Tres naciones buscan salvar arrecifes del Golfo de Honduras

Michelle Garzaro   Siglo Veintiuno- Ciudad de Guatemala   January 2000


De los tres países, Guatemala posee la zona costeña más reducida, pero al mismo tiempo la que más contamina, ya que descarga el 50 por ciento de los desechos.

Cuando Cristobal Colón realizó su cuarto viaje en 1502 y navegó por primera vez en el Golfo de Honduras, no imaginó que bajo esas aguas caribeñas se encontraba el segundo sistema de arrecifes más grande del planeta, superado sólo por el de Australia. Ahora, ese área entroamericana es considerada como uno de los últimos tesoros naturales.

Pasados 500 años desde entonces, ese bosque tropical marino es acechado por desechos sólidos e hidrobiológicos, así como por la depredación de flora y fauna, los cuales amenazan con extinguir su biodiversidad en un período de 30 años.

Para evitar el deterioro, los países de Belice, Guatemala y Honduras se han unificado en la Alianza Trinacional para la Conservación del
Golfo de Honduras, constituida en febrero de 1997.

Raúl Robles, asesor de la Fundación para el Ecodesarrollo y la
Conservación (Fundaeco), informó que la alianza está integrada por
organizaciones no gubernamentales y observadores oficiales de las naciones que comparten ese ecosistema.

En este sistema de arrecifes, que se extiende desde la península de
Yucatán hasta las islas de la Bahía de Honduras, se encuentra una
gran diversidad biológica, compuesta por grandes extensiones de pastos marinos, bosques inundados y manglares, viveros de varias especies de crustáceos y peces, detalló.

Esta zona, prosiguió, cuenta con los más grandes remanentes del bosque muy húmedo tropical del norte de Centroamérica y posee plantas y animales amenazados, que ya han desaparecido en otras regiones.

La más contaminante

De las tres naciones, Guatemala posee la porción marítima costera más
pequeña, pero, al mismo tiempo, es el país que más contamina. Con sólo 140.6 kilómetros de playa, el país descarga el 50 por ciento de desechos, debido a la actividad humana que se desarrolla en el departamento de Izabal.

Robles sostiene que allí se asientan dos grandes centros urbanos: Santo Tomás de Castilla y Puerto Barrios, los cuales generan Q38 millones anuales como producto de la pesca, cuya técnica, en muchas oportunidades es nociva para el medio ambiente.

Hay quienes todavía utilizan el chinchorro, una especie de arado de mar que mata a otras especies de peces e impide que crezcan y se desarrolle la fauna, expresó.

Extinción acelerada

Durante una conferencia celebrada en julio pasado, Wil Maheia, director
ejecutivo del Instituto Toledo para el Desarrollo y el Ambiente (TIDE, por sus siglas en inglés) de Belice reveló que sólo quedan 150 manatíes en el Golfo de Honduras.

A su criterio, la mayor amenaza en aguas beliceñas son los pescadores de Guatemala, quienes los matan para vender la carne. Por ello, TIDE ha establecido patrullajes en botes para evitar las matanzas, aunque reconoce que hacen falta operativos más constantes.

Sandra Pineda, asistente de la dirección ejecutiva de la Trinacional del Golfo de Honduras (Trigoh), con sede en ese país, resaltó que
es necesario presionar a los gobiernos de las tres naciones, para que declaren más áreas protegidas y se creen nuevos parques nacionales.

Mientras tanto, comentó, se continúa la tarea de hacer consciencia entre los pescadores, para que suspendan la caza de éstos y otros animales.

Cuidado con el petróleo

La organización ambientalista Fundaeco señala que cada mes salen del puerto Santo Tomás de Castilla tres buques cargados de crudo, los cuales causarían irreparables daños al arrecife, en caso de que se registre un accidente como el ocurrido en 1998.

En esa oportunidad, el barco Emily Cheremie descargó parte del petróleo en las cercanías de las costas de Quintana Roo, México, y afectó más de 450 metros de arrecife.

La tesis de Fundaeco es respaldada por el informe Perspectivas del Medio Ambiente del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA).

El documento señala que el 40 por ciento de las zonas marítimas se encuentra en alto riesgo, pues un accidente de esa clase impactaría un área de 100 kilómetros.