El fenómeno de El Niño
Myriam Lucero y Paúl Tufiño Revista GAIA - Quito August 2004
Algunos de nosotros tan solo hemos escuchado hablar de este
fenómeno; muchos han sufrido el embate de sus efectos, y cada año,
de alguna manera, todos esperamos su llegada.
Conocido también con el nombre científico de El Niño-Oscilación del Sur, se trata de un evento físico-marino a gran escala, que se extiende más allá del Pacífico Sur. Este fenómeno se caracteriza por un aumento generalizado de la temperatura de la superficie del mar en gran parte del sector oriental y central del Pacífico ecuatorial, al igual que por la disminución de la presión atmosférica en el Pacífico sur oriental y su aumento en la región de Oceanía.
¿Cómo se origina?
El Niño es un fenómeno que ocurre debido a procesos complejos de
interacción océano-atmosféricos, algunos de los cuales constituyen
hasta hoy en día una incógnita. Sin embargo, en términos generales
se relaciona directamente con el nivel de la superficie oceánica y
sus anomalías térmicas.
A principios de la década de los ochenta, se pensaba que su ámbito era regional, pero la ocurrencia del evento de 1982-1983 demostró que su alcance era de escala mundial. Otra definición que generalmente es conocida bajo el aspecto oceanográfico señala que El Niño es un fenómeno a gran escala, responsable de cambios de efecto global a corto, mediano y largo plazos y que se manifiesta por la presencia de agua a temperatura anómalamente elevada en el océano Pacífico frente a Ecuador y Perú, durante un período de cuatro a seis meses consecutivos.
¿En qué consiste?
Los vientos alisios (del sureste en el hemisferio Sur y del noreste
en el hemisferio Norte), que soplan sobre el Pacífico tropical,
convergen en el oeste del mismo (norte de Australia y sureste de
Asia) cargados de humedad en una zona donde la superficie del mar
se encuentra relativamente caliente (por encima de 28° C), lo que
provoca que ocurra en esa zona una intensa convección (zona de
lluvias). Parte del aire que se eleva se vuelve seco por la
tropósfera superior hacia el este, donde se produce la subsidencia
(zona seca) que cierra la célula (célula de Walker). Los vientos
alisios empujan a las corrientes oceánicas superficiales, que
fluyen hacia el oeste y provocan un afloramiento de aguas profundas
cerca de las costas del este del Pacífico. Como resultado, el nivel
del mar se eleva en promedio unos 40 cm más al oeste y la
termoclina (superficie por debajo de la cual el agua del mar se
considera a una temperatura constante) se ubica en esa zona a unos
200 m de profundidad, mientras que en el este se ubica
aproximadamente a unos 50 m.
Cuando comienza una situación de El Niño, los vientos alisios se debilitan, cesa el afloramiento de aguas profundas, las temperaturas del agua del mar empiezan a subir en el este del Pacífico tropical y aparecen las primeras anomalías positivas (temperaturas por encima de la media climatológica). Por otra parte, se da una advección de aguas cálidas desde el oeste hacia el este.
Como consecuencia, la zona convectiva del oeste del Pacífico empieza a trasladarse hacia el este y los vientos del oeste a extenderse hacia el Pacífico tropical central. La atmósfera y el océano continúan retroalimentándose de esta manera hasta que la célula de Walker se invierte. Esta es la fase cálida del fenómeno conocida entre los científicos como ENSO, denominación que corresponde a las iniciales de El Niño y Southern Oscillation (Oscilación Sur).
Indicadores del evento
Temperatura superficial del mar y del aire : Los valores de estos parámetros se incrementan de 1º C a 8º C, dependiendo de la magnitud del evento.
Profundidad de la termoclina: Las masas de aguas frías subsuperficiales del Pacífico oriental se profundizan de manera considerable.
Nivel medio del mar: Incremento del nivel del mar frente a las costas de Sudamérica.
Vientos ecuatoriales de bajo nivel: Debilitamiento de los vientos ecuatoriales del Este y fortalecimiento de los vientos del Oeste.
Fases del evento El Niño
Fase Inicial:
Vientos alisios fuertes
Nivel del mar bajo
Termoclina superficial
Temperatura del mar y del aire fría
Fase Madura:
Vientos ecuatoriales del Este débiles
Nivel del mar elevado
Termoclina profunda
Temperatura del mar y aire cálida
Fase Decaimiento:
Restablecimiento de las condiciones normales frente a la costa de
Sudamérica.
Condiciones océano-atmosféricas después del evento El Niño.
Clasificación de El Niño
Los fenómenos de El Niño presentan diferentes intensidades: débil, moderada, fuerte y extraordinaria.
El NIÑO DEBIL: 1927, 1943, 1948, 1953, 1958, 1969,
2002-2003.
El NIÑO MODERADO: 1929,1951, 1965, 1976, 1987, 1991-1992.
El NIÑO FUERTE: 1925-1926, 1930-1931, 1940-1941, 1957-1958,
1972-1973.
EL NIÑO EXTRAORDINARIO: 1982-1983, 1997-1998.
Durante un evento débil de este fenómeno, la temperatura superficial del mar aumenta entre uno o dos grados por encima de la media y cubre la parte oriental del Pacífico ecuatorial. En el caso de un fenómeno fuerte, el aumento en la temperatura superficial es de tres o cuatro grados y cubre una gran parte del Pacífico ecuatorial. Sin embargo, durante un fenómeno extraordinario, la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial se incrementa en unos cinco grados o más. Con respecto al tiempo en que se mantiene esta situación, una vez que inicia un fenómeno de El Niño suelen pasar entre 12 y 18 meses hasta que las temperaturas superficiales del mar vuelven a sus valores normales.
El Niño en el Ecuador
Durante el siglo pasado, pescadores de Ecuador y Perú observaron un comportamiento irregular en la corriente cálida que aparecía alrededor de la época de Navidad, por esta razón le dieron el nombre de "El Niño" en honor al niño Jesús.
Frecuentemente, en todo caso, alcanza su máximo nivel durante el mes de diciembre. Este fenómeno, que tiene una duración de varios meses, provoca una reducción de nutrientes marinos, y por tanto la correspondiente disminución en las poblaciones de peces.
A lo largo de los años, el término "El Niño" ha sido utilizado para designar estos intervalos de fuerte calentamiento de la superficie del mar, que no solamente afectan el desarrollo de la vida marina, sino que también alteran las condiciones climáticas en una buena parte de la superficie terrestre.
Los impactos que produce El Niño son diversos y de gran alcance. Suelen incluir sequía en el sur de África, el noreste de Brasil, Indonesia, el este de Australia, el sur de Filipinas y América Central. Las inundaciones son más probables en el norte de Perú, el sur de Ecuador, el sur de Brasil, el norte de Argentina y Uruguay, entre otras zonas. En la India, donde se produce el Monzón -con el cual llegan, a tierras devastadas por un largo período de sequía, las lluvias - éste tiende a hacerse irregular, y la producción de alimentos se vuelve menos fiable.
Su alcance puede ser tan amplio que, durante el evento de 1997,
los científicos lo relacionaron con las condiciones
extraordinariamente secas que afectaron las cosechas y provocaron
inmensos incendios forestales en Indonesia y Brasil. En Indonesia,
los incendios afectaron a más de un millón de hectáreas de selva
tropical y produjeron una espesa nube de humo que cubrió gran parte
del Sureste Asiático durante al menos seis meses. La contaminación
del aire provocada por los incendios causó decenas de miles de
infecciones respiratorias y generó la cancelación de numerosos
vuelos comerciales en la región.
Sin embargo, el impacto de El Niño va mucho más allá de la
alteración de los patrones meteorológicos típicos. Los fenómenos de
El Niño pueden trastornar ecosistemas y poner en peligro a muchas
especies, como ocurrió en Galápagos durante el evento de 1997 y
1998. También pueden contribuir a la difusión de organismos
patógenos que suponen una grave amenaza para la salud humana.
De acuerdo con algunas investigaciones, se sabe que la llegada de agua cálida al Pacífico oriental perturba fundamentalmente la cadena trófica marina y pone en peligro a muchas clases de peces, aves y mamíferos. Las temperaturas cálidas obligan a muchas especies marinas -como anchoas, salmones, pulpos o calamares - a migrar en busca de aguas más frías donde obtener alimento. Cuando esto ocurre, las aves y mamíferos marinos que se alimentan de esas especies sufren a menudo pérdidas espectaculares.
En algunas partes del planeta, El Niño también parece fomentar el crecimiento de organismos que transmiten enfermedades del ser humano. Por ejemplo, la humedad excesiva en zonas normalmente secas fomenta la difusión de organismos transmitidos por el agua que provocan enfermedades como la hepatitis, la disentería o el cólera. Además, las tormentas e inundaciones tienden a concentrar agua en charcas estancadas que proporcionan un hábitat idóneo para la reproducción de mosquitos. Los mosquitos pueden transmitir enfermedades como la malaria, la fiebre amarilla o la encefalitis. En Perú, Colombia y la India se registraron brotes de malaria tras El Niño de 1982 y 1983.
El fenómeno ENSO y sus repercusiones siguen siendo objeto de investigación, y es probable que en un futuro próximo un conocimiento más completo de las circulaciones atmosférica y oceánica, así como de las interacciones atmósfera-océano, permita explicar estas relaciones y darles capacidad predictiva.
INOCAR, desde hace algunos años, lleva a cabo investigaciones relacionadas con el fenómeno de El Niño. Conocer más acerca de este fenómeno nos permite prepararnos mejor para enfrentar los próximos ciclos de El Niño y así disminuir los efectos desastrosos que han ocurrido en los eventos anteriores. A fin de contribuir con el conocimiento y pronóstico de este evento, el INOCAR cada año realiza dos Cruceros Oceanográficos Nacionales a bordo del buque de investigación de la Armada, el BAE ORIÓN, y un Crucero Regional con la participación de los países de Colombia, Ecuador, Perú y Chile.
Adicionalmente, el INOCAR obtiene información de las boyas oceanográficas, que permite conocer en tiempo real las condiciones océano-atmosféricas en nuestra región, y de esa manera proporcionar una alerta temprana en caso de que las condiciones de calentamiento del mar continúen desarrollándose o declinando.
El "Evento del Siglo" en Galápagos
De acuerdo con un reporte especial publicado por la Estación Charles Darwin, en 1982 y 1983, el fenómeno de El Niño fue tan intenso durante aquellos años que los científicos lo denominaron "el evento del siglo". Amplias zonas de la Costa ecuatoriana sufrieron serios problemas como pérdidas humanas y económicas. Galápagos no fue la excepción.
Entre 1982 y 1983, la estación meteorológica Charles Darwin registró una precipitación total de 3 408,2 mm de lluvia, cuando el promedio anual en las islas es de 385 mm, de acuerdo con las mediciones realizadas entre 1965 y 1996.
Las lluvias intensas produjeron estragos en la flora, la fauna y en el turismo; por ejemplo, provocó que algunos sitios destinados para visitantes fueran inaccesibles debido al exuberante crecimiento de la vegetación.
Sin embargo, los mayores problemas se presentaron en la fauna: la población de cormoranes no voladores (Nannopterum harrisi) disminuyó en un 45%; la población de pingüinos (Spheniscus mendiculus) se redujo en un 78%, más aún, de acuerdo con recientes reportes de la Estación Darwin, el número de pingüinos todavía no ha alcanzado el tamaño de población existente antes de este fenómeno.
La población de albatros (Diomedea irrorata) en isla Española
sufrió un fallo total reproductivo en 1983; en el caso de las
fragatas (Fregata minor), en la isla Genovesa el porcentaje de
anidación disminuyó en un 6,1%. La población de piqueros patas
azules (Sula nebouxii) también disminuyó considerablemente.
Con respecto a las iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus), éstas
sufrieron una generalizada mortalidad de entre 45 y 70%, en
diferentes sitios, y aquellas que sobrevivieron sufrieron una
reducción de peso y tamaño del 30%, producido por la elevada
temperatura del mar, lo cual generó que su alimento habitual
desaparezca y sea reemplazado por una alga marina que ellas no
podían digerir.
En el caso de los leones marinos (Zalophus californianus y Arctocephalus galapagoensis), sus poblaciones disminuyeron debido principalmente a la elevada mortalidad de juveniles, especialmente por abandono; un incremento en la incidencia de enfermedades, sobre todo aquellas que afectaban la piel, y migración a otras localidades.
Durante el fenómeno se pudo notar una marcada ausencia de ballenas y marsopas. Otros animales marinos sufrieron cambios relacionados con su abundancia: en algunos casos disminuyó y en aquellos adaptados a temperaturas calientes aumentó. En cuanto a los corales, se presentó un incremento y mortalidad generalizados.
En el caso de la fauna terrestre, los pinzones de Darwin (familia Fringillidae) entre 1982 y 1983 incrementaron notablemente su población debido a la abundancia de alimento, aunque también muchos fracasos se produjeron en la anidación y el incremento de la depredación de polluelos.
Con respecto a las iguanas terrestres (Conolophus spp.), no existen datos sobre los efectos producidos por El Niño, aunque en los años que siguieron su población se incrementó.
Por otra parte, de acuerdo con un estudio realizado por Stephen D. Earsom, Howard L. Snell, Cruz Márquez y Solanda Rea, respecto al efecto de este fenómeno en la anidación de las tortugas gigantes, durante 1997 y 1998, si bien las abundantes lluvias favorecieron a los juveniles y adultos por la sobrealimentación que se produjo, se detectó una alta mortalidad de huevos debido al cambio de temperatura que experimentó el suelo por las altas precipitaciones, lo que hace suponer que lo mismo debió haber ocurrido durante 1982 y 1983.
En relación a la flora, los efectos de El Niño produjeron cambios inmediatos. Aquellos lugares generalmente áridos se volvieron exuberantes y los bosques reverdecieron aún más.
En cuanto a los insectos, de acuerdo con un estudio realizado por Lázaro Roque-Albelo y Charlotte Causton, la pequeña hormiga de fuego (Wasmannia auropunctata) es probablemente la especie más agresiva de insecto que ha sido introducida en el Archipiélago, la misma que ha afectado a las poblaciones nativas y endémicas de escorpiones, arañas y diferentes especies de hormigas.
Durante la estación lluviosa atípica (mayo-diciembre) producida por El Niño, en los años 1997 y 1998 la población de esta hormiga se incrementó notablemente en Santa Cruz y en Marchena, donde, de acuerdo con un censo realizado en agosto de 1998, la distribución de esta hormiga se había incrementado de dos hectáreas (García, 1996) a 18 hectáreas (Roque, 1998).
De igual manera, las ratas introducidas (Rattus rattus y Rattus norvegicus) incrementaron notablemente sus poblaciones en las áreas pobladas.
El Niño de 1997 y 1998
Entre el 1 de enero de 1997 y el 31 de diciembre de 1998, 3 407,6 mm de lluvia se precipitaron sobre la isla de Santa Cruz, el 19% de toda la lluvia caída desde 1965. Esta cantidad de lluvia solo fue sobrepasada por el fenómeno producido en 1982 y 1983.
Sin embargo, a diferencia de 1982 y 1983, en 1997 diferentes redes meteorológicas y oceanográficas detectaron anomalías climáticas que empezaron en marzo de 1997.
La primera alarma se produjo en la segunda mitad del año, indicando que el fenómeno podría sobrepasar al ocurrido durante 1982-1983.
A medio año, las masas de agua caliente habían alcanzado las costas, con temperaturas entre 3 y 5º C sobre lo normal. Simultáneamente llegaron reportes de fuertes lluvias en Chile y Perú. Sin duda, con la ayuda de modelos de predicción, esta vez fue posible anticipar de alguna manera la llegada del fenómeno, y la situación, en el caso de infraestructura y acciones que se tomaron por parte de la Estación Charles Darwin, al igual que la administración del Parque Nacional Galápagos, no fue la misma que El Niño de la década de los ochenta.
Sin embargo, los efectos sobre fauna y flora no fueron muy diferentes a aquellos producidos durante 1982-1983. En todo caso, está claro que este fenómeno no será la causa de la desaparición de las especies nativas y endémicas de las islas, lo que no podemos decir de la acción del hombre, la cual en menos tiempo está causando un mayor desastre de dimensiones irreversibles.

