THIRD PLACE

Guacamaya: Destellos rojos en peligro de extinción

Michelle Garzaro   Siglo Veintiuno   March 2000


Desde 1985, la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas, ubicó a dicho ejemplar en el Apéndice 1, es decir, en grave peligro de desaparecer.

La depredación de los bosques, hábitat natural de las guacamayas rojas, así como la demanda del comercio internacional, se conjugan para que esta especie se encamine a correr la misma suerte de sus parientes, las guacamayas verdes, las cuales desaparecieron de Guatemala hace más de 50 años.

Roberto Ruíz, director del Departamento de Vida Silvestre del Conserjo NAcional de Areas Protegidas (Conap), aseguró qye de acuerdo con la lista de alarma elaborada por esa sección, dichos animales aparecen en el apéndice 1, pues en medio siglo no se ha observado ningún ejemplar en su área normal de residencia.

Lo anterior no quiere decir que ya no existan, pero si en todo ese tiempo no se les ha visto, lo más probable es que estén a punto de su extinción local, enfatizó.

Según el funcionario, en el comercion internacional esta ave exótica podría costar más de US $5 mil (unos Q38,500). Por esa razón, algunas personas no dudan en capturar a los polluelos a cambio de una paga de Q1 mil.

Otro punto contra la supervivencia de las guacamayas, es la falta de apoyo de las autoridades encargadas de la aplicación de la justicia. Hizo ver que algunos jueces imponen multas de Q1-- a quienes incurren en el delito mencioando, cuando la Ley de Areas Protegidas estipula sanciones de Q5 mil a Q20 mil, además de prisión por hasta 10 años.

Fuentes de la Policía Nacional Civil indicaron que los agentes que resguardan las zonas fronterizas de PEtén son los responsables de concretar los demisos de las especies, labor que se dificulta debido al ingenio de los recolectores.

Muchas veces los polluelos son escondidos en bolsos de mano o en comportamientos de vehículos, para lo cual los adormecen con tranquilizantes. En no pocas ocasiones la desnutrición es la causante de la muerte de estos ejemplares, por lo que al percatarse de su deceso, los campesinos abandonan el cuerpo del ave fallecida y continúan su trayecto con las sobrevivientes, expuso uno de los consultados.

Advertencia no escuchada Miguel Pereira, investigador de Canankax, organización que se dedica al estudio y preservación de la guacamaya roja, destacó que este ejemplar apareció en la Convención sobre Comercio Internacional de Especies Amenazadas (Cites) desde octubre de 1977. En esa época, figuraba en el apéndice 3, es decir, su explotación había sido restringida.

Posteriormente, en 1981 se colocó en el 2 como una advertencia para que el país evitara su depredación y para que emitiera un reglamento para su comercio, lo cual no sucedió.

Desde 1985, la guacamaya roja está en el Apéndice 1, que incluye las especies en peligro de extinción. El comercio de estos especímenes debe estar sujeto a una ley particular y estricta, para no poner en peligro, aún más su supervivencia.

A pesar de ello, durante los últimos años se ha observado empíricamente el terrible descenso de las problaciones de guacamayas rojas por destrucción de sus hábitats, ya que son muy vulnerables a la fragmentación de su entorno, aseveró.

Al rescate los ejemplares de la guacamaya roja que logran sobrevivir a la depredación humana pueden tener un final feliz. Miriam Monterroso, directora del Centro de Rescate de la Asociación de Rescate y Conservación de Vida Silvestre (Arcas), expresó que anualmente esa estación recibe más de 200 animales, de los cuales el 90 por ciento ha sido decomisado a los traficantes de fauna silvestre.

De acuerdo con la entrevistada, los gastos de alimentación de los animales suman Q10 mil mensuales, sin contar los medicamentos que se les administra, pues algunos llegan con serias heridas y en estado de desnutrición.

Actualmente hay 23 guacamayas en la estación de rescate. Debido a que todas fueron capturadas cuando tenían pocos días de nacidas, requieren cuidados especiales y adiestramiento para valerse por sí solas.

A pesar de que estas aves pueden reproducirse en cautiverio, Monterroso comenta que el grado de dificultad para esta labor es bastante alto, pues algunos ejemplares alcanzan su madurez sexual hasta los 8 años. Sumado a ello, este tipo de ave necesita enamorarse de su pareja para que puedan multiplicarse.