Buceadores innatos

Marisol Ayala   Revista Mundo Dinners - Quito   September 2004


Entre el 11 y el 17 de septiembre se reunirá en Quito la Sociedad Latinoamericana de Especialistas en Mamíferos Acuáticos. ¿De qué hablarán?

Las sirenas del mundo mítico han fascinado al hombre desde el tiempo de los antiguos griegos. No faltan historias de piratas, marineros y pescadores que las han seguido por su encantadora presencia y sus cantos envolventes.

La imagen de esas criaturas nos lleva a pensar en una mezcla de seres; por un lado el torso humano y por otro el pez que se desenvuelve en el mundo de los corales, las estrellas y los calamares. También nos conduce a meditar sobre la fascinadora idea de conquistar las aguas, ambición que se ha facilitado por medio de la tecnología.

Anteriormente, el buzo se sumergía con toda una armadura llamada escafandra, que dependía del aire de la superficie; ahora, los modernos equipos provistos de tanques con aire comprimido le permiten tener cierta autonomía bajo el océano y submarinos de diferentes tamaños permiten emprender una aventura turística acuática o realizar grandes investigaciones científicas.

De cualquier manera, descartando la tecnología, somos los primates mejor adaptados al agua, pues no tenemos mucho pelo, lo que permite que haya mayor eficiencia hidrodinámica. Incluso, compartimos algunas características con las ballenas y delfines como el almacenamiento de grasa subcutánea y el hecho de que la copulación ocurre "cara a cara". Estas analogías inspiraron la hipótesis del "mono acuático", bastante discutida y criticada por falta de evidencias, la cual sugiere la existencia de un eslabón acuático en el proceso evolutivo del hombre moderno.

Sin embargo, hay otros mamíferos que sí han colonizado las aguas. Animales que han evolucionado a partir de especies terrestres: perdieron pelo, modificaron sus extremidades y desarrollaron estrategias para sumergirse por largos períodos de tiempo; en suma se transformaron en buzos. Este grupo está formado por especies que viven en el agua como las ballenas, delfines (cetáceos) y los manatíes (sirénidos), y otros que pasan la mayor parte del tiempo en ella como las nutrias, lobos marinos, focas, morsas y los carismáticos osos polares (carnívoros). Todos ellos están agrupados por la forma de alimentación: todos se sumergen para encontrar su comida.

Según explica Judith Denkinger, una alemana phD en mamíferos marinos que llegó al Ecuador en 1996 para estudiarlos, 34 de las 125 especies de mamíferos acuáticos registrados en el mundo se pueden encontrar en aguas ecuatorianas: 29 en el océano Pacífico y cinco en agua dulce. La mayoría son cetáceos marinos.

Erróneamente se piensa que las especies marinas se distribuyen aleatoriamente, pero cada especie tiene preferencias ya sea de profundidad y temperatura, o demandas estacionales. Gran número de ballenas, como parte de su circuito migratorio, pasan por los mares tropicales para reproducirse, pero también hay varias especies de ballenas y delfines que viven permanentemente en ellos.

En el caso de los carnívoros acuáticos, la diversidad en el Ecuador es mucho menor que en los cetáceos, pues tienen una evidente preferencia por los mares cercanos a los polos, donde se pueden encontrar osos blancos, morsas y focas. Los que sí forman parte de la fauna del país son las nutrias, en el continente, y los lobos marinos, que se encuentran principalmente en Galápagos.

Así, lejos del cuento y la mitología, los mamíferos acuáticos están bastante cercanos a varias poblaciones ecuatorianas, aunque para los que trabajamos frente a un computador, en una oficina, se han convertido en seres extraordinarios o parte de documentales.

Quienes viven en la costa disfrutan del paso constante de los delfines y, en el verano, de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae) que se han convertido en una oportunidad de trabajo para muchas personas especialmente en las costas de Puerto López y Same donde cada vez es mayor la afluencia de turistas ávidos de ver el espectáculo maravilloso de esos gigantes que de repente se levantan sobre las aguas para seducirnos con sus acrobáticos saltos.

Mamíferos de agua dulce

Más misteriosos aún resultan los sirénidos, que no obstante su nombre, están lejos de mantener una figura esbelta, pues el único representante ecuatoriano de este grupo es la 'vaca acuática' o manatí amazónico (Trichechus inunguis) que más bien es un animal gordo y sosegado, emparentado con los elefantes.

La gran cuenca del río Amazonas es como todo un mar dentro del continente y constituye el hábitat de este herbívoro sirénido y de otros mamíferos más atléticos como el delfín rosado (Inia geoffrensis), el más grande de los bufeos de agua dulce, el pequeño delfín gris amazónico (Sotalia fluviatilis), y las nutrias gigantes (Pteronura brasiliensis), emparentadas más bien con los zorrillos y las comadrejas.

Solo una especie se aventura desde los ríos de la Costa y la Amazonía hasta los Andes ecuatorianos: la nutria o perro de agua (Lontra longicaudis), que es la más pequeña de todas. A pesar de su amplia distribución en el Ecuador, su población disminuye aceleradamente con la contaminación de los ríos.

Si con una superficie pequeña como la del país podemos encontrar tantas especies de mamíferos acuáticos, la mayoría de los cuales desconocemos, es de esperar que en toda Latinoamérica haya bastante más de qué sorprenderse. Por la fascinación que provoca la capacidad de estos animales de habitar en el agua y por la necesidad urgente de establecer estrategias para su conservación, han surgido curiosos apasionados por entender el mundo de estos buceadores. Estos científicos analizan la comunicación de estos mamíferos dentro del agua, los cantos de las ballenas, la reproducción, la alimentación, las migraciones, la densidad de sus poblaciones y cómo son afectadas por el trajinar humano. Estudian cómo afectan las embarcaciones turísticas a las ballenas, y los efectos de la cacería y los derrames petroleros en las nutrias, delfines y manatíes de los sistemas fluviales amazónicos.

Mientras en Ecuador, María José Barragán y Patricia Bitnik de la fundación Yaqu Pacha se embarcan todos los días del verano desde las costas de Manabí y Esmeraldas para observar el comportamiento de la ballena jorobada, en la costa atlántica de Brasil el experto Marcos Rossi, del Instituto Baleia Jubarte, sale en un bote a motor para estudiar el "boto" o delfín gris (Sotalia guianensis) de Bahía. También hay gente trabajando tierra adentro: al tiempo que Víctor Utreras de Wildlife Conservation Society y Miguel Rodríguez y Verónica Cano de Yaqu Pacha silenciosamente se internan en los bosques tropicales inundados de la Amazonía ecuatoriana para encontrar pistas de las nutrias gigantes, otros investigadores desarrollan creativos métodos para estudiar las nutrias peruanas, brasileñas y bolivianas.

Estos científicos y muchos otros forman parte de la Sociedad Latinoamericana de Especialistas en Mamíferos Acuáticos (SOLAMAC), que esta vez se congregará en la ciudad de Quito del 11 al 17 de septiembre en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, cita en la que cerca de 300 científicos traerán el mundo acuático a los auditorios y nos contarán más acerca de la vida de estos buzos expertos.

RECUADRO 1

Un poco de historia

Los primeros mamíferos aparecieron hace 250 millones de años y evolucionaron a partir de reptiles terrestres. Estos surgieron de anfibios, que, a su vez, se desarrollaron de los peces.

Los mamíferos se caracterizan por tener pelo, respiran a través de pulmones, casi todos paren crías (en lugar de poner huevos) y presentan glándulas mamarias que producen leche para sus cachorros.

Algunos mamíferos retornaron al agua y entre ellos existen diferentes grados de adaptación a la vida acuática, siendo las ballenas y los delfines (cetáceos) los mejor adaptados.

Los cetáceos actuales son el resultado de los últimos 55 millones de años de evolución. La evidencia molecular apunta a que sus parientes vivos más cercanos son los hipopótamos.

Los cetáceos marinos pueden alcanzar grandes tamaños ya que el agua salada es un medio de gran flotabilidad. No necesitan sacar totalmente la cabeza del agua para respirar porque en la cadena de la evolución sus fosas nasales se desplazaron hacia la parte superior de la cabeza. Además tienen un sistema de ecolocación que les permite orientarse bajo el agua, el cual consiste en la emisión de impulsos sonoros cuyo eco o retorno es captado por un cráneo con forma de plato parabólico. Cuando existe una falla en el proceso de ecolocación, las ballenas pueden desorientarse y vararse en la costa.

Existen dos grandes grupos de cetáceos: los barbados (Mysticetos), que filtran el plancton del agua, como la ballena jorobada, y los dentados (Odontocetos), como las orcas y delfines.

Fuente: Burneo, S. 2004. Historia de los más grandes. Revista Nuestra Ciencia No.6