THIRD PLACE
El Páramo implacable y generoso
Marisol Ayala Revista: Mundo Diners - Quito June 2004
Entradilla: A pesar de que nuestra vida en las ciudades también
está ligada con la naturaleza, esta relación para la mayoría de
citadinos se reduce al pago mensual de la luz, el agua y los
alimentos. He aquí un caso de 'desconexión' que nos puede salir muy
caro.
En la soledad de las montañas, a la sombra de las grandes paredes de roca, se distingue una franja dorada de pajonal que titila ante la presencia de los rayos del sol. Los penachos de paja y de sigses se mecen al son del viento, peinándose y despeinándose como cuando se pasa la mano por una superficie cubierta de terciopelo.
El pajonal no se queda quieto, avanza hasta donde puede. Cubre los cerros, tan alto como lo consientan las nieves perpetuas, tan bajo como el hombre con su intervención lo provoque.
Es precisamente esa imagen la que regresa a nuestra mente cuando recordamos el páramo: un paisaje abierto, infinito, donde la ausencia de árboles nos permite ver más allá y captar imágenes perdurables, como el perfil de otros cerros, los campos cultivados y los ponchos coloridos de las familias indígenas que trabajan en ellos; e incluso, si contamos con suerte, la silueta de un gran cóndor que vuela sobre nosotros.
Lo que más vemos es el típico pajonal, que es solo uno de los tipos de páramos que hay en el Ecuador, pero sin duda el más frecuente. Y es lógico, pues parece que en gran parte el pajonal es el resultado de las actividades humanas que se han realizado en nuestra cordillera desde tiempos preincaicos, especialmente en el callejón interandino. Sin embargo, cuando nos detenemos a examinar lo que crece por debajo del pajonal, o nos internamos en zonas más altas y menos accesibles de las montañas, vemos que el páramo es todo un mundo en miniatura. No es necesario hacer mucho esfuerzo para ello, estamos rodeados de cerros y existen caminos que atraviesan la mayoría de ellos.
Una selva en miniatura
Pero aún así, hay que tener los ojos bien abiertos para distinguir gran parte de lo que este ecosistema nos ofrece. De esto me percaté cuando acompañaba a Susana León en sus viajes por las montañas. Como bióloga, ella quería tenerlo todo registrado y fotografiado, por eso la mayor parte del día la pasamos reptando por el suelo, intentando escudriñar lo que habita en estos parajes.
Para mi sorpresa, encontramos montones de flores diminutas, muy lindas y delicadas. Me topé con geranios y pensamientos enanos, entre muchas otras plantas que no llaman tanto la atención por sus coloridas flores como por su "preparación física" para soportar los grandes contrastes que ocurren a diario en las montañas: un frío despiadado en la noche y un calor inclemente en el día.
A pesar de ser generalmente el páramo un ecosistema muy húmedo, tanto que gran parte del agua que consumimos proviene de él, hace tanto frío que esa misma agua no puede ser fácilmente aprovechada por las plantas que lo habitan, por lo que han tenido que adaptarse. Hay plantas que tienen hojas gruesas y carnosas, otras que son espinosas y que encajarían perfectamente en un ecosistema desértico y otras que han recurrido a calientitos abrigos para protegerse del frío. El típico ejemplo es el frailejón (Espeletia sp.), cuyas hojas tienen apariencia de "orejas de conejo" por la cobertura de pelos que presentan, a lo cual en términos científicos se le conoce como 'pubescencia'.
La diversidad es alta, existen más de 1.500 especies de plantas que crecen en los suelos negros de los páramos ecuatorianos. Además de las distintas pajas y sigses, hay plantas que crecen formando almohadillas, como cojines cuidadosamente dispuestos sobre el suelo; otras que se extienden por el piso como una inmensa alfombra verde; otras cuyas hojas forman rosetas y otras gigantes como los frailejones y las achupallas (Puya sp.). También hay pequeños arbustos como la famosa chuquiragua (Chuquiraga sp). y otros menos atractivos como la valeriana (Valeriana mychrophylla), de no muy buen aroma pero bastante útil para los nervios.
Vestidas con dicha vegetación, las montañas son el refugio de distintos animales, desde el oso de anteojos y el cóndor, hasta los intrépidos colibríes. Es la tierra del puma, del zorro de páramo, del conejo y del venado; anteriormente también del jambato, sapito ahora extinto.
Pero los páramos no son exclusivos de los Andes, pues este tipo de vegetación es característica de las altas montañas del trópico. Aunque no hay las mismas especies en América, África y Asia, el paisaje es similar en los tres continentes y está dominado por plantas emparentadas. En América forman un corredor interrumpido desde Venezuela hasta el norte del Perú, y también se encuentran en ciertas partes de Costa Rica, cubriendo una superficie de alrededor de 35.000 km2.
Al igual que muchas zonas del Ecuador, el páramo no es uniforme. En el límite superior, junto a las nieves perpetuas se desarrolla el "superpáramo", con pocas especies de plantas adaptadas al frío extremo. Tenemos frailejones en el Carchi que desaparecen hacia el sur, dejándoles el papel protagónico a las achupallas; mientras que en Loja, el paisaje es dominado por pequeños arbustos que forman una especie de 'bosque de bonsais'. Los páramos húmedos de la cordillera oriental contrastan con los paisajes secos del Chimborazo, en la cordillera occidental. Según la clasificación realizada por el Proyecto Páramo, en Ecuador existen 10 tipos de páramos, que cubren alrededor de 12.600 km2, es decir un 5% de la superficie del país.
El hombre y el páramo
Estos páramos comienzan a 3.500 m de altitud en la Sierra norte y en el sur a los 3.000 m. Conforme ascendemos por la cordillera, los bosques cubiertos de neblina van desapareciendo en un proceso gradual, mientras que los páramos van ganando espacio hasta dominar el paisaje. Esto impresionó mucho a Humboldt, hace dos siglos, a quien le parecía que los árboles rectos y "vigorosos" comenzaban a "enfermarse" con la altura, hasta quedar reducidos a árboles raquíticos y torcidos, y a pequeños arbustos.
Pero el cambio no solo ha ocurrido en forma natural, las actividades humanas han incidido mucho en un proceso artificial de formación de páramo, pues la tala indiscriminada, la ganadería, la agricultura y las constantes quemas que se realizan, desnudan el suelo y lo erosionan. Así, desaparecen las condiciones que permitían a los bosques de altura desarrollarse en grandes extensiones y estos quedan arrinconados en las zonas más protegidas: las quebradas y los espacios que dejan las montañas.
Lo que pasa entonces es que en el vacío que dejó el bosque comienzan a reinar el frío y la alta radiación típicos del páramo y poco a poco el pajonal comienza a ganar terreno. Esto explica porqué el hombre también es una pieza dentro del funcionamiento de este ecosistema, pues el páramo es en parte producto de su intervención. Además, debido al fácil acceso a la sección interandina del norte y centro del país (vía carreteras), las actividades humanas -especialmente los cultivos de papas- se han concentrado allí.
Según un estudio realizado por Ecociencia en 1997, en el páramo ecuatoriano trabajan alrededor de 500.000 personas. Además, en él han pastado por siglos animales que le han prestado beneficios económicos al hombre: llamas, alpacas y vicuñas antes de la conquista española, y después, ovejas, caballos y reses.
Pero, ¿qué beneficios nos brinda el páramo?
Cuando se habla de las bondades del páramo, no podemos dejar de pensar en la belleza de sus paisajes, ¿quién no ha disfrutado de una silenciosa tarde en las montañas?
Sin embargo, el servicio más tangible que presta el páramo tiene que ver con el agua que allí se genera y se almacena. Según la nueva terminología usada entre los entendidos, diríamos que el páramo presta numerosos "servicios ambientales", por lo cual el reto al que se ven enfrentados ahora los técnicos ambientales es el de encontrar un sistema de valoración de esos beneficios que permita cuidarlos y asegurarlos para el futuro.
El caso más palpable es el de la empresa Etapa, que, al encargarse del abastecimiento de agua en Cuenca, ha tomado la posta en la conservación de la fuente hídrica de la zona: el Parque Nacional Cajas. En Quito, en cambio, fue necesario que ocurriese el gravísimo incidente de contaminación con petróleo en la laguna de Papallacta, para que los capitalinos cayéramos en cuenta de la necesidad de proteger nuestras fuentes de agua e indirectamente nuestros páramos, y aún así no se realizaron acciones lo suficientemente rápidas, prácticas y efectivas.
Aparte del tema del agua, se sabe que ciertos tipos de páramo bien conservados son buenos secuestradores de carbono, característica que cobra importancia en la actualidad con toda la tendencia mundial de contrarrestar el calentamiento global. Esta cualidad se debe a que el frío no permite la degradación completa de la materia orgánica, que usualmente desprende carbono hacia la atmósfera.
Hoy en día existe conciencia sobre el tema, así como numerosos técnicos y científicos que están investigando, algunas comunidades que están trabajando en el mejor manejo de las cuencas de los ríos, y cada vez hay más productos alternativos. Estos aportes seguramente contribuirían a mejorar las condiciones del páramo y de las comunidades ubicadas en el área de influencia. Dadas esas condiciones, probablemente, los habitantes de todo tipo que se han ido regresarían poco a poco, desde las pequeñas florcitas, pasando por los grandiosos cóndores, hasta los ecuatorianos que luchan por residir legalmente en Europa.
Recuadro
El Grupo de Trabajo en Páramos del
Ecuador
El Grupo de Trabajo en Páramos (GTP) fue establecido en 1998 con el
objetivo de reunir a varias organizaciones -gubernamentales y no
gubernamentales- interesadas en los páramos. El GTP es una
plataforma de información, intercambio y discusión de temas
concernientes al conocimiento, la conservación, el manejo y las
políticas relacionados con este ecosistema en el Ecuador. La
fundación EcoCiencia está a cargo de la coordinación del GTP y
actualmente cuenta con el apoyo de la Embajada Real de los Países
Bajos.
El GTP organiza reuniones temáticas trimestrales abiertas a las organizaciones interesadas, en las que se habla desde sobre las plantas medicinales que se encuentran en el páramo hasta del proyecto de crear una red integrada de estudios del páramo a nivel andino. Los resultados de las discusiones se publican en diferentes entregas de la Serie Páramo, un esfuerzo conjunto entre el GTP y Editorial Abya-Yala, y también están disponibles en versión electrónica en www.paramo.org

