creía que era verdad el dicho "Cuando ves a uno los has visto a todos". Sin embargo, después de 45 minutos de caminata, nos encontrábamos en el mismo jubiloso momento en el que hallamos a Zábala, pero esta vez se trataba de un polluelo que para nosotros se caracterizó desde ese día por su alborotada cresta de plumas que bailaban al son del viento. Y fue así que nos quedamos allí por más de un año.

El primer polluelo en la Costa

¡Encontramos una harpía en la Costa! Exponía emocionadamente, a través del teléfono, Paúl Merino, guía naturalista, quien tiempo atrás me había hablado de un proyecto de ecoturismo que se encontraba iniciando en la comunidad de Playa de Oro, en la provincia de Esmeraldas.

El hallazgo toma fuerza cuando consideramos que, aunque el águila Harpía se encuentra ampliamente distribuida, sin duda se trata de uno de los animales más difíciles de encontrar, aun para quienes han vivido junto con ellas durante miles de años en el mismo bosque. De hecho, los hallazgos realizados por nosotros han sido posibles solo gracias a que la comunidad, a su vez, los han encontrado por casualidad durante sus jornadas de cacería. De allí que hasta ahora los estudios publicados se hayan limitado a realizar una evaluación de su estado poblacional, determinar su valor cultural, recopilar los datos previos, determinar su distribución y el conocimiento popular en la región suroriental de la Amazonía ecuatoriana.

Más aún cuando, hasta hace poco todo lo que en Ecuador se sabía sobre la biología de esta especie provenía de estudios realizados en otros países y su distribución fue establecida en base a eventuales avistamientos reportados, al hallazgo de individuos en cautiverio o cazados y a la destrucción de los bosques. Datos que hacían pensar que probablemente ya habían desaparecido en la Costa y que solo unos pocos individuos aún sobrevivían en la Amazonía.

Respecto a su posible extinción en la Costa, los datos así lo hacían parecer. Según Ridgely & Greenfield (2001), no se tuvieron datos del águila en esta zona después de las observaciones de Paul Greenfield, quién reportó dos aves en julio de 1983, aunque sí existían rumores de que continuaba existiendo en el Parque Nacional Machalilla y en el noroccidente, en la provincia de Esmeraldas, donde en abril de 1991 Guerrero, en su trabajo, reportó un registro visual. Pero esos fueron los últimos datos oficiales, de allí en adelante lo único cierto es que la devastación forestal de toda la zona es impresionante. De acuerdo con un informe de la organización Jatun Sacha, entre 1994 y el 2002 el Ecuador perdió, aproximadamente, 245 000 hectáreas de bosques nativos por año, la mayor parte en la Costa.

Razones más que suficientes para que el hallazgo de este individuo, de aproximadamente un año y medio de edad, representara no solo la única posibilidad de estudiar la biología particular de esta especie en los bosques de la Costa, sino además el hallazgo de una especie que sobrevive en un área en estado crítico debido a la inmensa presión que actualmente ejercen las madereras. Tan rara es esta especie en la zona, que la comunidad negra que habita Playa de Oro, por más de 300 años en el área, desconocía por completo de qué pájaro se trataba.

Finalmente...

Aunque ahora existe un proyecto para conocer más sobre esta especie, y por nuestra parte sin duda obtendremos toda la información que esperamos, queda una sola pregunta por responder, indispensable por cierto: ¿qué vamos a hacer los ecuatorianos con esta ave, qué haremos con el símbolo de nuestra biodiversidad, con el águila más poderosa del mundo, con uno de los pocos superdepredadores de nuestros bosques tropicales?...

Probablemente mi opinión, y quizá la de todos quienes actualmente nos encontramos involucrados en este proyecto, no cuenta al momento de responder esta pregunta, porque anticipadamente ya tomamos una decisión: "Hacer lo posible por salvar a esta especie". El caso es que la conservación de nuestra naturaleza, nuestros recursos naturales, al igual que el desarrollo sustentable es un asunto de todos que involucra más que solo intereses particulares. Significa que todos quienes creemos que nuestro país vale la pena nos esforcemos por lograr algo, aunque en principio solo se trate de un esfuerzo particular. Por ahora, ustedes ya saben que existen unos pocos tratando de salvar un águila que nos pertenece a todos.

"El águila harpía, la más poderosa del mundo y la más grande de América, habita por suerte en Ecuador. Es la primera vez, que se descubre un nido activo al oeste de los Andes, y quién sabe si queden más. Es un motivo de orgullo para el país. Actualmente, las personas con algo de conciencia acerca del mundo que les rodea, se dan cuenta de que la fauna, al igual que una calle o un paisaje, forma parte de su patrimonio, de su identidad como país". Ruth Muñiz.

RECUADROS

ARPíA

En la mitología griega, Arpía (sin "H") significa "las arrebatadoras". Las arpías eran como las sirenas, monstruos femeninos, mitad mujer y mitad aves, provistas de agudas garras. Hijas de Taumante y Electra, se trataba de tres hermanas, Aelo, Ocipetes y Seleno, quienes habitaban en las islas Estrófades, en el mar Egeo. Según la leyenda, se trataba de temibles raptoras de almas y niños.

La leyenda en la que desempeñan el papel más destacado es la del rey Fineo, a quien los Argonautas liberaron de la persecución de estos monstruos durante su escala en Tracia. Por último, una tradición refiere que las harpías, unidas al dios-viento Céfiro, habrían engendrado a los dos caballos divinos de Aquiles y a los de los dioscuros.

La estampilla

El 7 de agosto del 2002 se declara al águila Harpía "Ave Representativa de la Diversidad Biológica del país". Acuerdo Ministerial No. 088 del Ministerio del Ambiente. Registro Oficial No. 635.

A finales del año 2002, la Corporación Ornitológica CECIA, con motivo del Festival Mundial de las Aves, y el apoyo de Birdlife, SIMBIOE y AEC Ecuador Ltd., publicó una estampilla del águila harpía.

NOTA

Según encuestas realizadas durante los años 2000 y 2002, los indígenas en Ecuador aseguran que el águila harpía imita el "silbido" de los monos lanudos (Lagothrix lagotricha) para localizarlos y darles caza (Muñiz, R., 2002a).

NOTA

El mono chorongo (lagothrix lagotricha), una de las presas favoritas del águila harpía. Se trata de uno de los primates más grandes y robustos de las especies ecuatorianas.
Los Individuos de guacamayo azul y amarillo (Ara ararauna) son presas fáciles de la harpía y uno de sus mayores depredadores

NOTA

En el Libro Rojo de las Aves del Ecuador (Granizo, 2002), el águila harpía aparece catalogada como "vulnerable". Esto quiere decir que enfrenta un alto riesgo de extinción en estado silvestre en un futuro inmediato.

Ficha técnica de la harpía

Clase: Aves.
Orden: Falconiformes.
Familia: Accipitridae.
Género y especie: Harpia harpyja (Linneo, 1758).
Envergadura: 180 - 200 cm.
Peso hembra: 6,0 - 9 kg.
Peso macho: 4,0 - 5,0 kg.
Longitud: 89 - 105 cm.
Período de incubación: 8 semanas.
Independencia del polluelo: 30 meses.
Plumaje definitivo: a los 5 años, aproximadamente.
Especies con las que se puede confundir: Águila Crestada
(Morphnus guianensis) aunque ésta es más pequeña.
Ponen 1 - 2 huevos (solo saca adelante un polluelo).


NOTA

En todas las culturas antiguas, los dioses superiores o deidades se representan a través de diversos animales. Para las culturas amazónicas, la harpía es considerada como uno de los espíritus de la selva, el "espíritu del aire". Representa el símbolo de la fuerza y del dominio. Es el ave de la luz y de las profundidades del aire, de allí que sus plumas evocan el vuelo shamánico (Parque Histórico Guayaquil, 2001).

Datos generales

Los adultos poseen una gran cresta de color gris oscuro. Su pico es de gran tamaño, fuerte y de color negro; sus ojos de color oscuro y patas amarillas. La cabeza y el cuello son grises. Su pecho negro y el vientre blanco. La cola es ancha y larga, con bandas alternas negras y grises. Las garras pueden llegar a medir más de 6 cm de longitud. Por debajo se ven blancas con barras negras muy evidentes (Muñiz, en prep.).

• Como ocurre con otras rapaces, la hembra es más grande que el macho, pesa entre 6 - 9 kg, mientras que el macho pesa entre 4 - 5 kg. La longitud de su cuerpo varía entre 89 y 105 cm y sus alas desplegadas pueden llegar a medir entre 180 y 200 cm.
• Una hembra adulta puede llegar a levantar más de 9 kg de peso (Muñiz, 2002a).

NOTA

Aunque el águila Pitecófaga (Pithecophaga jefferyi) es la más grande del mundo, el águila Harpía (Harpia harpyja) es la más poderosa por la fuerza de sus garras, las cuales llegan a medir hasta 6 cm de largo.